Ayuda

Tomás de Acosta

Biografía

Acosta, Tomás de. La Habana (Cuba) c. 1746 – Cartago (Costa Rica), 25.IV.1821. Gobernador de Costa Rica, militar.

Nació en La Habana, Cuba, entre los años de 1746 y 1748. Fue hijo de José Melchor de Acosta y Teresa Hurtado de Mendoza. Comenzó su carrera militar siendo muy joven, casi un infante, para lo que requirió dispensa de Su Majestad.

Siendo un cadete de catorce o dieciséis años de edad, le tocó participar activamente en el sitio y rendición de La Habana, a causa de la invasión inglesa. En 1761, el rey Carlos III envió a La Habana una escuadra militar de refuerzos, al mando de Gutiérre de Hevia, pues ya había advertido al capitán general Juan de Prado Malleza y Portocarrero, el peligro que corría La Habana y la isla de Cuba, por su ubicación estratégica para el comercio. Los ingleses, en efecto, atacaron por sorpresa, lograron la victoria y tomaron La Habana el 12 de agosto de 1762. Casi un año después, los invasores devolvieron Cuba a la Corona española a cambio de la entrega, por parte de España, de la Florida, la Bahía de Pensacola y las posesiones españolas en el Mississippi.

Por su parte, tanto Juan de Prado y Portocarrero como Tomás de Acosta, a pesar de su extrema juventud, fueron sometidos a juicio. Prado fue condenado a muerte, pena que conmutó el Rey; y Tomás de Acosta, no vuelve a aparecer sino en Europa, integrando las tropas que debían viajar a restaurar La Habana. A partir de ahí, empieza una extensa y exitosa carrera militar, que pasa por su comisión en 1768 a Nueva Orleans, dependencia española en aquella época, para enfrentar una rebelión y ponerse a las órdenes del gobernador; esto le permitirá estar largo tiempo en aquella ciudad, donde ocupó diferentes cargos y ascendió a subteniente de bandera. Ahí, también conoció a Margarita Grondel, con quien casó y tuvo a su única hija, María Luisa Acosta.

Posteriormente fue nombrado comandante del puerto de San Gabriel de Manchac, cargo que desempeñó con éxito entre 1775 y 1777; también dirigió la construcción del fuerte del mismo nombre en 1775. Dice su biógrafa, Ligia Estrada Molina, que “el 14 de febrero de 1779 destacose de nuevo a don Tomás [...] como teniente del segundo batallón del Regimiento de Infantería. Gálvez [se refiere al brigadier Bernardo Gálvez] necesitaba hombres de su talla para los planes que tenía en mente [...] el 7 de septiembre envía al teniente Acosta a tomar presión del distrito y fuerte de Natchez, y seguir el 21 hasta el de Batón Rouge ocupados por los ingleses en guerra con los españoles [...]”, en la misma jornada cayeron otras posiciones inglesas, completando la conquista de toda la Florida. Gálvez fue premiado con el ascenso a capitán general y Acosta fue comisionado a La Habana en 1788 a 1793, con un alto cargo militar.

En mayo de 1796 se le nombró gobernador político de la provincia de Costa Rica y el 22 de julio se le concedió el Gobierno militar, en reconocimiento de los méritos que había acumulado; llegó a Cartago el 3 de enero de 1793.

En la biografía que publicó Ligia Estrada sobre la figura de Tomás de Acosta, señala que se dedicó de lleno a la administración y dice “hombre de grandes méritos, inteligente, responsable y militar pundonoroso, trató por todos los medios de elevar el nivel cultural de los habitantes”. Para ello, tomando en cuenta las limitaciones económicas de la provincia de Costa Rica, conservó la escuela de primeras letras y de gramática que eran financiadas por las congregaciones de Nuestra Señora de los Ángeles y de la Soledad. Puso su experiencia militar al servicio de los pocos soldados existentes al darles instrucciones pertinentes, con base en la experiencia que había tenido en La Habana.

Acosta es considerado dentro del grupo de buenos gobernadores que tuvo la provincia de Costa Rica durante el período colonial y es que, en efecto, se preocupó de aspectos sustanciales, y tomó decisiones que, tal vez sin proponérselo, tuvieron repercusión importante a lo largo de la posterior historia de Costa Rica. En este último aspecto, debe mencionarse, especialmente, que por su larga estadía en Cuba, se había aficionado a la diaria bebida del café, por lo que se le atribuye, por la mayoría de los historiadores que han tratado su época, el haber introducido las primeras plantas y semillas de esta mata a Costa Rica que, pocos años después, empieza a cultivarse en forma importante, al punto que llegó a convertirse en el principal producto de exportación costarricense, por más de ciento cincuenta años.

De indudable importancia fueron los informes que presentó Tomás de Acosta sobre diferentes temas de la provincia, como, por ejemplo, las costumbres funerarias, el problema de la lepra, sobre los indios tributarios, caminos, pero tiene especial importancia, el rendido en 1802, sobre la situación de la agricultura y el abasto en la Costa Rica de aquellos años, que dice así: “[...] La necesidad de granos no es menos aquí en el día que la que V. S. me indican sufren las provincias del sur desde San Miguel á Soconusco, pero mediante las providencias tomadas de acuerdo con este ayuntamiento, haciendo matar diariamente aquel número de reses que ha parecido suficiente para el abasto público y hacer superabundantes siembras de maíz, de las cuales se empieza ya á comer, aunque tierno, del que llaman chagüites, que se siembra por enero, y espero por este medio que no será la necesidad tan extrema, sin embargo de que las fuertes y continuas lluvias del año pasado perdieron las milpas, causa de la presente escasez de víveres. Los socorros, que es otra cosecha de maíz que se coge en octubre, ayudará también á sobrellevar la actual indigencia de este grano, y así cuando esté al acabar del maíz de los chagüites estará ya el de los socorros en estado de poderse comer. Las milpas, que es otra cosecha que se siembra en Abril y se coge á fin de año, son las que se siembran más abundantes y en toda la provincia, pues los chagüites y socorros no prueban bien en todas partes, como lo ha acreditado la experiencia; y hasta la presente estas tres clases de maíz tienen el mejor aspecto y prometen abundante fruto, según dicen los inteligentes agricultores. En cuanto al trigo, como aquí poco comen pan y que la harina, ya por no ser superior ya por los costos que tiene su conducción á otras provincias, no tienen salida, no se hacen de este grano abundantes cosechas, pero si la suficiente para el surtimiento de este país y alguna poca que va á Nicaragua, más por encargo que por comercio. De este grano hay dos cosechas al año, una por Febrero y otra por Agosto, y la que actualmente se está segando me aseguran es regular. Los frijoles y chícharos también se producen aquí y más de los primero por ser lo que más se consume, pues de lo segundo se hace poco aprecio, por lo cual y por que el alimento más general es el maíz, son muy cortas las cosechas de aquellos granos. Lo mismo y por la misma razón sucede con el arroz, el cual se común sentir de estos vecinos que sólo se produce en el paraje nombrado Río Grande é inmediaciones de Esparza, y efectivamente no le siembran en otra parte. Las papas sólo se cultivan en un terreno alto cerca de esta ciudad, y dicen estas gentes que en ninguno otro se producen. Éstas se cogen á principio del año en regular cantidad y se hace consumo de ellas en la cuaresma, en cuyo tiempo se llevan algunas cargas á León. En cuanto á que se hagan extemporáneas de los granos y raíces sobredichas, á más de que por la presente necesidad se carece absolutamente de semilla, dudo que pueda hacerse aquí jamás, siendo el motivo las continuas fuertes lluvias que anualmente se experimentan desde Abril ó Mayo hasta Noviembre ó Diciembre y tal vez más. Con todo, lo consultaré con lo prácticos en agricultura y si fuere posible se ejecutará...” (Fernández, 1907: 279-280).

Pero evidentemente, Tomás tuvo preocupaciones mayores con respecto a la agricultura, como fuente de riqueza provincial, y la necesidad de desarrollar aún más los cultivos existentes, y promover el desarrollo de los nuevos. Su visión de futuro en este campo quedó plasmada en el bando que publicó el 18 de junio de 1803 que al respecto dice: “... Que los que de aquí en adelante se dediquen al cultivo del cacao, café, azúcar y algodón, no paguen diezmos ni ningún derecho en el término de diez años, cuyo tiempo empezará a contar desde la primera cosecha. Y como quiera que ni los cultivadores, ni los frutos que por ahora se cosechan en esta provincia son de nueva planta, sino que siempre en ella se ha cultivado el maíz, arroz, caña, cacao, etc., se sigue por consecuencia que los frutos que hasta aquí se acostumbran cosechar, no son de los agraciados y deben pagar el diezmo y reales derechos; pero si lo serán en adelante las nuevas plantificaciones que se hagan de añil, algodón, cacao, café y el aumento que se note de la extracción de la azúcar [...]” (Estrada, 1965: 141).

Otro hecho importante durante la gobernación de Tomás de Acosta, fue su preocupación por la salud pública, especialmente en el caso de la lepra, cuyo primer caso se había detectado hacia el año 1735 en la casa de Francisco de Aguilar, como está reseñado en la biografía contenida en esta obra.

Posteriormente, a partir de 1784, hubo planes para la construcción de un lazareto, pero el más avanzado desde el punto vista médico y social, fue el de Tomás de Acosta, que inclusive, puede considerarse verdaderamente revolucionario, para los conceptos que se manejaban en aquella época, para el tratamiento de esta enfermedad. Acosta propuso la construcción de un pueblo para los enfermos y sus familias, a siete leguas de la ciudad de Cartago, levantado con el aporte de los vecinos de Cartago, villas y poblaciones circunvecinas. Para la manutención de los enfermos, el capellán y el administrador del hospital, cada cien vecinos contribuirían con una cabeza de ganado (vacuno, caballar o mular) y una fanega de distintos productos, por cada cincuenta que cosecharan de cada uno. Además, los recluidos y sus familias trabajarían en milpas de socorro y tendrían huertas y verduras, cuyo producto se distribuiría entre las familias. Equidad y solidaridad era el contenido filosófico del proyecto que, desgraciadamente, no logró concretarse a pesar de la expansión que tenía la enfermedad de Costa Rica, por la mentalidad burocrática de la Audiencia de Guatemala; pero refleja la mentalidad y altas miras de Tomás de Acosta.

No cabe duda que Tomás de Acosta ocupa un puesto destacado en la lista de gobernadores provinciales, prueba de ello es el informe que remitió un grupo de vecinos a la Audiencia de Guatemala y que dice, en una de sus partes lo siguiente: “[...] no hay quien no admire la integridad de nuestro gobernador: pues en el discurso de su mando ha manifestado las mas revelantes pruevas de ella y la apacible tranquilidad de la que hoy goza esta provincia con muchas ventajas a otros tiempos de debe a su acertado Gobierno, por lo que cuanto es mayor su donación en el que se hace más apetecible. Desde su ingreso no ha dejado de solicitar los medios de facilitar a esta provincia de su mando, la que deve graduarse por su ningún comercio... ha proporcionado el maior y más equitativo sustento, se ha visto romper montañas para hacer más tratables y comprendiosos los caminos, abrir acequias en beneficios de las tierras y poblaciones, poniendo puentes para facilitar los trancitos. Asimismo se ven establecidas escuelas públicas de primeras letras para la instrucción de la juventud aun en los barrios distantes de la ciudad para que los pobres sean participes de ellas [...] tuvo efecto la vacunación general de esta provincia concentrándose el fluido en las principales poblaciones [...] hace limosnas tanto públicas como secretas, dotadas unas y accidentadas otras que personalmente visita y medicamenta a los enfermos de todas clases que lo solicitan no solo en las ciudades sino fuera de ellas. Y por no haver botica en toda la provincia, de su peculio hace traer costosos botiquines de la Capital de este Reyno y los distribuye sin interés alguno de los enfermos, socorriendo a maior abundamiento a los necesitados de esta clase, según advierte: llegando a tanto extremo su desinterés y franqueza que cualesquiera persona que le ha pedido dinero se lo ha dado sin más interés que hacer bien; de suerte señor que se hace dudar Vuestro Gobernador qual es maior, si el acierto con que manda o el amor con que mira a sus súbditos [...]” (Estrada, 1965: 198-199).

Pero, posiblemente, la provincia de Costa Rica se hacía pequeña a sus ideales y, además, le cobraba la ausencia de sus seres queridos, esposa, hija y nietos, por lo que el 23 de agosto de 1809, una solicitud suya al Rey pidiéndole otro destino, le fue acogida y es nombrado en la gobernación de Santa Marta (Colombia), con el grado de coronel de infantería, con lo que vuelve a sus oficios militares, cosa que mucho anhelaba. Los vecinos de Cartago, al conocer del traslado trataron de evitarlo pidiendo al Rey, por conducto del Ayuntamiento que, en vez de trasladar a Tomás de Acosta, lo nombrara “gobernador perpetuo de la provincia”, solicitud que, lógicamente, fue denegada.

Acosta se trasladó a Santa Marta, donde prestará como era usual en él, valioso y distinguido servicios hasta el año de 1812, en que el virrey de Nueva Granada recibe una solicitud de Tomás, en que pide el retiro en Costa Rica, por estar viejo y achacoso; signo indiscutible de que estas tierras lo habían cautivado.

Se le concedió lo solicitado y por sus méritos, fue ascendido a brigadier con sueldo de coronel vivo de infantería, con residencia en aquella provincia, a la que se trasladó en 1813.

En Costa Rica, Tomás de Acosta se dedica a sus negocios particulares, entre ellos el préstamo de dinero.

Sus achaques por la edad se hacen cada vez más graves, al punto que, para 1815 ya sufre ceguera y, por entonces, en 1817, viendo llegar al fin de sus días, puso en manos de Juan Manuel de Cañas su juicio de residencia, en el que el 5 de marzo de 1818 se declaró que no había cargo alguno que perseguir; con lo que cerró una larga vida de servicios honrados y distinguidos.

Murió Tomás de Acosta el 25 de abril de 1821, rodeado del cariño de su esposa y del respeto de sus amigos, vecinos y sirvientes “[...] por haber sabido conservar la paz, por el progreso habido en la agricultura, por su preocupación constante en los intereses de la gobernación al querer proveer de tabaco a México y Lima; por su labor en las obras públicas; por el proyecto del lazareto; por la propagación de la vacuna y otras cosas más [...] que fue un gobernador desinteresado de probidad y justicia y que nada defraudó a la real hacienda y antes bien cuidó de la recta administración de sus caudales”.

Su biógrafa Ligia Estrada, terminó diciendo: “Los informes que rindió Tomás de Acosta constituyen un precioso legado para la historia de Costa Rica. En ellos descubrimos al hombre minucioso y ordenado, cumplidor de las leyes y asiduo velador de los intereses que le confiaron”.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General de Simancas, Exp. de Tomás de Acosta, gobernador de Costa Rica, leg. 6942.

L. Fernandez, Colección de Documentos para la Historia de Costa Rica, t. X, Barcelona, Imprenta Viuda de Luis Tasso, 1907, págs. 266-415; L. Estrada Molina, La Costa Rica de don Tomas de Acosta, San José, Editorial Costa Rica, 1965; R. Obregón Loria, De Nuestra Historia Patria (Los Gobernadores de la Colonia), San José, Universidad de Costa Rica, Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, 1979, pág. 155; G. Malavassi y P. Gutiérrez (dir.), Diccionario Biográfico de Costa Rica, San José, Universidad Autónoma de Centro América, 1993, pág. 9.

 

Óscar Aguilar Bulgarelli