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Muley Alal Merin

Biografía

Muley Alal Merin. Gaspar de Benimerín de Andrada. Marruecos, m. s. XVI – Nápoles (Italia), 1641. Infante wāttasí converso al cristianismo.

Nieto de Abū Hassūn, rey de Vélez, quien pasó a España a solicitar ayuda para reconquistar su reino tras la conquista sa’dí de Fez en 1549. Tras la muerte de éste en 1554, su hijo mayor, Muley Hamete, erigido en sucesor de la causa wāttasí, intentó aglutinar apoyos para deponer por segunda vez al jerife, Muhammad al-Šayj al-Mahdī. Pronto moriría, dejando un hijo pequeño llamado Muley Alal Merin, que había nacido de su unión con Lala Alhorra. Los partidarios de los meriníes, tronco común del que derivan los wāttasíes, lo alzaron por Rey como a legítimo sucesor de su padre.

Enterado el jerife de su existencia y deseoso de encabezar la resistencia, intentó matarle, por lo que el infante se retiró a las montañas de Tarudante hacia 1575. Según Juan Vicente Escallón, autor napolitano que recogió en los inicios del siglo XVII la historia de la dinastía y, en especial, la vida de su último representante, de allí marchó a España para situarse bajo el amparo de Felipe II y pedirle apoyos con los que recuperar su reino, repitiendo así el viaje que un cuarto de siglo antes había iniciado su abuelo por idéntico motivo. En su periplo le acompañó un numeroso séquito y dos decenas de esclavos cristianos que eran su principal baza para negociar las condiciones de su exilio en la Península.

Escallón refiere un itinerario que tiene su primera escala en las islas de Cabo Verde, donde fue recibido con todos los honores por su gobernador, Gaspar de Andrada. Muley Alal Merin cayó gravemente enfermo y, en su delirio, se le apareció la Virgen. Convencido de cambiar su credo religioso, pidió el bautismo. El gobernador actuó como padrino, del que el neófito tomó su nombre. “Gaspar de Benimerín de Andrada”, repuesto de su enfermedad, continuó su exilio por la isla de Madeira y las Terceras, desde donde alcanzó Lisboa.

Llegó a Madrid, donde fue recibido por Felipe II.

Sin embargo, en un memorial que presentó en 1605 con objeto de que se le acrecentase el entretenimiento que recibió, la referencia a su periplo vital variaba en algunos datos. En él se explicaba que el infante de Fez salió en 1570 de su reino y de allí se dirigió a España, donde pidió el bautismo. Desde 1575 sirvió con las armas a Felipe II en las naves de la carrera de Indias, en las islas de Santiago y Cabo Verde y en la toma de las islas Terceras, lo que tuvo lugar en 1582. Después marchó a Nápoles en busca de su abuela, Lela Alhorra, una de las esposas de Abū Hassūn, también exiliada tras la muerte del rey de Vélez y la llegada al trono de los sa’díes. En esta ciudad italiana contrajo matrimonio con Julia Escallón, prima hermana del autor de la biografía del wāttasí, a raíz de lo cual elevó un memorial en el que pedía que su entretenimiento fuera aumentado “por ser casado y no poderse sustentar”. Tras su paso por Flandes en los años finales del siglo xvi, sirviendo cerca de la persona del archiduque Alberto, Gaspar de Benimerín regresó a Nápoles, donde volvió a pedir un acrecentamiento de su renta y la concesión de un hábito en reconocimiento de sus desvelos en defensa de la Cristiandad por tierras europeas. Con esta petición, el wāttasí intentaba seguir los pasos de otro célebre exiliado, Carlos de África, último descendiente de la dinastía zayaní de Tremecén, al que él muy posiblemente había conocido en España o en Flandes. La hoja de servicios de Benimerín se continuó con su presencia en la guerra de Hungría entre 1604 y 1606.

A pesar de sus servicios en fidelidad a la causa cristiana, Gaspar de Benimerín no dejó de considerarse como representante de un poder real legítimo al que correspondía un trono usurpado por los sa’díes. En 1606, desde Nápoles, mostró su preocupación por las guerras civiles que tuvieron lugar en Marruecos desde la muerte del sultán Ahmad al-Mansur en 1603. Ante la oportunidad que se le presentó, pidió permiso a Felipe III para ponerse en contacto con particulares afectos a su causa que podían preparar desde dentro de Marruecos su regreso al poder, lo que le fue concedido.

El Monarca daba así vía libre a las expectativas de restauración dinástica en Fez y Marrakech por parte de un wāttasí converso, que hacía del mantenimiento de su fe cristiana una garantía para volver a su reino con el apoyo del rey católico. En este mismo año de 1606, vio la luz la primera edición de la obra de Escallón y no fue por casualidad, sino como parte de este plan de reivindicación de los derechos al trono por parte del benimerín. Sin embargo, Gaspar de Benimerín nunca regresó a su tierra de origen, sino que siguió luchando en pro de la Cristiandad en diferentes latitudes europeas hasta el final de sus días. En 1612, acudió en ayuda del pueblo griego contra la amenaza otomana. Sus desvelos contra la Sublime Puerta le llevaron a proyectar, de la mano de Carlos de Gonzaga, duque de Nevers, la fundación de una Orden Militar que llevaría por nombre Milicia Cristiana, constituida en 1618. Poco después, el papa Urbano VIII le nombraba comendador de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, reconociendo así la labor de un príncipe converso frente a los infieles. En esta misión de lucha cristiana contra el avance otomano transcurrieron los últimos años de su dilatada vida hasta su fallecimiento en 1641, según reza el epitafio de su tumba en la iglesia de Santa María de la Concordia de Nápoles. En él se refiere la existencia de una hija, nacida de su matrimonio con Julia Escallón. Esta “Princesa de Marruecos”, como se la denominaba en el Nápoles de la época, casó hacia 1642 con Gil de Torres, hijo del ayo de pajes del cardenal-infante, refrendando así la consideración de la sociedad cristiana hacia el antiguo príncipe musulmán.

Fuentes y bibl.: Instituto Valencia de Don Juan (Madrid), Envío 81, caja 108, fol. 823 (Consulta del Consejo de Italia, 6 de julio de 1587); Archivo General de Simancas, Estado, leg. 183, fol. 39 (Consulta del Consejo de Estado, enero de 1599); Estado, Nápoles, leg. 1103, fols. 71-72 (marzo de 1606); leg. 1105, fol. 50 (Nápoles, 29 de julio de 1606). I. V. Scaglione, Origen y descendenzia de los serenissimos reyes benimerines senores de Africa hasta la persona del senor D. Gaspar de Benimerín, infante de Fez, Nápoles, por Iuan Iacobo Carlino, 1606 (2.ª ed., Nápoles, 1626); H. de Castries, “Trois princes marocains convertis au christianisme”, en Mémorial Henri Basset, vol. I, Paris, 1928, págs. 141-158; M. J. Viguera, “Noticias sobre el Magreb en Juan Vicente Escallón”, en Al-Andalus, 43 (1978), págs. 225-232.

Beatriz Alonso Acero y Miguel Ángel Bunes Ibarra

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