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Giovanni Margliani

Biografía

Margliani, Giovanni. Juan Marliani. Juan Marliano. Conde de Intelvi y de los Cuatro Valles (I), en el Ducado de Milán. Milán (Italia), s. t. s. XVI – 1588. Espía, diplomático y militar.

Perteneciente a una familia de la oligarquía milanesa al servicio de la Monarquía hispánica, pronto se decantó por la carrera militar. Combatió en la defensa de Túnez en 1574, donde perdió un ojo y fue hecho prisionero. Fue liberado de su cautiverio turco en 1576 por el mercader ragusino Niccolò Prodanelli.

Llegó a ostentar el grado de capitán y fue propuesto en 1581 para el de maestre de campo, cargo que no llegó a tener, a pesar de su gran prestigio entre la gente de armas, por estar todavía inmerso en una de sus importantes misiones secretas.

Sin embargo, el acontecimiento por el que Giovanni Margliani obtuvo un protagonismo indiscutible fue la negociación y posterior firma de una tregua entre Felipe II y el sultán otomano Murat III. Estas negociaciones tuvieron dos fases diferenciadas: la prolongación de la suspensión de armas hasta 1581 y la firma de una tregua por tres años hasta 1584.

Margliani llegó a Constantinopla el 14 de diciembre de 1577 y pronto tuvo que enfrentarse a diversas dificultades. Por un lado, la oposición de los propios agentes españoles, como Aurelio de Santa Cruz o Bartolomé Bruti, que veían en el milanés una amenaza a su protagonismo y a su dudosa fidelidad como espías.

Por otra, la hostilidad de influyentes personajes de la Corte otomana contrarios a la tregua, como el bey de Argel Euldj Alí y la exigencia de contrapartidas difíciles de asumir por parte de Felipe II, como la entrega de la plaza de Orán. Pero el mayor obstáculo que se encontró Margliani fue la sospechosa labor ejercida por Martín Vázquez de Acuña, su antecesor en las negociaciones.

Acuña había prometido a su interlocutor el bajá Mehemet Sokobi una tregua pública y con intercambio de embajadores, contraviniendo las tajantes órdenes de Felipe II, que deseaba una tregua secreta, temeroso de que su prestigio se viera mermado en el mundo católico por la firma de la paz con el Turco y de la reacción del papa Gregorio XIII, que podía suspender las subvenciones para financiar la lucha contra los infieles. A pesar de numerosos contratiempos, Margliani consiguió cerrar un pacto en 1578 consistente en una suspensión de armas por tres años, que se intentó reforzar con el envío de un embajador, Juan de Rocafull, personaje que nunca llegó a pisar Constantinopla.

Margliani siguió residiendo en la capital otomana por orden del Rey para intentar mejorar el acuerdo y, así, tras superar varias situaciones críticas que pudieron costarle la vida, firmó el 4 de febrero de 1581 un acuerdo de tregua vigente hasta 1584. Tras el éxito de su misión, fue requerido por la Corte para informar de las negociaciones. Viajó a Portugal, donde se encontraba Felipe II, y más tarde a Madrid, permaneciendo hasta 1586. Ese año regresó a Milán, ciudad en la que murió dos años más tarde.

Felipe II recompensó generosamente a Margliani su trascendental papel en las treguas hispano-turcas. En 1578 le concedió una merced de 400 escudos anuales que fue aumentada en 600 más en 1583. Este mismo año, el Rey le concedió el título de conde de Intelvi y de los Cuatro Valles. Tanto las mercedes económicas como el título nobiliario fueron heredados a su muerte por sus dos hijos, Hércules y Ruggiero Margliani.

Este último siguió los pasos de su padre en el mundo de la diplomacia secreta. En 1591 se le ordenó viajar con urgencia a Constantinopla a negociar una nueva renovación de la tregua, que expiraba ese mismo año. La firma un año antes de la paz entre otomanos y persas acrecentó el temor de un ataque naval turco a algún enclave cristiano. Ruggiero Margliani viajó al reino de Nápoles, donde embarcó en Barletta con dirección a Ragusa. En esta ciudad permaneció un tiempo, esperando proseguir su camino a Constantinopla y enviando noticias sobre los movimientos militares turcos. Sin embargo, un cambio en las condiciones político-militares, un obstáculo insalvable en el viaje o una contraorden por parte del rector de los servicios de espionaje españoles en ese momento, Juan de Idiáquez, pueden explicar que nunca llegara a la capital otomana.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Simancas, Consejo de Estado, leg. 1073, fol. 157; leg. 1074, fols. 101, 103, 157; leg. 1078, fols. 78, 108; leg. 1081, fols. 61, 124; leg. 1082, fols. 190, 199, 204; leg. 488, leg. 489, leg. 491, leg. 159 fol. 30; leg. 1338, fol. 9; leg. 1269, fol. 65; Consejo de Italia, Secretarías Provinciales, lib. 1340, fols. 1-2; lib. 1344, fols. 197- 202; leg. 1794, fols. 130, 219, 221, 222.

F. Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1993, págs. 670-688; J. Marcos y C. Carnicer, Espionaje y traición en el reinado de Felipe II. La historia del vallisoletano Martín de Acuña, Valladolid, Diputación Provincial, 2001, págs. 41, 45, 51, 55-56, 58-59 y 68-69; M. J. Rodríguez Salgado, Felipe II, el “paladín de la cristiandad” y la paz con el turco, Valladolid, Universidad, 2004, págs. 83-174; Espías de Felipe II. Los servicios secretos del Imperio español, La Esfera de los Libros, Madrid, 2005, págs. 74, 112, 134, 158, 307, 314, 317, 321, 345 y 391.

 

Carlos Javier Carnicer García y Javier Marcos Rivas

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