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Felipe de África

Biografía

África, Felipe de. Felipe de Austria. Mawlāy Šayj o Muley Xeque. Marrakech (Marruecos), 1566 – Vigévano (Italia), 4.XI.1621. Infante sa’dí converso al cristianismo.

Hijo de Abū ‘Abd Allāh Muḥammad b. Adb Allāh, al-Mutawakkil, sultán sa’dí de Marruecos desde 1574. La ofensiva de sus tíos, ‘Abd al-Malik y Aḥmād, a partir de 1575 con apoyo otomano supuso su derrota y la entrada triunfal de al-Malik, el Maluco de las fuentes españolas, en Fez y Marrakech en 1576. Al-Mutawakkil buscó entonces ayuda en España para recuperar el trono, pero Felipe II ya había entablado contactos con el Maluco y además buscaba la firma de una tregua con la Sublime Puerta que le permitiera centrar sus esfuerzos en los Países Bajos. Fue finalmente Portugal quien ofreció a al-Mutawakkil su respaldo, operación que terminaría con la muerte de ‘Abd al-Malik, el rey Sebastián de Portugal y del propio al-Muttawwakil en la batalla de Alcazarquivir en 1578. Es aquí donde se inicia realmente la biografía de Muley Xeque, cuyos datos principales trazó de forma magistral J. Oliver Asín en 1955. Entronizado Ahmad al-Mansūr, hermano del Maluco, Muley Xeque quedó bajo el amparo de Portugal, a tenor del apoyo prestado por la corona lusa a la causa de su padre. Desde Arcila, donde el infante se había refugiado, fue embarcado hacia Lisboa a finales de 1578, junto a su tío Muley Nazar, hermano de al-Mutawakkil. El exilio de ambos en Portugal, junto con sus parientes y séquitos, se prolongó hasta marzo de 1589. Cuando Felipe II incorporó Portugal a la Monarquía Hispánica pudo comprobar la utilidad de la presencia en sus territorios de dos pretendientes al trono sa’dí en un momento en el que se habían retomado las conversaciones con al-Mansūr en relación con la entrega de Larache y se temía por una alianza del Jerife con Inglaterra y Holanda. Fueron los propios exiliados quienes solicitaron a Felipe II su protección directa, si bien no habían renunciado a recuperar el trono de Marruecos, para lo que pidieron subsidios y soldados a un monarca que, conocedor de las ventajas que suponía mantener bajo su control a estos dos príncipes refugiados, no estaba dispuesto a negociar. Muley Xeque y Muley Nazar fueron trasladados a Andalucía, quedando el primero en Carmona y su tío en Utrera. La presencia de ambos en estas ciudades andaluzas fue muy gravosa para sus habitantes, además de provocar varios altercados causados por los contactos mantenidos con la población morisca. Desde 1593 Muley Xeque es instalado en Andújar, donde se convierte al cristianismo al presenciar la romería de su patrona, la Virgen de la Cabeza. Tras la pertinente catequesis, Felipe II ordenó su traslado a Madrid, siendo bautizado en El Escorial el 3 de noviembre de 1593 en una ceremonia en la que actuaron como padrinos el propio monarca y su hija, la infanta Isabel Clara Eugenia. Lope de Vega se presenta como testigo de este acontecimiento, del que hizo una sugerente descripción en su comedia Tragedia del rey don Sebastián y Bautismo del Príncipe de Marruecos.

El nuevo cristiano, desde ahora llamado Felipe de África o Felipe de Austria, se convertiría en destacado cortesano, siendo reverenciado como legítimo descendiente de una dinastía musulmana reinante que había abrazado la fe verdadera. Grande de España, en 1594 obtuvo el nombramiento como caballero de Santiago, lo que precedió a la concesión en 1596 de las encomiendas de Bédmar y Albánchez, prebendas que le reportaban rentas anuales de doce mil ducados. También sería nombrado capitán de la caballería española, alcanzando una gran consideración en el escalafón militar, algo excepcional en una persona procedente de tierras musulmanas. Mientras estuvo en Madrid, vivió rodeado de los lujos y excelencias propias de un aristócrata, en la calle que hoy se denomina del Príncipe en su recuerdo, enfrente de la casa de Miguel de Cervantes. Pero los problemas económicos para hacer frente a tantos gastos no tardaron en aparecer, a pesar de las rentas asignadas. Tras la muerte de Felipe II, su sucesor en el trono estimó conveniente su presencia en la guerra de los Países Bajos, si bien parece que las demoras en librarse las ayudas de costa para realizar el viaje lo retrasaron hasta su aplazamiento. Una estancia en Andújar en 1601, un largo periplo por toda España en 1602, su presencia en el entierro de Pedro de Médicis en 1604 y su propia afirmación de que en 1605 aún no había cumplido con este destino militar alejan la posibilidad de un servicio en Flandes hasta esa fecha. En el verano de 1607 estaba en la Corte lisboeta, donde permaneció hasta enero de 1608, en que llegó a Madrid para presenciar el juramento del príncipe Felipe. En 1609 fue destinado a cumplir como militar en tierras italianas, encontrando las mismas dificultades económicas que para ir a Flandes y, como entonces, se queja a los consejeros de Hacienda del crédito y la reputación que pierde en ello. Como refiere Oliver, Felipe III pudo destinarle a esta ciudad para evitar las intrigas y asechanzas que se podían desatar contra él en España a raíz de la firma del edicto de expulsión de los moriscos en esta misma fecha.

Tras su visita a Pío V, don Felipe de África pasó a Milán, entablando gran amistad con su gobernador, Pedro Enríquez de Acevedo, conde de Fuentes, a cuyas órdenes se situó sirviendo como capitán de la infantería española. La muerte del conde en 1610 llevó al infante a establecerse en Vigévano, pequeña ciudad entre Milán y Pavía, en la que transcurren sus últimos años, en medio de una gran devoción religiosa. Los problemas económicos que le habían acompañado en su vida vuelven a hacer aparición en tierras italianas hasta tal punto que la demora de las rentas procedentes de España le obligan a dejar su casa, por no poder mantenerla, y trasladarse a vivir al palacio episcopal. La enfermedad le apremia a hacer testamento y en 1621 nombra heredera universal a su hija natural, Josefa de África, que profesaba como monja en el monasterio de San Pablo, en Zamora. El 4 de noviembre de 1621 moría como cristiano el infante marroquí que cincuenta y cinco años antes había nacido musulmán.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico de Loyola, carpeta nº 46, fols. 375-377, 1605; Archivo General de Simancas, Consejo y Juntas de Hacienda, leg. 485-20, 53, carta del infante de África, príncipe de Marruecos, 1608;

M. Gianolio di Cherasco, Memorie Storiche intorno la vita del Real Principe di Marocco Muley Xeque, Turín, 1795; H. de Castries, “Trois princes marocains convertis au christianisme”, Mémorial Henri Basset, vol. I, París, 1928, págs, 141-158; J. Oliver Asín, Vida de don Felipe de África, príncipe de Fez y Marruecos (1566-1621), Madrid-Granada, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1955; Ch. de la Véronne, “Séjour en Andalousie de deux princes sa’diens après la bataille d’El-Qçar el-Kebir (1589-1595), en Revue de l’Occident Musulman et de la Méditerrané, 7 (1970), págs. 187-194; F. Lope de Vega y Carpio, “Tragedia del rey don Sebastián y bautismo del Príncipe de Marruecos”, Comedias, vol. VIII, Madrid, Turner, 1994, págs. 417-517; M. García-Arenal, F. Rodríguez Mediano, R. el Hour, Cartas Marruecas. Documentos de Marruecos en Archivos Españoles (Siglos XVI-XVII), Madrid, CSIC, 2002, págs. 61-64 y 171-184.

 

Beatriz Alonso Acero y Miguel Ángel de Bunes Ibarra

 

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