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Dionisio Vázquez

Biografía

Vázquez, Dionisio. Toledo, 1527 – Madrid, 28.III.1589. Jesuita (SI) y controversista de la Compañía de Jesús.

Sin duda, este toledano es uno de los jesuitas más controvertidos del primer siglo de la Compañía de Jesús en España. Conoció los días iniciales, cuando todavía no existían apenas fundaciones y se ponía mucho énfasis en las canteras universitarias. Por eso, Dionisio Vázquez entraba en este Instituto religioso en 1550 y en la ciudad complutense de Alcalá de Henares.

Cuatro años después, obtuvo el grado de maestro en artes, fue ordenado sacerdote en 1555 e inició su formación teológica en la primera de las universidades jesuíticas del mundo, la de Gandía, fundada por iniciativa de su duque y muy pronto miembro de la Compañía, Francisco de Borja. Precisamente, la entrada de éste en el Instituto ignaciano habría de provocar una notable sorpresa dentro y fuera de la misma, especialmente entre los miembros de la nobleza: “el mundo no tiene orejas para escuchar tal estampido”, afirmó Ignacio de Loyola. La carrera de Borja dentro de la Compañía habría de ser meteórica, lo que provocó notables oposiciones, como la protagonizada por el primer provincial en España y en Castilla, Antonio de Araoz.

Borja había sido nombrado comisario para España y Portugal y, en este tiempo, Dionisio Vázquez le acompañó. El emperador Carlos V, el cual ya había abdicado y se hallaba retirado en el monasterio jerónimo de Yuste, confiaba muy poco en los jesuitas pero continuaba apreciando a su antiguo hombre de confianza, el duque de Gandía, confiándole algunas misiones diplomáticas. Vázquez también pudo estar ante el emperador a la sombra de Borja en diciembre de 1557. Al año siguiente, Vázquez se encontraba en Valladolid, en su colegio de San Antonio que tanto le costaba despegar, destacando como confesor y predicador.

En ese mismo momento, habría de pasar al colegio de Ávila, del cual fue rector hasta 1561. Allí conoció a Teresa de Ahumada, en los días previos a su salida del monasterio de la Encarnación y la fundación de la primera casa de la reforma descalza, el convento de San José desde agosto de 1562. Se mostró siempre afectuoso con la monja del Carmelo.

Solicitó Dionisio Vázquez pasar a la provincia de Aragón, permaneciendo algún tiempo en las fundaciones de Valencia y Gandía. Los catálogos se atrevían a subrayar la “prudencia” de este jesuita a la hora de tratar un número importante de asuntos. En 1563, Dionisio Vázquez salía de España y era enviado hasta Amberes, con el fin de trabajar en los ministerios pastorales entre la población española allí residente. Francisco de Borja, su anterior superior en España, ahora como prepósito general, le llamó a Roma en 1566 para que permaneciese junto a él, como ayudante en la secretaría que titulaba Juan Alfonso Polanco, aquel que fue llamado como el “verdadero San Ignacio” por García de Cortázar. Esa presencia de Vázquez en la Curia jesuítica no dio buenos resultados. Tampoco fue positivo su gobierno al frente del Colegio Romano desde 1568. El rigor del que hizo gala, provocó tensiones entre los estudiantes. Se le encomendaba en 1570 la visita de la provincia de Nápoles, encargándose del gobierno de la misma como viceprovincial en 1571 con el fin de que su titular, Alonso Salmerón, un antiguo compañero de Ignacio de Loyola, se dedicase a la elaboración de sus comentarios bíblicos. Siendo delegado de su provincia, participó en una de las Congregaciones Generales más controvertidas, la IIIª, celebrada a la muerte de Francisco de Borja en 1573. En aquellos momentos, el papa Gregorio XIII intervenía para evitar la elección de Juan de Polanco como el cuarto prepósito general y, especialmente, de un español al frente de la Compañía.

Se le encomendó al flamenco Everardo Mercuriano el gobierno del Instituto y fue éste el que sacó de Roma a Dionisio Vázquez, enviándolo a España y participando del peculiar destierro que sintieron en aquellos momentos muchos jesuitas españoles que habían vivido en Roma los años anteriores. Dionisio Vázquez no aceptó esta disposición de su superior general desde los parámetros de la obediencia y se convirtió en la cabeza visible de la oposición que se desencadenaba ante la nueva situación. El padre Vázquez se convertía en el más destacado de los llamados “memorialistas”. Él fue el autor, al menos, de dos de estos memoriales. En ellos, se pedía que la Compañía de Jesús de España fuese gobernada por un comisario desde estas tierras, mostrándose independiente de la autoridad del prepósito general que residía en Roma. Justificaba esta posición afirmando que el superior romano, por la distancia, no podía conocer los problemas reales de los jesuitas que vivían en España.

Ponía énfasis en la injustificada salida de personas y de dinero españoles hacia otra obra de la Compañía fuera de estas fronteras —sin duda, se olvidaba de lo que había hecho Francisco de Borja con el Colegio Romano—.

Consideraba Vázquez, participando tardíamente de esa política de fronteras cerradas, que la Compañía en España, gobernada por autoridades extranjeras, podía arriesgarse a facilitar la entrada de las ideas de los herejes, extendiéndose en el ámbito sacralizado católico.

La muerte de Mercuriano y la elección de un nuevo prepósito extranjero, el napolitano Aquaviva, no calmó la rebeldía de un jesuita que no se mostraba obediente. Los superiores le sacaron de Toledo y le enviaron, de nuevo, a la importante capital jesuítica que era Valladolid. A pesar de todo, Aquaviva le encargaba escribir una “Vida” de Francisco de Borja. Él había sido un hombre muy cercano al que había sido duque de Gandía y se había convertido en un testigo presencial de los acontecimientos que se le había encomendado relatar. Sin embargo, en su defecto, Dionisio Vázquez recreaba literariamente los diferentes textos que aportaba. Siendo sabedor Aquaviva de estos defectos, ordenó a los visitadores que recogiesen esta obra, prohibiendo su publicación, por lo que desde entonces permaneció inédita en los fondos del Archivum Romanum Societatis Iesu. Álvaro de Cienfuegos, jesuita que llegó a cardenal, en su “Vida” de San Francisco de Borja lo justificaba de esta manera: “no llegò a la estampa, quizà porque parecieron muy grandes los favores que el Cielo derramò sobre esta grande alma [la de Francisco de Borja], para sacados à luz, estando aun caliente su memoria, y su ceniza”. Esto no quiere decir que otros no tuviesen conocimiento del trabajo de Dionisio Vázquez. Juan Eusebio Nieremberg se sirvió de ella, cuando escribió su aportación biográfica al tercer prepósito Francisco de Borja, publicada en 1644. Así lo reconoció este autor en su “Advertencia y protesta del autor”.

Álvaro de Cienfuegos decía que estaba en su poder el original del trabajo del padre Vázquez, “donde principalmente bebe mi pluma lo que escrive”. Había afirmado este autor en el prólogo que “lo que yo [Dionisio Vázquez] puedo ofrecer al Lector desta Historia, es, que en ella no contaré cosa, de la qual, ò yo mesmo no sea testigo, ò no pueda dàr testigo, y Autor autentico”.

Obras de ~: “Vida San Francisco de Borja”, en Archivum Romanum Societatis Iesu, Vitae 80; Martyrologio Romano, traducido de lengua latina en la española por Dionysio Vázquez, Valladolid, 1586 (Madrid, 1587; Valladolid, 1596); Martirologio Romano, reformado conforme á la nueva razón del Calendario, y verdad de la historia eclesiástica, publicada por mandado de Gregorio XIII, Pontífice Máximo, trad. de la lengua latina en española por el P.M. Dionisio Vasquez, de la Compañia de Jesus, y ahora nuevamente añadidos los Santos que después acá han canonizado los demás Sumos Pontífices y mandado poner en el Calendario Romano, Madrid, por Pablo de Val, 1661.

 

Bibl.: J. E. Nieremberg, Vida del Santo Padre y gran sieruo de Dios, el B. Francisco de Borja de la Compañía de Jesús, van añadidas sus obras que no estauan impresas antes, Madrid, por María de Quiñones, 1644; A. Cienfuegos, La Heroyca Vida, Virtudes, y Milagros del Grande San Francisco de Borja, antes duque cuarto de Gandía, y después Tercero General de la Compañia de Jesus, Madrid, por Iuan García Infanzón, 1702; A. Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, vol. II, Madrid, Razón y Fe, 1914, págs. 108-109, 122, 126, 249-262, 372 (Madrid, Razón y Fe, 1925, vol. III, 117 y ss., 421-422, 518); A. Ramírez Araujo, “El Padre Dionisio Vázquez y la traducción española del “Martyrologio Romano”, en Symposion, 4 (1950), págs. 412-414; P. de Ribadeneira, Confessiones, epistolae et scripta inedita, Monumenta Historica Societatis Iesu, vol. 2, págs. 286-287; F. Sacchini, Historiae Societatis Iesu pars tertia sive Borgia, Romae, typis Manelfi Manelfij, 1649 / pars quarta, sive Everardus, Romae, typis Dominici Manelphij, 1652; C. de Dalmases, “Vázquez, Dionisio”, en Ch. O’Neill y J. M.ª Domínguez, Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, vol. IV, Roma-Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu, Universidad Pontificia de Comillas, 2001, pág. 3911; J. Burrieza Sánchez, Valladolid, tierras y caminos de jesuitas, Valladolid, Diputación Provincial, 2007.

 

Javier Burrieza Sánchez

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