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Manuel José García

Biografía

García, Manuel José. Buenos Aires (Argentina), 11.X.1784 – 22.X.1848. Abogado e independentista argentino.

Hijo del coronel Pedro Andrés García y de María Coelho Ferreira, inició sus estudios en el colegio de San Carlos y los continuó en Chuquisaca, en cuya Universidad (Charcas) se doctoró en Derecho en 1804. De regreso a Buenos Aires se dedicó al ejercicio de la profesión. Asistió a la defensa de Buenos Aires contra los ingleses como capitán de la compañía de Infantería del cuerpo de cántabros (7 de julio de 1807), ascendiendo a teniente coronel en 1808. Este mismo año el virrey Santiago Liniers lo nombró subdelegado interino del partido de Porco en la Intendencia de Potosí, para ser trasladado en octubre con cargo similar a la provincia de Chayanta, siempre en el Alto Perú.

Cuando desempeñaba este empleo, estalló la Revolución de Mayo, a la que se adhirió, formando parte del Cabildo de Buenos Aires desde enero hasta noviembre de 1812, cuando el Gobierno le encomendó “trabajar en el plan de una nueva Constitución”. El Triunvirato lo envió con Marcos Balcarce a Montevideo para conseguir la sumisión de Vigodet, sin conseguirla. Hasta la revolución de octubre de 1812 dirigió la Gaceta. Igualmente, como miembro del Cabildo, examinó el reglamento de la convocada Asamblea Constituyente y, con Álvarez Jonte, las reformas que se iban a introducir en el organismo municipal, y fue elegido diputado a dicha Asamblea, figurando en la comisión que preparó el aludido proyecto de Constitución.

En 1813 fue nombrado ministro de Hacienda. El director supremo Gervasio A. Posadas le designó consejero de Estado (febrero de 1814). Carlos María de Alvear, director supremo desde el 9 de enero de 1815, lo envió, a principios de ese año, a Río de Janeiro para obtener noticias sobre la proyectada expedición española contra los insurgentes americanos y evitar una negociación entre Portugal y España desfavorable al Río de la Plata. Al mismo tiempo, llevaba una misión secreta para ofrecer colocar la nueva nación argentina bajo el protectorado inglés, desesperando Alvear de su porvenir ante el triunfo de la reacción en Europa y el peligro de la anarquía interna y por odio a todo retorno a la soberanía española. Llegó García a Río el 21 de febrero de 1815, llevando una nota, que era una renuncia a la soberanía, firmada por Nicolás Herrera como ministro de Estado, fechada el 21 de enero de 1815 y dirigida al ministro inglés en aquella Corte, Strangford. García debía, asimismo, negociar con Juan VI y con el representante español. El paso de Alvear ha sido condenado por Mitre y otros historiadores argentinos; pero García no entregó las notas, viendo otro ambiente allí menos pesimista, y solicitó de Strangford una mediación con España, expresando el desastre que se originaría si Inglaterra abandonaba a su suerte las colonias españolas. Strangford le manifestó que no podía evitar el bloqueo español o la hostilidad de la metrópoli o de sus aliados; pidió que continuara el sistema de moderación de Posadas para llegar con España a una reconciliación en términos justos y honrosos. Coincidieron allí Belgrano y Bernardino Rivadavia, que aprobaron la conducta de García y censuraron la conducta de Alvear. Al caer éste (abril de 1815), el nuevo director, Álvarez Thomas, dispuso el cese de García, pero no tardó en confirmarle en su misión en Brasil y allí continuó hasta 1820, con el encargo de asegurar la independencia, sin sumisión alguna a España (de lo que eran acérrimos partidarios tanto García como el Gobierno) y de buscar el apoyo del Gobierno portugués.

Al sobrevenir la invasión portuguesa en Uruguay (1816), García la defendió ante el director Juan Martín de Pueyrredón, tratando de demostrar que no era “un acto de hostilidad al Río de la Plata y por tanto, no era un casus belli. Respondía esta turbia conducta de García al temor a José Gervasio Artigas, enfrentado con el Gobierno de Buenos Aires, y al afán de conseguir, a toda costa, el apoyo portugués contra España. También negociaba García con el encargado de negocios español Andrés Villalba.

Creía García que, ante el riesgo de la anarquía, la única solución era pactar con Brasil; afirmaba el Gobierno de Río de Janeiro que Uruguay era de hecho independiente y, por tanto, Buenos Aires no tenía por qué inmiscuirse en sus conflictos. Negoció García un tratado de paz y amistad, en el que pedía que Portugal se comprometiera a desocupar Uruguay y declarara vigente el armisticio de 1812; pero en artículos secretos ofrecía que Argentina retiraría sus tropas y auxilios a Artigas y que el río Uruguay sería el límite provisional con Brasil. García trataba de llegar a una alianza con este país contra España, pero fue desbaratada porque se tuvo noticia de tales tratos en Europa a raíz del Congreso de Plenipotenciarios en París (1817). García obtuvo, al menos, la seguridad de que no se devolvería Montevideo a España como base contra el Plata.

De regreso a Buenos Aires, en 1820, año en el que empezó la anarquía en las provincias argentinas, el gobernador de la provincia, general Martín Rodríguez, le designó ministro de Hacienda de esa provincia de Buenos Aires, realizando una reforma completa del sistema financiero y concibiendo la idea de la necesaria codificación mercantil. Por su parte, la Cámara le encargó, con Rivadavia y Paso, un proyecto de organización de la presidencia de Buenos Aires.

Bajo el Gobierno del general Juan G. de las Heras (1824), de nuevo fue ministro de Hacienda (tercera vez) y de Relaciones Exteriores, y diputado al Congreso Constituyente de 1824, que organizó el país en forma unitaria. Durante su ministerio firmó el tratado con Inglaterra de amistad, comercio, reconocimiento de la independencia y libertad de conciencia para los ingleses (2 de febrero de 1825); también le correspondió comunicar a Brasil la decisión del Congreso de reincorporar Uruguay a Argentina a raíz de la sublevación de los Treinta y Tres Orientales (4 de noviembre de 1825). Elegido presidente de la República, Rivadavia ofreció a García el Ministerio de Relaciones Exteriores (febrero de 1826), pero rehusó, y también se negó a ir al Congreso de Panamá. En cambio, a principios de octubre de 1826, estaba como enviado extraordinario ante la Corte de Londres y, después, fue de nuevo enviado a Brasil para negociar la paz. Excediéndose de sus instrucciones, reconoció como solución la entrega de Uruguay de nuevo al imperio brasileño, anulando así las victorias argentinas (24 de mayo de 1827). Rechazado este tratado en Argentina, provocó la dimisión del Gobierno progresista de Rivadavia (27 de junio de 1827) y lanzó el descrédito sobre García, cuya cabeza pedía el pueblo. Al año siguiente se pactó la erección de Uruguay en estado independiente.

Alejado durante algún tiempo de la política, en junio de 1829 García medió entre Lavalle y Rosas, resultando de esta negociación la suspensión de las hostilidades entre los dos caudillos, y fue de nuevo ministro de Hacienda con Viamonte (1833-1834). En esta ocasión no tuvo inconveniente en precipitar el exilio de su amigo y expresidente, Bernardino Rivadavia. Estuvo en buenas relaciones con Rosas, de quien fue ministro hasta 1835, pero rehusó una misión en Perú, al considerar que este empleo mancharía sus méritos anteriores.

Indudablemente, García, casado con Manuela Juana Isidora Nepomucena Aguirre, era hombre de capacidad, estudioso, con fama de tener talento y conocedor de los antecedentes administrativos y jurídicos virreinales; Mitre lo elogia como patriota de elevación moral e inteligente, pero otros autores no lo consideran tan favorablemente, por su política, siempre inclinada a Brasil, la cual facilitó la separación definitiva del Uruguay del Río de la Plata.

 

Obras de ~: Documentos inéditos acerca de la misión del Dr. D. Manuel José García, diputado de las Provincias Unidas, en la Corte del Janeiro: época de Pueyrredon, Buenos Aires, Imprenta de J. A. Alsina, 1883; Correspondencia inédita entre Juan Manuel de Rosas y Manuel José García, Tandil, Departamento de Historia, Instituto de Estudios Histórico-Sociales, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 1989.

 

Bibl.: R. Levene (dir.), Historia de la nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), Buenos Aires, Editorial “El Ateneo”, 1939-1942 (2.ª ed.); R. Piccirilli, Rivadavia y su tiempo, Buenos Aires, Peuser, 1943; B. Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia argentina, Buenos Aires, Editorial Universitaria, 1967-1968; G. Bleiberg (dir.), Diccionario de Historia de España, Madrid, Alianza Editorial, 1981.

 

Antonio Astorgano Abajo