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Josep de Ardena Darnius-Sabastida

Biografía

Ardena Darnius-Sabastida, Josep de. Conde de Illes. Darnius (Gerona), 18.X.1611 – ¿Perpiñán? (Francia), 20.XI.1677. Militar y político.

Hijo de Joan de Ardena Darnius de Terré, señor de la mitad de Darnius (muerto en 1635), alias lo Follet (el Loquito), y de Lluïsa de Sabastida Bret y Darnius (muerta en 1645), señora de la otra mitad de Darnius y carlana de Mont-roig y Bosqueràs. Los Ardena habían ingresado en 1547 en la matrícula de mercaderes de Barcelona, en 1586 fueron ciudadanos honrados, y en las Cortes de 1599 recibieron privilegio de caballeros. Obtuvieron las señorías de Darnius, Sant Llorenç de la Muga y La Vajol por enlace con los Ortaffà. Joan de Ardena fue capitán de la caballería de Perpiñán y caballero de Santiago. Josep le sucedió en Darnius, mientras que su hermano Francesc (1628-1659) lo hizo en el patrimonio Sabastida, y de él descienden los barones de Albi. Tuvo, además, otro hermano, Joan (muerto en 1659), y tres hermanas, Maria, que casó con Josep de Clariana Descatllar; Anastàsia, que lo hizo con Francesc de Fontanella, y Cecília. Su tía Eugènia Terré le cedió, en 1649, el castillo y las torres de Picalquers.

Ardena fue uno de los jóvenes de la nobleza catalana que, al estallido de la Revolución de 1640, se pusieron al servicio de la Diputación del general al mando de una compañía de caballos. Además de alguna misión de custodia, Ardena intervino en el fracasado intento de entrar en Tortosa para impedir que cayera en poder de los felipistas. A continuación estuvo hostigando el avance del ejército del marqués de Los Vélez, tomando parte en la derrota del puerto de Balaguer, donde ejercía el mando de la tropa junto con Manuel de Sentmenat. Ardena convirtió el puñado de inexpertos soldados a su servicio en valerosos jinetes, capaces de enfrentarse a la mejor caballería del mundo, como de hecho demostraron en Montjuic, donde contribuyeron decisivamente a la derrota hispánica. Con la entrada en la guerra de los franceses, la experiencia de combate de Ardena y su carácter valiente y enérgico le promocionaron a los más altos puestos en una brillante carrera militar. Puesto al frente del cuerpo de caballería catalana, combatió en el asedio a Tarragona (1641), y en 1642 en el Rosellón, único militar catalán que asistió a Luis XIII en el sitio de Perpiñán, siendo gravemente herido cerca de Argelers. Aquel año, había caído prisionero de los hispánicos cerca de Tarragona, siendo canjeado al poco tiempo por tres capitanes de caballos (uno de ellos, posiblemente, el futuro maese de campo Josep de Sentís). Luis XIII le recompensó concediéndole el vizcondado de Illa, confiscado a los Montcada felipistas, y en 1645, el condado de Illes.

En 1646 acudió al socorro del virrey conde de Harcourt, bloqueado en Lérida por el marqués de Leganés.

La noche del 21 al 22 de noviembre, los hispánicos lanzaron un ataque sorpresa sobre el fuerte de Rebé, rompiendo las líneas franco-catalanas y poniendo en fuga sus ya diezmadas fuerzas; Ardena sobrevivió al desastre, aunque malherido. A mediados de 1648, ya recuperado de sus heridas, tomó parte en la ofensiva meridional que planeaba el estado mayor francés, asesoró al virrey conde de Schomberg, y mientras éste y el mariscal Marchin asediaban (y tomaban) Tortosa, Ardena efectuaba una maniobra de distracción poniéndose al frente de la caballería y adentrándose en Valencia. Al siguiente año, y para contrarrestar la ofensiva hispánica que llegó hasta Sitges, Ardena, bajo su propia responsabilidad, tomó la iniciativa de repetir la incursión, mucho más peligrosa y audaz que la anterior. Con apenas mil hombres y mil caballos se adentró hasta Peñíscola, causando la alarma generalizada entre las autoridades hispánicas, que pusieron fin a la ofensiva en Cataluña y replegaron posiciones.

En 1650 fue enviado a una misión diplomática en París, junto con Josep Fontanella, donde su prestigio militar consiguió imponerse al del desprestigiado virrey Pierre de Marca, influyendo decisivamente en su destitución. Al año siguiente, una epidemia de peste asoló Cataluña (la trajeron los propios soldados de Ardena, de su incursión en las zonas contaminadas del litoral valenciano), y el ejército de Felipe IV efectuó la ofensiva final, que culminó en el bloqueo de Barcelona. Ardena hizo todo lo posible para socorrer la capital, se puso al frente de la caballería y acudió a Mataró, evitando que dicha población se entregara (reprimiéndola brutalmente con saqueos y ejecuciones indiscriminadas). Más tarde, reunió una fuerza de cuatrocientos cincuenta jinetes y mil soldados franceses y, en otro golpe de audacia, consiguió cruzar de noche las líneas enemigas que asediaban Barcelona y entrar en la ciudad, donde fue recibido con gran entusiasmo. Tras la defección de los principales mandos franceses (Marchin a la cabeza) que seguían la causa de Condé en la Fronda, se formó un consejo de guerra del que Ardena fue miembro indiscutible.

Asumiendo la crítica situación militar y política, Ardena dejó de lado sus diferencias con Margarit y se entregó a la resistencia en cuerpo y alma, actuando con firmeza política y luchando con gran eficiencia.

En septiembre de 1651 atacó Sarriá para distraer al enemigo y entrar bastimentos, más tarde escapó “con quatro camaradas, a uña de caballo” de una emboscada hábilmente tejida por el marqués de Mortara en el puerto de Montcada; el 22 de abril de 1652 tomó parte en la salida que permitiría la entrada del virrey La Mothe en Barcelona; el 17 de julio siguiente dirigió un ataque contra el fuerte de San Juan de los Reyes, en Montjuic, haciéndose con la posición tras durísimos combates a los que acudieron los propios Juan José de Austria y el marqués de Mortara, los cuales recuperaron la posición al día siguiente, tras toda una jornada de cruenta lucha. El 13 de octubre, capitulada la ciudad (proceso para el buen fin del cual tuvo buena parte), Ardena salió al frente de la diezmada guarnición, pero no abandonó la lucha. Al siguiente año, tomó parte en el asedio francés a Gerona, al siguiente (1654) en la conquista de Vilafranca de Conflent (5 de julio de 1654), siendo encargado de tomar Camprodon y el Ripollés. En 1655 defendió duramente Berga, que cayó en poder de Felipe IV tras diez días de agotadores combates casa por casa, en los cuales estuvo a punto de perder la vida, escapando “por un agujero del muro”. Exiliado en el Rosellón, fue uno de los mayores beneficiados en la distribución de los bienes incautados a felipistas a partir de 1653; en 1664 se naturalizó francés, y cuatro años más tarde combatía en la revuelta antifrancesa de los “angelets”.

Testó en Perpiñán el 27 de febrero de 1672. Capeille sostiene que murió hacia 1670, en un simple combate “sin gloria” durante la susodicha revuelta, cuya participación le había obligado a refugiarse en Cataluña.

De fuerte carácter, Ardena fue mejor soldado que político, y desde 1642 mantuvo una enconada enemistad con Josep de Margarit, salpicada de pugnas y altercados que tan sólo tuvieron un paréntesis en 1651, cuando fue necesario aunar todos los esfuerzos para defender Barcelona. Comisionado para respaldar los intereses catalanes en Münster (1645-1646), Ardena cedió a la astuta diplomacia francesa y no supo estar a la altura de su cometido, y fue destituido, aunque se libró de mayores correctivos (se le desinsaculó de todos los cargos civiles y se le intentó procesar) gracias a su prestigio como militar y a la falta que hacía en el frente. Al igual que Margarit, Ardena nunca fue perdonado por la Corona española, y en 1653 la Audiencia Real le declaraba “criminal”, condena que reiteró el 15 de septiembre de 1667 (en flagrante contravención del Tratado de los Pirineos) además de confiscarle las rentas y cosechas de Darnius, cosa que repitió en 1670.

Josep de Ardena casó en 1638 con Lluïsa de Aragón y Aybar, señora de Entenza y Capella, de quien tuvo dos hijos barones, Joan, muerto sin descendencia de su matrimonio con Josepa Calvó, y Josep, muerto en París. Tuvo además tres hijas, Tomasina, casada en 1665 con Carles de Banyuls, marqués de Montferrer, y en 1687 con Pierre d’Hervoult, capitán del Regimiento de Greder; M. Lluïsa, carmelita descalza en París, e Ignàcia, casada en 1663 con Francesc de Taverner, a quienes en 1673 cedió sus propiedades en Picalquers, siendo su descendencia la de los futuros condes de Darnius y Les Illes y duques de Almenara Alta, con Grandeza de España.

 

Fuentes y bibl.: Archivo de la Corona de Aragón, Arxiu Pablo de Sàrraga, caja n.º 112, camisa “Sabastida”; Consejo de Aragón, leg. 393; Archivo General de Simancas, Estado, leg. 2666; Biblioteca de Cataluña, Reserva, ms. 502, fol. 309. Inventaire sommaire des archives historiques. Archives anciennes, Correspondance. Ministère de la guerre, vol. I, Paris, Imprimerie Nationale, 1898, A-300, A-465 y A-516; J. Sanabre, La acción de Francia en Cataluña en la pugna por la hegemonía de Europa (1640-1659), Barcelona, Real Academia de Buenas Letras, 1956, págs. 249, 328, 358, 360-362, 375, 383-384, 388, 401-402, 413-414, 446, 448, 451, 476 n.96, 514, 518-519, 523, 542, 550, 555, 559-561, 564 y 608-609; A. y A. García Carrafa. El solar Catalán Valenciano, Balear, vol. I, San Sebastián, Librería Internacional, 1968, pág. 117; VV. AA., Diccionari biogràfic, vol. I, Barcelona, Albertí Editor, 1969, págs. 140-144; J. M. Casas (ed.), Dietari de Jeroni Pujades, vol. IV, Barcelona, Fundació Salvador Vives Casajuana, 1975, págs. 79 y 226; Ph. Lazerme, Noblesa catalana. Cavallers y burgesos honrats de Rosselló y Cerdanya, La Roche-sur-Yon, Imprimerie Centrale de l’Ouest, 1976, págs. 78-83; J. Capeille, Dictionnaire de biographies roussillonnaises, Marsella, Laffitte reprints, 1978, pág. 27; F. M. de Melo, Historia de los movimientos de separación y guerra de Cataluña en tiempos de Felipe IV [...], Cádiz, Universidad, 1990, págs. 284-285, 287, 327, 333 y 337; P. Català i M.Brassó, “Castell o torre de Picalquers”, en Els Castells Catalans, vol. I, Barcelona, Rafael Dalmau, 1991, pág. 581; H. Ettinghausen, La Guerra dels Segadors a través de la premsa de l’època, vol. I, Barcelona, Curial, 1993, n.º 23, pág. 219; n.º 49, pág. 363; n.º 48, pág. 356; n.º 56, págs. 407 y 410; n.º 60, págs. 445-446 y 450; II, n.º 82, pág. 594; n.º 83, pág. 611; n.º 118, pág. 815; n.º 143, pág. 979; III, n.º 179, págs. 1175-1176, n.º 194, pág. 1252; y n.º 218, pág. 1370; J. Real, “Crónica”, en J. Busquets, La Catalunya del barroc vista des de Girona. La crònica de Jeroni de Real (1626-1683), vol. II, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1994 (Biblioteca Abat Oliba, 140), pág. 180 ns. 349, 186, 210 y 290-670; P. Molas i Ribalta, Catalunya i la casa d’Austria, Barcelona, Curial, 1996, págs. 161-162; J. Busquets, “Catalunya i la Pau de Westfalia. La missió diplomàtica de Fontanella al Congrés de Münster”, en Estudi General (Universidad de Gerona), 21, I (2001), págs. 241-259 (espec. pág. 248, n. 16, y 257, n. 48); J. Muñoz González y J. Catà i Tur, “Setge o capitulació de Barcelona el 1652”, en Barcelona. Quaderns d’Història, 5 (2001), págs. 231-247 (espec. 232 y 245); M. Güell, El setge de Tarragona de 1641, Tarragona, Arola Editors, 2003, pág. 42; J-H. Muñoz i Sebastià y E.Querol Coll, La Guerra dels Segadors a Tortosa (1640- 1651), Valls, Cossetània Edicions, 2004, págs. 151 y 198-199; N. Florensa i Soler y M. Güell, “Pro Deo, Pro Regi, et Pro Patria”, en La revolució i la campanya militar de Catalunya de1640 a les terres de Tarragona, Barcelona, Fundació Salvador Vives Casajuana / Òmnium, 2005, págs. 101, 102, 109, 191, 192, 248 y 253.

 

Manuel Güell Junkert

 

 

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