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Rafael Puig

Biografía

Puig, Rafael. Barcelona, f. s. xvi – 23.XII.1640. Magistrado de la Real Audiencia de Cataluña, ciudadano honrado de Barcelona.

Hijo de un notario del mismo nombre y de María, ciudadanos de Barcelona. Casó en 1628 con Caterina Vidal, hija de un próspero boticario que aportó una dote de 4000 libras. Comenzó su carrera, como la mayoría de magistrados de la Audiencia, sirviendo de asesor legal a la Diputación del General, al menos desde agosto de 1626. Su firma aparece al pie de numerosos dictámenes en asuntos de diversa índole. En 1632 aparece como fiscal general abogado, cuando dictamina en contra del arresto del noble Jordi de Fluvià. Dos años más tarde, y a fin de cubrir la plaza de abogado fiscal patrimonial, el Consejo Supremo de Aragón le situaba en tercer lugar de una terna, argumentando “que aunque moço, es hombre de grandes letras, según le dizen, assí todos los dottores de la Audiencia, como los demás”. En junio del siguiente año obtuvo la mayoría de votos para acceder a la plaza vacante de juez de corte de la Audiencia, plaza que acabó cubriendo en octubre de 1637, con el plácet de sus magistrados. Tan sólo unos meses antes, en el dictamen sobre el usaje del Princeps Namquae, aparecía ya como ciudadano honrado de Barcelona.

A partir de su acceso a la Real Audiencia, su carrera experimentó un giro en favor de la causa de la Corona que le acabaría concitando el mayor de los odios. En mayo de 1638 unió su firma a las restantes en el dictamen que facultaba al capitán general a condenar a muerte a los desertores, sin juicio previo. El siguiente verano se alzaron protestas contra él por su rigor en el registro de los almacenes de Mataró, cuya confiscación por parte de la Administración virreinal comportaría un cisma con los diputados, por el choque de jurisdicciones sobre contrabando. En febrero de 1640 Puig fue destinado, como miembro del Real Consejo Criminal, a abrir diligencias sobre los excesos de los militares alojados en el país, sin que tales procedimientos detuvieran una espiral de abusos que acabaría detonando la revuelta de los Segadors. Bien al contrario, Puig fue poco después redestinado, junto con el maese de campo Juan de Arce a acudir a Santa Coloma de Farners, donde los primeros amotinados habían asesinado un alguacil real, para castigar a los culpables. En lugar de eso, la villa acabó calcinada, medio destruida y huidos sus habitantes, sin proceso criminal y todo ello con la autorización de Puig. Esa actuación determinó a los diputados a exigir su inmediata destitución, al igual que la del gobernador general y la de los militares implicados. Durante los alborotos del Corpus de Sang, su casa al extremo de la bajada de los Leones fue incendiada a pesar de la defensa que de ella hicieron los mercedarios con el Santísimo Sacramento en ristre (7 de junio de 1640).

Puig se hallaba en Blanes, y regresó a la capital, en la que se mantuvo oculto, hasta que en el motín de 23 de diciembre se le halló en la Seo, junto con sus compañeros los doctores Gori y Ramon. La turba los mató a golpes y disparos, dejándolos irreconocibles, y tras arrastrar los cadáveres por las calles en medio de un inmenso griterío que les apellidaba por traidores, les colgaron en las horcas de la plaza del Rey. A la mañana siguiente los píos clérigos de la parroquia del Pí les dieron cristiana sepultura.

 

Fuentes y bibl.: Archivo de la Corona de Aragón, Consejo de Aragón, legs. 210, 386, 387 y 389; Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona, Antoni Joan Fita, Libro noveno de Capítulos Matrimoniales, 1627-1628.

B. Rubí (ed.), Les Corts Generals de Pau Claris, Barcelona, Fundació Salvador Vives Casajuana, 1976, pág. 292; J. M.ª Sans i Travé (dir.) y Ll. Cases i Loscos (ed.), Dietaris de la Generalitat de Catalunya, vol. V (1623-1644), Barcelona, Generalitat de Catalunya, 1999, págs. 146, 228, 241, 245, 269, 727, 824, 858, 1007-1008, 1039, 1129, 1480, 1609, 1800, 1908 y 1917; A. Simón i Tarrés (ed.), Cròniques de la Guerra dels Segadors, Barcelona, Fundació Pere Coromines, 2003, págs 79-80, 209 n. 92 y n. 93, 265 n. 99, 268, 274 y 294.

 

Manuel Güell Junkert