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Maximino Peña Muñoz

Biografía

Peña Muñoz, Maximino. Salduero (Soria), 29.V.1863 – Madrid, 23.IX.1940. Pintor.

Hijo primogénito del matrimonio formado por Martín Peña y Dominica Muñoz, a los trece años emigró a Buenos Aires para trabajar en el floreciente comercio de tejidos que poseía su tío Felipe Muñoz, quien, tras apreciar las dotes y vocación del sobrino, le ayudó a emprender la carrera de pintor facilitando su regreso a España y el ingreso, ese mismo año 1879, en la Escuela Superior de Pintura Escultura y Grabado de Madrid. En ella, Maximino adquirió una sólida formación académica que amplió con visitas al Museo del Prado, asistiendo a las clases del recién creado Círculo de Bellas Artes, al taller del pintor Casto Plasencia (1846-1890) y formando parte de la Colonia Paisajística de Muros de Pravia. Paralelamente, tomó contacto con el mundo profesional dándose a conocer en exposiciones colectivas (Madrid, 1881), individuales (Soria, 1883), y colaborando como ilustrador en diferentes periódicos y revistas, como Álbum de artistas españoles o Recuerdo de Soria.

Gracias a este incipiente bagaje y a su brillante expediente, la Diputación Provincial de Soria le concedió una beca de estudios en 1883, cuya prórroga durante cinco cursos hizo posible su pensionado de tres años en Roma. La estancia en Italia le permitió profundizar en el conocimiento de la tradición y de ámbitos modernos visitando Florencia, Venecia, Nápoles, París, cerrando su ciclo formativo según los cánones vigentes en la cultura artística española del siglo xix.

El primer conjunto de obras lo dedicó al paisaje, tipos populares, monumentos de su tierra natal, destacando El tío Lola, Casto Plasencia pintando, exponentes de una sensibilidad neorromántica, dispuesta a valorar el contacto con el medio natural y su reflejo en la pintura. Tanto la manera de pintar, directamente del natural, como los temas se convirtieron en predilectos para el artista, aunque esta clase de cuadros tuvo su complemento en los que realizó en calidad de pensionado, demostrando poseer una versatilidad estilística que englobaba lenguajes y formas de expresión tan diferentes como el historicismo clásico, en Vestal romana al cuidado del fuego sacro, la religiosidad barroca de La Magdalena haciendo oración o el preciosismo de sus lienzos titulados Dolce farniente y Bibliófilo. Resulta muy significativo que en su presentación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en 1887, apostase por la tendencia más innovadora, de tal manera que La carta del hijo ausente se inscribe dentro de la estela del realismo propuesto por Gustave Courbet (1819-1877), vindicando argumentos narrativos genuinamente humanos y contemporáneos. Elogiada por Fernanflor, en La Ilustración Española y Americana, merecedora de medalla, el tipo de contenido autobiográfico de la escena orientará en numerosas ocasiones la vertiente oficial de su carrera, oponiéndose a la moda de la Pintura de Historia.

Cumplidos veinticinco años se instaló en Madrid, iniciándose un período de intensa creatividad cuyo principal objetivo era abrirse camino en el complicado panorama artístico. La trayectoria estuvo pautada por su participación en exposiciones de carácter nacional e internacional, vehículo idóneo para alcanzar el reconocimiento, gracias a la consecución de premios y a la excelente acogida que le otorgaron los críticos Federico Balart, Francisco Alcántara y Rafael Balsa de la Vega.

En lo referente al trabajo del pintor, la singular dialéctica público-privado en la que se asentaba el arte de su tiempo, motivó la realización de cuadros de exposición y otros más decorativos, de temática y factura notablemente diferentes. Inspiradas en el medio rural, en sus ambientes costumbristas, testimonio de los nuevos escenarios industriales y de cierta crítica social, las obras El cuento del abuelo, Las hilanderas, El arte en el campo, Leñador montañés, El bocadillo, Cantando las Vísperas, Visita a la fábrica, Modelo por necesidad o La niña enferma estaban destinadas a participar en los grandes certámenes del momento, adquiriendo el prestigio profesional requerido por el coleccionismo finisecular, escenario en el que se apreciaba un tipo de pintura colorista, cuyos referentes temáticos seguían siendo la vida de salón y el orientalismo; gusto al que responde otro conjunto importante de cuadros, entre los que cabe destacar Cansada del baile, Con la excusa del cigarro, Tres distracciones, Odalisca o Calles de Tánger. La realización de todas estas pinturas motivó sus visitas a diferentes regiones españolas, su vuelta a París, así como el viaje a distintas localidades del Norte de África. Experiencias que también le aportaron sugestivos asuntos para las series de dibujos destinadas a su publicación en las revistas La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro, Arte y Letras y a la hora de llevar a cabo la colección de postales, encargada por Hauser y Menet en 1903, de inspiración marcadamente popular y regionalista.

A partir de 1910, disfrutó de notable fama como retratista, trasladándose entonces al que fue su estudio definitivo, un magnífico ático en la calle Arenal, idóneo para trabajar en uno de los géneros que mayores satisfacciones le reportó. En él, había ido adquiriendo experiencia mediante la práctica del Autorretrato y la representación de familiares y amigos, alcanzando cotas excelentes en los Retratos de sus padres, Felipe Muñoz, Benito Aceña, dotados de elocuente profundidad sicológica y de relación estable con el medio al que pertenecen. En buena medida, como consecuencia de esta dedicación abordó la pintura al pastel, dominando muy pronto la técnica de manera magistral, dotando a las imágenes de extraordinarios efectos de luz y color. Su sabia habilidad, le llevó a realizar auténticas galerías de retratos para diferentes ministerios, ayuntamientos y otros organismos, principalmente en Madrid y Soria, siendo, igualmente, uno de los más solicitados retratistas de sociedad, consagrado por José Francés, en el amplio reportaje que publicó La Esfera en 1917, como maestro indiscutible del género y virtuoso de la pintura al pastel.

Durante los años centrales de su carrera formó parte de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes y de las Secciones de Artes Plásticas del Ateneo, estrechó la amistad, iniciada en Roma, con Joaquín Sorolla y Mariano Benlliure, relacionándose con Joaquín Araujo, Alejandro Ferrant, José Jiménez Aranda, Adolfo Lozano Sidró, Aureliano de Beruete y Emilia Pardo Bazán, a quien retrató al pastel. Su participación en exposiciones internacionales fue constante, presentando obras en Berlín, Múnich, París, Londres, Chicago, La Habana, Buenos Aires, realizando exposiciones individuales en las salas Vilches, Iturrioz o Cano de Madrid y Barcino de Barcelona, mostrando sus pinturas en su tierra, con motivo del homenaje que le brindó, en 1929, el Casino de la Amistad Numancia y en justa correspondencia a la atención que le habían prestado los escritores Pascual Pérez Rioja y Mariano Granados.

Partícipe de la vida artística, trabajador y viajero infatigable, se casó, cumplidos los cincuenta años, en 1914, con Consuelo Ruiz Forcada, teniendo el matrimonio dos hijos, José María y Eduardo, que siguieron la carrera de su padre. Pudo disfrutar de una entrañable vida familiar durante casi tres décadas, pasando largas temporadas veraniegas en Salduero y Santander, entregándose a su otra pasión, la pintura de paisaje, en la que mantuvo el modelo Barbizón, seguido en su juventud (Puesto fronterizo en Navarra, Orillas del Duero), evolucionando hacia posiciones próximas al Impresionismo (El Manzanares). Tras los duros años de la Guerra Civil, pasados en Zaragoza, se agravó la enfermedad pulmonar que padecía, falleciendo el 23 de septiembre de 1940 en su casa de Madrid. Los primeros homenajes los recibió ese mismo año por parte del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 1963, con motivo del centenario de su nacimiento se celebraron exposiciones en Soria y Madrid; Caja Soria le dedicó una Exposición Antológica en 1987 y dos años después lo hizo Caja Postal de Madrid. En 1993 la Junta de Castilla y León, en colaboración con el Ayuntamiento de Soria, realizó la exposición itinerante Maximino Peña en Soria, Burgos y Valladolid, participando su obra en importantes muestras colectivas.

 

Obras de ~: La puerta de Rabanera, 1884; Dolce farniente, 1886; Niña napolitana, 1887; La carta del hijo ausente, 1887; Las hilanderas, 1890; Martín Peña, 1892; Dominica Muñoz, 1893; Una odalisca, 1893; Carretero de pinares, 1893; La niña enferma, 1896; Cabeza femenina, 1896; Gabinete de lectura, 1897; Visita a la fábrica, 1899; El viejo modelo, 1899; El pudor, 1900; Laureano Figuerola, 1900; Paisaje de invierno. La Moncloa, c. 1900; Sevillana, 1903; Tomás Bretón, 1904; Autorretrato, 1904; El tío Francisquín; Niña velazqueña, 1909; La alcoba, 1909; Cantando las vísperas, 1910; Vizconde de Eza, 1913; Paisaje de Comillas, c. 1920; Consuelo Ruiz, 1929; Jardines de San Sebastián, c. 1935.

 

Bibl.: J. Pérez Rioja, “En el centenario de Maximino Peña (1863-1940)”, en Celtiberia (Soria), n.º 26 (1963), págs. 243- 248; M. Montañez Matilla, “Maximino Peña, un pintor entre dos siglos”, en Celtiberia, n.º 51 (1976), págs. 45-54; L. Cerrillo Rubio, “Maximino Peña, la pintura como la vida”, en Soria Semanal, n.º 451 (1986), pág. 5; L. Cerrillo Rubio, Maximino Peña, catálogo de exposición, Soria, Caja Soria, 1987; E. Arias, W. Rincón y A. Navarro, Exposiciones Nacionales del siglo XIX. Premios de Pintura, Madrid, Centro Cultural del Conde Duque, 1988; F. Prados de la Plaza, Catálogo de la Exposición. La pintura de Maximino Peña, Madrid, Caja Postal, 1989; C. Brasas y J. de la Puente, Pintores Castellanos y Leoneses del siglo XIX, Zamora-Valladolid, Junta de Castilla y León, 1989; L. Cerrillo Rubio, Maximino Peña. Vida y obra, Soria, Ayuntamiento, 1993; C. Pena López (comisaria), Centro y periferia en la modernización de la pintura española, 1880- 1918, Barcelona, Ministerio de Cultura, 1993; M. Freixa y C. Reyero, Pintura y escultura en España, 1800-1910, Madrid, Manuales de Arte Cátedra, 1995; C. Iglesias (comisaria), Ilustración y proyecto liberal. La lucha contra la pobreza, Zaragoza, Palacio de la Lonja, 2001; J. Portús, C. Reyero y B. Pons Sorolla, Ternura y melodrama. Pinturas de escenas familiares en tiempos de Sorolla, Valencia, Museo del Siglo XIX, 2002.

 

Lourdes Cerrillo Rubio