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Juan Antonio García Díez

Biografía

García Díez, Juan Antonio. Madrid, 4.VIII.1940 – 6.V.1998. Político.

Nacido en un hogar de la clase media profesional —su padre era médico—, estudió con gran aprovechamiento la primera y segunda enseñanza en el colegio de los maristas de Madrid, en cuya Universidad obtuvo también con las máximas calificaciones las licenciaturas en Derecho y Ciencias Económicas.

Expresión relevante de la meritocracia de la época, formó parte muy pronto del entonces prestigioso Cuerpo de Técnicos Comerciales del Estado (1966), aportando sus trabajos al servicio de Estudios de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Comercio (1969). Más tarde, fue agregado comercial en las embajadas de España ante Bolivia y Perú (1970), de donde extrajo una experiencia muy acerba sobre las condiciones de vida de sus estratos más desfavorecidos, reforzando sus creencias de la necesidad de cambios profundos en la economía de los países capitalistas y sus relaciones con la de los subdesarrollados, expuestas anteriormente con gran énfasis en las aulas durante su fugaz inclusión en el profesorado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense. Secretario general técnico del Ministerio de Economía a su regreso de Hispanoamérica (1974) cuando dicha cartera estuviera regida por José Luis Cerón y luego (de diciembre de 1975 a julio de 1976) por Leopoldo Calvo Sotelo, ocupó también la Secretaría General de Red Nacional de Ferrocarriles Españoles (RENFE), cargos todos en los que se mostrara como un encomiable alto funcionario, inclinado a una transición gradual y pacífica de la dictadura a la democracia, dentro de una cultura y orientación de la economía de corte liberal-progresista, muy próxima a la de las tendencias socialdemócratas más moderadas, sin el radicalismo de su mocedad.

Integrado en el grupo político inspirado por tales corrientes a cuya cabeza estuviese su gran amigo Francisco Fernández Ordóñez, a solicitud de éste, Adolfo Suárez le incluiría en el primer Gabinete de la democracia como titular de una cartera por él particularmente conocida: Comercio y Turismo, desempeñada entre julio de 1977 y septiembre de 1980, en que pasó a serlo de la de Economía y Comercio, rigiéndola hasta el término mismo de la andadura de Unión del Centro Democrático (UCD), siendo vicepresidente segundo del Gobierno en la etapa en que éste fuese presidido por Leopoldo Calvo Sotelo. Colaborador destacado de Enrique Fuentes Quintana cuando ocupara el mismo cargo en el primer ministerio de Adolfo Suárez, los famosos Pactos de la Moncloa de octubre de 1977 le tuvieron como uno de sus inspiradores y ejecutores más notables. Pese a inspirar y promover señaladas medidas en pro de la libre iniciativa y la economía de mercado, su antigua fama de exaltado no llegó nunca a difuminarse entre los grandes patronos y empresarios, provocando la crítica implacable del primer presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), el catalán Carlos Ferrer Salat, reluctante ante una política considerada en exceso rígida y hasta dirigista.

Arquetipo y en buena medida paradigma de los valores encarnados por UCD en la etapa en que dicha fuerza política protagonizara a gran escala el período clave de la Transición, su memoria sería objeto de rara y generalizada loanza por los testigos y principales testimonios memorialísticos y críticos de este capítulo crucial de la contemporaneidad española. Quien lo tuviera como uno de sus máximos y más leales colaboradores, el segundo presidente de la democracia restaurada en 1977, dibuja así su perfil moral y político: “Conocía yo de antiguo a García Díez y a sus compañeros del Ministerio de Comercio, también amigos míos y pude comprobar que el antiguo progre al que llamaban ‘el Carpojo’ sus más próximos había dejado paso a un hombre responsable, con una seria preparación económica, en la línea liberal que ha inspirado la política económica de la transición. Nuestra colaboración en 1981 y 1982 fue muy buena, y sólo se volvió difícil hacia el final, cuando el desamparo parlamentario del Gobierno, el injusto uso que hizo la oposición del dramático síndrome tóxico contra varios Ministros económicos y, entre ellos, contra García Díez, y la presión misma de la crisis llegaron a doblegar su buen temple. A última hora fue la flexión de García Díez la causa inmediata que me determinó a disolver en agosto de 1982, porque estaba claro que el equipo dirigido por él no tenía ya el ánimo numantino que hubiera sido necesario para preparar los Presupuestos de 1983. García Díez se había batido heroicamente hasta entonces, en medio de una situación política y económica miserable” (Calvo Sotelo, 1990: 170); semblanza completada por su pluma a la hora del fallecimiento del colega y amigo: “Me deslumbraron inmediatamente su poderosa inteligencia, su claridad castellana, su valentía, su capacidad para vencer dialécticamente sin herir al vencido (vencido que muchas veces era yo, su ministro), su sentido del humor, intacto en la adversidad, la gracia con que se imponía a sus colaboradores y subordinados, más antiguos que él mismo en el escalafón” (Calvo Sotelo, 1999: 243).

 

Bibl.: F. Fernández Ordóñez, La España necesaria, Madrid, Editorial Taurus, 1980; M. Gómez-Santos, Conversaciones con Leopoldo Calvo-Sotelo, Barcelona, Editorial Planeta, 1982; J. L. García Delgado, Economía española de la transición y de la democracia, 1973-1986, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1990; L. Calvo Sotelo, Memoria viva de la Transición, Barcelona, Editorial Plaza y Janés, Cambio 16, 1990; J. Cavero, El político. Biografía de Francisco Fernández Ordóñez, Madrid, Ediciones Ciencias Sociales, 1990; J. Tusell y A. Soto (eds.), Historia de la Transición (1975-1986), Madrid, Alianza Editorial, 1996; S. Alonso-Castrillo, La apuesta del centro. Historia de la UCD, Madrid, Alianza Editorial, 1996; J. M. Cuenca Toribio y S. Miranda García, El poder y sus hombres. ¿Por quiénes hemos sido gobernados los españoles? (1705-1998), Madrid, Actas, 1999; L. Calvo Sotelo, Papeles de un cesante. La política desde la barrera, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1999, págs. 243 y 244.

 

José Manuel Cuenca Toribio