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Sebastián Mendiburu

Biografía

Mendiburu, Sebastián. Oyarzun (Guipúzcoa), 2.IX.1708 – Bolonia (Italia), 14.VII.1782. Jesuita (SI) expulso, profesor, predicador y escritor en eusquera.

Eran sus padres Manuel de Mendiburu y María Juan de Olano, “de noble familia” (Hervás). El 5 de septiembre de 1708 fue bautizado Sebastián Manuel de Mendiburu y Olano en la iglesia parroquial de San Esteban de Oyarzun. El 6 de julio de 1715 se le confirmó en la misma iglesia de San Esteban, a la edad de siete años. Ingresó en la Compañía el 5 de septiembre de 1725 en el noviciado de Villagarcía de Campos (Valladolid), con diecisiete años. De 1725 a 1727 estudió en dicho noviciado y en el de San Ambrosio de la misma provincia. “En el noviciado se mostró a los jóvenes ejemplar de perfección en la que creció visiblemente por toda su vida en sus diferentes estados y empleos” (Hervás). El 6 de septiembre de 1727 hizo sus primeros votos en Villagarcía (diecinueve años). Durante el año de 1728 dio clases de Gramática en Burgos (veinte años). Entre 1729 y 1731 estudió en Medina del Campo tres años de Filosofía. En el período de 1732 a 1735 realizó los cuatro cursos de Teología en la Universidad de Salamanca, donde fue consagrado sacerdote el 7 de noviembre de 1734 (veintiséis años). En 1736 terminó en Valladolid su formación y desde 1737 a 1767 (treinta años), se dedicó a la docencia en Pamplona, menos un año de labor pastoral en Loyola (1745-1746), donde convivió con Manuel Larramendi y Agustín de Cardaveraz. En Pamplona emitió los últimos votos el 2 de febrero de 1743. Allí se inició dando Gramática a los niños y después fue durante dieciocho años profesor de Gramática, Filosofía y Teología en el Colegio de la Anunciada y, más tarde, director de las congregaciones del colegio y misionero popular.

Recorrió en “misiones de verano” prácticamente todas las poblaciones de Guipúzcoa y Navarra, predicando frecuentemente en eusquera en la iglesia de San Fermín de Pamplona, frecuentada por criados y criadas que no conocían otra lengua. Apóstol del Sagrado Corazón de Jesús, erigió congregaciones y cofradías en casi todos los pueblos que misionó, siendo autor de las reglas de varias de dichas asociaciones piadosas.

En 1745 misionó en su pueblo natal de Oyarzun (treinta y siete años). En 1746 fundó en Deba la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús. Al año siguiente misionó en Villafranca.

En la primavera de 1767, Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de España y Mendiburu siguió la suerte de sus hermanos en el destierro en Calvi (Córcega) y después en Bolonia. El decreto de expulsión lo sorprendió en el Colegio de Pamplona, cuando tenía entre manos la fundación de una casa de ejercicios y un seminario de nobles y cuando contaba ya con cincuenta y nueve años. Fue llevado preso a Guipúzcoa y embarcado en San Sebastián con destino a Italia. Desde el otoño de 1768, el Papa le autorizó a trasladarse a los estados pontificios (Bolonia y Ferrara). Según Luengo, durante los quince años de destierro casi no salía de casa y siempre aspiró a volver a la predicación misionera, dedicando el tiempo a coleccionar estampas, medallas, rosarios, relicarios y otras alhajuelas piadosas, de manera que gastaba gran parte de su pequeña pensión en ello, y dejó al morir dos grandes baúles llenos de estas cosas. Su última enfermedad fue bastante larga y penosa. Falleció en el destierro de Bolonia a los setenta y cuatro años.

Su recuerdo ha perdurado siempre entre los vascos, como lo demuestra el hecho de que el Ayuntamiento de Oyarzun organizara un programa de fiestas en conmemoración del centenario del fallecimiento de su hijo predilecto en julio de 1882, incluyendo un certamen literario y otro artístico, concurso al que, entre otros, se presentaron Pedro Miguel de Urruzuno, Manuel A. de Antía, Felipe de Arrese y Beitia, José Manterola y Antonio Arzak. El 6 de julio de 1922 se inauguró en Oyarzun una estatua sedente en su honor.

Es el autor más destacado del siglo xviii entre los que escribieron en lengua vasca. Hervás reseña tres impresos y siete manuscritos, todos en eusquera, salvo uno en latín, redactados antes de la expulsión, muchos de cuyos manuscritos “quedaron en el colegio jesuítico de Pamplona”. Sus obras versan sobre la devoción al Corazón de Jesús, exhortaciones morales y lecturas en vasco. Además, tradujo al eusquera el Catecismo del padre Gaspar Astete. Hervás interrelaciona las dos facetas de la personalidad de Mendiburu, la misionera y la lingüística: “Determinado a emplear en el ministerio apostólico todo el tiempo que de sus ocupaciones piadosas y literarias le quedaba libre en el colegio, se aplicó con el mayor empeño a perfeccionarse en el idioma vascuence para la mejor instrucción de los guipuzcoanos y navarros de países [pueblos] pequeños. Logró hablar con perfección los tres dialectos del dicho idioma y escribir en ellos con la mayor propiedad y elegancia; por lo que justamente era llamado el Cicerón vascuence. Su celo por la salvación de las almas le hacía no descansar tiempo alguno en todo el año, empleando en las misiones, cuando era maestro, los meses de vacaciones.

No salía jamás de su aposento sino por obediencia o para algún ministerio apostólico”. Más adelante habla de las cualidades morales: “Su modestia y compostura eran angelicales. Desterrado a Italia, vivió en ella como en el más remoto desierto, siempre en meditación y lección sagrada. Sus confesores juzgaron que no había perdido la gracia bautismal”. Concreta que está enterrado en la parroquia de San Nicolás, de la calle de San Félix de Bolonia, y finaliza hablando de su piedad y de la “pureza y elocuencia en el vascuence” de sus manuscritos.

Si Hervás destaca su faceta lingüística, Luengo se fija en la misionera, pues el padre Mendiburu daba el perfil casi perfecto: “Tenía este P. Mendiburu todas las partes que forman un gran misionero apostólico y a propósito para hacer mucho fruto en los pueblos con sus misiones. No le faltaba prenda alguna de las naturales: presencia, voz, buen modo de decir y otras que ayudan a formar un buen predicador, y él lo era en los dos idiomas, español y vascongado, y acaso más en éste que en el otro. Y de cierto yo he oído a varios, que le entienden, que era propiamente un Tulio en los sermones en la lengua vascongada. Tenía toda la ciencia necesaria para este ministro: celo, laboriosidad y cierto fuego, intrepidez y valentía, que se requieren en estos asaltos y batallas espirituales; y lo que más importa, y aún estoy por decir que casi basta para formar un buen misionero, era un hombre santo, de vida ejemplarísima e irreprensible y austerísima, de mucha oración, humilde, sufrido y adornado de aquellas virtudes que ayudan para conciliarle la estimación de las gentes”.

Luengo, aun reconociéndole una virtud y santidad extraordinaria, deja entrever un carácter difícil y cierta testarudez en el padre Mendiburu: “Es verdad que un aire de singularidad en su conducta, alguna particular adhesión a su juicio y cierta aspereza y acrimonia de celo respecto de los de casa, queriendo que todos siguiesen sus máximas de rigor y austeridad, deslustraban alguna cosa a los ojos de muchos su virtud, por lo demás heroica. Pero también es razón advertir que, antes de su muerte, se corrigió del todo de esta falta o imperfección”.

Como auténtico jesuita, de la lectura de sus libros se desprende una visión de la rancia moral de la época, según la cual arremete, por ejemplo, contra las danzas y fiestas populares de su tiempo, al igual que lo hicieran otros famosos oradores contemporáneos.

Tellechea analiza las Reglas de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Deba, fundada por Mendiburu, y observa que el “conocido rigorismo del P. Mendiburu” y su espiritualidad “giran sobre dos goznes: Amor a Cristo, fuerza que ha de mover más que todas las reglas, y el espíritu de reparación y penitencia”. Se trata de una forma religiosa inspirada en el amor a Cristo más que en el temor; y en prácticas que van más allá de los meros Novísimos y postrimerías del hombre, rebasando el puro conformismo religioso y la penuria de profunda instrucción cristiana, “al conducir al pueblo hacia una piedad personal y eficaz, capaz de imprimir un sello duradero a su religiosidad”.

Pero aparte de las controversias morales de aquellos tiempos, hay que señalar que Mendiburu, como discípulo aventajado del padre Larramendi, introdujo el uso sistemático del eusquera en sus “predicaciones de pluma”, contribuyendo sobremanera a su difusión y revalorización, con el mérito añadido de ser, sin duda, el que más cuidado puso en depurar el léxico del eusquera entre los jesuitas vascófilos del siglo xviii (Larramendi, Cardaveraz...). Era Mendiburu de una erudición fuera de serie. Cuidaba sus trabajos y actuaciones con meticulosidad, de manera que cuando predicaba por la noche gustaba de tener perfectamente iluminado el púlpito al objeto de que, además de oírsele, se le viera perfectamente.

 

Obras de ~: Jesusen Compañiaco A. Sebastian Mendiburuc euscaraz eracusten duen Jesusen Bihotzaren levocioa (Devoción al Corazón de Jesús), San Sebastián, 1747; Instrucción y Reglas de la Congregación de San Luis Gonzaga, Pamplona, 1751; Jesusen amore-nequeei dagozten cembait otoitzgai (Oraciones sobre los gozos y dolores de Jesús), Pamplona, 1760; Euscaldun onaren viciera, Mezaren entzun-vide labur erreza, Errosarioco Amarrecoen asiera, eta cembait bederatz-urrun edo novena (Modo de vivir del buen vasco), Pamplona, 1762; Mendibururen Idazlan argitaragabeak [Escritos inéditos de ~], ed. de P. Altuna, Bilbao, 1982; Manuscritos enumerados por Hervás, todos en eusquera, inéditos en el Archivo de Loyola (Escritos de jesuitas del siglo xviii, cajas 17 y 18): Catecismo del P. Gaspar Astete, traducido en vascuence por el P. Sebastián de Mendiburu y revisado por el P. Manuel de Larramendi y el P. Agustín Cardaveraz, ilustres varones y claros escritores de la Compañía de Jesús; Lección para los domingos y fiestas del año; Exhortaciones para todos los días de las novenas del Santísimo Sacramento, de San Javier y de las animas del purgatorio; Novenas de San Josef y de las ánimas del purgatorio; Ejercicios espirituales de San Ignacio; Colección de misiones evangélicas; Tractatus theologicus de sciantia condionata futurorum contingentium sive de sctientia media (en Biblioteca de la Universidad de Salamanca).

 

Bibl.: M. Luengo, Diario de la expulsión de los jesuitas de los Dominios del Rey de España, al principio de sola la Provincia de Castilla la Vieja, después más en general de toda la Compañía, aunque siempre con mayor particularidad de la dicha provincia de Castilla, t. XVI, 1782, pág. 615; Biografías sacadas del “Diario” del P. Luengo, t. 2.º. Varones insignes de la Provincia de Castilla, s. f., págs. 398-404 (ms. en el Archivo del Monasterio de Loyola, Escritos, 42/05); C. Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, vols. V, IX y XII, Bruxelles-Paris, O. Schepens- A. Picard, 1890, cols. 889, 668 y 576, respect.; R. M.ª Azkue, “Mendibururen adizkiak eta idaztankera”, en Euskera, 9 (1928), págs. 124-183; M. Cascón, Los jesuitas en Menéndez y Pelayo, Santander, Aldus, 1940, pág. 565, n.º 632; J. I. Tellechea Idígoras, “La Congregación del Sagrado Corazón de Jesús en Deva. Su fundación por Sebastián Mendiburu”, en Boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, 19 (1963), págs. 133-146; L. Polgár, Bibliographie sur l’histoire de la Compagnie de Jésus 1901-1980, vol. III-2, Roma, Institutum Historicum, 1983, pág. 525; A. Aguirre Sorondo, “Las normas morales del Padre Mendiburu”, en Boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (San Sebastián), XLIV (1988), págs. 205-209; F. Altuna, “Mendiburu, Sebastián”, en Ch. E. O’Neill y J. M.ª Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, Roma-Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu-Universidad Pontificia Comillas, 2001, pág. 2415; L. Hervás y Panduro, Biblioteca jesuítico-española, ed. de A. Astorgano, Cuenca, Diputación Provincial, 2006.

 

Antonio Astorgano Abajo