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Agustín de Herrera y Rojas

Biografía

Herrera y Rojas, Agustín de. Marqués de Lanzarote (I). Villa de Teguise (Lanzarote), p. s. xvi – 16.II.1598. Capitán general de Madeira, criado del Rey y del Consejo de Su Majestad.

Fue el único hijo legítimo de Pedro Fernández de Saavedra, señor de Lanzarote y Fuerteventura, y de Constanza Sarmiento Dafía, de la estirpe de los antiguos reyes de la isla de Lanzarote. Sus cuatro hermanastros eran hijos de Iseo de León y una morisca. En julio de 1553 contrajo matrimonio en primeras nupcias con Inés Benítez de las Cuevas, hija, a su vez, de Pedro de Aponte, pretendiente al señorío de Adeje, y de Catalina de las Cuevas; de este enlace no tuvo descendencia. De su unión con Bernardina de Cabrera y Bethencourt nacieron Juana y Constanza de Herrera, esta última se casó con Gonzalo Argote de Molina, provincial de la Santa Hermandad de Andalucía y veinticuatro de Sevilla, gracias a la Real Cédula de 21 de noviembre de 1573, firmada por Felipe II, por la cual ambas hijas quedaban legitimadas. El 22 de noviembre de 1588 contrajo segundas nupcias en Madrid con Mariana Manrique Henríquez de la Vega, hija de Diego de Tebes, gentilhombre de la Casa del Rey, y de Isabel Manrique de la Vega, con quien tuvo un hijo llamado Agustín, segundo de este nombre, y sucesor en los títulos nobiliarios que poseía.

El 10 de agosto de 1545, cuando aún era bastante joven, fue jurado por sus vasallos como señor de las islas. A través de diversas compras, Agustín de Herrera logró hacerse con once de las doce partes en que había quedado divido el señorío de las Canarias, reconocido por el rey Enrique III de Castilla al caballero normando Jean de Bethencourt, ya que sus antecesores habían vendido o permutado parte de la herencia.

El señor de Lanzarote y Fuerteventura era pariente de Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli, y de los poderosos marqueses de Denia; pero además mantenía lazos de estrecha amistad en la Corte con el secretario de Estado Juan Delgado. Gracias a ello se convirtió en un personaje vital para la Monarquía hispánica en el África Occidental, cuyas tierras y mares vigilaba desde sus estratégicas islas. Las costas vecinas al archipiélago canario fueron el escenario donde Agustín de Herrera y Rojas adquirió la experiencia bélica, pues sus entradas y “cabalgadas” africanas comenzaron desde que tenía dieciocho años cumplidos, realizando al menos una jornada por año y siempre con licencia real, obteniendo con ellas cuantiosos botines (ganados, sobre todo camellos, ámbar, mercaderías y un gran número de esclavos). El resultado de estas expediciones, entre otras cosas, fue la creación de una compañía de milicias moriscas, que defendían las islas, así como el patrimonio y la integridad personal de Agustín, y por lo cual se vio envuelto en algunas controversias con el Tribunal de la Inquisición.

Sin embargo, la ofensiva lanzaroteña en África tuvo unas consecuencias inesperadas que se mostraron en forma de ataques corsarios por parte de marroquíes y argelinos, los cuales adquirieron especial relevancia en los años 1569, 1570, 1571, 1583 y 1586, por las ofensas y daños que aquél había hecho en Berbería. Por todo ello, Felipe II ordenó fortificar mejor las islas de Lanzarote y Fuerteventura, y en 1587 envió al ingeniero cremonés Leonardo Torriani, quien, al desplazarse hasta allí, comprobó sorprendido cómo más de tres cuartas partes de sus habitantes eran moriscos o descendientes de moriscos.

En 1567 el Monarca le había hecho merced a Agustín de Herrera y Rojas del título de conde de Lanzarote, recompensándole por los servicios que prestaba en la costa de África, ya que era una zona de especial atención estratégica, debido a la inestabilidad política reinante entre las diversas familias que pretendían obtener el poder en el Atlas. No obstante, los parientes de Agustín de la familia Saavedra no vieron con buenos ojos esta distinción, que consideraban pertenecerle con mejor derecho; por lo que quedó enemistado con aquéllos y muy agradecido al Monarca.

En 1582 el conde de Lanzarote consideró que era el momento apropiado para devolverle al Rey su favor, y se ofreció incondicionalmente a intervenir para defender los derechos de Felipe II al trono portugués, y en concreto frente a las fuerzas navales de su enemigo el prior de Crato, quien pretendía tomar los archipiélagos atlánticos (Madeira y Azores). Al mismo tiempo Agustín de Herrera informaba del paso ininterrumpido de navíos franceses por las costas de Lanzarote y Fuerteventura, y aconsejaba cuáles eran los puntos que convenía controlar para tomar las Azores. A mediados del mes de marzo el Rey le nombró capitán a guerra y capitán general de las islas de Madeira y Puerto Santo. Con su compañía morisca se presentó en Funchal el 29 de mayo de ese mismo año y organizó la defensa en torno a dos ejes: la construcción y reparación de los baluartes y la anulación del foco de sedición. El férreo, aunque no heroico, desempeño de su cargo le valió que dos años más tarde, en 1584, Felipe II le honrase con el título de marqués de Lanzarote.

 

Bibl.: J. Viera y Clavijo, Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, t. I, Santa Cruz de Tenerife, Goya, 1967-1971, págs. 284-476; A. Rumeu de Armas, “El Señorío de Fuerteventura”, en Anuario de Estudios Atlánticos (Madrid-Las Palmas), n.º 32 (1986); M. Lobo Cabrera y F. Bruquetas de Castro, Don Agustín de Herrera y Rojas, primer marqués de Lanzarote, Madrid, Servicio de Publicaciones del Cabildo de Lanzarote y Fuerteventura, 1995.

 

Fernando Bruquetas de Castro y Manuel Lobo Cabrera

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