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Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa

Biografía

Díaz de Espada y Fernández de Landa, Juan José. Arroyabe (Álava), 20.IV.1757 – La Habana (Cuba), 13.VIII.1832. Obispo de La Habana.

Más conocido como el obispo Espada, este prelado, que vivió los últimos treinta años de su vida en La Habana, fue el principal promotor de la remodelación sanitaria y urbanística de la ciudad en su tránsito de sede y puerto comercial a ciudad moderna y capital del país. Nació en el seno de una familia vascocastellana de ascendencia ilustre que le pudo proporcionar una educación refinada en un ambiente social expuesto a las ideas ilustradas. Realizó estudios medios y superiores en Salamanca, donde permaneció aproximadamente hasta 1780; aunque no hay constancia de que se graduara en la Universidad, se sabe que obtuvo el título de bachiller en Artes, Leyes y Cánones por el Colegio de San Bartolomé, posteriormente vinculado a la institución académica, del que llegó a ser rector. Comenzó a estudiar Teología, pero, al parecer, fue en la Universidad de Valencia donde se doctoró en Sagrados Cánones. Una vez ordenado como presbítero en 1782, Díaz de Espada asumió funciones muy variadas en las sedes de la Península a las que fue destinado: vicesecretario en el obispado de Plasencia (1786), provisor, vicario general y prior en Villafranca del Bierzo (1792-1798) y promotor fiscal de la Inquisición en Mallorca (1799), hasta que su nombre fue propuesto por Carlos IV a Pío VII para el obispado cubano.

Coincide con el cambio de siglo su nombramiento como obispo de la diócesis de San Cristóbal de La Habana, creada en 1787. Espada toma posesión del obispado tras su llegada en 1802; en ese mismo año es designado socio honorario de la Sociedad Económica de Amigos del País, que lo elige como director un año después. En la visita pastoral de 1804, el obispo Espada observó la limitada implantación de la Iglesia católica en la diócesis occidental (La Habana, Matanzas, Pinar del Río y Las Villas), por lo que asumió como objetivos consolidar y extender la red parroquial; para ello fundó a lo largo de su obispado cinco parroquias y sesenta y seis iglesias auxiliares y restauró las existentes. De esta manera garantizó la organización religiosa del territorio, a pesar de la oposición de algunos hacendados, que no querían contribuir económicamente a su sostenimiento ni ver cuestionado el sistema esclavista, que Espada criticaba en su base —el tráfico negrero— y en el tratamiento deshumanizado al esclavo.

Su buen entendimiento con la Sociedad Económica, con el gobernador de la isla en aquel momento (1799-1812), el marqués de Someruelos, así como con el futuro intendente de Hacienda, Alejandro Ramírez (1816-1821), fueron las claves que le permitirán concertar su tarea apostólica con una actuación influyente en la esfera ciudadana, especialmente en los sectores más postergados, como el de la salud pública.

En este sentido, los dos primeros proyectos que promovió reflejan este conjunto de intereses: la difusión de la vacuna contra la viruela y la creación de un cementerio independiente extramuros, un proyecto en el que habían fracasado los últimos gobernadores de la isla. Para lo primero contó con la ayuda del doctor y científico Tomás Romay —quien tras varias pruebas comenzó a inocular de forma generalizada la vacuna en 1804— y con la infraestructura que desplegó en la isla la Sociedad Económica a través de la Junta Central de la Vacuna, a pesar de lo cual no se logró erradicar el virus. El cementerio general de La Habana comenzó a ser construido en 1804 y fue inaugurado en 1806; lo más difícil fue convencer a la población de que se debían suprimir los enterramientos en los templos, para lo cual se realizó una campaña de divulgación sobre los beneficios de la necrópolis en colaboración de nuevo con el doctor Romay y la Sociedad Económica. Desde entonces continuó patrocinando la mayoría de las actividades y reformas culturales, científicas y sociales de la institución y de los intelectuales que convocaba —como José Agustín Caballero, José Antonio Saco y José de la Luz y Caballero—: la cátedra de Constitución del Seminario de San Carlos —que ocupó el padre Félix Varela—, la Escuela Náutica de Regla, la Escuela de Agricultura, el Jardín Botánico, la Escuela para niñas de San Francisco de Sales, la Academia de Pintura de San Alejandro, la Academia de Parteras, la Casa de Beneficencia; asimismo, impulsó los nuevos métodos de enseñanza lancasterianos en sustitución del escolasticismo.

Pero fueron el diseño del altar mayor de la Catedral y la erección del templete (1828) de la plaza de Armas las creaciones artísticas que más deben al gusto personal del obispo, quien impulsó en La Habana una estética neoclásica tardía que imitaron posteriores edificaciones.

Sus ideas políticas se tradujeron en unas relaciones conflictivas con la Corona al subir al trono Fernando VII; partidario del autonomismo cubano y de la causa constitucionalista de 1812, su apoyo a los liberales tras el triunfo de la restauración absolutista —que conllevó un nuevo estatuto para el Gobierno insular caracterizado por el férreo control sobre sus habitantes— motivó que en 1824 fuera ordenado su traslado a la Península para ser procesado. Lo evitó su estado de salud y Espada continuó gestionando el obispado mientras esperaba que se apaciguara la tensión con la Corona, que en 1830 cerró el proceso tras sufrir Espada un primer ataque cerebral, que acabó con su vida en 1832.

 

Obras de ~: Exhortación a los fieles de la Havana sobre el cementerio general de ella, La Habana, 1805; Exhortación al uso general de la vacuna, La Habana, 1806; Diezmos reservados, 1809; Carta pastoral dirigida a sus diocesanos inspirándoles el amor a la religión y a la patria, La Habana, 1811; Obispo Espada: ilustración, reforma y antiesclavismo, est. y selecc. de E. Torres-Cuevas, La Habana, Ciencias Sociales, 1990; Obispo Espada: papeles, selecc. de E. Torres-Cuevas, La Habana, Imagen Contemporánea, 1999.

 

Bibl.: T. Romay, Discurso sobre las sepulturas fuera de los pueblos, La Habana, 1806; J. de la Luz y Caballero, “Apuntes para la nota necrológica del señor obispo Espada”, en Diario de La Habana, 20 de agosto de 1832 (en Escritos literarios, La Habana, Universidad, 1946); M. Costales, El obispo Espada, La Habana, Imprenta Flores del Siglo, 1846; J. de la Pezuela, Diccionario de la isla de Cuba geográfico, estadístico, histórico, Madrid, Imprenta de Mellado-Banco Industrial y Mercantil, 1863-1866, 4 vols.; D. Rosain y Lubián, Necrópolis de La Habana, La Habana, Imprenta El Trabajo, 1875; F. Calcagno, Diccionario biográfico cubano, Nueva York, Imprenta Ponce de León, 1878; J. M. Leiseca, Apuntes para la historia eclesiástica de Cuba, La Habana, Talleres Tipográficos de Carasa, 1929; H. Sánchez Rangel, Visita pastoral del obispo Espada en 1804, Buenos Aires, Universidad, 1942; C. García Pons, El obispo Espada y su influencia en la cultura cubana, La Habana, Talleres Tipográficos Alfa, 1951; M. Figueroa y Miranda, Religión y política en la Cuba del siglo xix: el obispo Espada visto a la luz de los archivos romanos, 1802-1832, Miami, Universal, 1975; I. Álvarez Cuartero, “El obispo Espada y la salud pública en Cuba”, en Álava y América, Vitoria, Diputación Foral de Álava, 1996, págs. 245-255; Memorias de la Ilustración. Las Sociedades Económicas de Amigos del País en Cuba (1783-1832), Madrid, Departamento de Publicaciones de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País-Delegación en Corte, 2000.

 

Izaskun Álvarez Cuartero