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José María Secades Rivero

Biografía

Secades Rivero, José María. Oviedo (Asturias), 10.IX.1785 – Madrid, 24.IV.1868. Político.

Bautizado al día siguiente de su nacimiento en la iglesia de San Isidoro el Real de Oviedo, e hijo de Manuel Secades Díaz-Argüelles y de Teresa Rivero Hevia, José María Secades Rivero, justificó la hidalguía familiar asturiana por ambas líneas al ingresar en diciembre de 1838 como caballero de Real y Distinguida orden de Carlos III. Para entonces ya habían fallecido sus padres y se había repartido la importante herencia con su hermano Ramón en marzo de 1824.

Desde mayo de 1808 estaba casado con la ovetense Josefa Fernández de la Sierra y Sánchez Cifuentes.

Al tiempo de este cambio de estado civil, comenzó la Guerra de Independencia y, con ella, José María Secades desde abril de 1809 hasta enero de 1810, durante la ocupación francesa de la capital asturiana, tuvo a su cargo el despacho de los asuntos correspondientes a la Secretaría de la Comandancia General de la provincia y Gobierno Militar de la ciudad. El desempeño satisfactorio de esta labor conformó la base para el despegue de su carrera administrativa en el ramo de Hacienda.

Así, en julio de 1811 pasó como escribiente a la oficina de Rentas Provinciales del puesto habilitado de Gijón (Asturias), confiriéndole sueldo desde enero de 1812. En la recta final de la guerra, en julio de 1813, fue promovido al puesto de oficial cuarto.

Durante la primera etapa de absolutismo fernandino continuó progresando en el escalafón burocrático, constituyendo a este respecto 1817 un año de particular importancia. En efecto, promovido en febrero al empleo de oficial primero, en abril fue destinado a la Administración de Rentas Provinciales de Oviedo, para encargarse de realizar los encabezamientos a los pueblos de la provincia de la nueva contribución general planteada por el ministro de Hacienda Martín de Garay. Además, afirmada su posición con el desarrollo de este cometido, en 1819 fue habilitado para ejercer las funciones de secretario de la intendencia de la capital asturiana.

El Trienio Liberal le reportó un nuevo impulso a su carrera, llevándole a Madrid a las oficinas centrales del Ministerio de Hacienda. Aquí, en el negociado de Rentas Generales y Provinciales, desde enero de 1821 desempeñó el puesto de oficial noveno y, reorganizada la planta ministerial en agosto de 1822, desde octubre ostentó el rango de oficial séptimo en la Dirección General de Aduanas. Con la invasión del ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis siguió a las autoridades constitucionales en su retirada a Andalucía, quedando cesante con la restauración en octubre de 1823 del gobierno de la Monarquía tradicional.

La implacable represión que acompañó al segundo período de diez años de absolutismo fernandino no le afectó en demasía, al encontrarse inserto en el departamento ministerial de Hacienda donde, bajo los auspicios del realista moderado Luis López Ballesteros, se aplicó con menos rigor. Lógicamente, esto no le libró de la instrucción del correspondiente expediente de purificación, que resuelto favorablemente le volvió a abrir las puertas del Ministerio. Ahora fueron las del Archivo de la Tesorería General del Reino, al que fue destinado en mayo de 1825 y en el que en agosto de 1826 se le asignó la plaza de oficial primero, encargándose del arreglo del mismo.

Inaugurada la Regencia de María Cristina y emprendido el camino de la Monarquía constitucional con el Estatuto Real, durante la etapa de gobierno de los conservadores y estando el conde de Toreno al frente de la cartera de Hacienda, en octubre de 1834 fue trasladado a la Dirección General de Rentas Provinciales, donde desde diciembre ocupó el puesto de oficial segundo. Pero su indiscutible ascenso se produjo a partir de la fase de gobierno progresista abierta, tras una secuencia de movilizaciones populares, en septiembre de 1835. Para ello resultó fundamental su adscripción a la tendencia del “liberalismo respetable” del líder del momento a la par que titular de Hacienda, Juan Álvarez Mendizábal, que sirvió para que éste le integrara en su nuevo equipo económico.

Así, si bajo este primer mandato del promotor de la desamortización eclesiástica, en noviembre José María Secades fue elevado a la categoría de oficial de la primera sección del Ministerio, en el segundo, desarrollado tras el restablecimiento de la Constitución de Cádiz en agosto de 1836 en el gobierno de José María Calatrava, fue promovido en octubre a jefe de mesa.

Tras la salida de Juan Álvarez Mendizábal de la esfera gubernativa José María Secades no quedó desamparado.

Entonces, durante el primer tiempo de vigencia de la Constitución de 1837, funcionaron como resortes de promoción las relaciones de oriundez y las burocráticas mendizabalistas. Así, cuando estuvo al frente del Ministerio de Hacienda el ovetense Alejandro Mon, logró en enero de 1838 la jefatura de sección en el ramo de Rentas Provinciales. Por su parte, cuando fueron titulares de esa cartera, José San Millán y Ramón Santillán, ambos miembros originarios del equipo económico mendizabalista, alcanzó, con el primero, la Dirección General de Rentas Provinciales, en comisión desde octubre de 1839 y en propiedad desde enero de 1840; y, con el segundo, sustituyéndole, esa responsabilidad ministerial, interinamente desde el 19 de agosto hasta el 9 de septiembre, y paralelamente con idéntico carácter las de Gracia y Justicia y Gobernación del 19 al 29 de agosto.

Estas carteras las asumió en los efímeros gabinetes que se sucedieron en este verano de 1840, durante las movilizaciones populares alentadas por los progresistas en contra de la ley municipal aprobada por los moderados y el pulso que a la par mantuvieron la reina gobernadora, apoyando a éstos, y Baldomero Espartero, hombre fuerte de aquéllos. En concreto, José María Secades cumplió el papel de enlace, que le trasladó o no quiso asumir Ramón Santillán, entre el ejecutivo de talante progresista formado por Valentín Ferraz el 12 de agosto y el que le sucedió el 29 de signo moderado presidido por Modesto Cortázar.

Así, en el primero asumió y mantuvo en el segundo la responsabilidad de Hacienda dejada por José Ferraz y cubrió en el primero las vacantes de Gracia y Justicia y Gobernación por resignación, respectivamente, de Francisco Agustín Silvela y Francisco Cabello, hasta que con el establecimiento del segundo gabinete fueron ocupadas, también respectivamente, por Modesto Cortázar y Fermín Arteta.

Si dado el nivel de enfrentamiento político la constitución de este gobierno conservador fue el desencadenante ya concluyente de proceso revolucionario animado por el progresista, cuando éste triunfó, la posición de José María Secades no pudo ser más endeble.

De ahí que la Junta Provisional de Madrid, la gran directora del movimiento, el 9 de septiembre no sólo le cesara de la titularidad interina del Ministerio y del cargo de director general de Rentas provinciales, sino que además le obligara a abandonar la capital.

Con todo, clarificada la situación con la formación de Ministerio-Regencia, presidido por Baldomero Espartero, y, contando con un mendizabalista como Agustín Fernández Gamboa en la cartera de Hacienda, recuperó en noviembre el puesto de director de Rentas, y en las elecciones de febrero de 1841 consiguió acta de diputado por Oviedo.

A esta rehabilitación correspondió José María Secades apoyando la designación de Baldomero Espartero como regente único. Por eso, su salida en septiembre del Ministerio, al poco de establecerse el ejecutivo de Antonio González, parece que fue, más que un despido, un arreglo económico. Así, a la par que en enero de 1842 empezaba a disfrutar de una cesantía de 25.000 reales entraba a trabajar como consultor en la empresa a la que el ministro de Hacienda, el también mendizabalista Pedro Surrá y Rull, había arrendado el monopolio de la sal.

La terminación de este contrato en noviembre de 1846 puso fin a esa relación laboral con José María Secades. Para entonces ya se había agotado la Regencia de Baldomero Espartero y, bajo el reinado efectivo de Isabel II, los moderados se habían afianzado con fuerza en el poder. Pues bien, a pesar del distanciamiento ideológico, esta década moderada no le relegó totalmente. Así, en diciembre de 1850, manteniendo el cobro de la cesantía, fue nombrado presidente de la Comisión de Empleados Cesantes y desde octubre de 1852 hasta abril de 1853 ocupó un puesto de vocal en la Junta de Aranceles. Este reenganche a la actividad pública, no obstante su avanzada edad, finalmente se prolongó durante el bienio progresista, al asumir, con la reorganización en septiembre de 1854 de la planta del Ministerio de Gracia y Justicia, el cargo de interventor de su imprenta.

Concluida esta experiencia política, en noviembre de 1856 se le concedió la jubilación, asignándole al mes siguiente la máxima pensión anual de 40.000 reales.

Una cantidad igual fue la que recibieron en calidad de dote sus hijas (Juana y Eugenia) y la que se estableció como mejora a los tres hijos varones (Manuel, Gabriel y José María) en el testamento otorgado en septiembre de 1866, en el que se declaraba a todos ellos herederos universales de los bienes del ya viudo José María Secades.

Año y medio después, el 24 de abril de 1868, en su domicilio de la calle Cedaceros de Madrid, fallecía a consecuencia de una congestión cerebral.

 

Bibl.: A. y A. García Carraffa, Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, t. 84, Madrid, Hauser y Menet, S. A., 1960, págs. 8-9; P. Janke, Mendizábal y la instauración de la Monarquía constitucional en España (1790-1853), Madrid, Siglo XXI, 1974; C. Marichal, La revolución liberal y los primeros partidos políticos en España, 1834- 1844, Madrid, Ediciones Cátedra, 1980; A. Rull Sabater, Diccionario Sucinto de Ministros de Hacienda (siglos XIX y XX), Madrid, Ministerio de Economía y Hacienda, 1991, pág. 151.

 

Javier Pérez Núñez