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Ladrón Íñiguez de Guevara

Biografía

Íñiguez de Guevara (o Navarra), Ladrón. Señor de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa. ?, f. s. XI – 1155. Noble, señor.

Aunque Salazar y Castro hace descender a Ladrón Íñiguez de los primeros y legendarios señores de Vizcaya, Balparda, con más base histórica, lo considera nieto de Orbita Aznárez de Guipúzcoa. Según la documentación, fue hijo de Íñigo Velázquez (o Vélaz), antiguo señor de Echauri, Baztán, Burunda y Hernani, y de Áurea Jiménez, hija de Jimeno Aznárez; asimismo, se trata del hermano de Lope y Fortún Íñiguez, otros dos vástagos de dicho matrimonio. Esta familia, cuyo patrimonio se concentra en Guevara, valle del Deva y Oñate, supone un claro exponente de esas elites locales que controlaban sus territorios originarios por delegación regia, siendo, a su vez, un instrumento de la Monarquía en su afán por articular políticamente dichos espacios. En concreto, Ladrón Íñiguez reunió en sus manos el gobierno de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, alternando su fidelidad entre los monarcas castellanos y navarros. Con él, se inició medio siglo de control de los Ladrón sobre el espacio vasco.

Al igual que su padre y hermanos, ante la primera desavenencia en el matrimonio entre Urraca, reina de Castilla, y Alfonso I, rey de Aragón y Pamplona, junto a su padre y hermanos, tomó partido por el monarca pamplonés; en 1113, la efímera concesión de Vizcaya a Lope Íñiguez fue el pago a dicho servicio. La única fisura en su fidelidad a Alfonso I se constata en julio de 1124, cuando se sitúa en el bando de doña Urraca, combatiendo al “rey batallador” cerca de Haro. No obstante, rectificó con rapidez este movimiento, pues, tras las paces de Támara (1127), Alfonso I entregó a la familia Ladrón las antiguas tenencias de Diego López, aristócrata que optó por el servicio al monarca castellano Alfonso VII (hijo de la difunta reina Urraca).

Mientras su hermano Lope gobernó Bureba en 1127 y Calahorra en 1129, Ladrón recibió Álava (1130), Vizcaya y Albero (1131) y Haro (1133); además, obtuvo el título de “comes” y suscribió con frecuencia diplomas regios desde 1127. Del mismo modo, los Ladrón participaron también en empresas militares del rey aragonés: la reconquista de Zaragoza en 1118 y, trece años más tarde, el asedio de Bayona, infructuosa operación en la que falleció su padre, Íñigo Velázquez, dejando a Ladrón Íñiguez al frente de los intereses familiares.

El óbito sin descendencia de Alfonso I en 1134 y la imposibilidad de ejecutar su última voluntad, que nombraba herederas a las órdenes militares, inauguró una coyuntura de inestabilidad magistralmente aprovechada por Ladrón Íñiguez. Su apoyo a García Ramírez, decisivo para su acceso al trono navarro, no sólo le supuso afianzar su señorío sobre Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, sino también extenderlo al recibir él y su hermano Lope las tenencias navarras de Aibar y Tafalla, respectivamente. En virtud de la relevancia adquirida, la documentación lo denomina “primus principum et dominarum pampiloniorum”, figurando entre los delegados del monarca navarro en Vadoluengo, tratado que delimitó la frontera con Ramiro II de Aragón en 1135.

El giro político de Alfonso VII de León y Castilla, que inició las hostilidades contra García Ramírez, alteró la situación de Ladrón Íñiguez de Guevara.

Según la Chronica Adefonsis Imperatoris, en verano de 1136 el Rey castellano irrumpió en Álava y apresó a Ladrón Íñiguez, quien decidió someterse al vasallaje del monarca castellano en septiembre de ese mismo año. Así, pasarían a Castilla los territorios de Vizcaya y Álava, manteniendo Ladrón el gobierno de Vizcaya y recibiendo la tenencia de Viguera. Mientras tanto, en territorio navarro, su hermano Lope Íñiguez mantuvo la tenencia de Tafalla, así como su hijo Vela Ladrón conservó las plazas de Aibar y Leguín y, en ocasiones, se hallaba al frente de Val de Araquil y Vizcaya (1138) y Guipúzcoa (1140).

La inestable posición de García Ramírez en el Trono navarro permitió el simultáneo protagonismo de la familia Ladrón a ambos lados de la frontera. Quizás este doble juego se iniciase antes de la ofensiva castellana, pues Vela ya poseía Aibar desde enero de 1136; de ser así, se podría interpretar la captura del conde por Alfonso VII como una ficción cronística que pretendía justificar este cambio de fidelidad.

Ladrón Íñiguez retornó a sus tenencias navarras en 1139, cuando Castilla y Navarra firmaron una paz, en cuya negociación él desempeñó un papel protagonista.

Por tanto, volvió a poseer Aibar y Leguín, a partir de dicho año, Álava y Guipúzcoa, desde 1147, y Estíbaliz, un año más tarde. Asimismo, confirmó de nuevo las cartas de García Ramírez y, hacia 1149, figuró entre los caballeros navarros que, siguiendo directrices regias, ofrecieron sus servicios a la Orden del Temple.

Un fruto de esta reconciliación fue el retorno a Navarra de Álava y de la porción oriental de Vizcaya.

Durante los años posteriores a la muerte de García Ramírez, acaecida en 1150, continuó como intermediario entre Sancho VI, nuevo monarca navarro, y Sancho III, rey de Castilla, por delegación su padre Alfonso VII. Firmar diplomas de ambos monarcas, asistir a la boda entre Blanca (hermana del rey de Navarra) y Sancho III, y acompañar a Sancha (hija de Alfonso VII y futura esposa de Sancho VI) fueron hechos que atestiguan su papel de mediador entre ambas Monarquías. Sin embargo, este equilibrio llegó a su fin en julio de 1153; entonces, buscando situar a Álava y Vizcaya en la órbita castellana, Alfonso VII incorporó a Ladrón Íñiguez al vasallaje de Sancho III de Castilla, cediéndole Grañón. La reacción del rey de Navarra imposibilitó mantener el doble juego de los Ladrón, pues les retiró las tenencias de Aibar y Leguín.

Ladrón Íñiguez, ya de avanzada edad, fue delegando algunas de sus responsabilidades en Vela, su primogénito, que le acompañó en sus últimos actos públicos y figuró al frente de Leguín y Aibar desde 1149 y 1151, respectivamente. La última aparición documental del conde Ladrón data del 12 de agosto de 1155, cuando confirmó una donación de Sancho III a la Casa de Ortega.

Poco después fallecería, pues el 18 de septiembre ya es su hijo Vela quien figura en la suscripción de los diplomas castellanos. Se ignora su lugar de enterramiento, en cambio, sí se documenta su preferencia por el monasterio de San Miguel de Excelsis en Aralar, cenobio donde buscó la remisión de sus pecados mediante la donación del busto de Arimería.

 

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Tomás Sáenz de Haro

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