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Ángel Calderón de la Barca Belgrano

Biografía

Calderón de la Barca Belgrano, Ángel. Buenos Aires (Argentina), 1790 – San Sebastián (Guipúzcoa), 31.V.1861. Diplomático y político.

Nacido fruto del matrimonio entre el administrador de la aduana de Buenos Aires y la rica heredera Josefa Belgrano (miembro de una familia criolla ennoblecida), a la temprana edad de dieciséis años defendió su ciudad natal de la invasión británica.

En 1808 viajó a Londres para ampliar sus estudios, trasladándose a España a continuación con el fin de participar en la Guerra de la Independencia. Hecho prisionero en Madrid por las tropas napoleónicas cuando se dirigía a Asturias con el fin de recibir la entrega de armas británicas para el ejército español, fue conducido inicialmente a Dijon (Francia) y, posteriormente, al castillo de Lichtenberg y a la fortaleza de Landan, permaneciendo en este último punto hasta el final de la guerra.

Años después, en noviembre de 1819, se incorporó a la diplomacia española como agregado diplomático a la Secretaría de Estado, ocupando al año siguiente el puesto de secretario segundo en la embajada de Rusia. En 1824 regresó a España, viéndose sometido a un expediente de “purificación” por no haber abandonado su cargo durante el Trienio Liberal (1820-1823), aunque en aquel mismo año se reincorporó al Ministerio de Estado gracias a la recomendación del antiguo embajador ante el Zar y jefe directo durante algunos años de Calderón, Francisco Cea Bermúdez, a la sazón presidente del Consejo de Ministros y ministro de Estado, siendo designado agregado de la embajada española en Londres.

En los años siguientes experimentó paulatinos ascensos en la carrera diplomática, desempeñando los puestos de oficial de la Secretaría de Estado (1826) y enviado extraordinario y ministro residente en Estados Unidos (1835-1837).

Tras la implantación definitiva del liberalismo, ingresó en la corriente centrista del Partido Moderado.

En 1836 se negó a jurar la Constitución de 1812, al considerar que la mencionada carta magna se encontraba desfasada y era necesaria una nueva más avanzada, lo que le supuso su cese en 1837 como representante español en Estados Unidos. No obstante, sí prestó juramento a la Constitución de 1837, lo que le permitió retomar su carrera en la diplomacia española, siendo repuesto como ministro plenipotenciario en Estados Unidos (1838), trasladándose a continuación a México, donde fue el primer embajador de España en su antigua colonia (1839-1841), resistiéndose a aceptar la independencia de este país de la Corona española.

Instalado en La Habana en 1841 y retornado a la Península desde principios de los años cuarenta, una vez finiquitado el período de gobierno de los progresistas y los moderados aupados al poder, fue designado vocal de la Junta de Examen y Liquidación de Créditos procedentes de Tratados (1843), subsecretario del Ministerio de Estado (1844) y nuevamente embajador en Estados Unidos (1844-1853). Pese a no encontrarse a gusto con la democracia norteamericana —al chocar con sus ideas conservadoras, mostrándose reacio hacia la forma de gobierno republicana, el sufragio universal, las manifestaciones populares y el sistema federal—, se relacionó con la elite política del país, en especial con el presidente James Knox Polk, quien en 1848 intentó comprar Cuba a España, contribuyendo en gran medida al reconocimiento social de Calderón de la Barca su culta esposa, la escocesa Fanny Caruchel Salthuis; pero en las Cortes españolas fue muy criticado por su pasividad en la defensa de los intereses españoles ante el Ejecutivo estadounidense, en especial respecto a la invasión filibustera de Narciso López en Cuba (1850), pese a lo cual recibió la Cruz de la Orden de Carlos III como reconocimiento a su buena labor diplomática ante el Gobierno de Washington por los referidos sucesos.

Asimismo, apoyó a Estados Unidos en su guerra contra México (1846-1848).

No obstante, la culminación de su cursus honorum político-administrativo la alcanzó en 1853, cuando el 21 de junio fue nombrado ministro de Estado del Gobierno presidido por Francisco Lersundi, encontrándose entonces en Estados Unidos, por lo que hasta septiembre no se incorporó a la jefatura del mencionado Ministerio, pero en el Ejecutivo de Luis Sartorius, conde de San Luis, quien había sustituido a Lersundi, decidiendo mantener la designación de Calderón de la Barca. Además, en aquel mismo año prestó juramento como senador vitalicio, nombrado varios años atrás, en 1847, pero que no había podido jurar al encontrarse en Estados Unidos. Sin embargo, la Revolución de 1854, que derrocó a Sartorius, supuso su dimisión como ministro el 17 de julio, viéndose obligado a refugiarse en las embajadas de Austria y Dinamarca primero, y a cruzar disfrazado la frontera francesa después, partiendo hacia el exilio.

En 1856, una vez que los moderados retomaron el poder, regresó a su escaño en la Cámara Alta y logró la concesión de una importante pensión como ministro.

Sin embargo, su labor parlamentaria resultó muy escasa, pues se limitó prácticamente a presidir la comisión de Reforma de la Ley de Minas (1857), manteniéndose en casi todas las legislaturas ausente del Senado. Tras retirarse a su casa de Zarauz, en la costa cantábrica, falleció pocos años después.

Intensamente atraído por la formación intelectual y la cultura, fue secretario interino del Ateneo de Madrid (1820) y, conocedor de varios idiomas —además del español, dominaba el francés, el inglés y el alemán—, se encargó de traducir distintas obras, como Historia universal: en cuatro tomos, de Johannes von Müller (1843); Fabiola o la iglesia de las catacumbas, del cardenal Wiseman (1857); y La mejor victoria: leyenda de unas montañas, de Julia Karanagh (1868). Asimismo, aficionado a las ciencias naturales, ganó el Primer Premio de Botánica otorgado por Fernando VII.

Recibió varias condecoraciones, como las Grandes Cruces de Carlos III e Isabel la Católica, y la Continiana de Parma.

Su esposa Fanny Caruchel Salthuis fue institutriz de la infanta Isabel y, en 1876, Alfonso XII le concedió el título de marquesa de Calderón de la Barca.

 

Obras de ~: N. P. Wiseman, Fabiola o la iglesia de las catacumbas, trad. de ~, Madrid, Imprenta de Tejado, 1857; J. Karanagh, La mejor victoria: leyenda de unas montañas, trad. de ~, Madrid, Imprenta de la Biblioteca Universal Económica, 1868.

 

Bibl.: J. Nombela, Los ministros en España de 1800 a 1869. Historia contemporánea por uno que siendo español no cobra del presupuesto, t. III, Madrid, J. Castro y Compañía Editores, 1870, págs. 569-572; A. Gil Novales (dir.), Diccionario biográfico del Trienio Liberal, Madrid, El Museo Universal, 1991, pág. 113; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1998, págs. 414-417; J. R. Urquijo Goitia, Gobiernos y ministros españoles (1808- 2000), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2001, pág. 177.

 

Francisco Miguel Espino Jiménez