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Alfonso García de Santa María

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Biografía

García de Santa María, Alfonso. Alfonso de Cartagena. Burgos, 1386 − Villasandino (Burgos), 22.VII.1456. Humanista, historiador, político y obispo.

Descendiente de una familia judía, originaria de Calatayud y asentada en Burgos en 1348 gracias a un ordenamiento promulgado por Alfonso XI con el que pretendía el arraigo de los judíos en su Monarquía.

Su padre, Salomón Ha Levi o Pablo de Santa María, fue un destacado rabino, político, teólogo, literato, historiador, obispo de Cartagena y de Burgos, quien se convierte al cristianismo con sus hijos —Gonzalo, María, Alfonso, Pedro y Alvar— el 21 de julio de 1390. Su madre Juana lo haría con posterioridad. Sus hermanos destacaron en su época por diversas actividades políticas, religiosas o culturales. La influencia familiar fue clave para su futuro.

Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Salamanca hasta 1406, en que se doctoró en Leyes.

A partir de este momento aparece junto a su padre, como Capisol, siendo éste obispo de Cartagena (1403-1415) y de modo progresivo participará en los acontecimientos que transcurren durante el reinado de Juan II de Castilla (1407-1454). Dicho reinado se caracterizó por las luchas entre grupos nobiliarios que trataron de imponer su poder frente al Rey y que se acrecentarían por la minoría de edad de éste, pues al subir al trono solamente contaba con dos años. La regencia quedó en manos de su madre, Catalina de Lancáster, y el infante don Fernando, hasta que éste accedió al trono de Aragón (1412) y su madre asumió todo el poder. Por otra parte, existía una gran crisis en el seno de la Iglesia católica que obligó a convocar el Concilio de Constanza (1415-1418). Castilla intervino en él a través de una delegación en la que participó Gonzalo García de Santa María, hermano de Alfonso, para conseguir la renuncia de Benedicto XIII (Pedro de Luna), que había establecido su Corte en Aviñón. En ella había residido Petrarca y se fue convirtiendo en un núcleo importante de las nuevas corrientes intelectuales (prehumanismo), por las que mostró un gran interés Alfonso y que quedarán reflejadas en sus obras posteriores.

Su participación política comenzó en 1414 como miembro titular del Consejo Real, pues a petición del infante don Juan asistió a unas deliberaciones que tuvieron lugar como consecuencia de la formación de una flota por parte de Portugal para la ocupación de Ceuta (1415). Fue nombrado al mismo tiempo auditor de la Audiencia Real de Castilla y deán de Santiago de Compostela. En 1414 fue nombrado por su padre maestrescuela del Cabildo de Murcia.

Coincidiendo con la mayoría de edad de Juan II (1419) fue desarrollando y simultaneando sus actividades políticas, literarias y eclesiásticas. Durante el pontificado de Martín V (1417-1431), fue nuncio pontificio en Castilla y colector general de la Cámara Apostólica en las diócesis de Toledo, Sevilla, Plasencia, Badajoz, Cádiz, Córdoba, Jaén, Cartagena, Cuenca, Sigüenza, Segovia y Coria, deán de Segovia y canónigo de Burgos y de otras catedrales (1421). Al mismo tiempo, fue embajador real para la Corte portuguesa (1421) con la misión de lograr que continúen las treguas entre ambos reinos. Durante su permanencia en el país vecino escribió Memorial de Virtudes (1422) dirigido a la instrucción del príncipe Duarte, hijo mayor del rey de Portugal Juan I de Avis, y tradujo al castellano la obra de Cicerón De Senectute.

Al regreso encontró Castilla envuelta en guerras contra los infantes de Aragón, hijos de Fernando I, que se vieron apoyados por grupos de nobles castellanos (1422) para acabar con el poder que poseía su privado Álvaro de Luna. El rey de Aragón entró en Castilla cuando los infantes don Enrique y don Pedro fueron hechos prisioneros. En ellas, don Alfonso actuaría de mediador, siempre mostrando fidelidad y lealtad al Rey, consiguiendo al mismo tiempo el apoyo de Burgos. En 1430 se consiguió una tregua.

Nuevos problemas en el seno de la Iglesia llevaron a la convocatoria del Concilio de Basilea (1431- 1437) por Eugenio IV. En él participó Alfonso como miembro de la delegación castellana. Antes del comienzo de las sesiones había que abordar la cuestión de la preeminencia de Castilla sobre Inglaterra. Para su defensa, Alfonso recurrió a la Historia de España, para demostrar la mayor antigüedad de la Monarquía castellana y, por tanto, un lugar de preeminencia. El discurso lo realizó en latín y con él comenzó a ser conocido en Europa. Una nueva cuestión se suscitó cuando el Papa publicó una bula concediendo Gran Canaria a Portugal para su evangelización. Para defender la propiedad de Castilla, se basó en que dependía de la provincia de Tánger, que formó parte del reino visigodo y del cual era heredera Castilla. Una bula pontificia reconoció la propiedad castellana (1437).

En el seno del Concilio se planteó el cambio de lugar de la Asamblea, para lo que no existió acuerdo.

Se nombró una comisión, de la que formó parte don Alfonso, que votará en contra de los deseos del Papa.

El Concilio depuso al Papa y la delegación castellana abandonó la Asamblea. La verdadera cuestión que se estaba planteando era la superioridad del Concilio sobre el Papa o viceversa. Don Alfonso se pronunció a favor de la superioridad del Concilio, aunque, por impedir un nuevo cisma, afirmó que un concilio solamente puede ser convocado por el Papa para ser considerado como tal.

Estando en Basilea fue nombrado obispo de Burgos (1435) por haber fallecido su padre, que ocupaba el cargo. Tomó posesión mediante su procurador.

A partir de 1440 se ocupó personalmente de las obligaciones de la diócesis y de modo simultáneo participó en la vida de la Corte. Así aparece formando parte de la comitiva real que recibiría a Blanca de Navarra, futura esposa del príncipe don Enrique. La boda se celebró en Valladolid (1440) y, como consecuencia de ella, el Rey autorizó la constitución del mayorazgo de Cartagena, que representaría la descendencia troncal de don Pablo. La familia Santa María lo adoptará como apellido, quedando así reconocida su hidalguía.

De nuevo las guerras contra Aragón y Navarra (1440). En esta ocasión el príncipe don Enrique participó en contra de su padre. El Rey fue hecho prisionero en Medina del Campo (1441) y, abandonado por Álvaro de Luna, consiguió huir a Valladolid. El príncipe don Enrique, que estaba en Burgos, donde se encontraba Alfonso, salió al encuentro de su padre, para luchar contra los rebeldes. En la batalla de Olmedo (1445) ambos consiguieron derrotarlos.

Un nuevo acontecimiento, relacionado con los judíos conversos, llevó a la intervención de Alfonso, que redactó la obra Defensorium fidei (1450) dirigida a Juan II y en la que defendía la igualdad de derechos frente a los cristianos viejos.

Los problemas con don Álvaro continuaron y el Rey le consideró culpable de todos los males de su reinado, cuando ocurrió el asesinato del contador mayor (1453) en Burgos, en casa de Pedro de Cartagena, hermano de don Alfonso, donde se alojaba. El Rey decretó que se armara la ciudad y que el maestre fuera hecho prisionero. Fue sentenciado por doce doctores que firmaron con sus nombres (1453).

Don Alfonso continuó con sus labores apostólicas y en 1454, cuando murió Juan II, fue el encargado de trasladar sus restos a la cartuja de Miraflores (1455).

Al año siguiente tuvo lugar el jubileo a Santiago de Compostela y deseó participar. Antes de marchar decidió redactar su testamento. Al regreso se detuvo en Villasandino, donde murió el 22 de julio de 1456.

Sus restos fueron depositados en la capilla de la Visitación.

 

Obras de ~: Memoriale virtutum, s. l., 1422 (trad. de M. Campos Souto, El “Memorial de virtudes”, Burgos, Instituto Municipal de Cultura, 2004); Defensorium fidei, s. l., 1450 [ed. de M. Alonso, Defensorium unitatis christianae [Tratado en favor de los judíos conversos], Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Instituto Arias Montano, Escuela de Estudios Hebraicos, 1943; ed. de G. Verdín-Díaz, Alonso de Cartagena y el “Defensorium unitatis christianae”, Oviedo, Universidad, Servicio de Publicaciones, 1992]; El Oracional, Murcia, 1487 (ed. crítica de S. González- Quevedo Alonso, [Valencia]-[Chapel Hill], Albatros, 1983); Apología sobre el Salmo Judica me Deus, Murcia, 1487; Glosa a la obra de San Juan Crisóstomo, Murcia, 1487; Doctrinal de Caballeros, Burgos, 1487 (Burgos, 1497; ed. de J. M.ª Viña Liste, Santiago de Compostela, Universidade, Servicio de Publicacións e Intercambio Científico, 1995); Cinco libros de Séneca, Sevilla, 1491 (Toledo, 1510; Alcalá de Henares, 1530; Anvers, 1548 y 1551); Cicerón, De officiis, De Senectute, trad. de ~, Sevilla, 1501 (ed. y est. de M.ª Morrás Ruiz-Falcó de la trad. cast. de De officiis por ~, Ann Arbor [Michigan], University, Dissertation Information Service, [1993]; ed. de M.ª Morrás, Libros de Tulio: de senetute, de los ofiçios, Alcalá de Henares, Universidad, 1996); Genealogía de los reyes de España, s. f. (Biblioteca Nacional, ms. Vit. 19-2; ed. facs., est., transcr. y trad. de B. Palacios Martín et al., El libro de la Genealogía de los Reyes de España, Madrid-Valencia, Biblioteca Nacional-Scriptorium, 1995); Retórica de Tulio, s. f. (ed. de R. Mascagna, La Rethorica de M. Tullio Ciceron, Napoli, Liguori, 1969); Duodenario, s. f.; Declaraciones sobre la traslación de las Éticas de Leonardo Múnster, s. f.; Conflacorio, s. f.; Tratados sobre la precedencia de los reyes de Castilla y León sobre los de Inglaterra, s. f.; Sobre cómo la provincia de Tánger y las islas Canarias pertenecen a los Reyes de Castilla y de León y no a los reyes de Portugal, s. f.; Crónica latina desde el reinado de Fernando III hasta Juan II, s. f.; Libro de sermones, s. f.

 

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Concepción Armenteros Lizana