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Andrés Avelino Salabert y Arteaga

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Biografía

Salabert y Arteaga, Andrés Avelino. Marqués de la Torrecilla (VIII). Madrid, 18.X.1864 – 24.II.1925. Propietario, abogado y político.

Nació en el seno de una familia aristocrática, hijo de Narciso Salabert y Pinedo y de Josefa Arteaga y Silva, marqueses de la Torrecilla, Navahermosa, Valdeolmos, de la Torre de Esteban Hambrán y condes de Ofalia y de Aramayona, Grandes de España desde 1875. Recibió el nombre de su padrino, su tío materno hijo de los condes de Corres, Andrés Avelino de Arteaga y Silva, marqués de Valmediano, Ariza y Estepa, conde de Corres y de Santa Eufemia, Grande de España y comandante de Caballería. Andrés Avelino vivió soltero, siendo su hermana Casilda quien aseguró los lazos con las mejores familias de la nobleza, pues contrajo matrimonio con el duque de Medinaceli y en segundas nupcias con el marqués de Santo Mauro, y una de sus hijas con Mariano Silva y Carvajal.

En buena medida, la trayectoria de Andrés Avelino Salabert reproduce la de su padre. También se licenció en Derecho. Su padre fue noveno mayor contribuyente por territorial por Ávila (1872) y Andrés Avelino el segundo en 1914 por Tolbaños, San Miguel de Serrezuela y Solana de Rioalmar, y en menor medida por Navarredonda, Diego Álvaro, Hoyos del Espino, Navalonguilla, Navacepeda, San Martín, Villafranca y Cebreros; al menos, también por herencia paterna recibió campos de huerta, arrozales, secanos y molinos en la provincia de Valencia, en Játiva, Canals y Llosa de Ranes. A finales de diciembre de 1880 era vizconde de Linares y, como su padre, desde mediados de abril de 1888 era Grande de España, y por dos veces, por los títulos de duque de Ciudad Real y de marqués de la Torrecilla; asimismo, en esta última fecha unió los títulos de marqués de Navahermosa y de conde de Aramayona; además, fue señor de las casas de Butrón Mújica e Ibarra. Igual que su padre, representó a Ávila en las Cortes por las filas conservadoras y fue senador por derecho propio. Andrés Avelino salió diputado conservador por Arévalo en las elecciones de 1891, en otras concurriría sin éxito; volvió a salir elegido por Madrid en 1899 y, como Grande de España, optó a senador vitalicio por derecho propio en mayo de 1901, siendo admitido el 18 de octubre. Su paso por las Cortes hasta 1923 fue discreto. Como diputado por Madrid, integró la Comisión mixta para la concesión de un canal derivado del Manzanares; participó en todas las secciones del Senado, sobre todo en la séptima, tercera, segunda, cuarta y quinta, y apoyó un voto nominal al discurso de la Corona en la legislatura de 1916.

Al igual que su padre: obtuvo el hábito de caballero de la Orden de Calatrava, en marzo de 1890, y fue maestrante de Valencia. Además, en junio de 1907 obtuvo la Gran Cruz de la Orden de Carlos III en la vacante del duque del Infantado y, en febrero de 1911, fue elegido caballero de la Orden del Toisón, investido con el collar que tuvo el duque de Sotomayor. Como su padre, sirvió a la Corona. Sustituyó al marqués de la Mina como mayordomo mayor en enero de 1907, cargo que compatibilizó desde noviembre de 1909 y hasta su fallecimiento con los de jefe superior de Palacio, sumiller de Corps y guardasellos en sustitución del duque de Sotomayor. Fue vocal del consejo de administración del Monte de Piedad hasta 1906, presidente de la Sociedad de Amigos del Arte y, desde 1919, vocal del Patronato del Museo Nacional de Pintura y Escultura.

 

Obras de ~: Índice de bibliografía hípica española y portuguesa, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1916-1921.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 105 n.º 5 y 113 n.º 29; Archivo del Senado, Expedientes personales, HIS-0471-01.

P. Carasa Soto (dir.), Elites políticas castellanas de la Restauración. Diccionario biográfico de parlamentarios castellanos y leoneses, vol. I, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1997, pág. 502; A. de Ceballos-Escalera y Gila, marqués de la floresta (dir.), La Insigne Orden del Toisón de Oro, Madrid, Palafox & Pezuela-Fundación Carlos III, 2000, pág. 575.

 

Pilar Calvo Caballero