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Francisco de Meneses

Biografía

Meneses, Francisco de. Cádiz, p. s. xvii – Lima (Perú), c. 1679. Militar, gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia de Chile.

Sirvió más de treinta años en los Ejércitos españoles en las guerras de Nápoles, Milán, Flandes y Cataluña, como capitán de Infantería, maestre de campo general, sargento general de batalla y general de Artillería.

Asistió a la toma de Redebo, sorpresa de Anón, entrada del Piamonte, sitios de Noya y Ayán, socorro de Erazo, toma de Berneguzmán y Barceló, paso del río Dona, cercos de Coscentín, Berna y Villanueva de Aste, sorpresa de Turín, toma de Bubeo y sitios de Casal y Querasco.

Enviado de Flandes a la corte con mensajes secretos, llegó a Madrid en momentos en que el rey Felipe IV había ofrecido la gobernación de Chile a cinco importantes personalidades que la rechazaron.

Se la ofreció a Meneses y él aceptó, por lo que se le despachó el título correspondiente el 4 de febrero de 1663.

Meneses fue un diestro jinete y maestro en las lidias de toros. Gustaba de los perros y caballos, y se caracterizaba por una personalidad insubordinada y desobediente hacia sus superiores, hecho que le valió el apodo de Barrabás.

Cuando arribó a la Capitanía general lo hizo con el grado de general de Artillería y con trescientos hombres para servir en la guerra de Arauco. Llegó primero a Buenos Aires y, tras cruzar la cordillera de los Andes, entró en Santiago a finales de enero de 1664.

Desde un principio la actitud de Meneses no concordó con los usos y costumbres de la sociedad chilena de su época. Impetuoso, desconfiaba de la competencia y quería imponer por la fuerza la dignidad de su cargo.

Su primera víctima fue el gobernador interino Ángel de Peredo, a quien acusó de haber creado más plazas de oficiales de las que el Ejército realmente necesitaba y de haber vendido los cargos militares. Ordenó su arresto, pero Peredo logró escapar.

Ante su fracaso, la emprendió contra los amigos de la autoridad, entre ellos el oidor Alonso de Solórzano y Velasco, quien había manifestado su opinión contraria a las medidas del gobernador; en respuesta, éste lo depuso de su cargo y lo desterró.

Los excesos de Meneses continuaron con la violación de la prohibición real de que los funcionarios más importantes se casaran, sin el previo permiso del Rey, con una mujer del territorio en el cual servían.

La elegida fue la joven Catalina Bravo de Saravia y Henestroza, hija del maestre de campo Francisco Bravo de Saravia. El matrimonio se celebró secretamente en abril de 1664, con la presencia de testigos que guardaron la mayor reserva y contando con la anuencia de los padres de la novia, ampliamente beneficiados por el gobernador.

Otra víctima de los atropellos y acusaciones de Meneses fue el obispo de Santiago, fray Diego de Humanzoro.

Las desavenencias comenzaron por asuntos formales sin mayor importancia, y terminaron con la presentación de un memorial del gobernador ante la Real Audiencia, donde establecía una serie de acusaciones contra el sacerdote.

Su idea era sacar a Humanzoro de su cargo y desterrarlo.

En diciembre de 1664 intentó convencer a los oidores de la Real Audiencia de que firmaran una provisión real que obligara al obispo al destierro, lo que consiguió sólo mediante la utilización de la fuerza. Sin embargo, el prelado no cumplió la orden y prefirió trasladarse a la provincia de Cuyo.

Antes de salir de Santiago, el obispo redactó una carta al Rey denunciando la conducta del gobernador.

A la postre, este escrito resultó bastante influyente en la caída de Meneses. A estas actitudes se sumó la intención de Meneses de enriquecerse en el desempeño de su cargo.

Desde el inicio se dejó conquistar con regalos e hizo de los puestos de la Administración civil una verdadera fuente de riqueza; además, sus especulaciones comerciales abarcaron casi todos los ramos de la economía del reino.

En cuanto a sus campañas bélicas, Meneses no participó directamente en la Guerra de Arauco hasta diciembre de 1664, cuando decidió liderar la primera campaña de su mandato. Antes, había dejado el ejército al mando de Ignacio de la Carrera. Entre las acciones militares del gobernador habría que destacar la repoblación de los fuertes de Arauco, Nacimiento, Santa Fe y de la plaza de Santa Juana, destruida esta última diez años antes por los indígenas.

Los éxitos alimentaron la vanidad de Meneses, quien consideraba que sus acciones habían asegurado la paz del reino, tanto así que mandó escribir la historia de su campaña.

A comienzos de 1666 inició su segunda arremetida contra los indígenas, sin grandes operaciones. El 19 de octubre de 1667, Francisco de Meneses fue objeto de un intento de asesinato por parte de Manuel de Mendoza, veedor general del Ejército. Mendoza había sido destituido por el gobernador debido a que había tratado de intervenir en el reparto del Real Situado, para evitar los fraudes que en ello cometía Meneses.

Con ocasión de la visita de Meneses al Hospital San Juan de Dios, donde se encontraba Mendoza, el oficial vio la oportunidad de vengarse: le disparó sin fortuna.

Entonces fue hecho prisionero y condenado a muerte por el gobernador. La sentencia se cumplió dos meses después, al son del repique de las campanas de las iglesias, que anunciaban la excomunión decretada por el obispo para aquellos que hicieran efectiva la medida.

En 1667 ya se consideraba que la caída de Meneses era algo inminente. La Corona española —en conocimiento de las cartas del obispo, de los informes de los oidores, y de las denuncias de mal gobierno y abusos por parte de Meneses hechas por varios funcionarios y vecinos— decidió nombrar como virrey del Perú a Pedro Fernández de Castro y Andrade, con poder para informarse de los sucesos de Chile, y enviar un visitador al reino.

Las noticias de la llegada del nuevo gobernador, Diego Dávila Coello y Pacheco, provocaron la huida de Meneses. Sin embargo, fue encarcelado y enviado a la ciudad de Córdoba del Tucumán y, posteriormente, confinado en la ciudad de Trujillo por orden del virrey. El juicio de residencia duró dos años y la lista de los cargos era enorme, pero las presiones de su familia y de influyentes personalidades retrasaron la decisión final muchos años. Meneses murió esperándola.

Su deceso se produjo en Lima, ciudad donde había testado, el 17 de diciembre de 1679.

 

Bibl.: M. Olivares, “Historia militar, civil y sagrada de Chile”, en Colección de Historiadores de Chile y documentos relativos a la historia nacional, t. IV, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1864; D. Rosales, Historia General del Reino de Chile. Flandes Indiano, Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1877; J. T. Medina, Diccionario Biográfico Colonial, Santiago, Imprenta Elzeviriana, 1906; F. A. Encina, Historia de Chile, Santiago, Editorial Nascimento, 1940; J. L. Espejo, Nobiliario de la Capitanía General de Chile, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1956; A. Ovalle, Histórica Relación del Reyno de Chile, Santiago, Instituto de Literatura Chilena, 1969; S. Villalobos, Historia del pueblo chileno, t. IV, Santiago, Editorial Universitaria, 2000; D. Barros Arana, Historia General de Chile, Santiago, Editorial Universitaria-Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2000.

 

Julio Retamal Ávila