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Francisco Basallo Becerra

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Biografía

Basallo Becerra, Francisco. El sargento Basallo. Córdoba, 2.XI.1892 – Zaragoza, 19.V.1985. Sargento de Infantería, superviviente del Desastre de Annual.

En 1916 sentó plaza de voluntario en el Regimiento Soria 9 de Sevilla, y pasó en 1918 al Melilla 59, ya en Marruecos, donde participó en diversas operaciones en la región del río Kert y en la ocupación de Tafersit. El 22 de julio de 1921, cuando la sublevación de Abd-el-Krim, partió con el Melilla 59, bajo el mando del coronel Silverio Araujo Torres, desde Kandussi con destino a Dar Quebdani, posición en la que la columna terminó por rendir su fuerza tras dos días de asedio. El día 25 de julio, tras pactar la rendición y entregar el armamento, se produjo una auténtica matanza, en la que Basalló salvó la vida y fue hecho prisionero.

A lo largo de su cautiverio, el sargento Basallo, como pasó a ser conocido, desarrolló una importante labor sanitaria, pese a carecer de estudios en este campo. Su implicación en las tareas sanitarias del cautiverio fue una mezcla de azar y necesidad. Al parecer, fue a ver al médico para que le atendiera los dolores que la rozadura de una bala le provocaba en el hombro. Pero, al ver el terrible panorama del que el doctor debía ocuparse, fue incapaz de dar esa razón e improvisó la explicación de que se presentaba para ayudarle. Así empezó la peripecia de quien llegó a ser conocido como “el sargento tebib” (el sargento médico); que no se ocupó sólo de españoles, sino también de rifeños. Su labor humanitaria se extendió también a organizar una suerte de pelotón de enterradores, encargado de dar sepultura a los numerosos cadáveres de españoles, identificándolos cuando era posible e informando a sus familiares. Enterraron a más de seiscientos.

Basallo registró los auxilios que, en condiciones muy precarias (carencia de quinina, pésima nutrición…) prestó en los diferentes campamentos en que estuvo prisionero: 695 asistencias por enfermedad, 3728 inyecciones administradas y 477 operaciones practicadas por patologías de distinta índole. Lo hizo con la ayuda esporádica, cuando coincidían en el mismo campamento, del teniente médico Fernando Serrano (fallecido de tifus en julio de 1922), el asesoramiento epistolar de otros doctores de Alhucemas (los capitanes Ciancas y Casas), la lectura autodidacta de manuales de anatomía de modo y el apoyo de algunos compañeros de infortunio a los que cita y homenajea en su libro Memorias del cautiverio, como el teniente Julián Troncoso, los practicantes civiles José Cánovas y Antonio Ruiz, o los suboficiales y soldados Alfonso Ortiz, Agripino García, Saturnino Royo, Antonio Palacios, Emilio San Antonio o Carmelo Balseras, entre otros, algunos de los cuales murieron de tifus o fueron asesinados por sus captores. Basallo se distinguió también en la organización de la vida del campamento y la protección hasta donde le fue posible de las mujeres y niños prisioneros.

Tras pasar año y medio de duro cautiverio (en Annual, Ait Kamara y, finalmente, Axdir, la residencia de Abd el-Krim), fue liberado, junto con más de trescientos compañeros, en enero de 1923, cuando el gobierno español pagó el rescate exigido por el dirigente rifeño. A su regreso trajo multitud de documentos y de encargos, hechos por los prisioneros en sus últimos instantes de vida.

Una prensa deseosa de encontrar figuras heroicas que compensaran la herida del Desastre y la vergüenza de algunos comportamientos en la Guerra de Marruecos, contó su historia, ensalzando su comportamiento con tonos hagiográficos en ocasiones. El diario Nuevo Mundo le llamaba “La gran figura española del momento”, y Valle-Inclán por boca de Max Estrella dice que los académicos “propondrán al sargento Basallo” para sustituir al recién fallecido Pérez Galdós. La frase, irónica y un tanto despectiva para los miembros de la Academia, pone claramente de manifiesto, sin embargo, la popularidad alcanzado por Francisco Basallo pocos meses después de su liberación, tras la que fue objeto de diversos reconocimientos, homenajes y condecoraciones.

El 4 de octubre de ese mismo año se casó en Urda (Toledo) con Amalia Reina Rame y se reintegró a su vida sencilla y anónima. Fuera ya del ejército, trabajó como jefe de celadores del Banco de España y, en Zaragoza tras la guerra civil, en una empresa de salas de cine. El sargento Basallo murió en Zaragoza el 19 de mayo de 1985.

 

Obras de ~: Memorias del cautiverio, Madrid, Mundo Latino, 1923.

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar, "Hoja de Servicios del sargento Francisco Basallo Becerra (Reemplazo de 1913)"  27 hojas numeradas y selladas; “Declaración del sargento Francisco Basallo Becerra ante el Juzgado Militar. Melilla 5 de febrero de 1923”, en Archivo Histórico Nacional (AHN), expediente 51, núm. 14. (folio. 3664 y ss.).

J. Sánchez Regaña, La atención médica durante el desastre de Annual. Jefatura de Sanidad Militar. Melilla, julio 1921, s.l., s.f. [en línea, disponible en https://bibliotecadigital.aecid.es/bibliodig/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1017996]; E. Pérez Ortiz, De Annual a Monte Arruit y dieciocho meses de cautiverio, Melilla, Artes Gráficas, 1923; Nuevo Mundo (2 de febrero de 1923); A. de la Merced, Memorias del Sargento Basallo, Madrid, Pueyo, 1925; J. Pando Despierto, Historia Secreta de Annual, Madrid, Temas de Hoy, 1999; J. L. Terrón Ponce, “Basallo Becerra, Francisco” en Diccionario Biográfico Español, vol. VII, [Barco González – Bereber], Madrid, Real Academia de la Historia, 2010, pág. 286; J. L. I[sabel] S[ánchez], “Basallo Becerra, Fernando”, en M. Aragón Reyes (coord.),  El Protectorado español en Marruecos: la historia trascendida, Madrid, Iberdrola, 2013, págs. 255-256 [en línea, disponible en http://www.lahistoriatrascendida.es/documentos/personajeshistoricos/basallo-becerra.pdf]; A. Basallo, El prisionero de Annual. La gesta del sargento Francisco Basallo y los cautivos de Abd el-Krim contada cien años después, Barcelona, Planeta, 2021.

 

Ángel Vivas