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Fernando de León y Castillo

Biografía

León y Castillo, Fernando. Marqués de Muni (I). Telde, Gran Canaria (Las Palmas), 30.XI.1842 – Biarritz (Francia), 12.III.1918. Político y diplomático.

León y Castillo vino al mundo en la ciudad grancanaria de Telde. Primogénito de una familia hacendada, realizó sus estudios en el colegio San Agustín de Las Palmas. Al término de ellos, se trasladó a Madrid, donde realizó estudios de Derecho en la Universidad Central. Simultaneó su carrera durante años con su inclinación hacia la prensa —bautizada ya como “el cuarto poder”—; esta inclinación se prolongó hasta avanzada la década de 1870. Prueba de ello fueron —entre otras incursiones— sus colaboraciones esporádicas en El Imparcial; su papel de alma mater de El Eco del País; su condición de cofundador con J. L. Albareda de la influyente Revista de España.

León y Castillo forjó su perfil y su carrera políticos en medio de las “turbulencias” del decenio de la década de 1860, que condujeron a la Revolución de 1868, La Gloriosa. De convicciones liberal-radicales, como corresponde a un joven tribuno y enfervorizado periodista, cabría poner en labios de León y Castillo aquello que Cánovas del Castillo comentaría apodíctico: “Un hombre honrado no puede tomar parte más que en una revolución y eso, porque ignora lo que es”.

El transcurso de acontecimientos y mutaciones de fondo que experimentó el sistema político y la sociedad españoles del último tercio del siglo xix, enraizó en León y Castillo sus creencias liberales sagastinas, hechas de individualismo liberal socialmente matizado por sus percepciones directas del problema “social” tanto en España como durante su dilatada trayectoria diplomática en París (1887-1916).

León y Castillo salió elegido diputado por Guía en Gran Canaria, capital agrícola del norte de la isla.

Conservó su escaño hasta 1887, fecha en la que pasó a ser senador vitalicio (1887-1916), hasta que la muerte le sorprendió en el Biarritz de sus retiros. Se impone subrayar el contexto insular de León y Castillo si se tienen en cuenta los datos siguientes: fue el inspirador —a distancia— de un partido grancanario dicho “leonista”, siguiendo la tendencia sucursalista de algunos partidos políticos canarios de un siglo y medio a estas fechas; fue, además, valedor de los intereses grancanarios en la Corte, favoreciendo en medio del oneroso “pleito insular” entre Tenerife y Gran Canaria, la tesis de la división provincial; last but not the least, con el apoyo de su hermano Juan —ingeniero de caminos, canales y puertos—, del incipiente partido leonista y de algunas firmas navieras británicas, obtuvo para el Puerto de La Luz y Las Palmas la calificación de puerto franco y la construcción de más infraestructuras aptas para las escalas trasatlánticas que pusieron las bases de la riqueza de la capital grancanaria.

León y Castillo pasó con celeridad por varios cargos de fuste (gobernador civil de Granada y Valencia, subsecretario del Ministerio de Ultramar) en cuanto concluyó la efímera existencia de la Primera República (del 14 de febrero de 1873 al 27 de diciembre de 1874). Es decir, fue un político que encajó en el engranaje del turno de partidos, tan característico de la Restauración. Fueron, aquéllos, años de consolidación parlamentaria merced a su verbo poderoso y al reconocimiento mutuo que conservadores y liberales le dispensaron hasta el final de sus días.

La última etapa del tribuno, periodista, diputado y senador canario corresponde a su nombramiento de embajador de España cerca de la República Francesa (12 de noviembre de 1887). Desde entonces hasta su último año de misión en París, León y Castillo sentó un precedente insólito en los anales diplomáticos (españoles, sin duda; europeos, muy probablemente) al permanecer en su mandato cerca de treinta años; cierto es que con muchos interim autorizados por los gobiernos del turno respectivos.

Durante esa dilatada trayectoria, Fernando León y Castillo hubo de capear horas difíciles para un viejo país imperial venido a menos en el concierto de las naciones entre 1898 y 1914. No sólo la guerra —y pérdida del resto del imperio en ultramar—, sino también la negociación ardua que tuvo que mantener en París con los ministros del Quai d’Orsay, muy en particular con Théophile Delcassé entre 1900 y 1912 en torno a las aspiraciones encontradas de las dos “hermanas latinas” en Marruecos y Guinea Ecuatorial.

En medio de los azarosos años de preguerra, León y Castillo coadyuvó a que la nación saliera de un aislamiento internacional contraproducente al obtener garantías de seguridad territorial para Canarias, Baleares y el Protectorado español en Marruecos (1912), en años de belicosidad latente.

La Corona le concedió el título nobiliario de marqués del Muni (el 19 de octubre de 1900), por su denuedo en la negociación con Francia en torno a Guinea Ecuatorial, mientras que sus vínculos con Francia y Gran Bretaña contribuyeron a aproximar los lesionados activos internacionales de España al tándem de la Entente Cordial franco-británica (abril de 1904).

Autor de unas memorias de reconocido valor histórico, León y Castillo legó al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria un acervo documental y un fondo bibliográfico que enriquecen el patrimonio de la Casa-Museo del político grancanario en la ciudad de Telde.

Se le otorgó en vida la Gran Cruz de la Legión de Honor Francesa (1890) y el Collar de Carlos III (1893). Fue miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, para cuyo nombramiento oficial, el recipiendario leyó el 26 de enero de 1896 un discurso de peso sobre un tema crucial para la Monarquía parlamentaria en España, que se tituló Irresponsabilidad del poder real y responsabilidad de los ministros en países de representación falseada, y fue contestado por el marqués de la Vega de Armijo.

 

Obras de ~: Irresponsabilidad del poder real y responsabilidad de los ministros en países de representación falseada, discurso de ingreso contestado por el marqués del la Vega de Armijo, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1896; Mis tiempos (Memorias), Madrid, Librería Sucesores de Hernando, 1921 (Madrid, Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria, 1978, 2 vols.); Discursos Parlamentarios y Académicos. Homenaje del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria/, pról. de L. Doreste Silva, Las Palmas, 1923.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Senado, exps. personales, HIS-0308-04; Archivo del Congreso de los Diputados, Serie documentación electoral, 63 n.º 3, 67 n.º 7, 74 n.º 12, 77 n.º 12, 82 n.º 8, 89 n.º 12, 94 n.º 12, 100 n.º 3, 105 n.º 12, 109 n.º 12 y 119 n.º 12.

J. Salom Costa, España en la Europa de Bismarck. La política exterior de Cánovas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1961; T. Noreña Salto, Canarias. Política y sociedad durante la Restauración, pról. de A. de Bethencourt, [Las Palmas], Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, 1977, 2 vols.; J. Varela Ortega, Los amigos políticos. Partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración: 1875-1900, Madrid, Alianza, 1977; F. Acosta Barros, León y Castillo, Editorial Benchomo, 1995; G. Jiménez Martel, Reseña alfabética de artículos periodísticos sobre los hermanos León y Castillo, Telde, Casa Museo de León y Castillo, 1998; V. Morales Lezcano, León y Castillo, embajador (1887-1918). Un estudio sobre la política exterior de España, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo de Gran Canaria-Mapfre-Guanarteme-Real Sociedad Económica de Amigos del País, 1998 (2.ª ed.); J. M.ª Jover Zamora y M. Espadas Burgos (coords.), El Estado, la Política, las Islas de Ultramar, pról. de J. M.ª Jover Zamora, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. 36, vol. I, Madrid, Espasa Calpe, 2000; El colonialismo hispanofrancés en Marruecos: 1898-1927, Granada, Publicaciones de la Universidad-Centro de Investigaciones Etnológicas Ángel Ganivet, 2002 (2.ª ed.).

 

Víctor Morales Lezcano