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Grimanesa de Mogrovejo

Biografía

Mogrovejo, Grimanesa de. Mayorga de Campos (Valladolid), c. 1546 – Lima (Perú), 1635. Dama, hermana de santo Toribio de Mogrovejo (segundo arzobispo de Lima).

Nació en Mayorga de Campos, que entonces dependía del Obispado de León, hija de Luis de Mogrovejo y de Ana de Robledo. Su hermano Toribio fue una figura clave en la evangelización de América, y tuvo una influencia decisiva en la Iglesia del continente.

Se le ha declarado patrono de los obispos de Latinoamérica, y fue canonizado en 1726.

La familia, de origen noble, procedía de los Picos de Europa, donde se encuentra el antiguo solar de los Mogrovejo, a poca distancia de Potes. Después se estableció en Mayorga, donde el padre, conocido como “el bachiller Mogrovejo”, fue regidor perpetuo de la villa.

La infancia de Grimanesa transcurrió en la casa familiar, que según un testimonio de la época, estaba situada en el barrio de San Juan. Se casó con Francisco de Quiñones, primo segundo suyo que destacó en los ejércitos reales, luchando contra los turcos.

Cuando en 1580 su hermano Toribio fue nombrado arzobispo de Lima, Grimanesa, junto con su marido y sus tres hijos: Beatriz, Juan Antonio y Mariana, marcharon con él, formando parte del séquito de veintidós personas que le acompañaron hasta Perú.

Francisco de Quiñones fue hombre de confianza del virrey Martín Enríquez, y ocupó cargos de mucha importancia en Perú: corregidor de Lima, maese de campo y comisario general de Caballería del Perú, y comandante de la Armada del Sur. Fue siempre un gran colaborador de su cuñado el arzobispo, y según los biógrafos de éste, una de las personas que mejor se entendieron con santo Toribio. En Lima, la familia compartía la misma vivienda en el palacio arzobispal, y Grimanesa se ocupaba del gobierno y administración doméstica. En Perú nacieron sus otros dos hijos: Luis y María.

Grimanesa vivió junto a su hermano hasta la muerte de éste en 1606, siendo durante veinticinco años su más firme apoyo. Ella se encargaba también de que él sintiera el calor familiar aunque estuviera lejos, con motivo de sus viajes por la diócesis, enviándole regalos por Navidad y otras fechas señaladas. Cuando el arzobispo se despidió de ella para emprender su tercera visita pastoral, presintiendo su muerte, le dijo estas palabras, que sin duda conmoverían el corazón de Grimanesa: “Hermana, quédese con Dios, que ya no nos veremos más”.

Grimanesa de Mogrovejo aportó a la sociedad limeña una forma de vida, la que había conocido en España.

Contribuyó, en su propia medida, al trasplante cultural realizado por los que al trasladarse a Indias llevaron consigo sus costumbres, lengua, religión, y todo lo que constituye las raíces de un pueblo.

Por su destacado papel en la sociedad de la capital del virreinato, como hermana del arzobispo y esposa de un relevante miembro de la vida política, su influencia fue grande entre los que la rodeaban, y contó con la estimación de todos. Cuando murió en 1635, el lugar elegido para su entierro fue el más honroso que hubiera podido desear: la catedral de Lima. En frase de Rodríguez Valencia, “fue la única mujer que mereció en Lima el honor de ser enterrada en la catedral, en una bóveda bajo el altar mayor”, junto a la sepultura de su hermano santo Toribio.

 

Bibl.: V. Rodríguez Valencia, Santo Toribio de Mogrovejo, organizador y apóstol de Sur-América, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1956; M. I. González del Campo, Mujeres vallisoletanas en América en los siglos xvi y xvii, Valladolid, Ayuntamiento, 1998, págs. 52-54.

 

María Isabel González del Campo

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