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Pedro Ruiz de Azagra

Biografía

Ruiz de Azagra, Pedro. Pedro Rodríguez de Azagra (Zagra o Zafra). Señor de Albarracín (I). Navarra, p. m. s. XII – ?, 18.XI.1186. Noble, caballero.

Noble navarro hijo de Rodrigo Pérez de Azagra y Toda López, citado en los documentos como Pedro Ruiz o Rodríguez de Azagra, Zagra e incluso Zafra.

Su padre había destacado al frente de Estella y Tafalla en la década de 1140 y, junto a su hijo Pedro, tomó parte en la conquista de Baeza de 1147, liderada por Alfonso VII y en la que participó García Ramírez de Navarra. Así se explica que el Emperador donara la villa de Alcanadre a Rodrigo y, sobre todo, que él y sus hijos Pedro y Gonzalo confirmen varios privilegios de Alfonso VII y su hijo Sancho, allá por la década de 1150.

Pedro sustituyó a su padre en sus tenencias navarras entre 1157 y 1164, período en el que debió tomar contacto con Albarracín a resultas de las relaciones diplomáticas entre Sancho VI y el líder andalusí que gobernaba aquella villa. Los dominios del Rey Lobo — que así lo llamaban— se extendían por buena parte del levante peninsular y en sus filas sirvió más de un caballero cristiano. Entre ellos se hallaron los hermanos Pedro y Martín Ruiz de Azagra, motivo que justifica la cesión de Albarracín en torno a 1168, contando con la connivencia de castellanos, aragoneses y navarros. Alfonso VIII, no tardó en atraer al noble, lo recibió en su Corte, lo hizo su vasallo y le otorgó posesiones en Castilla. Además, el arzobispo toledano lo apoyó en esta empresa, deseoso de ampliar su ámbito jurisdiccional con la instauración en Albarracín de un obispado sufragáneo de la Sede Primada. Por contra, Alfonso II de Aragón hizo cuanto pudo para anexionarse Albarracín y situarla bajo la jurisdicción eclesiástica de Zaragoza, aunque ni sus gestiones ni la intervención del Pontificado frenaron las aspiraciones de la mitra toledana, que nombró un titular para esta diócesis.

Su relación con Alfonso VIII se enturbió a fines de 1169, asunto en el que debieron de influir los ataques navarros y la consiguiente respuesta de las tropas castellanas. Si Gonzalo Ruiz de Azagra decidió permanecer en la Corte alfonsí, Pedro lo abandonó y acudió junto a Sancho VI de Navarra, quien le concedió de nuevo la tenencia de Estella. La paz firmada en 1170, que implicaba igualmente a Aragón, propició la presencia de Pedro Ruiz de Azagra en las bodas de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, hasta que la muerte del Rey Lobo deshizo aquel mapa político.

Castellanos y aragoneses se propusieron acabar con la autonomía de Albarracín en 1172, mientras que Pedro mantuvo su dependencia del monarca navarro, donde aún conservaba la tenencia de Estella y obtuvo la de Tudela. Alfonso VIII y Alfonso II atacaron este Reino, aunque la ruptura entre ambos facilitó el entendimiento entre Pedro Ruiz de Azagra y el monarca aragonés, que renunció, de momento, a la anexión de Albarracín (1174). La paz con este rey permitió a Pedro expandir sus dominios hacia el sur, pues incorporó Cañete, Huélamo y Monteagudo, asunto que no debió de agradar a Alfonso VIII, pero que contó con la complacencia del arzobispo toledano, que veía con buenas miras la afirmación territorial de su nueva sede sufragánea de Albarracín.

Sea como fuere, las relaciones con este soberano mejoraron a partir de 1176, en el marco de las negociaciones castellano-navarras. Por eso Pedro confirmó en los diplomas alfonsíes de aquellos años y participó en la conquista de Cuenca, aunque a su término prefirió marchar junto a Alfonso II, que le otorgó la tenencia de Daroca en 1177. Por eso no sorprende que en este año, coincidiendo con una campaña de Alfonso II contra el Reino de Murcia, el Azagra efectuara incursiones militares por tierras valencianas, tomando posesión de algunas plazas para sí y para el obispo albarracino, conquistas que se perdieron poco después. Es posible que por entonces ostentara algunas tenencias navarras, como la de Artajona y Mendigorría, aunque, como ocurre en el caso de Nájera, pudiera tratarse de otro personaje. En cualquier caso, renunció a sus posesiones navarras en favor de su hermano Fernando, paso previo a su retorno a la Corte de Alfonso VIII. Desde 1178 militó en las filas del castellano y participó bajo su obediencia en las negociaciones con los Reinos de Aragón y Navarra. Sin embargo, la situación cambió en 1184: Alfonso VIII y su homólogo aragonés decidieron acabar con la autonomía de Albarracín y Pedro se vio obligado a abandonar la Corte castellana. Fue entonces cuando perdió sus propiedades castellanas y en enero de 1186 vio como ambos Reyes pactaban la anexión aragonesa de aquel señorío. Pese a esta actitud, a los pocos meses se logró el entendimiento y ambos Monarcas reconocieron la independencia de Albarracín, justo cuando se avecinaba la muerte de su señor.

Pedro había casado con Toda Pérez, hija del navarro Pedro de Arazuri. Su matrimonio fue una consecuencia de su aproximación a Castilla, reino en el que se había instalado su suegro, mientras que la única hija del Azagra, Toda Pérez, casó con el poderoso Diego López de Haro II. Seguramente éste fue uno de los condicionantes de la última ruptura con el monarca castellano, pues este rey debió de suponer que, al haber fallecido el inicial heredero, Sancho Pérez, su hermana Toda y su esposo Diego pasarían a controlar Albarracín, subordinándose a los intereses castellanos.

Esta expectativa se truncó cuando Pedro nombró heredero a Fernando Ruiz de Azagra, quien gozaba de la simpatía aragonesa.

 

Bibl.: L. de Salazar y Castro, Historia Genealógica de la Casa de Lara, Madrid, Imprenta Real, 1696 (ed. facs., Bilbao, Wilsen, 1988); R. Menéndez Pidal (ed.), Primera Crónica General de España, Madrid, Gredos, 1955; M. Almagro, Historia de Albarracín y su sierra, Teruel, Diputación Provincial, Instituto de Estudios Turolenses, 1959-1964; J. González González, El Reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, Madrid, Escuela de Estudios Medievales, 1960; J. Zurita, Anales de la Corona de Aragón, ed. A. Canellas López, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1967-1970; A. Ubieto Arteta, Los “tenentes en Aragón y Navarra en los siglos XI y XII, Valencia, Anubar, 1973; VV. AA., “Jaime I y su época”, en X Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Zaragoza, Institución Fernando el Católico-Diputación Provincial, 1980; J. de Moret, Anales del reino de Navarra, ed. dir., anotada e índices de S. Herreros Lopetegui, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, Institución Príncipe de Viana, 1988-1990; A. I. Sánchez Casabón (ed.), Alfonso II rey de Aragón, conde de Barcelona y marqués de Provenza. Documentos (1162-1196), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1995; A. Sánchez de Mora, La nobleza castellana en la Plena Edad Media: El linaje de Lara, tesis doctoral, Sevilla, Universidad, 2006.

 

Antonio Sánchez de Mora