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Nicolás Estévanez Murphy

Biografía

Estévanez Murphy, Nicolás. Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas), 17.II.1838 – París (Francia), 21.VIII.1914. Capitán de Infantería, ministro de la Guerra, diputado republicano-federal, tratadista, poeta, periodista y traductor.

Hijo del capitán de Infantería Francisco Estébanez García-Caballero, natural de Estepona y primo segundo de El Solitario, y de Isabel Murphy Meade, perteneciente a una ilustre familia irlandesa emigrada a Tenerife en el siglo xviii. A los catorce años obtuvo plaza de cadete en el Colegio de Infantería, y el 25 de julio de 1856 ascendió a subteniente, con ocasión de las jornadas revolucionarias que depusieron a Espartero.

Tras una breve estancia en Valladolid, en el Regimiento de Infantería (RI) Borbón n.º 17, fue trasladado a Pamplona, al RI Zaragoza n.º 12, donde ascendió a teniente con diecinueve años. Pasó los siguientes dos años en el batallón provincial Covadonga n.º 63, en Cangas de Onís y Llanes, antes de ser destinado a Zaragoza, al RI Zamora n.º 8, con el que marchó a Ceuta, encuadrado en el ejército de África, mandado por Leopoldo O’Donnell, con el que participó en los combates previos a la conquista de Tetuán (6 de febrero de 1860), por los que fue recompensado con la Cruz sencilla de San Fernando, y en la batalla de Wad-Ras (23 de marzo de 1860).

Firmada la paz con el sultán de Marruecos, volvió de guarnición a Jaca y Zaragoza, desde donde, debido a la muerte de sus padres, marchó con licencia a Tenerife en agosto de 1862. Destinado el 11 de junio de 1863 al batallón de Cazadores Antequera n.º 16, de guarnición en Santa Cruz de Tenerife, embarcó seis meses después hacia Puerto Rico al objeto de reemplazar a las unidades destacadas a Santo Domingo con ocasión de su anexión a España. Allí solicitó el ascenso a capitán del Ejército de Ultramar, lo que ocasionó su traslado al batallón de Voluntarios de Puerto Rico, unidad que se ocupó de organizar e instruir antes de ser enviada a Santo Domingo.

El 29 de octubre de 1864 desembarcó en Montecristi, en la costa norte de Santo Domingo, junto a la frontera de Haití, a cuya defensa colaboró en un par de intrascendentes combates. Harto de la insalubridad e inactividad de aquella perdida guarnición, obtuvo licencia para trasladarse a Cap-Haïtien, y en un primer rasgo de su independencia de criterio viajó sin permiso a Nueva York y Washington, adonde llegó a los pocos días del asesinato de Lincoln.

Al mes de regresar a Montecristi, el 11 de junio de 1865, su unidad fue devuelta a Puerto Rico, a causa de la decisión de Narváez de renunciar a la anexión de Santo Domingo. Encargado de liquidar las cuentas de su disuelto batallón, fue procesado por abofetear al sargento que le auxiliaba en la tarea, proceso que se saldó con cuatro meses de arresto y quince días de suspensión de empleo y sueldo. Cumplida la pena, solicitó traslado a Cuba, donde quedó en situación de reemplazo hasta el 15 de agosto de 1866, fecha en la que marchó a Tenerife, donde acababa de morir su abuela materna y dos de sus hermanos, y otros dos se encontraban tan graves que fallecieron nada más llegar él a la isla.

Los seis meses de licencia que se le concedieron los pasó entre Canarias y Cádiz, donde contrajo matrimonio con la puertorriqueña María de la Concepción Suárez Otero, de la que tuvo cuatro hijos: Francisco, Ana, Nicolás y Concepción. Prorrogada su licencia por otros nueve meses, que aprovechó para visitar la Exposición Universal de París de 1867, solicitó a su regreso a Madrid reincorporarse al ejército de la Península, viéndose obligado a renunciar al empleo de capitán, por no haber cumplido los seis años de permanencia en Ultramar.

En mayo de 1868, molesto por la degradación, se agenció un puesto de funcionario en el Gobierno Civil de Madrid, del que se limitó a tomar posesión y renunciar, para poder viajar a Londres a sumarse a la conspiración antiborbónica que encabezaba Prim.

En vísperas de la revolución de septiembre, volvió a Madrid con instrucciones para los comprometidos en el golpe de estado y, tras el triunfo del pronunciamiento gaditano, Prim recompensó sus servicios con el grado de comandante y el empleo de capitán del ejército de Cuba.

Aunque románticamente vinculado desde niño al ideario republicano, sólo comenzó a militar activamente en ese partido al observar que los prohombres septembristas estaban decididos a mantener el régimen monárquico. Debido a ello, al cumplirse un año de la revolución, aceptó proclamar la República federal en Salamanca. Sin embargo, en Béjar, se vio complicado en un improvisado intento de atentado contra el gobernador civil de la provincia, por el que fue detenido, procesado y encarcelado durante once meses, hasta que la amnistía de agosto de 1870 le permitió volver a Madrid. Ese otoño conoció a Pi y Margall, con el que comenzó a colaborar y al que llegaría a unirle una entrañable amistad.

Frustrado por la inhibición de los dirigentes republicanos ante la entronización de Amadeo de Saboya, solicitó traslado al ejército de Cuba, cuyas provincias orientales llevaban dos años alzadas en armas.

En marzo de 1871, cuando ya había sido destinado a Cuba, fue elegido representante por Salamanca en la Asamblea Federal, convocada por Castelar, Orense y Pi y Margall, lo que le impulsó a pedir la licencia absoluta. Mientras se tramitaba su solicitud, secundó activamente la iniciativa de su compañero Eduardo López Carrafa de fundar un ateneo militar, cuyos estatutos redactó en colaboración con Federico de Madariaga, Antonio Vallecillo, Luis Vidart y Francisco Villamartín.

Finalizadas ambas tareas, retiró la citada solicitud y embarcó hacia La Habana, adonde llegó el 2 de noviembre.

Tres semanas después, todavía pendiente de destino, un consejo de guerra impuso penas de arresto y multa a 45 estudiantes cubanos, sospechosos de haber profanado la tumba de Gonzalo Castañón, fundador del periódico proespañolista La Voz de Cuba.

El Cuerpo de Voluntarios renegó del fallo, y constituyó otro consejo de guerra que condenó a muerte a ocho de los acusados, fusilándolos a continuación.

La indignación de Estévanez al conocer lo ocurrido fue tan notoria que sus compañeros de promoción le tramitaron una licencia urgente para México, obligándole a embarcar en el primer barco que zarpó. Al naufragar el carguero que le conducía a Nueva Orleans, otro buque le recogió en alta mar y le llevó a Cap-Haïtien, donde tomó pasaje para la Península. El 25 de diciembre de 1871, durante la escala en la isla de Saint Thomas, entonces colonia danesa, tramitó en el Consulado español su definitivo retiro del Ejército, poniendo fin a su carrera militar cuando contaba treinta y ocho años.

De vuelta en Madrid, encontró trabajo en el diario El Combate, donde publicó el poema La alcuza, expresiva síntesis de su ideario político. El 2 de abril de 1872 fue elegido diputado por el distrito de La Latina, en la candidatura de la Asamblea Federal Republicana, y en julio se integró en el Directorio Republicano Federal, presidido por Pi y Margall, constituyendo junto al general Contreras la llamada fracción intransigente, enfrentada a la benevolente, formada por Castelar, Figueras, Pérez de Guzmán y Sorní.

Derrotada su candidatura en las elecciones del 24 de agosto, se comprometió a cortar la vía férrea en Sierra Morena, al objeto de dar tiempo al general Contreras a levantar en armas Andalucía. El 22 de noviembre hizo descarrilar un tren de mercancías en el puente de Vadollano y dos días después proclamó la República federal en Linares, poniéndose al frente de una partida de 700 voluntarios con los que mantuvo en jaque a las tropas enviadas por el Gobierno durante el resto del año.

Sin noticias de Contreras y abandonado por sus hombres, regresó a Madrid, donde permaneció escondido hasta la abdicación de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873. Proclamada la República, Figueras le instó a reingresar en el Ejército y, ante su negativa, Pi y Margall le confió el Gobierno Civil de Madrid, desde donde neutralizó varios conatos subversivos.

El 13 de mayo de 1873 fue elegido diputado por los distritos de Baeza, Orgaz y Santa Cruz de Tenerife, optando por representar a la capital canaria.

El 11 de junio, al hacerse cargo Pi y Margall de la Presidencia del Poder Ejecutivo, le nombró ministro de la Guerra. Durante su breve mandato, sólo dieciocho días, creó y marcó los objetivos de la trascendental Comisión de Reorganización del Ejército, presidida por el general Orozco e integrada por 20 vocales, dos por cada cuerpo e instituto armado, entre los que destacaban Cassola, Madariaga, Vallecillo y Vidart. Sus conclusiones, rendidas tres meses después, sentaron las bases que inspiraron cuantas reformas militares abordaron los sucesivos gobiernos de la Restauración.

El 28 de junio, ante la resistencia del gobierno a respaldar las medidas necesarias para restaurar la disciplina en los campos de batalla, presentó la dimisión y se limitó a ejercer su labor de diputado, interviniendo sólo en debates de carácter castrense o que afectaran a las Islas Canarias. En la madrugada del 3 de enero de 1874, con su suegra de cuerpo presente en su domicilio, acudió a votar a la Asamblea, donde fue abordado por dos ayudantes de campo de Pavía, a los que ofreció un pronóstico tan pesimista del desenlace del debate, que influyó decisivamente en la determinación del capitán general de interrumpir la sesión.

Al hacerse cargo el general Serrano de la Presidencia del Poder Ejecutivo de la República y ante el temor de ser deportado a Filipinas, se exilió en Portugal, donde permaneció hasta que, restaurado Alfonso XII en el trono y a instancias del embajador español, se le forzó a salir del país, trasladándose con su familia a París en marzo de 1876. Tras visitar durante tres meses Nueva York, La Habana y México, regresó a la capital francesa, donde comenzó a trabajar como traductor de francés, inglés, griego y latín en la librería española de Garnier Hermanos.

El 25 de agosto de 1885, ante la ocupación de las Islas Carolinas por parte de Alemania, solicitó su reingreso en el Ejército, en caso de declararse la guerra.

Tras un nuevo periplo americano, que aprovechó para visitar a Paúl y Angulo en Buenos Aires, regresó a Madrid, nada más iniciarse la Guerra de Cuba, como redactor jefe de El Nuevo Régimen, órgano periodístico de Pi y Margall. En 1896, fue detenido por un artículo que criticaba el envío de tropas a Ultramar, y en 1898, mientras se negociaban los términos del Tratado de París, se reincorporó a la política española como lugarteniente de Pi, de quien heredó el liderazgo del federalismo cuando aquél murió en 1901.

El 14 de febrero de 1902, fue designado para encabezar la candidatura de Unión Republicana en las elecciones que se iban a celebrar en el mes de abril, resultando elegido diputado por Madrid. El presidente Maura, debido a su condición de decano de los exministros, le nombró consejero de Estado, puesto que declinó por no considerarse ex-ministro de la Corona, como exigía el reglamento del Consejo.

Derrotado en las elecciones de 1905, estrechó sus lazos con Lerroux, cuyo libro De la lucha había prologado en 1900. En mayo de 1906, llegado a Barcelona para embarcar hacia Cuba, se reunió con aquél, quien apareció en compañía de Ferrer Guardia y Mateo Morral, por lo que muchos sospecharon que Estévanez había introducido en España la bomba, de origen francés o alemán, lanzada veinte días después al paso de la comitiva de la boda de Alfonso XIII. El 12 de junio, tras pisar por última vez la ciudad de su infancia, llegó a La Habana, donde fundó el diario En Marcha, creado para articular la oposición al presidente Estrada Palma, cuya derrota electoral en septiembre provocó la segunda intervención armada estadounidense en la isla.

En 1907, se presentó por última vez a unas elecciones generales, en el número dos de la candidatura de Unión Republicana por Barcelona, encabezada por Lerroux, que fue derrotada por la de Solidaridad Catalana de Cambó. En 1910, establecido definitivamente en París, Pérez Galdós utilizó sus recuerdos para redactar el episodio nacional Amadeo I, y le convirtió en protagonista del La Primera República, publicado en 1911.

Nacido al final de la Primera Guerra Carlista, llegó a asistir al estallido de la Primera Guerra Mundial, ofreciendo sus servicios como corresponsal de guerra al gobierno francés cuando contaba ya setenta y seis años. Sin embargo, un mes después, una pulmonía le produjo la muerte. Incinerado su cadáver en el cementerio del Père Lachaise, Blasco Ibáñez se ocupó de recoger y depositar sus cenizas en un columbario de la necrópolis parisina.

En 1937, la República de Cuba le dedicó una lápida, conmemorativa del aniversario del fusilamiento de los estudiantes de 1873, en los soportales del Hotel Inglaterra, frente a la estatua de José Martí, lugar donde conoció y denunció públicamente la injusticia cometida. Este monumento, el único erigido a un español en la isla, ensalza y recuerda que para Estévanez “antes que la Patria están la Humanidad y la Justicia”.

 

Obras de ~: La Milicia. Tipos y Costumbres militares, Madrid, Est.º Tip.º de R. Vicente, 1868; Atlas geográfico de América, con un resumen geográfico, París, Unsinger, 1885; Cuentos y Leyendas, coleccionados por [...], París, Garnier Hermanos, 1886; Los misterios de la Luna. La Hermana de Rembrandt, París, Garnier Hermanos, 1886; Romances y cantares, París, Garnier Hermanos, 1891 (1.ª ed. en México, 1881); España. Impresiones de un viajero hispanoamericano en las Fiestas Colombinas, Madrid, Imprenta de Palacios, 1892; Resumen de la Historia de América, París, Garnier Hermanos, 1893; Entretenimientos matemáticos, físicos, químicos, etc., París, Garnier Hermanos, 1894 (ed. facs. Valencia, Librerías París-Valencia, 1995); Diccionario militar, con un vocabulario español-francés-alemán, París, Garnier Hermanos, 1897; Estudios africanos, París, Garnier Hermanos, 1897; Quisicosas, traducidas y aumentadas, París, Garnier Hermanos, 1897; “Prólogo”, en C. Meany y Meany, Alma intensa, París, Garnier Hermanos, s. f.; Rastros de la vida: artículos y renombranzas, París, Garnier Hermanos, 1899; Calandracas, Barcelona, Librería Española, 1900; “Prólogo”, en A. Lerroux, De la lucha, Barcelona, Imprenta de F. Granada, 1900; Fragmentos de mis memorias, Madrid, Est.Tipográfio de los Hijos de R. Álvarez, 1903 (ed. Islas Canarias, Vicesecretaría de Cultura y Deportes, 1989); “Carta-prólogo”, en R. Ruiz y Benítez de Lugo, Estudio sociológico y económico de las Islas Canarias, Madrid, 1904 (ed. Madrid, Ediciones B, 1977); Resumen de la Historia de España, Barcelona, Escuela Moderna, 1904; Rastros de mi vida. Artículos y remembranzas, París, Garnier Hermanos, 1913; Pensamientos revolucionarios, recopilados por Mateo Morral, Barcelona, Biblioteca de la Revista Blanca, 1932 (ed. Barcelona, José de Olañeta, 1978); Cartas, ed., est. y notas por M. Guimerá Peraza, Santa Cruz de Tenerife, Aula de Cultura, 1975; et al., Los mejores poemas de ayer y de hoy, una antología realizada por Félix Casanova Ayala, Santa Cruz de Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1998.

 

Bibl.: J. de la Gándara, Anexión y guerra de Santo Domingo, Madrid, Imprenta de El Correo Militar, 1884, 2 vols.; B. Pérez Galdós, Amadeo I, Madrid, Perlado, Páez y Compañía, 1910; La Primera República, Madrid, Perlado, Páez y Compañía, 1911; Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. I. Antecedentes (hasta mediados del siglo xix). Guerra hispano-marroquí de 1859-1860. Conflicto en el Campo exterior de Melilla en 1893-1894), Madrid, Servicio Geográfico del Ejército, 1947; C. A. M. Hennessy, La República federal en España: Pi y Margall y el movimiento republicano federal, 1868-1874, Madrid, Aguilar, 1967; J. L. Fernández-Rúa, 1873. La Primera República, Madrid, Tebas, 1975; M. Guimerá Pedraza, Nicolás Estévanez o la rebeldía, Santa Cruz de Tenerife, Aula de Cultura, 1979; N. Reyes González, Nicolás Estévanez Murphy (1838-1914), tesis doctoral, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1989 (microfilmada); F. Puell de la Villa, Historia del Ejército en España, Madrid, Alianza, 2000; P. González-Pola de la Granja, La configuración de la mentalidad militar contemporánea. Del sexenio revolucionario a la semana trágica. 1868-1909, Madrid, Ministerio de Defensa, 2003.

 

Fernando Puell de la Villa