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Beato Marcelo Spínola y Maestre

Biografía

Spínola y Maestre, Marcelo. San Fernando (Cádiz), 14.I.1835 – Sevilla, 19.I.1906. Cardenal, fundador de congregación religiosa y beato.

Hijo de Juan Spínola Osorno, marqués de Spínola y capitán de fragata, y Antonia Maestre, también hija de marinos y nacida en El Ferrol, fue el segundo de ocho hermanos, pero a él le correspondió, como primer varón, heredar el marquesado de su padre. Bautizado al día siguiente de su nacimiento en la iglesia parroquial castrense de San Fernando, pasó en esta ciudad los primeros años de su infancia; en 1845 comenzó el bachillerato en el Colegio de Santo Tomás de Cádiz, donde sólo estuvo un año, pues en 1846 continuó sus estudios en Motril, debido al traslado sucesivo de su padre. Destinada la familia a Alicante, comenzó Marcelo sus estudios de Derecho en la Universidad de Valencia en 1849. Pasó a Sevilla en 1852, donde culminó la carrera de la abogacía con el título de licenciado, conseguido el 29 de junio de 1856.

Destinado su padre como comandante al puerto de Huelva, Marcelo abrió un bufete de abogado en la ciudad onubense donde recibió el calificativo de “abogado de los pobres”, por su generosidad en llevar los pleitos de la gente sencilla que no podía pagarle sus honorarios; muy pronto los trabajadores pobres comenzaron a pasarse las señas de un abogado joven, que tomaba con todo interés sus conflictos, los defendía, se interesaba de paso por las angustias de cada familia y al final no cobraba.

En junio de 1858 sintió la vocación religiosa y comenzó a estudiar teología como alumno externo del seminario hispalense —entonces se decía “por libre”—, orientado espiritualmente por el canónigo Diego Herrero y Espinosa de los Monteros, que tenía fama de asceta y santo, además de estar considerado como excelente canonista. El 29 de mayo de 1863 vistió la sotana al ser ordenado de tonsura en la iglesia de Las Dueñas de Sevilla. Un año más tarde se preparó para la ordenación sacerdotal en el Oratorio de San Felipe Neri, dirigido espiritualmente por el filipense Francisco García Tejero, fundador de dos congregaciones religiosas femeninas sevillanas. Ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1864 por el cardenal Luis de la Lastra, arzobispo de Sevilla, celebró su primera misa en la iglesia del Oratorio el 3 de junio sucesivo, en cuya ocasión le predicó otro célebre oratoriano de aquel tiempo: el padre Cayetano Fernández, autor de las Fábulas Ascéticas. Justo el mismo día moría en la isla de Cuba su hermano Rafael Spínola, capitán de Infantería de Marina. Fue destinado un año más tarde a Sanlúcar de Barrameda como capellán de la iglesia de la Merced, y enseguida se dejó notar por su estilo pastoral caritativo, predicando, oyendo confesiones en horas interminables y visitando a los enfermos.

En 1868 opositó a una canonjía en la Catedral de Cádiz, pero no resultó elegido pues, habiendo empatado a votos con su opositor —Fernando Hüé Gutiérrez (1834-1893), futuro obispo de Tuy—, éste le ganó por ser mayor en edad. El 17 de marzo de 1871 el cardenal De la Lastra lo nombró párroco de San Lorenzo, de Sevilla. Ocho años rigió el templo de este típico barrio sevillano en el que dejó la impronta de su espíritu sacerdotal de su caridad pastoral, centrados en la celebración del culto divino y en la atención a enfermos y necesitados. Trabajó sirviéndose de las cofradías de la Semana Santa y, en particular, de la de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, de la que fue consiliario hasta su muerte, pues sólo cedió el puesto cuando estuvo de obispo en Coria y Málaga. También fue arcipreste y destacó por una serie de iniciativas apostólicas en sectores hasta entonces marginados de la sociedad, dedicadas a la formación religiosa y humana de sus feligreses, con la ayuda de un grupo de mujeres catequistas, entre las que se encuentra una futura santa: sor Ángela de la Cruz Guerrero (1846- 1932). En 1879 fue nombrado canónigo de gracia de la catedral hispalense, pero siguió trabajando pastoralmente como confesor de la parroquia de la Magdalena, situada en un rincón bastante apacible cerca del centro de Sevilla, lugar en el que pasaba largas horas dirigiendo almas y escuchando a los penitentes. Para entonces era ya popularmente conocido en toda la ciudad como “don Marcelo de Sevilla”.

Un año más tarde, teniendo en cuenta el cardenal Joaquín Lluch, arzobispo de Sevilla, las cualidades de Spínola y las muchas relaciones que él y su familia tenían con la clase más elevada de la sociedad sevillana, lo pidió al Papa León XIII como obispo auxiliar, y en el consistorio del 16 de diciembre de 1880 fue preconizado obispo titular de Milo. Consagrado el 6 de febrero de 1881, de manos del mencionado cardenal en la Catedral de Sevilla, recorrió toda la archidiócesis, hasta que, en la cuaresma de 1882, cayó enfermo y hubo de guardar reposo. Ocurrida la muerte del cardenal, los párrocos de Sevilla, las damas de la aristocracia y muchos cabezas de familia de la sociedad más distinguida, dirigieron mensajes al nuncio para que, atendidas las grandes necesidades de aquella archidiócesis y las cualidades de Spínola, lo propusiese como sucesor del arzobispo Lluch. Sin embargo, al ser nombrado para aquella sede el dominico Ceferino González, y al resultar infructuosas las insistencias para que Spínola continuase como auxiliar del nuevo arzobispo, el 10 de noviembre de 1884 fue preconizado obispo de Coria y, aunque tuvo una estancia corta en ella, de apenas año y medio, le fue suficiente para recorrer una de las diócesis más pobre de España, en la que escribió unas ochenta cartas y exhortaciones pastorales y consagró la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Durante el poco tiempo que gobernó la pequeña diócesis extremeña fue muy querido por el Cabildo catedralicio, por el clero y por el pueblo porque puso los cimientos de la regeneración de Coria en el orden moral, regulando tanto la disciplina y la enseñanza en el seminario, como la administración diocesana. Pero sobre todo Coria fue la cuna de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón, congregación religiosa por él fundada el 26 de junio de 1885, en compañía de la marquesa viuda de la Puebla de Obando, Celia Méndez y Delgado (1844-1908), a la que había conocido en la mencionada parroquia sevillana de San Lorenzo, quien en religión tomó el nombre de María Teresa del Corazón de Jesús. Esta institución, dividida inicialmente en dos clases, de madres y hermanas, tenía como finalidad la educación y formación de la juventud, recibió su aprobación diocesana el 17 de junio de 1887, dada por el mismo fundador, y obtuvo su aprobación definitiva en 1909.

Preconizado obispo de Málaga el 10 de junio de 1886, Spínola destacó como uno de los obispos más insignes de su tiempo por su espíritu apostólico, preocupación por los problemas sociales y como hombre de mucha oración y mortificación, así como de una adhesión ilimitada a la Santa Sede. Siendo de constitución física muy frágil, flaco y pálido, y alimentándose poquísimo, pudo desplegar una gran actividad, predicando continuamente, recibiendo a todos y dirigiendo los asuntos de las diócesis. Fue considerado como el nuevo apóstol de Andalucía, respetado por todas las clases de la sociedad, además de querido por sus virtudes. Fomentó especialmente la enseñanza religiosa y moral de niños y jóvenes a través de las diversas instituciones y asociaciones que abundaban en aquella ciudad, muchas de las cuales fueron restablecidas después de la revolución de 1868 y otras fueron creadas y organizadas durante su episcopado. Todo esto lo consiguió con el esfuerzo casi exclusivo de su propio celo pastoral, ya que las autoridades civiles generalmente no colaboraron en sus proyectos sociales.

Al producirse nuevamente la vacante de la sede de Sevilla, se renovaron las súplicas del clero y de la alta sociedad en favor de Spínola y el 2 de diciembre de 1895 fue nombrado arzobispo de Sevilla. Eran tiempos políticamente difíciles, en los que Spínola fue tachado de integrista y carlista, aunque nunca manifestó sus opiniones políticas y vivió ajeno a todo partido, centrado exclusivamente en su ministerio pastoral. En 1899, tras el desastre del año anterior con la pérdida de las últimas colonias de Cuba y Filipinas y en un ambiente de división política y de pesimismo en la nación, el arzobispo de Toledo publicó un texto titulado Consejos del cardenal Sancha al clero de su arzobispado. El capítulo XIII de ese documento, dedicado a la posición política de los sacerdotes y católicos ante la situación del país, fue difundido por la prensa. Desde Sevilla, el canónigo magistral José Roca y Ponsa, antiguo director de la Revista de Las Palmas, quincenal de orientación carlista, contestó al cardenal de Toledo con unas Observaciones que el capítulo XIII del Opúsculo del Señor Cardenal Sancha, Arzobispo de Toledo, ha inspirado a un ciudadano español, que contaron con la aprobación de Spínola y desataron una furiosa polémica, pues el cardenal Sancha respondió inmediatamente con una carta pastoral en la que contestó al anónimo “ciudadano español” —que era mencionado canónigo magistral— aduciendo nuevos textos pontificios en defensa de su tesis y atacando directamente al arzobispo de Sevilla por haber dado autorización eclesiástica al folleto de José Roca. En realidad, Spínola, conforme al derecho canónico, había dado la obra a un censor que no encontró en el escrito nada que atentara a la fe y costumbres. El asunto llegó a la Santa Sede, que mandó cortar la polémica y ordenó al arzobispo de Sevilla que prohibiera a Roca y Ponsa la difusión de su folleto En propia defensa. Entre tanto tuvo que acudir a Madrid como senador del reino y en la discusión de la contestación del discurso de la Corona, Spínola propuso a los demás obispos presentes la abstención de voto. Lo que fue interpretado como un gesto más de oposición al régimen constitucional, porque estaba todavía viva la polémica entre el cardenal Sancha y el canónigo Roca y Ponsa: el cardenal de Toledo proponiendo la aceptación de las instituciones políticas y el magistral de Sevilla replicando que el Papa no mandaba a los católicos que aceptasen las instituciones, sino que guardasen sumisión respetuosa. Detrás de Roca y Ponsa, en Madrid creían ver la figura de Spínola, que hizo un gesto que tampoco gustó en la Corte, pues regresó precipitadamente a Sevilla, sin haber cumplido con la visita de protocolo a la Reina Regente. Por ello, tuvo que escribir una carta, firmada en Sevilla a 8 de agosto de 1899, donde al tiempo que se excusaba con la Reina por no haber podido saludarla conforme a protocolo, reafirmó que no se consideraba hombre de partido, sino sólo un prelado de la Iglesia Católica.

Preocupado por la formación de sacerdotes y seminaristas, logró de la Santa Sede que el seminario hispalense fuese elevado al rango de Universidad Pontificia con la facultad de conferir los grados académicos de licenciado y doctor en filosofía, teología y derecho canónico (1897) y de la duquesa de Montpensier la donación testamentaria del magnífico palacio de San Telmo, que se estrenó como seminario el curso 1901- 1902. Convencido de que la integración social se lograría por la difusión de una buena prensa, fundó El Correo de Andalucía, que salió a la calle el 1 de febrero de 1899, con un editorial en el que se decía que dicho periódico no era “ni carlista ni integrista, sino eminentemente católico y noticiero”. En 1904 celebró en Sevilla la Primera Asamblea Nacional de la Buena Prensa. En 1905, con motivo de la terrible sequía, que provocó una situación desesperante, organizó cocinas económicas que paliaron el hambre de la gente y salió a la calle, como un mendigo, pidiendo limosnas para los pobres. Ese mismo año, el 11 de diciembre, Pío X le creó cardenal y el 31 de diciembre, en Madrid, el rey Alfonso XIII le colocó la birreta. Flaco y decaído, sufrió a causa de este viaje a Madrid, que repitió el 12 de enero de 1906 para asistir en la Corte a la boda de la hermana del Rey, la infanta María Teresa. El 13 de enero, acudió al santuario de la Virgen de Regla de Chipiona para la bendición de la nueva iglesia, y falleció seis días más tarde. Fue enterrado en la capilla de Los Dolores de la catedral. Tuvo siempre fama de santo, por ello se le abrió el correspondiente proceso canónico, que culminó con la beatificación celebrada en la Basílica Vaticana el 29 de marzo de 1987.

Destacó por la heroicidad en el cumplimiento sacrificado de sus deberes episcopales; el amor y entrega a los pobres, desde el desprendimiento y la austeridad; la preocupación por la formación de los más humildes, que le llevó a fundar la Congregación de Esclavas del Divino Corazón, para el apostolado de la educación de la juventud; su independencia eclesial, por encima de divisiones y partidos, siendo portador de paz y comprensión, a la vez que defensor de la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su misión sagrada; todo ello alimentado por un amor encendido a Jesucristo y revestido de una profunda humildad personal.

Obras de ~: Don Bosco y su obra, Barcelona, 1889; Constituciones para el régimen y gobierno de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón de Jesús, Málaga, 1887; Obras, Sevilla, 1916; Novena al Beato Diego José de Cádiz, Sevilla, 1919; Correspondencia inédita entre el Emmo. Cardenal Spínola y la Rvdma. Madre María Teresa del Corazón de Jesús, Madrid, 1935, 2 vols.

 

Bibl.: J. Roca y Ponsa, Oración fúnebre del Sr. Cardenal D. Marcelo Spínola y Maestre, Arzobispo de Sevilla, Sevilla, 1906; E. García Valero, Necrología del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Don Marcelo Spínola y Maestre, Arzobispo de Sevilla, Sevilla, 1908; Vida del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla D. Marcelo Spínola y Maestre, Fundador de la Congregación de Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón. Por una Religiosa de la misma Congregación, Sevilla, 1924; J. M.ª Javierre, Don Marcelo de Sevilla, Barcelona, Juan Flors Editor, 1963; J. A. de Sobrino, El venerable Spínola. Perfil y espíritu, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1974; R: Ritzler y P. Séfrin, Hierarchia Catholica, vol. VIII, Pádua, Il Messaggero di S. Antonio, 1978, págs. 194, 309, 361, 383; L. de Echeverría, Episcopado español contemporáneo (1868-1985), Salamanca, Universidad Pontificia, 1986, pág. 48; C. Ros, Los Arzobispos de Sevilla, Granada, Anel, 1986, págs. 268-273; A. Granado Bellido, Siempre a punto para el bien: a propósito de la virtud de Don Marcelo Spínola y Maestre, Cardenal Arzobispo de Sevilla, Madrid, Propaganda Popular Católica, 1986; Consagrados a Dios, servidores del mundo: espiritualidad sacerdotal y acción pastoral en el Beato Marcelo Spínola y Maestre, cardenal arzobispo de Sevilla, Madrid, Propaganda Popular Católica, 1987; J. Domínguez Gómez, Un obispo de Coria, Madrid, 1987; V. Cárcel Ortí, “León XIII frente a los integristas españoles. El incidente Sancha-Spínola”, en Dalla Chiesa Antica alla Chiesa Moderna. Miscellanea per il Cinquantenario della Facoltà di Storia Ecclesiastica della Pontificia Università Gregoriana, Roma, Pontificia Università Gregoriana, 1983, págs. 447-504; León XIII y los católicos españoles. Informes vaticanos sobre la Iglesia en España, Pamplona, Eunsa, 1988, págs. 250-252; “Los nombramientos de obispos en España durante el pontificado de León XIII. Primera parte: 1878-1884”, en Analecta Sacra Tarraconensia (AST), 69 (1996), págs. 141-279; “Intervención del cardenal Rampolla en los nombramientos de obispos españoles”, en Archivum Historiae Pontificiae, 34 (1996), págs. 213- 244; “Los nombramientos de obispos en España durante el pontificado de León XIII. Segunda parte: 1885-1903”, en AST, 70 (1997), págs. 321-504; Z. Pieta, Hierarchia catholica, vol. IX, Pádua, Il Messaggero di S. Antonio, 2002, págs. 8, 27, 199, 200; J. L. Ruiz Sánchez, Beato Marcelo Spínola y Maestre, Cardenal Arzobispo de Sevilla (1835-1906), Sevilla, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento, 2002.

 

Vicente Cárcel Ortí