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José María de Areilza y Martínez-Rodas

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Biografía

Areilza Martínez-Rodas, José María de. Conde de Motrico (IV). Portugalete (Vizcaya), 3.VIII.1909 – Somosaguas (Madrid), 22.II.1998. Embajador, ministro de Asuntos Exteriores.

José María de Areilza Martínez-Rodas, conde iure uxoris de Motrico, ha facilitado de sí mismo una narrativa repleta de detalles. “Nací, según me dijeron, a comienzos del mes de agosto de 1909, en Portugalete.” Así da comienzo uno de los varios libros de su firma.

Reconocible por mucho más que su actuación en calidad de ministro de Asuntos Exteriores (1 de diciembre de 1975 – 7 de julio de 1976), el hijo de Enrique de Areilza —un notable médico de la zona minera vizcaína, catalizador de una cultura singularmente precursora— crecería en un espacio marcado por el destino de la nueva economía. Aunque manifestó desde los catorce años el propósito de seguir la carrera de su padre (Medicina), obtuvo, sin embargo, la formación técnica de ingeniero industrial (Escuela de Ingeniería de Bilbao), santo y seña de una generación perteneciente a la alta burguesía vizcaína acomodada a los dictados del imperativo empresarial de la etapa. Siguió también la carrera de Derecho (Universidad de Salamanca). Casado en 1932 a los veintitrés años con Mercedes Churruca, condesa de Motrico, hija de José Churruca y nieta de Evaristo Churruca, el afamado ingeniero que intervino en la construcción del puerto exterior de El Abra de Bilbao.  Tuvieron cinco hijos. José María ostentó un título nobiliario que no correspondía al que por vía materna le pudo ser transmitido: su madre era condesa de Rodas (Emilia Martínez Rodas).

Su formación como alevín en política entronca con el ambiente sociopolítico del Bilbao de las tertulias, de los círculos que se dan cita en la exultante Sociedad Bilbaína, y con personas de gran calibre que se habían vinculado a la erudición de su padre. Momentos que pudo disfrutar el joven Areilza, a pesar de perder esta tutela paterna muy pronto. Viajar como terapia se hizo costumbre en él. La experiencia de haber sido testigo directo de la República de Weimar o conocer precozmente el exótico Egipto, le aportaron las claves de una afición que no dejó de practicar, bien por placer o por profesión. Durante años como estudiante cultivó aficiones futbolísticas y periodísticas. Durante la dictadura se mostró como un ardoroso monárquico e inquieto lector; también las ideas imperantes que patrocinaban Jiménez Caballero, Vegas Latapie, Ledesma Ramos, llegaron hasta la Juventud Monárquica en la que militaba, metido a propagandista desde la efímera revista Jerarquía.

Presidente y animador de Renovación Española en Vizcaya, los avatares de la política desde 1930 le movieron a definir y poner en marcha el Centro Electoral Autónomo con otros prohombres del mundo financiero e industrial bilbaíno. Su conocimiento de quienes definieron la política local de aquellos años, incluido el nacionalismo, le acercaron hasta el propio José Antonio Aguirre, interlocutor de Areilza en varias oportunidades. Pero su aproximación estratégica a José Antonio Primo de Rivera, Ledesma Ramos y a Pedro Sainz Rodríguez le hizo reafirmarse en sus convicciones monárquicas, pese a la logística electoralista del momento. Al subtitular un capítulo de su obra A lo largo del siglo (1992) como: “De las urnas a la conspiración”, Areilza deja claramente señalado lo que significó esta fase de la historia política española. Él fue uno de sus protagonistas. Miembro de la Unión Monárquica de Vizcaya y candidato al Congreso en 1934, la vía de encaje de estos acontecimientos se precipitó desde que Calvo Sotelo fuera asesinado. Se presentó como candidato monárquico por Vizcaya en las elecciones legislativas de 1932 y 1936, sin conseguir su elección. Al estallar la Guerra Civil, sus contactos con el general Mola le erigieron como personaje capaz de actuar, como se ha dicho, en calidad de embajador oficioso de los sublevados. Su deambular desde Vitoria a Burgos y luego a San Sebastián, para pasar finalmente a Bilbao cuando ésta fue ocupada el 19 de junio de 1937, le catapultaron como candidato adecuado para reconducir la nueva situación a nivel municipal, de acuerdo con el franquismo.

Nombrado alcalde, de inmediato ejerció en el consistorio desde el 21 de junio de 1937, hasta el 24 de febrero de 1938. Además de la ineludible tarea de normalización, la instalación en Bilbao del Ministerio de Industria y Comercio del Gobierno de Franco (Ministerio Suanzes), para cuya consecución Areilza se mostró activo e interesado, había comportado su nombramiento como director general de Industria. Lo fue hasta 1940.

Según sus testimonios, la estrecha relación con Alfonso XIII le situó en esa fase como interlocutor crucial, como lo sería después con don Juan. A tenor de los hechos, fue consejero nacional de Falange y miembro de su Junta Política (1939). Su presencia en el Congreso de los Diputados en calidad de consejero nacional se registra desde 1946 hasta 1958. Pero una vez superada la Segunda Guerra Mundial, su proximidad a Fernando M.ª Castiella recibió el envite de una colaboración en tareas de reivindicación exterior.

Se le vincularía al Instituto de Estudios Políticos. Y su dossier sobre Gibraltar, sus disquisiciones sobre el protectorado español en Marruecos, el Sáhara, etc., hoy hacen de aquella laboriosa investigación un clásico. Reivindicaciones de España mereció el Premio Nacional de Literatura de 1941.

En 1947 se le destinó como residente en Argentina para llevar a cabo el protocolo Franco-Perón, por el cual se lograron los famosos créditos que resolvieron el abastecimiento nacional. Tras su regreso (1950), y un ínterin forzoso en el que, al decir de Castiella, estuvo desaprovechado, terminó siendo designado, con el beneplácito de éste y de J. F. de Lequerica, para la embajada española en Estados Unidos, su siguiente misión; una vez que la gestión de su predecesor le hubiera dejado el camino expedito en relación a numerosos temas, relativos no sólo al Gobierno norteamericano, sino a Latinoamérica y la Organización de Naciones Unidas. Su presencia desde 1954 en Washington hasta 1959 le facilitó un aprendizaje político de inusitado valor. Los acuerdos que asentaron la colaboración norteamericana también tuvieron su sello negociador. El plan de estabilización (1959) y el ingreso de España en la ONU le encontraron bien situado. De la misión estadounidense, el Gobierno le envió a París para representarlo en momentos tácticamente cruciales (1959-1964). Su talante en pro de un mejor entendimiento de las relaciones con Europa y el inicio de la negociación destinada a situar a España en el contexto de la Comunidad Económica Europea (CEE) le tuvieron como portavoz. Fueron asimismo los años en que se dejó sentir el progresivo acercamiento a los países del Este.

Miembro del Consejo privado de don Juan de Borbón (1966- 1969), mantuvo el cargo como su secretario general ejecutivo hasta que se designara a Juan Carlos como sucesor de Franco, a título de Rey. En 1966, sus inquietudes intelectuales le catapultaron a la Academia de las Ciencias Morales y Políticas. Con la década de los setenta se situó en la oposición liberal al régimen de Franco, expresando su desacuerdo en repetidas ocasiones, colaborando desde la prensa y desplegando una intensa actividad como conferenciante.

Durante la década de los 60, tiempo en que iba madurando la discrepancia política hacia el franquismo, el conde de Motrico destaca junto con el profesor Tierno Galván, Joaquín Satrústegui y Ruiz-Giménez. Sus proclamas y sus visitas a embajadores extranjeros son conocidas, lo cual le reportó multas y sinsabores. Como la prensa de la época señaló, “era la cara visible frente al Régimen, pues la otra -fundamentalmente comunista- estaba en las cárceles o en el exilio”. Areilza personalizaba la oposición monárquica desde la convicción de que “la Monarquía es la única forma de transición política y social hacia la democracia en el más breve plazo con el más corto riesgo”. Como se dijo, representó junto a otros más, el posibilismo real.

Ministerio de Exteriores en el primer gobierno de la Monarquía, desde el 11 de septiembre de 1975, bajo mandato de Carlos Arias Navarro, hizo creíble la imagen de la transición democrática española ante Europa. Visitó todos los países de la Comunidad Económica Europea (CEE). Intervino, junto con el Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, en la firma del nuevo Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos, celebrado en el salón de Embajadores del Palacio de Santa Cruz, el 24 de enero de 1976. Logró un acercamiento muy positivo con Portugal y se entrevistó con el Papa Pablo VI, entre otras muchas gestiones.

Su encanto personal y su habilidad negociadora se dejaron sentir dentro y fuera del recinto ministerial, tal como testimonian algunos de sus colaboradores más cercanos, respecto de sus intensas iniciativas de contacto político a nivel privado, durante este periodo. Cesó el 7 de julio de 1976 como ministro, al constituirse el segundo gobierno de la monarquía, presidido por Adolfo Suárez.

Sus negociaciones políticas le habían colocado en posición de liderar la política nacional como sucesor de Arias Navarro. De hecho, se le relacionó como posible candidato a la presidencia del Gobierno, antes de constituirse el gabinete de Adolfo Suárez, cargo para el que Areilza había llegado a ser postulante. Sin embargo, S.M. eligió al joven Adolfo Suárez.

Pío Cabanillas fundaría el Partido Popular (PP) del que Areilza fue vicepresidente (febrero de 1977) y logró compactar la coalición de derecha liberal de cara a las elecciones de aquel año. Pero no pudo ejercer su liderazgo y se evidenció el desacuerdo con Adolfo Suárez, abandonando el partido y no acudiendo a las primeras elecciones generales del 15 de junio de 1977. Luego nacería la Federación Liberal, de la que se mostró partidario, una vez producida su salida del PP, llegando a ocupar su presidencia. Actuando desde la oposición centrista frente a Unión de Centro Democrático (UCD), el acuerdo político de 1978 reuniría a Fraga, Osorio y a Areilza en un intento de crear la gran Derecha frente al partido del Gobierno. En 1979 fue elegido diputado por Coalición Democrática, por Madrid.

Perteneció al Grupo Parlamentario Centrista (GC) del 3 de agosto de 1982 al 27 de agosto de 1982, y como miembro del Grupo Parlamentario Coalición Democrática (GCD) del 3 de mayo de 1979 al 3 de agosto de 1982.

El 11 de mayo de 1981 fue elegido presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa por mayoría absoluta, y tras haber ejercido como tal durante dos años, tuvo que dimitir en 1983, al haber perdido su escaño en las elecciones de octubre de 1982. Ingresó poco después en UCD, pero tras la disolución de este partido, Areilza se alejó de la política activa y concentró su actividad en escribir, dando por resultado un muy completo espectro de obras, de especial interés. En 1987 fue elegido miembro de la Real Academia Española (Sillón G, que había pertenecido a Manuel Díez Alegría). Su discurso de ingreso, en presencia de los Reyes de España, versó sobre el porvenir de nuestra lengua, y fue contestado por Joaquín Calvo Sotelo. De entre las numerosas condecoraciones y méritos que le correspondieron, una mención: la medalla de oro de la Asociación Stressman, reconociendo su personalidad europeísta y democrática.

Publicó probablemente más de tres mil artículos de prensa, y de las varias monografías y memorias, La Europa que queremos obtuvo el Premio Espasa de Ensayo en 1986.

Miembro de número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, destacaron sus disertaciones sobre las guerras carlistas en Bilbao y en el País Vasco. Presidió la Fundación de Estudios para la Política Exterior desde su creación. En 1992, publicó sus memorias bajo el título A lo largo del siglo, 1909-1991.

 

Obras de ~: Embajadores sobre España, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1947; Escritos políticos, Madrid, Guadiana, 1968; Cien artículos, Madrid, Revista de Occidente, 1971; Así los he visto, Barcelona, Planeta, 1974; Diario de un ministro de la monarquía, Barcelona, Planeta, 1977; Una Europa en cambio, San Sebastián, Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1982; Cuadernos de la transición, Barcelona, Planeta, 1983; Memorias exteriores: 1947-1964, Barcelona, Planeta, 1984; Crónica de libertad: 1965-1975, Barcelona, Planeta, 1985; La Europa que queremos, Madrid, Espasa-Calpe, 1986;  Luis XIV, el Rey Sol, Barcelona, Planeta, 1990; A lo largo del siglo, 1909- 1991, Barcelona, Planeta, 1993; Tres batallas por Bilbao y otras páginas, Bilbao, Tilo, 1997; Recuerdos de Portugalete, Portugalete, Fundación El Abra, 1998.

 

Fuentes y bibl.: “Vizcaínos ilustres en los altos cargos de la gobernación de la España actual”: [José María de Areilza], en Vizcaya: revista de la Excelentísima Diputación Provincial de Vizcaya, n.º 9 (2.º semestre 1957), págs. 13-16; J. Oneto, José María de Areilza, Madrid, Diario 16, 1977; T. Luca de Tena, “José M.ª de Areilza”, en Boletín de la Real Academia Española, t. LXXVIII, cuad. 273, 1998, págs. 17-22; Sociedad El Sitio, Mirando atrás sin ira: homenaje de la Sociedad El Sitio a José M.ª de Areilza, 24 de noviembre de 1998, Bilbao, Sociedad El Sitio, 1999; M. J. Cava Mesa, “Tres ministros bilbaínos de Asuntos Exteriores: del aislamiento al desbloqueo político”, en VV. AA., Bilbao, una encrucijada entre dos siglos, Bilbao, Laga, 2001; M. Oreja Aguirre, Tres vascos en la política exterior de España (discurso de recepción en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas el 24 de abril de 2001, contestación de S. del Campo Urbano), Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 2001; I. Anasagasti Olabeaga, G. Erkoreka, I. Josu y X. Arzalluz Antia, Dos familias vascas: Areilza-Aznar, Madrid, Foca, 2003;

 http://www.congreso.es/docu/dipuhist/diph_inda.htm.

 

María Jesús Cava Mesa