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Abu l-Hasan 'Ali

Biografía

Abū l-Ḥasan ‘Alī. Muley Hacén: Abū l-Ḥasan Alī b. Sad b. Alī b. Yūsuf b. Muḥammad b. Yūsuf b. Ismāīl b. Faraŷ b. Ismāīl b. Yūsuf b. Muḥammad b. Aḥmad b. Muḥammad b. Jamīs b. Naṣr b. Qays al-Jazraíī al-Anṣārī, al-Gālib bi-[A]llāh, Mawlāy al-Ḥasan. Granada, a. 840/1436-1437 – Almuñécar (Granada), IX.1485 (emirato 1464-1482 y 1483-1485). Emir de al-Andalus, vigesimosegundo sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada, precedido por Sad y sucedido por Muḥammad XI y Muḥammad XII.

Nació en Granada poco antes de 840/1436-1437 y en ella creció bajo la protección de su padre y rodeado de honores y autoridad. Era el mayor de tres hermanos, el segundo de los cuales fue Muḥammad al-Zagal, también futuro sultán, y el tercero Yūsuf (m. 871/1467). Se casó con una de las hijas de Muḥammad IX al-Aysar, primo hermano de su abuelo, probablemente Ā’iša —y no con su hermana Fāðima, aunque algunos documentos avalan esta segunda identificación— al-Ḥurra (“ la Libre, la Noble”), con la que tuvo dos hijos conocidos —parece que tuvo un tercero que murió de una epidemia—, Muḥammad (XI, Boabdil), el primogénito, y Yūsuf, además de una hija llamada Ā’iša (n. a. 863/1459). Después de mucho tiempo con su esposa —unos veinte años—, tomó como concubina a una cautiva cristiana que se convirtió al Islam y recibió el nombre de Turayyā (las Pléyades) y que tras la caída de Granada se convertiría al cristianismo como Isabel de Granada (luego Isabel de Solís). Con Turayyā (Zoraya, Soraya o Zorayda), a la que desposó, tuvo dos hijos a finales de los años setenta: Sad, el mayor, y Naṣr, protegidos de los Reyes Católicos y que también se convirtieron al cristianismo y fueron bautizados con los nombres de Fernando y Juan. La preferencia desmedida del Emir por la concubina y la postergación de la esposa —conducta considerada por la sociedad de la época como una traición, aparte de los numerosos bienes que donó a Turayy~ y sus dos hijos—, generó un enfrentamiento con la sultana Ā’iša, apoyada por sus hijos y por la familia real, que impregnó, potenciándolas, las luchas y divisiones en la Corte. En torno a este tema, así como a otros de su vida, se forjaron versiones legendarias y literarias que tienen su respaldo en informaciones y datos a veces contradictorios que recogen las distintas versiones, no siempre coincidentes, de las fuentes árabes, hebreas y cristianas que, lógicamente, no pueden presentarse todos aquí.

Como individuo, Abū l-Ḥasan Alī fue un hombre de mérito y gran actividad y energía, dotado de valentía y coraje además de conocimiento y amor por la ciencia y por los científicos, aunque al mismo tiempo sabía apreciar y premiar generosamente, siguiendo la inveterada tradición andalusí, la composición de poesías. Conocía la lengua castellana y actuó de intérprete entre su padre Sad y Enrique IV. Se le solía mencionar como Mawlāy al-Ḥasan, título soberano que los cronistas castellanos adaptaron como Muley Hacén (variantes Abulhazen, Albohacen, Alboacen, etc.).

Antes de llegar al Trono ya había iniciado su actividad político-militar, pues su primera aparición coincide con su intervención en apoyo de su padre cuando fue destronado por Muḥammad X al-Ṣagīr, el Chiquito, en 1455. Para recuperar el Trono, su padre se hizo vasallo de Enrique IV y como garantía y prueba de su compromiso, lo envió a la Corte castellana, como primogénito y heredero, acompañado de su gran visir y otros destacados dignatarios, como el alcaide Mufarriŷ, dos arráeces de los Banū l-Qabṣānī y diversos alcaides (de Íllora, de Cambil), además de unos ciento cincuenta caballeros y treinta peones que se sumaron a otros disidentes que ya estaban allí.

En abril de 1455, Enrique IV inició una campaña contra al-Andalus y en apoyo del derrocado Sad. Con el Monarca y Ejército castellanos iba Abū l-Ḥasan Alī que, tras la tala de los campos de Málaga, participó en la organización del encuentro de su padre y Enrique IV el 12 de mayo, además de servir de intérprete entre ambos durante la entrevista. Tras ella, Abū l-Ḥasan ya se quedó en al-Andalus con su padre.

Cuando Sad recuperó el poder tras derrocar a Muḥammad X, este se refugió en las Alpujarras y desde allí intentó recuperar el poder atravesando Sierra Nevada. Pero Sad fue informado y envió a su hijo Abū l-Ḥasan, que logró capturarlo y llevarlo a la Alhambra, donde fue muerto (en el Patio de los Leones) junto con sus dos hijos pequeños.

En marzo de 1458 Abū l-Ḥasan ya ocupaba el gobierno de Almería, cargo que durante su estancia en Castilla había desempeñado su hermano Muḥammad (XII) pero en la citada fecha lo ocupa él como adelanto de su derecho al Trono y, quizás, para evitar tensiones en la Alhambra con su padre.

Su experiencia y actividad político-militar y diplomática le llevaron a desempeñar funciones de gobierno de su padre, ya de avanzada edad (tenía al menos sesenta y cuatro años) en su tercer reinado. En documentos oficiales de Šawwāl de 863/agosto de 1459, todavía príncipe heredero, ya aparece con atributos soberanos, como el laqab (sobrenombre honorífico) de al-Gālib bi-[A]llāh (el Vencedor por [la gracia de] Dios), que también adoptaron tras él los dos últimos emires andalusíes. En sus actividades militares se incluye la incursión que realizó para responder y castigar los ataques de los castellanos; tuvo lugar el 11 de abril de 1462 por la frontera occidental, en la zona sevillana (Estepa, Alhonoz, Osuna, Écija y Teba), que devastó y donde capturó abundante ganado, aunque tuvo que abandonarlo en el regreso tras ser derrotado en el cerro del Madroño. Al año siguiente, dada su posición de príncipe heredero, firmó la tregua con Enrique IV acordada en febrero de 1463 por ocho meses (1 de marzo a 31 de octubre).

El creciente poder de Abū l-Ḥasan debió de ser lo que provocó la huida en marzo de 1464 de su hermano Muḥammad, que se fue a Alcalá la Real y luego a Jaén para refugiarse en la corte Castellana por temor a que lo detuviera Abū l-Ḥasan.

Tras el verano de ese año, decidió hacer oficial el poder que en la práctica ya ejercía. Con el apoyo e instigación de los visires y jefes de los Banū l-Sarrāŷ —podría ser él el hijo de Sad que había detenido la matanza de Abencerrajes en 1462—, se sublevó y derrocó a su padre, al que expulsó de la Alhambra y obligó a abandonar Granada y refugiarse en Málaga en torno al 5 de muḥarram de 869/7 de septiembre de 1464

Aprovechando esta crisis dinástica, Enrique IV se dispuso a atacar al-Andalus en ṣafar de 869/octubre de 1464; ante el peligro, Abū l-Ḥasan Alī se reconcilió con su padre, le pidió perdón y lo reconoció como legítimo sultán; Sad se estableció en Almería con la consideración de sultán, aunque sin el poder efectivo, hasta su muerte a finales de 869/agosto de 1465. Igualmente, Abū l-Ḥasan también tuvo que enfrentarse al levantamiento de su hermano Abã l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf, que casi consiguió destronarlo, aunque después se reconciliaron y al poco el joven príncipe murió prematuramente de peste, con apenas diecisiete años, en 871/1467.

Unos meses después, la situación se invirtió y fue el Rey castellano el que sufrió la sublevación de la nobleza, por lo que solicitó a los andalusíes una tregua de cinco años que se acordó a mediados de abril de 1465. En 1469 se renovó por tres años pero solo pudo abarcar la zona más oriental del territorio porque Enrique IV no controlaba entonces toda su Frontera.

Paz en el exterior pero revueltas en el interior: un personaje, arráez de Málaga, conocido como Mahomat Quirçot o Alquirzote en las fuentes castellanas, se levantó contra el emir en dicha ciudad en 1468 y obtuvo el apoyo de Enrique IV; los Banū l-Sarrāŷ (Abencerrajes), unidos al rebelde, se sumaron a la revuelta, que duró hasta 1473.

Al mismo tiempo, hacia comienzos de 1470 tuvo lugar la sublevación de los alcaides, muchos de ellos Banū l-Sarrāŷ, en respuesta a la sustitución que Abū l-Ḥasan decidió para acabar con el excesivo poder que acaparaban. Además, proclamaron al hermano del Emir, Muḥammad (futuro al-Zagal) en Málaga con la ayuda de algunos jefes cristianos. No obstante, Muḥammad acabó reconciliándose con su hermano y los sublevados fueron perdonados y algunos de sus cabecillas ejecutados. En esta sublevación también influyeron factores familiares (el apoyo de la aristocracia a la sultana relegada ante la conversa Turayyā) y económico-fiscales, pues Abū l-Ḥasan, ante la falta de recursos, recuperó propiedades del patrimonio real malvendidas anteriormente (aunque en 874/1470 vendió una y en 884/1479 arrendó otra), redujo pagas en el Ejército y requisó bienes de alcaides opositores a los que ejecutó, todo ello quizás exagerado por cronistas hostiles pero con una base real.

Salvadas estas rebeliones, Abū l-Ḥasan mantuvo un largo periodo de estabilidad que le permitió obtener numerosos éxitos militares que obligaron al enemigo a firmar sucesivas treguas, además de iniciar un periodo de prosperidad económica, seguridad y bienestar. Fruto de ello fue la acuñación de nuevas monedas de buena ley; así lo muestran los dinares de oro conservados a su nombre, además de acuñaciones en plata y en vellón o cobre.

Un factor que facilitó el éxito militar de Abū l-Ḥasan fueron los enfrentamientos entre los jefes andaluces, casi independientes del Rey, que el Emir supo explotar. Además de acuerdos no escritos, en raŷab de 876/diciembre de 1471 firmó una alianza con el conde de Cabra y sus partidarios, gracias a la cual contó después con la ayuda del conde frente a los ataques del condestable Iranzo y pudo utilizar Alcalá la Real como base para atacar las tierras del Jaén castellano.

Además, Abū l-Ḥasan firmó el 10 de Šabān de 876/21 de enero de 1472 un tratado de paz general por tres años y de mayor alcance que el de 1469; incluso especificaba que Castilla no apoyaría ni acogería a los rebeldes Banū l-Sarrāŷ.

Aparte de estos enemigos, el emir también tuvo que enfrentarse al príncipe Ibn Sālim b. Ibr~hīm “Alnayar”, gobernador de Almería, que se alió en junio de 1474 con el futuro Fernando V el Católico para derrocar a Abū l-Ḥasan, aunque sin mayores consecuencias.

Tras la muerte de Enrique IV en 1474, su hermana Isabel y su esposo el infante Fernando de Aragón, mantuvieron las treguas con al-Andalus obligados por la guerra con Portugal. Así, se firmó un nuevo tratado de dos años (11 de marzo de 1475 a 11 de marzo de 1477) que antes de terminar se prorrogó el 11 de enero de 1476 por cuatro más (1477 a 1481); esto no impidió incidentes fronterizos frecuentes y de cierta importancia por parte nazarí y castellana. La fuerte incursión de Abū l-Ḥasan en 1477 contra Cieza, en respuesta a anteriores violaciones castellanas de la paz, obligó a los reyes cristianos, dedicados a la guerra con Portugal, a firmar un nuevo tratado el 12 de Šawwāl de 882/17 de enero de 1478 por tres años y sin la obligación de pagar parias, importante aspecto para el emir nazarí. En enero de 1481, otra vez se renovó, por un año más a partir del 12 de marzo, aunque no llegó a cumplirse.

Mientras tanto, en 1479 Castilla y Aragón quedaron unidos y firmaron el tratado de Alcazobas, que puso fin a la guerra civil en Castilla y a la guerra con Portugal. Los Reyes castellanos podían así dedicarse de forma exclusiva a la guerra contra al-Andalus.

Consciente de las intenciones de los Reyes Católicos, Abū l-Ḥasan decidió tomar la iniciativa y adelantarse al ataque del enemigo: el 27 de diciembre de 1481 tropas nazaríes reconquistaron Zahara y la mantuvieron en poder andalusí hasta el 29 de octubre de 1483.

Por su parte, Castilla asedió Alhama y el jueves 9 de muḥarram de 887/28 de febrero de 1482 las tropas cristianas la tomaron y entraron en ella a sangre y fuego. Para el emirato nazarí supuso un golpe muy duro por la importancia de la ciudad, cuya fortaleza era considerada inexpugnable y su ubicación estratégica (controlaba la ruta principal de Granada a Málaga y Ronda). Su pérdida causó gran alarma y agitación en la capital; Abã l-Ḥasan intentó recuperarla inmediatamente y el martes siguiente la sitió, pero los cristianos resistieron y recibieron refuerzos que forzaron a los andalusíes a levantar el cerco el 29 de marzo de 1482. Dos intentos posteriores también fracasaron.

Ese verano, el Rey cristiano intentó tomar Loja, pero tras cinco días de asedio las fuerzas nazaríes lojeñas derrotaron a las tropas castellanas y forzaron su retirada; ni el mismo rey Fernando V pudo detener la precipitada huida de su ejército y la desbandada dejó en manos de los andalusíes la artillería y el campamento el 27 de íum~dà I de 887/14 de julio de 1482.

A pesar de la victoria, la oposición interior, que se había ido recuperando y aumentando (por la persecución abencerraje, tensiones en la Alhambra, política económica) tramó una conspiración en ese momento. El primogénito de Abū l-Ḥasan, Abū Abd Allāh Muḥammad (Boabdil), se levantó contra su padre aprovechando su ausencia (por la batalla de Loja) y con el apoyo de los Banū l-Sarrāŷ, de su madre y de su hermano Abã l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf, que se apoderó de Almería. El Emir no pudo recuperar la Alhambra y se retiró a Málaga con su hermano Muḥammad b. Sad al-Zagal.

Desde Málaga, Abū l-Ḥasan Alī extendió su gobierno a Ronda. Además de derrotar a las tropas de su hijo Muḥammad XI, Boabdil —numerado como Muḥammad XII antes de descubrirse la información de Ibn Āṣim—, lanzó varias incursiones victoriosas contra Tarifa y Cañete. Su hermano Muḥammad b. Sad dirigió la resonante victoria de la Ajarquía malagueña, donde un numeroso ejército castellano con destacados nobles fue absolutamente derrotado el 11 de ṣafar de 888/21 de marzo de 1483. Mientras tanto, Abū l-Ḥasan, que se había trasladado a la comarca de Almuñécar, derrotó a su hijo que había salido a su encuentro con el ejército de la capital.

Estas victorias de Abū l-Ḥasan y su hermano incitaron al emir Muḥammad XI a realizar una incursión en territorio enemigo el [12] de rabī I de 888/20 de abril de 1483, pero con tan mala fortuna que acabó con su derrota y cautiverio en Lucena.

Entonces los dirigentes de al-Andalus y los notables de la capital fueron a Málaga a buscar a Abū l-Ḥasan, regresaron con él y lo proclamaron, hacia finales de abril (rabī’ I).

Sin embargo, Abū l-Ḥasan se enfrentaba a una complicada situación. Su hijo Yūsuf, independiente en Almería, era favorable a su otro hijo Muḥammad XI, cuyos partidarios negociaban su liberación con el Rey castellano. Este, con el objeto de fomentar las discordias y divisiones internas en al-Andalus, concedió enseguida tregua a las poblaciones que acataran al Emir cautivo y firmó con este un pacto en agosto de 1483. Este primer pacto concedía la liberación a Abū Abd Allāh (= Boabdil) entonces, tras la proclamación de Abū l-Ḥasan, “con el objetivo de hacer daño a los musulmanes”, como recogen las fuentes árabes, y le proporcionaba el apoyo castellano, pero lo sometía a vasallaje y le imponía la entrega del primogénito de Boabdil (Aḥmad) y de su hermano, como rehenes, junto a otros hijos ilustres, además de la entrega de doce mil dinares de oro y liberación de cautivos.

Para contrarrestar el apoyo castellano a su hijo y atraerse a los partidarios de este, Abū l-Ḥasan solicitó una fetua a los principales muftíes de la capital; a mediados [15] de ramaḏ~n de 888/[17] de octubre de 1483 los juristas dictaminaron la ilegalidad de la proclamación de Muḥammad XI, la prohibición de pactar con los infieles y la aceptación del arrepentimiento de los rebeldes.

Al mismo tiempo, fueron frecuentes en ese 1483 los combates e incursiones, victorias y derrotas por ambas partes y en diversos lugares como Tájara, la propia Vega de Granada, Alhendín, Íllora, Zahara, Teba, Antequera o Utrera. Los cristianos contaron con la concesión de bulas de cruzada por el Papa. Al año siguiente, en 1484, los castellanos tomaron Álora, Alozaina y Setenil.

Ya por esa época, Abū l-Ḥasan estaba aquejado de una enfermedad parecida a la epilepsia que le afectó a la vista y lo incapacitó para intervenir en la guerra, por lo que era su hermano Muḥammad al-Zagal el que dirigía la defensa del emirato

Hacia [muḥarram] de 890/febrero de 1485, al-Zagal consiguió apoderarse de Almería —favorable a Muḥammad XI, Boabdil— por sorpresa y con la colaboración de algunos alfaquíes de la ciudad. Abū l-Ḥasan le dio orden de ejecutar al alcaide de la ciudad, a todos los partidarios del rebelde e, incluso, al hermano de éste, su propio hijo Yūsuf, lo que, según H. de Baeza, hizo forzado por Turayyā pero después se arrepintió enormemente y enseguida cayó enfermo. La madre fue encarcelada mientras que Muḥammad XI se hallaba en Córdoba solicitando más ayuda a los castellanos según las fuentes árabes, aunque algunos cronistas indican que estaba en Almería o en Vera y huyó a Córdoba.

Aunque Muḥammad b. Sad al-Zagal hacía frente con bravura y energía a los cristianos, estos conquistaron Cártama y Coín en rabī’ II de 890/abril de 1485 y en la primera decena de ŷumādà I de 890/16-26 de mayo de 1485, las tropas castellanas asediaron Ronda y destrozaron con la artillería sus defensas, por lo que los habitantes capitularon para conservar vida y hacienda el 23 de mayo. Como cabeza de distrito, la pérdida de Ronda arrastró la rendición de las fortalezas de la zona, de Marbella y de Fuengirola.

Para evitar un asedio a Málaga, al-Zagal acudió a reforzarla. De regreso, derrotó cerca de Alhama a un destacamento castellano que volvía de una algarada con abundante botín que al-Zagal pudo recuperar además de capturar buen número de prisioneros. Esta victoria le proporcionó una entrada triunfal en Granada, donde fue proclamado gracias al apoyo popular por sus frecuentes batallas y victorias junto a la opinión favorable de los alfaquíes y las maniobras del visir Abū l-Qāsim b. Riḏwān Bannigaš.

De esta manera, Abū l-Ḥasan, ciego y enfermo —aunque no “viejo” como señalan las fuentes cristianas, pues contaba unos cuarenta y nueves años— fue destronado el domingo 3 de ŷumādà II de 890/17 de junio de 1485. Su hermano Muḥammad XII al-Zagal —numerado como Muḥammad XIII antes de descubrirse la información de Ibn Āṣim—, lo envió a Almuñécar con sus dos hijos pequeños varones, Sad y Naṣr, y con su esposa, a la que retuvo antes tres o cuatro días en Granada (más tarde, ya viuda, se encargaría de ella y sus hijos). A los pocos meses, hacia septiembre de 1485, murió. Su cadáver fue trasladado a Granada en una acémila para ser enterrado, pobre y ocultamente, por dos cristianos cautivos en la rauda (rawḏa), el cementerio familiar de la dinastía nazarí situado en los jardines contiguos al palacio. Apenas siete años después, sus restos fueron trasladados a Mondújar, junto con los de otros miembros de la familia real nazarí, por su hijo Muḥammad XI (Boabdil), el último sultán de la dinastía, tras entregar Granada en 1492.

Había reinado veinte años en los que consiguió, fruto de su gran actividad y empeño militar, un largo periodo de paz (1465 a 1481), que permitió una cierta recuperación del emirato y un último, aunque transitorio, florecimiento del al-Andalus nazarí, hasta el punto de que fue Castilla la que le solicitó treguas y, además, sin el pago de parias. Sin embargo, las divisiones internas, fomentadas en parte por conflictos familiares, provocaron su derrocamiento y la guerra civil que al final de su emirato se inició coincidiendo, para mayor fatalidad y desgarro, con el comienzo de la guerra definitiva emprendida por Castilla.

 

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Francisco Vidal Castro

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