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Juan Moya Idígoras

Biografía

Moya Idígoras, Juan. ?, 1867 – Madrid, 25.I.1953. Arquitecto de Palacio y Sitios Reales, académico y director de la Escuela de Arquitectura de Madrid.

Nació en el seno de una familia acomodada que procuró una sólida educación a sus hijos; su hermano Luis fue un prestigioso ingeniero de Caminos, padre del arquitecto Luis Moya Blanco, para el cual su tío Juan fue una referencia fundamental en su carrera.

Tuvo también un hijo arquitecto, Emilio Moya Lledós (1895-1943).

Realizó sus estudios de Arquitectura en la Escuela de Madrid, alcanzando la calificación de sobresaliente por unanimidad el 26 de junio de 1891, y obtuvo el título de arquitecto el 27 de julio de 1892. A los pocos meses de finalizar sus estudios entró en contacto con una institución que iba a ser el ámbito de actuación preferente en su carrera profesional: la sección de arquitectura de Palacio y Sitios Reales; el 13 de noviembre de 1891 accedió como arquitecto auxiliar interino, consolidando su plaza como arquitecto auxiliar primero el 20 de marzo de 1894.

Hasta los años finales del siglo compaginó esta actividad con otras dedicaciones de menor lustre, como la de arquitecto de la Sociedad de Seguros Mutuos contra incendios desde marzo de 1896, año en el que, a través de sus compañeros de carrera, participó en diversos proyectos para el Ayuntamiento de Santander. En noviembre de este mismo año ganó el concurso para el pedestal de la escultura de Miguel de Legazpi en Zumárraga, realizada por Aniceto Marinas, que fue inaugurada en noviembre de 1897.

En el ámbito de las obras de Palacio en abril de 1899 fue nombrado arquitecto auxiliar de las obras de la Catedral de la Almudena.

Con el cambio de siglo comenzó su labor en otra de sus importantes facetas, cual fue la de la actividad docente en la Escuela de Arquitectura de Madrid; una Real Orden del 21 de febrero de 1903 le nombró profesor auxiliar interino de la sección artística, alcanzando el 18 de abril de 1910 el grado de profesor numerario, catedrático, de la asignatura de Modelado en Barro.

A lo largo de las dos primeras décadas del siglo realizó una labor singular y un tanto difusa como arquitecto colaborador o asesor de varias obras; la primera se desarrolló entre 1904 y 1906 en el Seminario conciliar de Madrid con Ricardo García Guereta; la segunda, que fue una de las que le procuró más prestigio profesional, fue la desarrollada entre 1910 y 1913 en la conocida como Casa del Cura en la iglesia de San José de Madrid, situada en el entronque de la Gran Vía con la calle de Alcalá. Moya actuó en colaboración con el arquitecto Joaquín María Fernández Menéndez- Valdés, transformando en altura la fachada de la antigua iglesia, con el aditamento de un nuevo edificio en clave neobarroca. En el mismo año de 1913, en el mes de julio, accedió a un nuevo nombramiento como arquitecto del Congreso de los Diputados.

En torno a la década de 1920 se produjo la definitiva consolidación de su carrera. En el ámbito de los Sitios Reales y tras el incendio del palacio de La Granja de San Ildefonso en 1918, Moya redactó en marzo de 1919 el proyecto de reconstrucción del edificio, obra de gran envergadura que transformaría en algunos aspectos de importancia el conjunto arquitectónico.

El 1 de marzo de 1920 fue elegido académico de número de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, ocupando la vacante de Juan Bautista Lázaro; su candidatura, avalada por Vicente Lampérez, Manuel Zabala y Marceliano Santamaría, ganó a las potentes candidaturas de Antonio Palacios y Luis María Cabello Lapiedra. El 10 de noviembre de 1922 fue nombrado por fin arquitecto mayor de Palacio y Sitios Reales por el fallecimiento de Ripollés.

Es precisamente el fallecimiento de Vicente Lampérez lo que supuso su acceso al cargo de director de la Escuela de Arquitectura de Madrid el 12 de abril de 1923. El 24 de junio de este mismo año fue nombrado por Real Decreto vocal asesor de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades. Tal vez por acumulación de cargos o por tratarse de una solución de transición, a los pocos meses de su nombramiento, el 27 de septiembre de 1923, dimitió de su cargo de director de la Escuela de Arquitectura en el que fue sustituido por Modesto López Otero. Un mes más tarde, el 28 de octubre, tomó posesión como académico de número en la Academia de San Fernando con un discurso titulado: Vandelvira: la arquitectura del renacimiento en Úbeda y Baeza.

Desde 1925 hasta la Guerra Civil la carrera de Moya conoció un período estable y un tanto átono realizando las obras propias de sus diversos cargos; de esta etapa podría constituir un ejemplo significativo la réplica de la iglesia de San Antonio de La Florida en Madrid, realizada para proteger los frescos de Goya.

El 15 de julio de 1931, con la proclamación de la República, dejó el cargo de arquitecto mayor de Palacio.

El 28 de agosto de 1938 le llegó su jubilación como profesor de la Escuela de Arquitectura.

Tras la Guerra Civil, en 1940 volvió a ocupar su cargo en Palacio y Sitios Reales, aunque resultó depurado en 1941 y su escasa actividad quedó eclipsada por la figura emergente de Diego Méndez. En el año de 1943 se produjo la fatal coincidencia de las muertes de su esposa y su hijo, el arquitecto Emilio Moya Lledós, lo que debió de sumirle en una profunda desolación.

Los últimos diez años de su vida transcurrieron, así, entre un reconocimiento general de su figura y un paulatino olvido que, como suele ocurrir, tan sólo se reactivaría en las diversas reseñas y notas necrológicas.

La figura de Juan Moya no destacó tanto por sus concretas realizaciones arquitectónicas, sino por una aureola de prestigio docente e institucional, avalada también por diversas menciones honoríficas, pues fue: caballero de la Real Orden de Carlos III en 1897, comendador ordinario de la Real Orden de Carlos III en 1906, Medalla de Plata de Alfonso XIII en julio de 1902 y decano honorario del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM). Su aportación arquitectónica, en gran medida aún por estudiar, parece impregnada por una falta de convicción en la arquitectura de su tiempo, produciendo, no obstante, una serie de obras de condición ecléctica bien ejecutadas desde el oficio artesanal y constructivo; a este pesimismo y diversidad temática no resultarían ajenos sus avatares personales y su labor preferente como arquitecto de los Sitios Reales.

 

Obras de ~: Pedestal de la estatua de Legazpi, plaza mayor, Zumárraga (Guipúzcoa), 1896-1897; con E. Reynals, Mercado de la Esperanza, Santander, 1896-1907; con R. García Guereta, Seminario Conciliar, Madrid, 1904-1906; Reforma de cubiertas, claustrilla y torre de campanas, monasterio de Las Huelgas Reales, Burgos, 1909; Casa del Cura, iglesia de San José de Madrid, 1910-1913; Reforma de cubiertas y patio de Comendadores en el Hospital del Rey, Burgos, 1910-1920; Instalación contra incendios en el monasterio, El Escorial, 1912; Proyecto de restauración de los Baños Árabes de Santa Clara, Tordesillas, 1913; Proyecto de reconstrucción del palacio de La Granja, San Ildefonso (Segovia), 1919; Réplica de la iglesia de San Antonio de La Florida, Madrid, 1925-1928; Pabellón Real de la Exposición de Barcelona, Barcelona, 1929; Anteproyecto del barrio de San Esteban, Burgos; Viviendas de Ferroviarios, calle Atocha de Madrid.

Escritos: Discursos leídos en la recepción pública de Juan Moya Idígoras el día 23 de octubre de 1923, Madrid, Mateu, 1923; “En el centenario de D. Arturo Mélida y Alinari”, en Academia (1951), págs. 55-62; “El arquitecto don Arturo Mélida Alinari”, en Revista Nacional de Arquitectura, n.º 137 (1953), págs. 2-4.

 

Bibl.: M. López Otero, “D. Juan Moya Idígoras” [necrológica], en Revista Nacional de Arquitectura, n.º 137 (1953), pág. 1; L. Bellido, “Necrología de D. Juan Moya”, en Academia, I semestre (1953), págs. 3-6; R. Ucha Donate, Cincuenta años de arquitectura española, I, Madrid, Adir, 1980, pág. 75; J. R. Alonso Pereira, Madrid 1898-1931, de corte a metrópoli, Madrid, Comunidad de Madrid, 1985, págs. 93 y 140; J. L. Sancho Gaspar, La Arquitectura de los Sitios Reales, Madrid, Patrimonio Nacional-Fundación Tabacalera, 1995, pág. 676.

 

Javier Ortega Vidal