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Salvador Albacete y Albert

Biografía

Albacete y Albert, Salvador. Cartagena (Murcia), 4.XII.1827 – Madrid, 4.VIII.1890. Jurisconsulto, político, gobernador del Banco de España.

Hijo de Fulgencio Albacete y de María del Rosario Albert, naturales ambos de Cartagena, Salvador Albacete nació en 1827. Siguiendo los pasos de su padre, en 1837 ingresó en el Cuerpo Administrativo de la Armada como oficial. En él permaneció dieciséis años y ocupó diversos destinos, en Ferrol, Cartagena y Madrid.

Albacete estudió Derecho y desde un modesto empleo en la Administración, gracias a su esfuerzo y tesón, llegó a adquirir la posición de consejero de la Corona.

Adscrito a la División de Operaciones del Mediterráneo, formó parte de la expedición que España envió a Italia, al mando del general Fernández de Córdoba. Albacete se ocupó de conducir a Nápoles y Gaeta los caudales que para la citada división se entregaban en Barcelona. Por letras apostólicas del papa Pío IX, dadas en Nápoles a finales de 1849, fue condecorado con la Cruz de Caballero de la Orden Militar Romana Constantiniana de la Milicia de Oro y de San Silvestre y con la medalla de distinción concedida a los cuatro ejércitos coaligados en Italia.

En diciembre de 1849 se estableció definitivamente en Madrid, donde ya había servido en la Intervención General de Marina en 1840. Después de estudiar Contabilidad por partida doble, en 1850 fue destinado a la Intervención Central de Marina y, más tarde, a la Sección Tercera del Almirantazgo.

Se incorporó entonces al Partido Moderado y en noviembre de 1856 fue nombrado auxiliar de la clase primera de la Sección de Guerra y Marina del Consejo Real y, en 1860, oficial mayor de la Sección de Gobernación y Fomento del Consejo de Estado. En febrero de 1864 se incorporó al recién creado Ministerio de Ultramar como jefe de la Sección de Contabilidad.

Reconociendo sus méritos, en junio de 1865, a su paso por el Ministerio de Ultramar, Antonio Cánovas del Castillo le designó director general de Hacienda. Cuando en julio de 1866 se formó un nuevo gabinete presidido por Narváez, Alejandro de Castro ocupó la cartera de Ultramar y nombró a Albacete subsecretario, puesto que siguió ocupando cuando Carlos Marfori sucedió a Castro en el ministerio.

Cuando Marfori fue designado intendente de Palacio, en junio de 1868, se llevó a Albacete a la Secretaría.

Salvador Albacete fue de los pocos personajes que, como Marfori, permanecieron fieles a la Familia Real tras el estallido de la Revolución. Acompañaron a la destronada Isabel II en su destierro en París, donde murieron dos de los hijos. Albacete actuó como abogado defensor de la Reina y fue su secretario personal.

Como tal, estaba presente en el Palacio Basilewski el 25 de junio de 1870 y figuró entre quienes firmaron el acta de abdicación de la soberana.

Restaurada la Monarquía, puso fin a su exilio, regresó a España y se afilió al Partido Conservador, que no tardó en recompensar los servicios prestados por aquel viejo moderado y en reconocer sus méritos como jurista: en enero de 1876 Cánovas le nombró fiscal de lo contencioso del Consejo de Estado; en julio de 1878, consejero de Estado, y, en octubre de aquel mismo año, fiscal del Tribunal Supremo, puesto al que renunció cuando en 1883 ocupó una cartera ministerial. Además de político, Albacete fue un reconocido jurista. Como miembro de la Sección Primera de la Comisión de Códigos, desde 1881, y como presidente de la Comisión del Congreso que en 1889 dictaminó sobre el proyecto de ley de bases del Código Civil, Albacete colaboró activamente en la ambiciosa tarea de codificación emprendida por los liberales durante la Restauración.

Su carrera parlamentaria comenzó en enero de 1876, cuando fue elegido representante por Arecibo, un distrito de la dócil circunscripción de Puerto Rico, por donde volvió a encasillársele en 1879. En esta ocasión optó por el distrito de Cartagena, en el que su candidatura era de mayor arraigo. Cartagena volvió a elegirle diputado en 1881 y senador en 1884. Dicen sus biógrafos que Albacete era de aquellos oradores que exponían una idea o un dato interesante en cada párrafo; que era un hombre de palabra segura y reposada, más atenta al fondo que a la forma oratoria.

Cuando en marzo de 1879 Cánovas del Castillo abandonó la Presidencia del Consejo de Ministros y cedió el poder al general Martínez Campos, Albacete ocupó la cartera de Ultramar. No carecía de experiencia, pues había sido subsecretario del Ministerio antes de la Revolución. Además, como representante por Puerto Rico, había intervenido en las Cortes de 1878 y solicitado la reducción de los derechos arancelarios que los azúcares antillanos adeudaban a su importación en la Península. Con el concurso de Albacete, el pacificador de Cuba intentó cumplir los compromisos que había adquirido con los cubanos en la Paz del Zanjón. Albacete se propuso introducir en Cuba importantes reformas fiscales y arancelarias. Con el fin de asesorarse, aquel verano reunió en Madrid una comisión de reformas. Luego presentó en las Cortes diversos proyectos de ley, entre otros uno de abolición inmediata de la esclavitud. Sus proyectos despertaron ciertas simpatías entre los liberales cubanos, pero ante los tenaces ataques del sector canovista del Partido Conservador, de los que el ministro se defendió con energía en diversos discursos parlamentarios, el gabinete se precipitó el 9 de diciembre de 1879. A partir de entonces, Albacete se distanció del grupo conservador y vivió alejado de la política. Su gestión dejó simpatías en la isla de Cuba, que lo eligió diputado por la circunscripción de La Habana en las elecciones generales de 1886.

Albacete pertenecía a la escuela librecambista moderada, cuyas ideas defendió en el Parlamento y en la Junta de Aranceles y Valoraciones, de la que fue vocal desde 1877. Su competencia en materia comercial y tributaria fue reconocida por los liberales: en abril de 1881 Sagasta le nombró vicepresidente de dicha Junta. Como librecambista prestó su apoyo a Juan Francisco Camacho, el ministro de Hacienda del primer gabinete liberal de la Restauración. Siguiendo sus instrucciones, Albacete se desplazó a París y negoció un tratado comercial con Francia, firmado el 6 de febrero de 1882. Posteriormente defendió la política del gabinete fusionista contra los ataques de sus correligionarios conservadores y de los industriales catalanes, señalando las ventajas que el tratado representaba para España y, en particular, para los cosecheros de vino, un producto significativamente favorecido en el tratado.

El apoyo prestado a la política económica de Camacho acentuó el distanciamiento de sus correligionarios.

Pese a ello, dada su competencia en materia arancelaria y comercial, Cánovas del Castillo le confió poco después la negociación del tratado comercial entre Cuba y Puerto Rico con los Estados Unidos, nombrándole plenipotenciario especial el 4 de agosto de 1884. Tras arduas negociaciones con John W. Foster, el ministro de Estados Unidos en Madrid, el tratado se firmó el 18 de diciembre. Mejoraba las exportaciones de los azúcares cubanos al mercado norteamericano, pero no llegó a entrar en vigor por falta de ratificación del Senado de Estados Unidos.

Cánovas premiaba los servicios del leal moderado y reconocía su experiencia y capacidad nombrándole gobernador del Banco de España el 11 de febrero de 1885. Tras su llegada al poder en noviembre de aquel año, Sagasta le mantuvo en su puesto, de modo que su gestión al frente del instituto emisor fue de las más largas del período, superando los cinco años. Durante su mandato, el Banco modificó sus estatutos, concu rrió a la subasta del arrendamiento de la renta de tabacos y promovió la creación de la Compañía Arrendataria de Tabacos (junio de 1887), a la que el Banco traspasó el arriendo y de la que conservó la mitad del capital. Al mismo tiempo, el Banco se hizo cargo del servicio de la Tesorería del Estado y de la deuda flotante del Tesoro, tras negociaciones con el ministro de Hacienda López Puigcerver.

Siendo aún gobernador del Banco, falleció el 4 de agosto de 1890 en su domicilio de la madrileña calle de la Cruz, donde Albacete, un hombre cultísimo además de eximio artista (tocaba el violín y el violonchelo maravillosamente), daba hermosos conciertos semanales, en los que le acompañaban Monasterio, Guelbenzu, Lestran y otros virtuosos. Había contraído matrimonio el 21 de junio de 1856 con Adelaida Gil y del Rey, hija de Antonio Gil de Zárate, el célebre académico y consejero. Del matrimonio nacieron siete hijos, de los que sólo tres le sobrevivieron. Miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas desde el 1 de junio de 1886, había obtenido la Cruz de Carlos III, el gran cordón de la Legión de Honor y la llave de gentilhombre de Cámara. Testó en Madrid ante el notario José García Lastra el 27 de julio de 1887.

 

Obras de ~: Documentos de la Comisión creada por Real Decreto de 15 de agosto de 1879: Para informar al gobierno acerca de los proyectos de ley que habrán de someterse a las Cortes, Madrid, Imprenta Nacional, 1879; Discurso del Excmo. Sr. D. Salvador de Albacete pronunciado en el Congreso de los Diputados el día 21 de abril de 1882, con motivo de la discusión del tratado de comercio entre España y Francia, firmado en París el 6 de febrero de 1882, Madrid, Imprenta de la Viuda e Hijos de A. J. García, 1882; Código de Comercio, precedido de un prólogo del Excmo. Sr. D. Salvador Albacete, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Pedro Núñez, 1885-1886, 2 vols.; Discurso pronunciado por el Sr. D. Salvador Albacete en las sesiones del Congreso sobre las reformas de Cuba, Madrid, Pérez de Montoya, s. f.

 

Fuentes y bibl.: Archivo del Consejo de Estado, leg. 17, exp. 1; Archivo de la Dirección General de Costes de Personal y Pensiones Públicas, n.º 1685/33; Archivo del Senado, sign. HIS-0010-08; Archivo de Protocolos Notariales, leg. 35.964, fols. 5963-5967; Archivo Histórico Nacional (AHN), Magistrados, 4261, exp. 255.

P. E. de Tébar y J. de Olmedo, Las segundas Cortes de la Restauración. Semblanzas parlamentarias. Congreso de los Diputados, Madrid, Imprenta de Manuel G. G. Hernández, 1879, págs. 331-332; M. Sánchez Ortiz y F. Berástegui, Las primeras Cámaras de la Regencia. Datos electorales, estadísticos y biográficos, Madrid, Imprenta de Enrique Rubiños, 1887, págs. 528-529; “La política del Sr. Albacete”, en Gaceta de la Banca, año III, 92 (1889), págs. 159-160; “Muerte de don Salvador Albacete”, en La Época, 5.VIII.1890; “Salvador Albacete”, en El Liberal, 5 de agosto de 1890; La Ilustración Española y Americana, año XXXIV (1890), vol. II, n.º XXIX, pág. 66; “La política del Sr. Albacete”, en El Economista, año V, 223 (1890), pág. 367; J. Bécker, Historia de las relaciones exteriores de España durante el siglo XIX (Apuntes para una Historia diplomática), Madrid, Editorial Voluntad, 1926, vol. III, págs. 383-393 y 552-556; Marqués de Lema, De la Revolución a la Restauración, Madrid, Voluntad, 1927, vol. I, pág. 307; A. M. Fabié, Cánovas del Castillo. Su juventud. Su edad madura. Su vejez, Barcelona, Gustavo Gili, 1928, pág. 123; D. Mateo del Peral, “Aproximación a un estudio sociológico de las autoridades económicas en España (1868-1915)”, en G. Tortella (dir.), La Banca Española en la Restauración. I, Política y Finanzas, vol. I, Madrid, Banco de España, 1974, pág. 83; J. M. Serrano Sanz, El viraje proteccionista en la Restauración. La política comercial española, 1875-1895, Madrid, Siglo XXI, 1987, págs. 8, 52 y 15; C. Rogel y C. Vitier, Manuel Alonso Martínez, vida y obra, Tecnos-Caja de Ahorros-Marcial Pons, 1991, págs. 385, 387, 399 y 519; F. Comín Comín y P. Martín Aceña, Tabacalera y el Estanco del tabaco en España, 1636-1998, Madrid, Fundación Tabacalera, 1999, págs. 103- 104; I. Roldán de Montaud, La Restauración en Cuba. El fracaso de un proceso reformista, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2001, págs. 172, 176-199, 315- 316, 345-347 y 404-405; F. de Alós y Merry del Val y J. L. Sampedro Escolar, 150 años del Ministerio de Fomento. Ministros de 1851 a 2001, Madrid, Ministerio de Fomento, 2001, págs. 104-105.

 

Inés Roldán de Montaud

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