Cardona, Dionisio de. ?, s. xvii – s. xvii. Médico y químico. Uno de los más firmes representantes del movimiento novator español.
La publicación en 1687 del libro de Juan de Cabriada titulado Carta filosófica, medico-chymica desencadenó en la sociedad española una polémica de gran alcance sobre la ciencia moderna. El terreno había sido abonado durante los años anteriores por ataques procedentes del mundo de la alquimia, el sacerdote Juan Vidós y Miró y el regidor de la ciudad de Málaga, Luis Alderete de Soto. Los defensores de la renovación científica durante el reinado de Carlos II recibieron el nombre de novatores e hicieron de la Carta filosófica de Cabriada el manifiesto fundacional del movimiento de modernización científica en España. Entre los médicos partidarios de la renovación se encontraban el autor del manifiesto, Juan de Cabriada (1665-post. 1714), Juan Bautista Juanini (1636-1691), José Lucas Casalete (1630-1701) y Dionisio de Cardona. El movimiento novator contó con importantes seguidores en otros dominios de las ciencias como en las matemáticas, astronomía y física, donde destacaron el jesuita valenciano José Zaragoza, Juan Caramuel, que vivió la mayor parte de su vida entre Bohemia y Nápoles, y Hugo de Omerique, cuyo libro sobre Análisis Geométrica (1691) fue citado por Isaac Newton.
La participación de Dionisio de Cardona en el movimiento novator es muy notable. Fue uno de los prologuistas que dio apoyo al texto fundacional del movimiento, la Carta de Cabriada, a la que aportó su aprobación con un escrito que incorporaba las ideas fundamentales de la ideología renovadora. El eje central de su discurso giraba en torno a la libertad de pensamiento y a la pluralidad de métodos en la práctica médica, todo ello en función de una experiencia personal y colectiva, que representaba, según su parecer, el criterio fundamental. La nueva ciencia debería sustentarse sobre las novedades derivadas de la práctica química y sobre las nuevas ideas biológicas. Dionisio de Cardona se mostraba como un firme defensor de esas nuevas doctrinas, como la circulación de la sangre de William Harvey, claramente contrarias al galenismo tradicional, que había fracturado en dos grupos —galenistas y renovadores— a los médicos europeos. Frente a aquellos que defendían las que calificaba como “doctrinas apolilladas” del pasado, Cardona apostaba con optimismo por “el saber venidero”.
Otro de los elementos característicos de los médicos novatores fue su defensa del paracelsismo, su confianza en las prácticas espagíricas basadas en la alquimia y su afición por los procedimientos de laboratorio. Cardona se encontraba entre ellos y tuvo una participación activa en su incorporación la práctica científica oficialmente aceptada. La aspagírica gozaba ya en España de una cierta tradición desde que Giovanni Vincenzo Forte impulsara el proyecto de laboratorio de destilación que Felipe II mandó construir en el Real Monasterio de El Escorial en 1586, donde ostentó el cargo de destilador real Antonio Canegieter en 1588. Durante el reinado de Felipe II fue muy notable la influencia italiana sobre los médicos españoles en este dominio, una influencia que persistió durante el siglo xvii como la que ejerció el siciliano fray Buenaventura Angeleres, inspirador de una frustrada Academia Espagírica Madrileña en 1693.
Un año más tarde, en 1694, tuvo lugar la fundación del Real Laboratorio de Química, impulsado principalmente por Dionisio de Cardona, con la ayuda de expertos italianos que había conocido durante su estancia en la ciudad de Nápoles. El ambicioso proyecto de Cardona fue aprobado por las autoridades competentes y Cardona fue autorizado para incorporar al boticario napolitano Vito Cataldo, que incorporó como ayudantes para su traslado al Real Laboratorio madrileño a los también napolitanos Giambattista Pizzi y Nicola Crescenzo.
A pesar de su apuesta firme por el movimiento novator en momentos críticos donde la polémica científica se decantaba a favor del poderoso reducto tradicionalista en la ciencia española, Dionisio de Cardona gozó de reconocimiento y prestigio profesional. Ejerció como médico de Cámara de la reina Mariana de Austria, madre de Carlos II entre 1690 y 1695, lo que seguramente le permitió una relativa libertad de pensamiento y de acción, y pudo mantener viva su vinculación con aspagiristas y boticarios, viajar a Nápoles y defender públicamente sus ideas renovadoras.
Obras de ~: “Aprobación”, en J. de Cabriada, Carta filosófica, médico-chymica [...], Madrid, L.A. de Bedmar y Valdivia, 1687.
Bibl.: P. García de Yébenes, M. L. de Andrés, “La Introducción de la práctica Química en la Real Botica Española”, en Asclepio, L (1998); J. M. López Piñero, “Juan de Cabriada y las primeras etapas de la iatroquímica y de la medicina moderna en España”, en Cuadernos de Historia de la Medicina Española, 2 (1962), págs. 129-154; J. M. López Piñero, “Cardona, Dionisio de”, en J. M. López Piñero et al., Diccionario Histórico de la Ciencia Moderna en España, vol. I, Barcelona, Península, 1983, págs. 178-179; P. García de Yébenes, La Real Botica durante el reinado de Felipe V, Madrid, tesis de doctorado, 1994; M. Rey Bueno, El Hechizado, Medicina, Alquimia y Superstición en la Corte de Carlos II, Madrid, Corona Borealis, 1998; J. L. Valverde, C. Sánchez Téllez, “El Laboratorio Químico de la Real Botica (1693-1700)”, en Ars pharmaceutica, 18 (1998), págs. 121-152.
Josep Lluís Barona Vilar