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Enric Morera i Viura

Biografía

Morera i Viura, Enric. Barcelona, 22.V.1865 – 11.III.1942. Compositor y pedagogo.

Nacido en un barrio obrero de Barcelona, de muy pequeño se trasladó con su familia a Argentina en busca de mejores condiciones de vida y se formó musicalmente de manera autodidacta. Mientras su padre tocaba el contrabajo en el teatro Alcázar de Buenos Aires, el hijo aprendía con él y con otros maestros de manera un tanto irregular. En sus escritos autobiográficos, relata cómo aprendió el manejo de los instrumentos acompañando a su padre en los servicios religiosos y en las fiestas populares de la Pampa, lo que le granjeó, además, un cierto carácter indómito y salvaje que le caracterizó toda su vida. Para compensar las múltiples carencias musicales, en 1885 decidió trasladarse a la capital belga para estudiar en el Conservatorio de Bruselas, uno de los más prestigiosos centros docentes del momento, pero su insuficiente preparación le impidió el ingreso en dicha institución y hubo de contentarse con pasar cinco años estudiando con el profesor Fiévez, miembro de dicho centro de pedagogía musical.

Esta circunstancia no fue óbice para que a su llegada a Barcelona, en 1890, fuese recibido en los ambientes modernistas del momento como un insigne músico formado en Bruselas y animado a sumarse a la ola renovadora que proponían estos cenáculos. Durante un tiempo tocó el violín en la orquesta del Liceo, experiencia que le permitió conocer desde dentro el relajado ambiente de la lírica de repertorio. De ella le vino su distanciamiento de la ópera italiana y de la zarzuela y su aprecio por lo wagneriano.

Empezó su actividad compositiva alejado de las rutinas musicales de su ciudad y decidido a renovarlas por medio de nuevos retos. Todas sus iniciativas musicales tuvieron entonces un eco muy destacado, siendo considerado como persona de gran empuje y atrevimiento.

Así sucedió con su Introducció a l’Atlàntida (1893) inspirada en el texto épico del poeta y sacerdote Jacint Verdaguer, estrenada en el segundo ciclo de la nueva Sociedad Catalana de Conciertos, entidad que desde 1892 pretendía estabilizar los conciertos sinfónicos para mejorar la cultura musical del público.

En 1896 puso en marcha la Societat Coral Catalunya Nova, una agrupación coral de hombres al estilo de los Coros de Clavé que había dirigido unos meses, con el ánimo de reanimar la vida coral, algo decaída y en aquellos momentos muy determinada por el auge del Orfeó Català, fundado cinco años antes y que empezaba a ser el árbitro de la vida musical catalana. Aunque pronto dejó la dirección de la entidad, que fue dirigida sucesivamente por Josep Lapeyra y Cassià Casademont, nunca quedó del todo desvinculado del movimiento coral.

Tras algunos intentos operísticos previos, Morera se propuso la creación de una obra lírica que contuviese todos los elementos considerados fundamentales para la renovación del mundo escénico. Así surgió La fada, inspirada en un texto de Jaume Massó i Torrents, que narraba rivalidades medievales entre familias bajo el arbitraje de una pérfida hada que habitaba en un lago de las altas montañas pirenaicas; estaba dotada de una partitura y una concepción netamente wagnerianas, estética a la que Morera y sus contemporáneos querían inscribirse. Dado que Morera había estrechado lazos de amistad con Santiago Rusiñol, el pintor modernista que había puesto de moda el pueblecito pescador de Sitges en el que había instituido un museo de hierros viejos denominado Cau Ferrat, el estreno se produjo en febrero de 1897 en el marco de la Cuarta Fiesta Modernista que tuvo lugar en el teatro Prado Suburense de dicho pueblo, donde los modernistas habían situado su epicentro y fue considerada siempre como uno de los momentos más relevantes del proceso de modernización musical del país. Aunque sólo se representó una vez, la sociedad modernista barcelonesa, hecha de pintores, literatos y artistas diversos se trasladó a la población para hacer acto de presencia en dicho estreno, lo que proporcionó un valor referencial decisivo al estreno.

Empeñado en la renovación del lenguaje lírico, en 1898 estrenó el sainete L’alegria que passa basado en un libreto de Santiago Rusiñol que trata del tema del payaso que llora por dentro, en un intento de creación de un género lírico popular alejado de los tópicos de la zarzuela, entonces en pleno apogeo. Con la misma intención, entre febrero y marzo de 1901 y empeñando el capital de su padre, emprendió una temporada de teatro lírico bajo la denominación de Teatre Líric Català para el que solicitó el concurso de compositores y libretistas de prestigio como Enrique Granados, J. Gay o él mismo. A pesar de haber contado con la participación de un libreto de Joaquim Verdaguer, el poeta y sacerdote en aquellos momentos en el apogeo de su éxito y poco dado al mundo del teatro, para la obra L’adoració dels pastors con música de Morera, la temporada se saldó con fracaso por la falta de cooperación de algunos de los autores y por la dura competencia del género lírico en castellano, algo que no le privó del ánimo suficiente para seguir en el empeño de crear un género lírico autóctono.

A finales de 1901, se trasladó a Madrid para establecer contactos con el mundo de la música y en especial de la zarzuela y en 1903 consigue estrenar La canción del náufrago, aunque no logra consolidar su posición en la capital española. En 1905, aceptó la oferta del pintor Lluís Graner, que había puesto en marcha la empresa Espectacles i Audicions Graner, una amalgama de conciertos, espectáculos de luz y de color, obras líricas breves y proyecciones cinematográficas, para ocuparse del apartado musical, junto al dramaturgo Adrià Gual, que se ocupaba del escénico. A lo largo de tres temporadas, se sucedieron estrenos de obras líricas en catalán de autores como Pedrell, Granados, Lamote de Grignon o suyas propias, como La santa espina, una historia de aventuras que contiene una célebre sardana que acabaría por convertirse en una de las melodías más celebradas del compositor.

Mientras tanto, continuó en su empeño lírico y logró el estreno en el Liceo de diversas óperas catalanas, Emporium (1906), Bruniselda (1906), Titaina (1912) y Tassarba (1916), seguidas más tarde por un nuevo intento de creación de la empresa de Teatre Líric Català en los primeros años de la década de 1920 con obras como Don Joan de Serrallonga con texto de Víctor Balaguer que mantuvo en cartelera más de doscientas representaciones. Gracias a toda esta producción lírica, Morera se convierte en el autor lírico más prolífico de la historia musical catalana con un total de títulos que supera la cincuentena.

En 1909, había vuelto a la Argentina para buscar acomodo a sus inquietudes profesionales y en 1910 recibió el encargo del Gobierno argentino para escribir el himno conmemorativo del primer centenario de la independencia del país, el Himno a la Patria. También contribuyó a la creación de la Sociedad de Autores Argentinos que, a imagen de la Sociedad de Autores Españoles, pretendía promover la defensa de los derechos de autor de los creadores de aquella tierra.

A su vuelta a España el dramaturgo Ignasi Iglesias promovió una campaña en el Ayuntamiento de Barcelona para que se le concediera una plaza de funcionario que le permitiera intervenir de manera más estable en la vida cultural del país. Gracias a ello y a su creciente prestigio, fue nombrado subdirector de la Escuela Municipal de Música de Barcelona, a las órdenes del director Antoni Nicolau, ejerciendo además de profesor de Armonía, Contrapunto y Composición.

De este modo, tuvo entre sus alumnos a buena parte de la generación de compositores de principios de siglo como Pahissa o Montsalvatge, Antoni Massana, Joaquim Serra, Rafael Ferrer, Antoni Català, Joan B. Lambert, Joan Pich Santasusana, Domènec Mas i Serracant o Francesc Baldelló.

Su carácter vivo, que le llevó a trasladarse un tiempo a Sitges para dedicarse a la cría de caballos, le valió el aprecio sin fisuras de sus alumnos, pero este mismo carácter le hizo explotar cuando a la jubilación del director en 1930, fue nombrado director Lluís Millet, el director del Orfeó Català, en lugar de quien llevaba muchos años de subdirector. Su enfado fue tal que con motivo de su jubilación en 1935, al cumplir los setenta años rigurosos, publicó unas memorias explosivas, Moments viscuts en las que repasaba con dureza algunas de las circunstancias de la vida musical catalana dando opiniones muy contundentes sobre personalidades intocables como Pedrell.

Además de la creación lírica, Morera cultivó el repertorio de concierto con obras de cámara y un Concierto para violoncelo (1917) de estética neonacionalista; el repertorio coral con una obra de grandes dimensiones denominada Poema de la nit i el día dedicada al Orfeó Català con el que siempre mantuvo relaciones muy distantes, sobre todo después de haber sido marginado de la dirección del Conservatorio por Millet. Pero el repertorio en el que Morera ha dejado huella indeleble es el de la sardana, danza colectiva de gran aceptación en las fiestas populares con obras de referencia como L’empordà, Les fulles seques, Festa major, La sardana de les monges o La nostra Roser que han sido interpretadas constantemente por las cobles sardanistas o por las corales dado que muchas de ellas son, además, obras para coro. Se trata de un tipo de sardana que, además de los rigores coreográficos imprescindibles, cuenta siempre con temas de carácter melódico de gran atractivo y que en muchos cascos han pasado al acerbo popular.

Morera representa mejor que ningún otro compositor el espíritu modernista en su empeño por modernizar la sociedad catalana de su tiempo con proyectos líricos de nueva planta en los que una partitura rica pero no compleja sirviese de medio de difusión de la nueva estética wagneriana con sus referencias al pasado medieval y a los valores simbolistas tan bien encarnados por las propuestas teatrales de Adrià Gual.

Fue uno de los músicos más populares de su tiempo gracias a sus obras corales y coreográficas y se mantuvo alejado de veleidades vanguardistas por su escasa relación con los cenáculos franceses y germánicos del momento y aunque en la actualidad tiene poca presencia en los repertorios, mantiene viva su música gracias a algunas obras como las sardanas o el ciclo de Cançons de carrer para voz y piano, una mezcla entre el lied alemán y las canciones de calle o de radio, que tuvieron siempre una gran difusión.

 

OBRAS DE ~: Música de cámara: Sonata per vl. y p. Sardana para cobla: Serra amunt; El meu barco; Festa major; La sardana de les monges; La santa espina; Per tu ploro; Les fulles seques; Empordà. Música orquestal: Dansa de Gnoms, 1892; Introducció a l’Atlàntida, 1893; Concert per violoncel, 1917; Bandarres i mariners; Indíbil i Mandoni. Violín y piano.: Els segadors; Sant Ramon; Confidència i Enterro (letra de E. Guanyabéns); Cançons de carrer (letra de J. M.ª de Sagarra). Música coral: armonizaciones: El testament d’Amèlia; Muntanyes del Canigó; El comte Arnau; Sota de l’om; Canciones de autor: Cant dels joves (letra de J. Maragall); La marsellesa (letra de I. Iglésias); Poema de la nit i el dia (letra de J. Llongueras); Sardanas a 6 v.: La cançó dels catalans; La sardana de la pàtria; La santa espina; Les neus que es fonen; Empordà i Rosselló. Música religiosa: Missa de rèquiem en honor del Gran Rei en Jaume para 4 v. mixtas. Música Lírica, Ópera: Les monges de Sant Aymant, 1894 (libreto de A. Guimerà); La boja, 1895 (libreto de A. Guimerà); La fada, 1897 (libreto de J. Massó i Torrents); Empòrium, 1906 (libreto de E. Marquina); Bruniselda, 1906 (libreto de A. Masriera); Titaina, 1909 (libreto de A. Guimerà); Tassarba, 1916 (libreto de J. Vallmitjana); Obras líricas: L’alegria que passa (1898) (libreto de S. Rusiñol); L’adoració dels pastors, 1900 (libreto de Mn. J. Verdaguer); La nit de l’amor (1904) (libreto de S. Rusiñol); El miracle del Tallat, 1905 (libreto de Josep Carner); Fra Garí, 1906 (libreto de X. Viura); La santa espina, 1907 (libreto de A. Guimerà); Joan de l’Ós, 1907 (libreto de A. Mestres); La baldirona, 1914 (libreto de A. Guimerà; Don Joan de Serrallonga, 1922 (libreto de V. Balaguer); Andreu el navegant (libreto de J. M.ª de Sagarrra); La font de l’albera (libreto de G. Violet i J. S. Pons).

Escritos: Nuevo Tratado Práctico de Armonía, precedido de la escala de quintas, Barcelona, impr. Bayer t Cia, 1930; Moments viscuts, Barcelona, Gráficas Barcelona, 1936.

 

Bibl.: J. Llongueras, “Enric Morera i les seves cançons populars harmonitzades”, en Revista Musical Catalana (RMC) (1909), pág. 312; I. Iglesias, Enric Morera, estudi biogràfic, Barcelona, Imp. Artís, 1921; J. Pena, Enric Morera, Assaig biogràfic, Barcelona, Ed. Institucio del Teatre, 1937; A. Massana, “Enrique Morera”, en Ritmo 9 (julio de 1942); M. Saperas, El Mestre Enric Morera, Barcelona, Andorra, 1969; R. Planes, El mestre Morera i el seu món, Barcelona, Editorial Selecta, 1972; X. Aviñoa, Enric Morera, Barcelona, Nou Art Thor, 1985; D. Puertas, “Morera sardanista”, en RMC (1992), págs. 494- 495; F. Cortés, “Morera”, en RMC (1992), págs. 486-493; X. Aviñoa, Una espina clavada al cor, Sitges, Ajuntament, 1993; A. Julià, “Enric Morera”, en RMC (1994), págs. 366-371.

 

Xosé Aviñoa