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Salomón Ha-Levi

Biografía

Ha-Levi, Salomón. Pablo de Santa María, Pablo de Cartagena, Pablo de Burgos. Burgos, 1352 – 29.VIII.1435. Obispo, teólogo, rabino, capellán real, consejero real y escritor.

Nació en el seno de una familia judía acomodada de origen aragonés, encargada de recaudar los impuestos en la Corona de Castilla. Hijo de Isaac ha-Levi, y nieto de Abraham ha-Levi, su educación siguió el modelo tradicional empleado en la sociedad hispanojudía, basado en el aprendizaje de las Ciencias y la Filosofía Medieval. Su amplio conocimiento en textos y fuentes rabínicas le hizo pronto destacar, llegando a ser nombrado rápidamente rabino de Burgos; gracias a sus estudios en lenguas clásicas se puso en contacto con las fuentes cristianas, destacando por su erudición.

En 1388 fue escogido por Juan I para formar parte de una delegación, junto a otros nobles y cortesanos, que sirvieron como garantía al duque de Lancaster en el acuerdo matrimonial entre su hija, nieta también de Pedro I de Castilla, y Enrique, hijo de Juan I (Paz de Troncoso, 1387). Su candidatura fue aceptada a pesar de su condición de judío, debido a la gran estima que le profesaba el Rey castellano.

Su conversión, que algunos especialistas fijan en el año 1390, parece más probable próxima a los disturbios iniciados en Andalucía, que se propagaron por toda la Península, en 1391: según él explica en sus obras, sus dudas se habían iniciado con anterioridad, por lo que fue un acto muy meditado. Su paso al cristianismo no se realizó de forma individual, sino que como jefe espiritual de la comunidad judía de Burgos deseó que ésta fuera admitida por la totalidad de sus miembros. Cuando Salomón ha-Levi llegó a la conclusión de que la única posibilidad para la salvación física —pues la Corona había prevenido el 16 de junio que tumultos similares podrían acaecer en Burgos— y espiritual era la conversión, reunió a su comunidad para explicarle sus propios puntos de vista doctrinales y la situación a la que se enfrentaba. Sin embargo, su visión no fue recibida con la unanimidad que él esperaba; a pesar de ello, fijó la fecha de su conversión, junto a aquellos que desearan seguirle, para el 21 de julio: finalmente, sería acompañado por una parte de su familia y algunos notables judíos burgaleses.

Tras estos acontecimientos, partió a París, donde residió durante tres años, graduándose en Teología y ordenándose sacerdote. Fue por esta época cuando tomó contacto con el cardenal de Aragón, Pedro de Luna, con el que parece que estableció una relación amistosa. Cuando este último fue elegido Papa, con el nombre de Benedicto XIII, en 1394, invitó a Pablo a Aviñón, donde permaneció cuatro años realizando tareas destacadas en la curia. Ese mismo año, el rey de Francia, Carlos VI, decretó la expulsión de los judíos de su reino, y sólo en unos pocos lugares de la zona francesa se accedió a acogerlos, entre otros en Aviñón; él fue uno de los predicadores que intentó convencer a estos judíos de la necesidad de la conversión. Cuando Francia retiró la obediencia a Benedicto XIII, y Castilla siguió su ejemplo, Pablo de Santa María fue el principal motor de la causa benedictina, forjándose, gracias a su defensa, una reputación internacional.

En 1398 la influencia del aviñonés había prácticamente desaparecido y Pablo de Santa María fue enviado a su país natal con la misión de defender los derechos de Benedicto XIII y ayudar a normalizar las relaciones con la Corona; para llevar a buen fin este cometido, fue nombrado arcediano de Treviño, en la diócesis de Burgos, y representante de este Papa en Castilla; Enrique III lo recibió cordialmente y lo nombró capellán real. Su actuación dio frutos dos años más tarde, cuando Castilla, a finales de 1402, se sometió a la autoridad de Benedicto. En reconocimiento de su ardua labor, fue nombrado, el 30 de julio de 1403, obispo de Cartagena, diócesis de Murcia, y su embajador en la Corte de Castilla. A la muerte de Enrique III, en 1406, los regentes de Castilla, Catalina y el infante Fernando, le reiteraron su apoyo, forjándose una cordial amistad, sobre todo con este último.

En 1408 Pablo participó en el Concilio de Perpiñán que Benedicto XIII propuso frente a aquel que sus oponentes deseaban realizar en Pisa, y aunque Pablo se fijó como meta principal terminar con el Cisma, sus intentos fueron vanos, suspendiéndose el susodicho Concilio en febrero de 1409, sin haber llegado a soluciones claras. Francia, por su parte, informó a Benedicto de la necesidad de un acuerdo, pues en caso contrario tomarían en cuenta las decisiones que se adoptaran en el Concilio de Pisa, para finalizar con la situación de crisis. El Concilio de Pisa depuso a Benedicto XIII y a su oponente Gregorio XII, nombrando en su lugar como papa a Alejando V; sin embargo, esto no resolvió el Cisma, sino que aun lo complicó.

Pablo, de vuelta en Castilla, trabajó a favor de Benedicto; en diciembre de ese mismo año, en Barcelona, apoyó la bula del papa Luna, en reacción al Concilio de Pisa. En 1410, a la muerte de Alejandro V, se eligió a otro papa, Juan XXIII. En septiembre de 1415 Juan XXIII y Gregorio XII abdicaron con el fin de solucionar el conflicto. El emperador Segismundo intentó obtener la ayuda del infante Fernando para conseguir también la abdicación de Benedicto XIII; fue entonces cuando el infante se decidió a nombrar un comité de cuatro obispos: dos castellanos, uno de ellos Pablo, y dos aragoneses, con el fin de tratar toda la documentación relativa a las abdicaciones papales.

Esta comisión llegó a la conclusión de la necesidad, por el bien de la cristiandad, de que tenía que abdicar Benedicto XIII. Pablo acompañó a este último a Peñíscola, el 9 de noviembre de 1415, recibiendo entre tanto el nombramiento de obispo de Burgos. Los castellanos y los aragoneses solicitaron la abdicación a Benedicto en tres ocasiones (Pablo de Santa María participó en la tercera delegación), tras lo cual decidieron retirarle la obediencia ante su negativa a abdicar. Fue la última ocasión en que Santa María se vio con este Papa: el 4 de febrero de 1416 juró un acuerdo, en Narbona, para participar en el Concilio de Constanza, que perseguía terminar con el Cisma y en el que se depuso, como una de las medidas necesarias, a Benedicto XIII.

Éste fue uno de los últimos acontecimientos en los que participó Pablo de Santa María: con la muerte, poco tiempo después, del infante Fernando, el 2 de abril de 1416, finalizó la influencia política y social del obispo de Burgos. Sin embargo, sus hijos, habidos antes de su conversión, siguieron sus pasos en la Iglesia y el reino: los obispos Gonzalo y Alonso, Pedro de Cartagena, Alvar Sánchez de Cartagena y María de Cartagena.

En relación con sus antiguos correligionarios, Pablo de Santa María siempre estuvo atento a la situación en la que vivían las aljamas judías hispanas, creyendo firmemente en la necesidad de la conversión. Su influencia se vio reflejada en las medidas adoptadas bajo Enrique III, cuando redujo a la mitad la deuda de los judíos castellanos. También en la pragmática de Valladolid, del 2 de enero de 1412, concerniente al “encerramiento de judíos y moros”, y en la disputa de Tortosa del 7 de febrero de 1413, que se celebró en presencia de Benedicto XIII y a la que asistieron gran número de cardenales y obispos. Su participación no fue siempre directa, pero las decisiones adoptadas por los altos dignatarios castellanos tuvieron su apoyo en los acontecimientos que marcarían a la minoría en el tránsito hacia el siglo XV.

Entre los principales escritos que legó, la gran mayoría redactados en la recta final de su vida, cabe destacar su obra exegética, finalizada en 1429, al comentario bíblico de Nicolás de Lyra, Additiones ad postillanis magistri Nicolai Lyra. Asimismo, en 1432, a los ochenta y tres años de edad, terminó su máxima obra, un tratado polémico, sobre judaísmo y cristianismo, redactado en forma de diálogo entre un cristiano y un judío, en el que se exponen los dogmas básicos del cristianismo, su Scrutinium Scripturarum; por último, no hay que olvidar sus trabajos de carácter histórico: Las siete edades del mundo o Edades trovadas, y la Suma de las crónicas del mundo. Cabe señalar, finalmente, que se conservan dos poemas redactados por Pablo de Santa María en hebreo, enviados desde Inglaterra a Meir Alguadex, médico de los reyes castellanos, rabino principal de Castilla y amigo de Pablo en sus años como judío.

 

Obras de ~: Additiones ad postillanis magistri Nicolai Lyra, s. l., 1429 (Nuremberg, 1481; Venecia, 1481); Dialogus Pauli et Sauli contra Judæos, sive Scrutinium Scripturarum, s. l., 1432 (Mantua, 1475; Mains, 1478; París, 1507, 1535; ed. de C. Sanctotis, Burgos, 1591); Las siete edades del mundo, s. l., s. f. (est. y ed. crítica de J. C. Conde, La creación de un discurso historiográfico en el Cuatrocientos castellano: “Las siete edades del mundo” de ~, Salamanca, Ediciones Universidad, 1999).

 

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Rica Amran