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Cayetano Ramo Parrilla

Biografía

Ramo Parrilla, Cayetano. Lechago (Teruel), 16.IX.1713 – Zaragoza, 3.VII.1795. Escolapio (SChP), catequista, pedagogo, general de las Escuelas Pías.

Terminados sus estudios primarios en la escuelita de Lechago, ingresó en el noviciado escolapio de Tramacastilla (Teruel) el 3 de marzo de 1729. Profesó en Barbastro el 16 de julio de 1730 y siete años más tarde recibió la ordenación sacerdotal. En estos años de formación le acompañaron tres escolapios insignes: Ignacio Cistué, antiguo militar y ahora rector de Tramacastilla, José Vidal, su maestro de novicios con fama de santo, y el padre Ambrosio Lasala, hombre experto en humanidades y teología, que dejaría huella en la personalidad de su discípulo. Entre 1737 y 1740, regentó el padre Ramo la Cátedra de Filosofía, abierta en el Colegio de Barbastro para clérigos escolapios y alumnos seglares. En 1740 es nombrado rector del Colegio de Alcañiz, sustituyendo al sabio filólogo Agustín Paúl. Durante los once años de su rectorado creció su prestigio personal y acrecentó el del colegio. La ciudad le encargó en 1747 la oración fúnebre en memoria de Felipe V. Le queda por delante una carrera brillante: rector del Colegio de Madrid en 1751, rector del Colegio de Zaragoza durante dos períodos (1752-1757 y 1760-1768), provincial de Aragón otros dos períodos (1757-1760 y 1769-1772) y durante doce años (1772-1784) general de la Orden.

Llegó a Zaragoza, porque al morir el padre Antonio Porquet, autor de la Schola Pia Aristotelico-Thomista, no encontraron en Roma mejor sustituto que el padre Ramo, valorado ya como hombre de gobierno y buen predicador. Lo del gobierno está a la vista y como predicador se había lucido en Alcañiz, Madrid y Zaragoza, donde había predicado la Cuaresma en la parroquia de San Pablo en 1748 y va a predicar el Adviento en el Pilar en 1753. Defendió como rector los derechos de libertad de enseñanza, escribió su Catecismo y organizó las solemnes fiestas con que honraron el colegio y la ciudad la canonización de San José de Calasanz en 1767. Crónica del homenaje y las fiestas fue la Relación encomiástica, impresa pocos meses después.

Pero, sin duda, su obra principal fue la publicación del catecismo que lleva su nombre. Vio que trabajaban los maestros con multitud de catecismos manuscritos, superado ya el Ledesma, usado corrientemente en Aragón. Intentó superar esa anarquía y enseñanza dispersa, y uniendo teología con experiencia pedagógica, preparó dos textos, uno más amplio —Explicación— para los maestros y otro más reducido —Compendio— para memorizar los alumnos.

“A expensas del Santo Hospital se hizo una impresión el año 1759 de tres mil ejemplares”, escribió más tarde el autor. Tuvo el catecismo gran aceptación y se extendió pronto por toda España. Un malhadado episodio, promovido en 1786 por el ex-jesuita Joaquín Moles, seguido de un decreto del cardenal Lorenzana, limitó su horizonte, cuando Antonio Jorge y Galván, arzobispo de Granada, lo recomienda para su diócesis. Pero en Aragón se ha seguido imprimiendo y estudiando hasta 1948. ¿Cuántos ejemplares se han editado en estos tres siglos? En los primeros quince años “se vendieron más de 30.000”, asegura de nuevo el autor. Vicente Faubell ha catalogado cuarenta ediciones en Zaragoza, Madrid, Pamplona, Valencia, Valladolid, París-México. Pero son muchas más: sólo en Zaragoza doce durante los siglos XVIII y XIX. Pero ha editado en otras ciudades, Huesca, por ejemplo, y Manila. Y otros autores han aprovechado la calidad del Catecismo para hacer por su cuenta ediciones particulares: Basilio Sancho en Manila, Inocente Palacios en Madrid, Práxedes Alonso en Zaragoza... El Catecismo, que ha sido durante tres siglos el pan de la cultura espiritual de los niños y jóvenes de Aragón, ha recibido, a lo largo del tiempo, juicios favorables. Cito únicamente tres ejemplos: Vicente de la Fuente, después de colocarlo por encima de los catecismos de Astete y Ripalda, afirma que “este Catecismo ha servido de doctrina sinodal por muchos años en casi todas las diócesis de la Corona de Aragón”. Mariano Burriel, en su trabajo sobre escritores y libros de Teruel, confiesa que en “este famoso Catecismo aprendimos a ser cristianos la mayor parte de los turolenses”; y ya en nuestros días, Luis Resines, autoridad indiscutible en estudios catequéticos, escribe: “El contenido del Catecismo es muy denso; buscaba la seguridad desde el punto de vista teológico y, además, procuraba que no faltase absolutamente nada”.

En los años de su provincialato representó a su demarcación en tres capítulos generales, celebrados en Roma. Pero, sobre todo, promovió los estudios de los jóvenes religiosos e impulsó en los colegios métodos didácticos que asegurasen una verdadera calidad de enseñanza. Seleccionó textos, atendiendo a la pureza de dicción, y los enriqueció con notas críticas y aclaratorias para el volumen de Autores Latinos, que servía de modelo de traducción en las escuelas. Se trata de una colección de autores clásicos —Séneca, Cicerón, César, Horacio, Virgilio...— que venían reemplazando con éxito en los colegios aragoneses a los superados autores eclesiásticos. En la misma línea, prologó en 1771 y mandó observar a todos los maestros de su provincia el Método Uniforme de enseñanza, que había aprobado seis años antes el capítulo provincial.

El 2 de mayo de 1772 fue elegido general de las Escuelas Pías. Al nuevo general lo califica el historiador Leodegario Picanyol “decoro insigne de toda la Religión” y el padre Llanas llama al período de su gobierno “la edad de oro de las Escuelas Pías” y sigue diciendo: “Jamás tuvo el Pío Instituto, desde la muerte del Santo Fundador, un General más amado, respetado y prestigioso”. Tampoco nunca la Orden había llegado a mayor extensión territorial, a mayor número de religiosos y a mejor organización comunitaria y pedagógica. Carlos III felicitó al nuevo general.

Pío VI le nombró en 1776 examinador de obispos sin otra recomendación que su sabiduría”. Y él, por su parte, aprovechó el tiempo que le dejaban libres sus tareas de gobierno para preparar el texto crítico de las Constituciones escritas por San José de Calasanz. Se había intentado antes varias veces, pero lo que no lograron muchos lo consiguió uno solo, trabajando con método, constancia y un amor sin límites a la Orden y a su fundador.

Vuelto a Zaragoza, fue para la ciudad punto obligado de referencia. Escribió la Defensa pacífica de su Catecismo, y vivió sus últimos años, como auténtico escolapio: “Octogenario, escribe el padre Llanas, acompañaba a los niños por las calles, y cada día tomaba las lecciones y explicaba los rudimentos de la fe a una sección de niños pequeños”.

 

Obras de ~: Noticias de las Escuelas Pías de España desde 1739 hasta 1790, ms. en Archivo Provincial de las Escuelas Pías de Aragón (APEPA); Oración fúnebre que en las reales exequias que la Muy Noble y Leal Ciudad de Alcañiz celebró a la feliz memoria de su Rey y Señor Don Felipe V el Animoso, Zaragoza, 1747; Oración panegírica que, en los solemnes cultos que a su protectora y patrona Santa Bárbara, virgen y mártir, obsequió el muy ilustre cuerpo de Artillería, Zaragoza, 1755; Explicación de la Doctrina Cristiana según el método con que la enseñan los Padres de las Escuelas Pías a los niños que frecuentan sus escuelas. Dispuesto en forma de diálogo entre Maestro y Discípulo, Zaragoza, 1759; Compendio de la Doctrina Cristiana, s. f.; Relación encomiástica de la demostración festiva con que el Colegio de las Escuelas Pías de Zaragoza festejó a su glorioso Patriarca San José de Calasanz con motivo de su solemne canonización, Zaragoza, 1767; Novena al insigne Patriarca aragonés San José de Calasanz de la Madre de Dios, fundador de las Escuelas Pías, Zaragoza, 1768 (2.ª ed. Madrid, 1863); Método Uniforme para las escuelas Pías de Aragón, Zaragoza, 1771; Constitutiones Religionis Clericorum Regularium Pauperum Matris Dei Scholarum Piarum, cum notis et additionibus ex Litteris Apostolicis et Decretis Capitulorum Generalium. Accedunt Regulae Communes, Ritus particulares et Canone poenales, Roma, Zempel, 1781 (Budapest, Kolocsa, 1792; Barcelona, Suria, 1793; Roma, Contedini, 1826, Madrid, Núñez, 1833); Defensa pacífica del cathecismo, o explicación de la doctrina christiana que usan los PP .de las Escuelas Pías, Zaragoza 1791 (APEPA, ms.).

 

Bibl.: F. Latassa, Biblioteca de autores aragoneses, t. III, Zaragoza, Calisto Ariño, 1886-1888, pág. 23; E. Llanas, Ecolapios insignes, t. IV, Madrid, Imprenta San Francisco, 1899, págs. 205-219; T. Viñas, Index bio-bibliographicus ecriptorum Scholarum Piarum, t. III, Roma, Tipografía Vaticana, 1911, págs. 113-115. V. Caballero, “Un catequista ilustre del siglo XVIII, Rmo. Padre Cayetano Ramo de San Juan Bautista”, en Revista Calasancia, I (1913), págs. 681-699; “Dos Escolapios insignes de Lechago”, en Revista Calasancia, 105 (1921), págs. 277-284: A. Clavero, Historia de las Escuelas Pías de Aragón, t. IV, Zaragoza, 1947 (ms.), págs. 86-137; J. Lecea, Las Escuelas Pías de Aragón en el siglo XVIII, Madrid, Publicaciones ICCE, 1972, págs. 341-344; V. Faubell Zapata, Acción educativa de los Escolapios en España (1733-1845), Madrid, Fundación Santa María, 1987, págs. 427-435; L. Resines, “Cayetano Ramo, el deseo de una formación exquisita”, en Proyecto Catequista, 66 (1993); D. Cueva, Las Escuelas Pías de Aragón, t. I, Zaragoza, Gráficas Navarro, 1999, págs. 143-166 y 193-197.

 

Dionisio Cueva González, SChP

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