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Miguel de Salinas

Biografía

Salinas, Miguel de. Zaragoza, f. s. xv – 5.III.1567. Jerónimo (OSH), humanista.

Fraile de la Orden de San Jerónimo, cuyas inquietudes intelectuales le llevaron a destacar en el terreno de las humanidades y, en concreto, de la filología.

Aunque no abundan los datos sobre su vida, se sabe que estudió Arte y Humanidades en Zaragoza, en la Real Capilla de Fernando el Católico. A la edad de veintiún años, tomó el hábito de San Jerónimo y a los diez de profesión en la Orden fue nombrado, por sus sobresalientes virtudes y ejemplaridad, maestro de novicios del Monasterio de Santa Engracia de Zaragoza, cargo que ejerció durante treinta y cinco años.

Escribió algunos tratados de prosodia para facilitar una correcta pronunciación y una adecuada acentuación en las lecturas del refectorio. Según señalan los hagiógrafos, sus dotes persuasivas despuntaban de manera muy notable. De hecho, escribió un tratado de retórica cuya importancia radica en ser el primero escrito en lengua vulgar, pues hasta entonces todos se redactaban en latín.

El Convento de los Jerónimos de Santa Engracia donde transcurrió la mayor parte de su vida tuvo cierta importancia histórica en la época, y no sólo por el papel relevante que tuvo la Orden Jerónima en los reinados de Carlos V y Felipe II, sino porque además allí convivió con insignes humanistas, como fray Juan de la Regla (prior del Convento), teólogo por la Universidad de Salamanca y experto conocedor de las lenguas griega y hebrea, que fue comisionado por el Rey para asistir al Concilio de Trento en la sesión de 1551 y nombrado su confesor en el Monasterio de Yuste. También vivió en el mismo Convento zaragozano con fray Pedro de la Vega (que llegó a ser superior de la Orden), cronista religioso, traductor de Tito Livio y autor de la famosa Flos sanctorum, santoral y, a la vez, conjunto de textos que componían la liturgia de las horas correspondiente a los domingos. En 1529 pudo éste entregar personalmente a Carlos V un ejemplar de su traducción de Tito Livio aprovechando una estancia del Rey en el Convento, de camino a Italia, durante la Semana Santa de aquel año.

El ambiente cultural que presidía la vida del Convento se vio reforzado por la intensa relación de la Orden Jerónima con la Corona. De hecho, una de las imprentas más prestigiosas del momento, la de Juan de Brocar (instalada en Alcalá de Henares), publicó en un espacio de tiempo corto tres libros de jerónimos de este Convento de Santa Engracia.

La obra de Miguel de Salinas es escasa, pero su manual de retórica (publicado en Alcalá en 1541), por ser el primero escrito en lengua castellana y, probablemente, en lengua vulgar, le otorga un lugar de privilegio dentro de la historia del humanismo español. Se sabe por referencias que escribió también un libro de poesía “y espirituales conceptos”; es autor además de un prontuario sobre los usos y costumbres de la vida conventual; y publicó tres libros sobre cuestiones de gramática: Tratado para saber bien leer y escribir (Zaragoza, 1551), Libro apologético que defiende la buena y docta pronunciación (Alcalá, 1563), y Primera parte de la Ortografía, y del origen de los lenguajes (Alcalá, 1563).

La obra de retórica es, sin duda, su obra más importante. Su mérito principal estriba, como se ha apuntado, en ser el primer manual sobre esta disciplina escrito en lengua castellana. Salinas es consciente de su aportación en este terreno al hacer explícito su carácter innovador: “[...] He sido el primero que pensó y puso por obra de comunicar a los españoles una muy alta sciencia y provechosa como es la de bien hablar y escreuir” (fol. 1v.). Aunque el libro apareció sin la firma del autor —con la sola referencia de que fue compuesto por un fraile de la Orden de San Jerónimo— los testimonios acerca de su autoría son muy recientes a la publicación y muy pronto es un hecho ya plenamente asumido a principios del siglo XVII.

Ya en la epístola que precede al libro, señala el editor Juan de Brocar su carácter de epítome, es decir, de compendio de los asuntos principales y más destacados del arte retórica, que han sido extraídos de distintos autores, tanto griegos como latinos. Esta epístola y la que se acompaña de Juan de Guzmán insisten en la innovación que supone adaptar por primera vez la doctrina retórica a una lengua no clásica.

Así pues, al paso trascendental que se había dado con la publicación de la Gramática de Nebrija en 1492 y con el famoso discurso de Carlos V ante el papa Pablo III en Roma en 1536, que prestigió al castellano como lengua de la diplomacia, se sumó este tratado sobre retórica en español, que supuso una nueva conquista de nuestra lengua, también apta para alojar y transmitir una disciplina con tanta raigambre clásica como ésta.

Aunque autores como Menéndez Pelayo no pasaron por alto la falta de originalidad del tratado de Miguel de Salinas en cuanto a sus contenidos, no se ha dejado de considerar que la gran aportación de este libro reside en la novedad de la lengua en que fue escrito. La doctrina recogida procede, en efecto, de extractos de autores griegos (Hermógenes, sobre todo) y latinos (Cicerón y Quintiliano), pero también contemporáneos (Valdés y Erasmo, entre otros), lo que muestra, además, su talante abarcador y nada excluyente que aúna los textos antiguos con los modernos.

Los temas de este tratado de retórica, en nada distintos a los otros publicados en la misma época, abordan cuestiones sobre qué es la retórica y cuál es su finalidad; los géneros de esta disciplina (demostrativo, judicial y deliberativo); las partes de que se compone (invención, disposición, elocución, memoria y pronunciación); la división de la oración (exordio, narración, división, confirmación, confutación y conclusión); las figuras retóricas, etc. Y todo ello enmarcado dentro del género específico de la predicación, lo que conlleva una ejemplificación ad hoc y unas referencias procedentes del ámbito de la doctrina y de las prácticas cristianas.

En todo el tratado, se percibe una defensa en favor de la sencillez y de la claridad que ponen de manifiesto el carácter renacentista del volumen y que lo vinculan con humanistas de la talla de Valdés o Vives, que reivindicaron también la lucha contra la falta de naturalidad y la afectación. Cincuenta años tendrán que pasar hasta que se publique el siguiente manual de retórica en castellano. Inglaterra, por ejemplo, publicará el suyo doce años después, en 1553. España se había adelantado, así, al resto de los países en la elaboración de este tratado de retórica en lengua vulgar.

En definitiva, este fraile jerónimo es uno de los humanistas españoles cuya aportación al ámbito de las humanidades siempre será tenida en cuenta por el carácter pionero de su tratado de retórica, que supo trasvasar la doctrina tradicional clásica a una lengua vulgar, en este caso, al castellano.

 

Obras de ~: Rhetorica en lengua castellana en la qual se pone muy en breue lo necessario para saber bien hablar y escreuir, conoscer quien habla y escriue bien, Alcalá, 1541 (ed., introd. y notas de E. Sánchez García, Nápoles, L’Orientale Editrice, 1999); Tratado para saber bien leer y escribir, pronunciar y cantar letras así en latín como en romance, Zaragoza, 1551; Libro apologético que defiende la buena y docta pronunciación que guardaron los antiguos en muchos vocablos y acentos, con las razones que tuvieron y ay para se tener, que fue buena y sabia, y no ignorante ni mala, segun que algunos de los modernos han reprehendido y condenado, Alcalá, 1563; Primera parte de la Ortografía, y del origen de los lenguajes, Alcalá, 1567; Promptuario para saber las costumbres y usos monásticos de la Real casa de Santa Engracia de Zaragoza, del Orden de San Gerónimo (inéd.).

 

Bibl.: L. B. Martón, Origen, y antigüedades de el subterraneo celeberrimo santuario de Santa Maria de las Santas Massas oy Real Monasterio de Santa Engracia de Zaragoza de la orden de nuestro padre San Geronimo, Zaragoza, Juan Malo impresor, 1737; F. de Latassa y Ortín, Bibliotecas antigua y nueva de escritores aragoneses, aumentadas y refundidas en forma de diccionario bibliográfico-biográfico por don Miguel Gómez Uriel, Zaragoza, Imprenta de Calisto Ariño, 1886, págs. 109-110; J. F. Andrés de Uztarroz, Aganipe de los cisnes aragoneses celebrados en el clarín de la fama, Zaragoza, Tipografía de Comas Hermanos, 1890, pág. 16; A. Martí, La preceptiva retórica española en el Siglo de Oro, Madrid, Gredos, 1972, págs. 89-95; M. Bataillon, Erasmo y España. Estudios sobre la historia espiritual del siglo xvi, México-Madrid-Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1979, pág. 745; E. Casas, La retórica en España, Madrid, Editora Nacional, 1980, págs. 39-200; M. Menéndez Pelayo, Historia de las ideas estéticas, I, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994, págs. 666-667; L. Alburquerque García, El arte de hablar en público. Seis retóricas famosas, Madrid, Visor, 1995; E. Sánchez García, “Introducción”, en M. de Salinas, Rhetorica en lengua castellana, op. cit., 1999; J. Sigüenza, Historia de la Orden de San Jerónimo, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 2000, págs. 367-372.

 

Luis Alburquerque García

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