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Florentino Ballesteros

Biografía

Ballesteros, Florentino. Zaragoza, 11.I.1893 – Madrid, 24.IV.1917. Torero.

El mismo día de su nacimiento, Florentino Ballesteros fue depositado en el torno de la inclusa del Hospicio Provincial de Zaragoza. Durante su infancia pasó por los hospicios de Loscos (Teruel) y Calatayud (Zaragoza), en los que mostró buenas aptitudes para el dibujo y la pintura.

Tras participar en diversas capeas, se arrojó como espontáneo al ruedo en la plaza de su ciudad natal el 25 de abril de 1909. El 7 de abril de 1912 repitió la acción. Debutó como novillero en Zaragoza el 16 de junio siguiente, formando pareja con otro chaval de la tierra, Jaime Ballesteros, Herrerín, que murió víctima de una cornada en 1919. En Madrid, Florentino se presentó el 15 de agosto de 1913, resultando herido grave en la axila derecha. Regresó en diversas ocasiones a la plaza de la capital de España, logrando el 15 de julio de 1915 la primera oreja que se concedía a un novillero en ese coso. En este mismo escenario tomó la alternativa el 13 de abril de 1916, convirtiéndose desde ese momento en un diestro que despertaba, al igual que antes había sucedido en su región, una gran expectación entre los aficionados. José Gómez, Gallito, fue el padrino del doctorando, Francisco Posada el testigo, y los toros pertenecieron al conde de Santa Coloma. El astado de la ceremonia se llamó Campanario. El 18 de septiembre de ese mismo año sufrió una cornada gravísima en el pecho cuando toreaba en la plaza de Morón (Sevilla), percance que necesitó de una larga convalecencia. Reapareció el 1 de abril de 1917 en Barcelona, toreó el 15 en Valencia, el 19 y el 21 en Barcelona, y se anunció el 22 en Madrid. Ese día, el toro Cocinero, de Benjumea, sexto de la corrida, le propinó una cornada de ocho centímetros en el pecho, de la que falleció, tras larga y penosa agonía, en la fonda de los Leones, sita en la calle del Carmen, de Madrid.

Según el crítico don Indalecio, el infortunado Ballesteros “era torero de fina escuela, con gracia natural, con una suavidad y una alegría extraordinarias en el manejo del capote y de la muleta, estoqueaba en algunas ocasiones sus enemigos con excelente estilo”. Su corta vida, sus azarosos comienzos en el hospicio y su trágico final en el ruedo, parece ser que inspiraron al crítico y escritor Alejandro Pérez Lugín para escribir su famosa novela Currito de la Cruz. Su hijo, de mismo nombre y apellido, también fue matador de toros.

 

Bibl.: C. Algaba, Florentino Ballesteros, Barcelona, El Gato Negro, s. f.; F. Tijeretas Gómez, Florentino Ballesteros. Su vida. Su arte. Su muerte. Datos recopilados acerca de este torero, Madrid, Imprenta Madrileña, s. f.; J. J. Lorente, El torero de la tierra: (2.ª parte): Florentino Ballesteros: su vida: su arte, Zaragoza, Imprenta del Heraldo, 1916; Don Indalecio (R. la Cadena y Brualla), Los toreros aragoneses, Zaragoza, Imprenta de Don Alfredo Uriarte, 1932; J. M.ª Cossío, Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. 3, Madrid, Espasa Calpe, 1943; F. Claramunt, Historia ilustrada de la Tauromaquia, Madrid, Espasa Calpe, 1989; D. Tapia, Historia del toreo, vol. 1, Madrid, Alianza Editorial, 1992; N. Luján, Historia del toreo, Barcelona, Destino, 1993 (3.ª ed.); E. Asín Corman, Florentino Ballesteros: el torero de los tristes destinos, Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 2001; F. J. Aguirre, Florentino Ballesteros, un corazón en la arena, Zaragoza, Delsan Libros, 2004.

 

José Luis Ramón Carrión