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Antonio Ugarte y Larrazábal

Biografía

Ugarte y Larrazábal, Antonio. Pancorbo (Burgos), 25.II.1766 – Madrid, 7.XI.1830. Consejero de Estado y embajador.

En sus testamentos (1822, 1825 y 1830) afirma haber nacido en Luyando (Álava), aunque en su juicio de limpieza de sangre figura una partida de la parroquia de Pancorbo y en el interrogatorio de testigos se señala que “es natural de la villa de Pancorbo, donde nació por casualidad”, ya que sus padres residían en ella. Fueron sus padres Antonio Ruiz Ugarte (Luyando, Álava) y Josefa Larrazábal Jáuregui (Amurrio, Álava); sus abuelos paternos, Domingo Ruiz de Orúe (Luyando) y Antonia de Ugarte (Haro, La Rioja).

Contrajo matrimonio con Manuela Alonso, y, tras su muerte, con María Antonia de Larrázabal y Basualdo (Luyando). No tuvo descendencia de ninguno de ellos. Su segunda esposa era hermana de José, oficial de la Secretaría de la Cámara de Gracia y Justicia y Estado de Castilla.

Presas señala que llegó a Madrid con quince años y trabajó con una esportilla. Sin embargo tal testimonio no encaja con el desempeño por parte de su familia de cargos de regidores o su nombramiento, en 1802, como regidor honorario de Luyando.

En uno de sus escritos dice que vivía “de los abundantes negocios de mi propio bufete”; y que en 1796 se le encomendó la gestión de los pleitos de la Agencia Principal de Rentas Provinciales, y posteriormente los correspondientes a las Rentas Unidas del Reino y las Agencias de los Reales Patrimonios de Cataluña y Valencia. Además desempeñaba el de agente de número de Indias. Las Guías coetáneas certifican estas afirmaciones. Estaba habilitado para actuar como agente de negocios de los Reales Consejos desde 1799, al tiempo que tenía un trabajo en dependencias de la Secretaría de Hacienda como agente principal de Rentas. A partir de 1815, y hasta 1821, además de su puesto de agente de rentas, aparece en la Diputación de los cinco Gremios Mayores de Madrid como agente de expedientes y en la Escribanía Mayor de todas las Rentas.

En un nombramiento se señala que desempeñó importantes y arriesgadas comisiones durante la Guerra de la Independencia, aprovechando las relaciones que mantenía incluso con los franceses. El Gobierno, antes de su traslado a Andalucía, le señaló la necesidad de que permaneciese en Madrid y le mantuviese informado de cuanto sucedía. Otra de sus actividades fue proteger los intereses rusos y en especial los archivos de la Embajada, por lo que fue condecorado por el Zar.

En el verano de 1813 actuó de informador para el general Francisco Javier Elío, a quien comunicó diversas noticias sobre los movimientos de tropas españolas y francesas. Tras la guerra se convirtió en una de las personas fundamentales de la camarilla de Fernando VII, y, en consecuencia, factor importante en todas las crisis políticas. La actuación más conocida de este período fue la negociación del convenio con Rusia para la adquisición de barcos que permitieran el traslado de tropas españolas a América, operación realizada sin conocimiento del responsable de Marina. En distintos documentos se hace referencia a que fue consejero del Monarca a partir de 1814 “del Consejo de S.M. su secretario”.

Su cercanía al Rey y el papel que jugaba en la política del momento, motivaron que los liberales exigiesen su destierro en 1820. A partir del mes de julio de 1822 participó activamente en las gestiones que Fernando VII realizó ante las Cortes conservadoras para lograr apoyo en su proyecto de acabar con la Constitución de 1812. Ugarte mantuvo relaciones con los diplomáticos rusos y franceses, y además aconsejó al Monarca en este proceso.

Los servicios prestados fueron agradecidos por Fernando VII con un cargo prestigioso. Tras el fallecimiento de Francisco de Paula Luna, fue nombrado (2 de febrero de 1824) secretario del Consejo de Estado, que en algunos textos aparece bajo la denominación de “Secretario de Estado y de Gobierno del Consejo de Estado y como tal de la suprema Junta”. Durante el ejercicio de su cargo propuso un arreglo de la Secretaría del Consejo de Estado (15 de agosto de 1824). En las mismas fechas figuró en el grupo de ministros y consejeros de la Orden del Toisón de Oro, con el encargo de grefier.

Actuó como secretario del Consejo de Ministros desde el 3 abril de 1824 hasta el 12 de marzo de 1825. Cinco días más tarde (17 de marzo de 1825) fue nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la Corte de Turín, al mismo tiempo que consejero honorario de Estado. Se trataba de un destierro por haber caído en desgracia, y casualmente sustituía en dicha Embajada al marqués de Mataflorida, quien había sido nombrado con idéntica finalidad. Cea y el sector absolutista moderado habían logrado una victoria momentánea, a la que no era ajena los deseos de Fernando VII de eliminar el poder de su favorito.

Sus instrucciones fueron aprobadas el 31 de marzo en el Consejo de Ministros, y en ellas se marcaban las prioridades de su actuación: oposición a realizar cambios políticos en España, lucha contra el contrabando que llegaba mayoritariamente de Génova e informar sobre la actuación austríaca de dominio de Italia.

El 18 de mayo llegó a Turín, y a finales de mes ya había entregado al soberano de Cerdeña sus cartas credenciales. Al poco de llegar solicitó su regreso y se le contestó que podía abandonar la plaza pero fijando su residencia en Italia. Al tiempo que se ordenó al cónsul en Bayona (5 de septiembre de 1825) que debía negarse a visar su pasaporte y avisar inmediatamente. A principios de noviembre se trasladó a Niza para pasar el invierno, lugar en el que recibió la orden (24 de diciembre de 1825) de traslado a Florencia en calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante las Cortes de Lucca y Toscana. Su viaje se retrasó algunas semanas por la situación de los caminos que atravesaban los Alpes.

A finales de abril (29 de abril de 1826) llegó a Florencia. Durante todo el período de su embajada residió en Florencia, ya que el duque de Lucca se encontraba ausente, e incluso para presentar sus cartas tuvo que desplazarse a Roma (22 de mayo de 1826). En agosto solicitó permiso de un año para trasladarse a Madrid, pero se le respondió que se le concedería más adelante.

A mediados de 1828 se realizó un arreglo de las representaciones españolas, que implicó la rebaja de la que dirigía Ugarte. Por ello el 6 de julio de 1828 cesó en su puesto siendo sustituido por un encargado de negocios.

A principios de septiembre inició su viaje de regreso. En su cese se le indicaba que debía fijar su residencia en su pueblo de su naturaleza, y se le prohibía pasar a menos de diez leguas de Madrid o sitios reales. Al llegar a Irún, un oficial le acompañó a Bilbao (18 de septiembre de 1828), en donde debía fijar su residencia. Unas semanas más tarde se trasladó a Vitoria por razones de salud. A mediados de 1829 se encontraba en Buitrago, en su intento por acercarse a la Corte, pero inmediatamente se le ordenó trasladarse a Burgos o a Guadalajara.

El 15 de junio de 1829 llegó a Guadalajara. Desde dicha plaza solicitó en diversas ocasiones permiso para vivir en Madrid. Este permiso sólo le llegó el 2 de junio de 1830, bajo unas duras condiciones: “sólo se ocupará V.E. de sus negocios particulares, que hará una vida retirada, presentándose lo menos posible en público; y renunciando enteramente a la honra de ver a S.M., sin que bajo ningún pretexto pueda venir V.E. a Palacio”. Todo ello con la amenaza de ser expulsado inmediatamente si las contravenía.

Estaba en posesión de diversas condecoraciones españolas y extranjeras: Medalla de ministro consejero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, la Cruz y el Escudo de Distinción y de Fidelidad en las dos épocas de la invasión de Bonaparte y de la Constitución, caballero comendador de la Orden de Danebrok de Dinamarca, de la de Santa Ana de Rusia, de 2.ª Clase con brillantes (1816), de la Estrella Polar de Suecia, la Flor de Lis de Su Majestad Cristianísima.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, Diversos- Colecciones, leg. 97, n.º 15; Estado, leg. 247, exp. 35 252, exp. 138, 8792, exp. 62, 8842, exp. 11, 2.579, exp. 20, 2.812, exp. 108, 2960, 5724 y 5.742; Fondos Contemporáneos Ministerio de Hacienda, leg. 525, exp. 22; Archivo Histórico de Protocolos (Madrid), legs. 23.589, 23.592 y 23.601; Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Personal, leg. 1.022, exp. 13.602; Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Sala de Hijosdalgo, leg. 1.036, exp. 70.

Guía o estado general de la Real Hacienda de España, Madrid, Imprenta de la Vega y Cía., 1801-1820; E. Ortiz de la Torre, “Papeles de Ugarte. Documentos para la historia de Fernando VII”, en Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, XVI (enero-marzo de 1934), págs. 8-32, (abril-junio de 1934), págs. 127-143, y (julio-septiembre de 1934), págs. 217-24, repect.; VV. AA., Enciclopedia universal ilustrada europeoamericana: etimologías sánscrito, hebreo, griego, latín, árabe, lenguas indígenas americanas[...]: versiones de la mayoría de las voces en francés, italiano, inglés, alemán, portugués, catalán, esperanto, Bilbao, Espasa Calpe, 1910-1975; Marqués de Villa- Urrutia, Fernando VII rey constitucional. Historia diplomática de España de 1820 a 1823, Madrid, Librería Beltrán, 1943; E. R. Eggers, Francisco de Zea Bermúdez y su época: 1779- 1850, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1958; A. M. Schop Soler, Un siglo de relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Rusia 1733-1833, Madrid, Ministerios de Asuntos Exteriores, 1984; VV. AA., Actas del Consejo de Ministros, vol. I, Madrid, Ministerio de las Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno, 1989-1996.

 

José Ramón Urquijo Goitia