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Ramón Martínez Vigil

Biografía

Martínez Vigil, Ramón. Tiñana (Asturias), 12.IX.1840 – Gijón (Asturias), 16.VIII.1904. Dominico (OP), teólogo, filósofo, catedrático, escritor, obispo de Oviedo, senador del reino.

Pasó su infancia y juventud (1841-1858) entre Villoria y La Pola de Laviana (Asturias), donde estudió las primeras letras con su padre, que era maestro, y Latín y Humanidades con varios de los “dómines” de ambas poblaciones, que instruían a la juventud con vistas a aspirar a estudios superiores. Como dirá más tarde alguno de sus biógrafos, ya en estos años el futuro obispo de Oviedo empezó a distinguirse por su agudeza, vivacidad, energía de carácter, piedad y aplicación a las letras.

A los dieciocho años (1858) se hizo dominico e ingresó en el convento de Santo Domingo de Ocaña (Toledo), que servía de colegio-seminario de misioneros para Oriente (Filipinas, China, Tonkín). El convento de Ocaña era por entonces el único que tenía abierto en España la Orden de Predicadores, dado que estaban todavía vigentes las leyes de exclaustración.

En Ocaña, Martínez Vigil tomó el hábito, hizo el noviciado, profesó y estudió la carrera de Filosofía (tres años) y parte de la de Teología, donde tuvo como profesores, entre otros, al famoso moralista padre José María Morán; la Teología la terminó en Manila.

Ordenado de presbítero en 1864, se embarcó para Filipinas, haciendo de capellán a bordo y fue destinado inmediatamente a la famosa Universidad de Santo Tomás, de Manila. Aquí terminó los estudios de Teología bajo la guía, entre otros, del célebre y futuro cardenal Zeferino González. En la Universidad se doctoró en Filosofía y Teología y enseñó distintas materias de ambas ciencias por espacio de casi doce años (1865-1876). Durante esta época se distinguió por su enorme capacidad organizadora, de inventiva y de trabajo, tanto en lo intelectual-académico como en lo ministerial. Creó el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad, que llegó a ser, en apenas seis años, una completa exposición permanente de todos los productos naturales de Filipinas, de otras partes de Asia y hasta de Europa, demostrando así su gran vocación de naturalista y lo entendido que llegó a ser en ciencias naturales. Participó activamente en el plan de segunda enseñanza para Filipinas, en la reforma de los nuevos estatutos de la Universidad y en la creación y puesta en marcha de nuevas carreras. Fue, también, depositario de la misma Universidad y secretario de la provincia dominicana del Santísimo Rosario de Filipinas.

No dejó de escribir, de predicar, de organizar conferencias y concursos y de participar activamente en la vida social, literaria y cultural de Manila. Se manifestó como un gran gestor.

En 1876 regresó a España y fue nombrado poco después procurador general de los dominicos en Madrid y Roma (1878-1884), cargo que desempeñó con gran acierto y diligencia. En la capital de España vivió hasta 1884, relacionándose estrechamente con Alejandro Pidal y Mon, el cardenal Zeferino y otros personajes conocidos del mundo literario, político, civil y eclesiástico de la época, y formó parte del grupo llamado “de La Pasión”. Excelente predicador y buen gestor de los más variados asuntos, el padre Vigil llegó a ser muy conocido y estimado en Madrid, ya que se dejaba escuchar con frecuencia en púlpitos, círculos y cátedras, y escribía en periódicos y revistas, pues fue siempre prolífico y castizo escritor. Del año 1883 es una de sus obras más conocidas, titulada Curso de Historia Natural, Fisiología e Higiene, que alcanzó tres ediciones y se adoptó como texto en distintos centros de enseñanza.

Durante su estancia en Madrid, Martínez Vigil transformó completamente el convento de la Procuraduría General, sito en la madrileña calle de La Pasión, hoy de fray Ceferino González. Se ocupó activamente de las monjas dominicas de Madrid y de su nuevo monasterio en la calle de Claudio Coello, de las religiosas dominicas de la Anunciata y de otras. En 1880 gestionó la apertura del colegio de segunda enseñanza de Vergara (Guipúzcoa), dirigido por los dominicos hasta la década de 1980. Visitó varios países europeos, conocía el francés, el inglés y el italiano, y en 1883 recogió en Ámsterdam los premios que la exposición universal de ese año había concedido a los dominicos de Filipinas.

Apadrinado por Silvela, Pidal y Mon y el cardenal Zeferino, fue presentado por Alfonso XII para ser obispo y el 27 de marzo de 1884 fue preconizado por León XIII y consagrado en San Isidro de Madrid el 1 de junio de ese año. Al final de mes entró en su diócesis de Oviedo, que regentó por espacio de veinte años, hasta que murió en 1904.

Martínez Vigil fue obispo ejemplar, dinámico, organizador, emprendedor, estudioso, defensor acérrimo del honor de Dios y de los derechos de la Iglesia, trabajador incansable del bien espiritual y material de sus diocesanos. De sólida y amplia cultura, elevó el nivel moral, espiritual e intelectual de su clero diocesano, que llegó a ser uno de los más estimados y valorados en el concierto eclesiástico español de la época y muchos años después de la muerte del obispo. Para conseguir tal objetivo, el padre Vigil se preocupó especialmente del seminario, cor episcopi, redactando e imponiendo sucesivamente varios planes de estudios de los más avanzados y completos de entonces, pues intentó conseguir de Roma por todos los medios que el seminario ovetense pudiera dar grados superiores (doctorado) en Teología y Cánones. En el curso 1898- 1899 el seminario alcanzó la cifra de casi ochocientos estudiantes. Obra de Martínez Vigil fue la construcción e inauguración del magnífico y amplio seminario nuevo de La Vega, por entonces a las afueras de Oviedo y vendido, incomprensiblemente, después de su muerte para cuartel; hoy forma parte del campus universitario de Oviedo. Otra gloria perenne de este obispo “constructor” fue la edificación de la basílica de Covadonga y gran parte de su complejo aledaño.

Cuando llegó de obispo a Oviedo, Covadonga apenas si tenía puestos los cimientos. Con una fe, tesón y eficacia dignos del mayor encomio, el obispo superó una y mil dificultades pero pudo consagrar el templo y abrirlo al culto en 1901.

Solícito pastor de su grey, visitó toda la diócesis en tres ocasiones (visita pastoral) e hizo cinco visitas ad limina. Conoció a fondo la realidad de la diócesis, del clero y fieles, y en sus relaciones ad limina dejó una buena síntesis de ello. Reformador enérgico y émulo de León XIII, celebró dos sínodos diocesanos, de los que fue decisivo el del año 1886, que marcó el final de una época y el inicio de otra en la Iglesia asturiana.

Hizo el arreglo parroquial, establecido en el artículo 24 del Concordato de 1851 y que estaba en suspenso desde entonces; promovió las santas misiones populares, que llegaron hasta el último rincón de la diócesis, ya que se celebraron más de cien en los veinte años que pontificó. Inauguró de nueva planta veinte templos parroquiales y reconstruyó y adecentó muchos más, así como bastantes casas rectorales.

También reformó la catedral de Oviedo, no sin grandes contratiempos con el Cabildo catedralicio, ya que no siempre fueron buenas las relaciones con algunos de sus miembros. Restauró el palacio episcopal de Oviedo y adquirió para la diócesis la residencia episcopal de Somió (Gijón), donde en verano, sobre todo, se reunía con gentes de letras, eclesiásticos y civiles.

Su obra material en la diócesis también ha pasado a la historia de Asturias, pues, como se ha dicho, fue un obispo que puso “miles de ladrillos” en la diócesis ovetense. Asistió a los sínodos provinciales de Santiago de Compostela, a algunos congresos nacionales y participó en las, por entonces tradicionales y accidentadas, peregrinaciones de obreros a Roma.

Con gran entusiasmo e interés se ocupó de la defensa de la vida regular, defendiendo en el Senado sus derechos de asociación y actividad y trayendo a la diócesis a frailes, monjas y religiosas de varias órdenes y congregaciones.

Senador del reino en dos ocasiones, Martínez Vigil dejó oír su voz en defensa de los derechos de la Iglesia y del clero. Patriota nato, fue galardonado por el Gobierno por su efectiva participación en el batallón del principado, costeado en parte a su iniciativa, para combatir en la Guerra de Cuba. Muy amigo de Pidal y Mon, hasta poco antes de morir, no por ello dejó de ser políticamente independiente cuando su conciencia y los derechos de la Iglesia se anteponían a cualquier otra cosa. Tanto antes como cuando fue obispo, se relacionó con famosos de la época (Clarín, Menéndez Pelayo y otros), para quedar, al final, amigo del autor de La Regenta. Intentó con su ejemplo y su pluma dar luz y resolver el grave problema de la desunión de los católicos españoles y colaboró, en la medida de sus posibilidades, a resolver el problema social según las directrices de León XIII, para lo que abrió varios círculos de obreros católicos, materia en la que sobresaldrá su sobrino carnal, Maximiliano Arboleya Martínez.

Obispo ejemplar, caritativo y piadoso, de muchas lecturas y vasta erudición, abierto, escritor prolífico, dejó una profunda huella positiva en la diócesis, por lo que es considerado como uno de los grandes obispos de Oviedo. Murió a los sesenta y cuatro años de edad, el 16 de agosto de 1904, en Somió (Gijón).

 

Obras de ~: La milicia angélica de Santo Tomás de Aquino, Manila, 1866; Rudimentos de geografía descriptiva para uso de los estudiantes de primera enseñanza, particularmente en las Islas Filipinas, Manila, 1869; Regla y Constituciones de la Tercera Orden de Santo Domingo con explicaciones para los terciarios de Manila, Manila, 1872; Diccionario de los nombres que se dan en Filipinas a muchas plantas usuales y notables del mismo archipiélago con la correspondencia científica, la clasificación natural y la indicación de su uso, Madrid, Viuda de Aguado, 1879; “De la restauración en las Escuelas católicas de la Filosofía cristiana según el pensamiento del Doctor Angélico”, en La Fe (agostoseptiembre de 1879); Armonía de las ciencias humanas con la Religión, Madrid, Viuda de Aguado, 1880; Curso de Historia Natural, Fisiología e Higiene, según los principios de Santo Tomás de Aquino, Madrid, A. Pérez Dubrull, 1883; La Orden de Predicadores. Sus glorias en santidad, apostolado, ciencia, arte y gobierno de los pueblos, seguidas de un ensayo de una biblioteca de dominicos españoles, Madrid, A. Pérez Dubrull, 1884; Oratio quam pro defuncto rege católico Alphonso XII habuit in sacello pontificio [...], Roma, Tipografía Vaticana, 1885; Sínodo diocesano de Oviedo [...] de 1886, Oviedo, A. Pérez Dubrull, 1887; El Naturalismo en Religión y en Política, Oviedo, Imprenta de Carlos Uría y Valdés, 1887; La antigua civilización en las Islas Filipinas, Madrid, La España Moderna, 1891; La Creación, la Redención y la Iglesia ante la Ciencia, la Crítica y el Racionalismo, Madrid, Imprenta de los Huérfanos, 1892; Estadismo de la diócesis de Oviedo, Oviedo, A. Brid, 1895; Elementos de geografía descriptiva y particularmente de las Islas Filipinas, Manila, Universidad de Santo Tomás, 1896; La fórmula para la Unión de los Católicos, Oviedo, 1897; La libertad de enseñanza, Oviedo, 1898; Pastorales [...], Madrid, Gregorio del Amo, 1898, 3 ts.; “La reforma de la Segunda enseñanza”, en La Opinión de Asturias, 9 de junio de 1899; Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo, Madrid, Gregorio del Amo, 1902; “La Concepción Inmaculada de María y la Orden de Predicadores”, en El Santísimo Rosario (ESR), XIX (1904).

 

Bibl.: A. A., “El R. P. Martínez Vigil, Obispo electo de Oviedo”, en El Carbayón (Oviedo), 26 de marzo de 1884, pág. 1; M. Arboleya Martínez, “El P. Martínez Vigil, prólogo a un estudio”, en ESR, XIX (1904), págs. 669-702; VV. AA., Los dominicos en el Extremo Oriente. Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas, Barcelona, Seix Barral, 1916; J. L. Pérez de Castro, “Epistolario de ‘Clarín’ y Fr. Ramón Martínez Vigil”, en M. Gómez Santos, Leopoldo Alas “Clarín”, pról. de G. Marañón, Oviedo, Diputación de Asturias, Instituto de Estudios Asturianos, 1952; A. Viñayo, El Seminario de Oviedo. Apuntes para el primer siglo de su vida, Oviedo, Gráficas Lux, 1955; J. L. Pérez de Castro, “Contribución al Catálogo bibliográfico, periodístico y oratorio de Fray Ramón Martínez Vigil”, en BIDEA, 42 (1961), págs. 17-36; (1966), págs. 1-24; VV. AA., Historia de Asturias. Época contemporánea, ts. 8-9, Gijón, Ayalga, 1970; P. Fernández, “Martínez Vigil, Ramón”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. III, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Enrique Flórez, 1973, págs. 1438-1439; J. Barrado Barquilla, Fray Ramón Martínez Vigil (1840- 1904) Obispo de Oviedo, Salamanca, San Esteban, 1996; “Covadonga y el Obispo Martínez Vigil, O.P.”, en Archivo Dominicano, XXII (2001), págs. 299-335.

 

José Barrado Barquilla, OP