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Francisco Herrera Rodríguez

Biografía

Herrera Rodríguez, Francisco. Curro Guillén. Utrera (Sevilla), 16.XI.1783 – Ronda (Málaga), 20.V.1820. Torero.

Perteneció a una familia de largo abolengo taurino. Nieto de Francisco Herrera, su padre, Francisco Herrera Guillén, fue igualmente torero. Su madre, Patrocinio Rodríguez, era hija del matador Juan Miguel Rodríguez, tío del legendario Costillares, y hermana de los banderilleros Cosme y José María.

Curro Guillén, que como torero utilizó el segundo apellido de su padre, visitó de niño la gran escuela de toreo que era el matadero sevillano, al que acudía a entrenarse su padre. Según Cossío, Francisco Herrera “no veía con malos ojos las disposiciones del chico para la lidia”. Asimismo, acompañaba a sus tíos banderilleros a diferentes tentaderos, en los que tenía ocasión de seguir practicando el oficio de torero.

Cossío afirma que “a los quince años organizó, probablemente, la primera cuadrilla de toreros infantiles que tanto auge habían de tener a lo largo del siglo xix; capitaneándola, mató en una capea celebrada en Llerena dos toros, llamando la atención por su precocidad de torero entendido y valiente”. Rasgos que corrobora Don Ventura cuando asegura que “su garbo torero, su capacidad de lidiador y su carácter expansivo le prestaron enorme popularidad”.

Cossío añade, en su excelente biografía, un dato importante y revelador: “El dinero ganado por el autor de sus días era lo suficiente para el arreglo de la casa y de ahí que el mozo no tuviera que trabajar en alguna cuadrilla de peón o subalterno desatendido. Asistía a herraderos y fiestas camperas, conociendo cada día mejor los toros y sus lidias respectivas a pie y a caballo. Los recursos y artes del toreo los aprendió entonces tan bien, que su buen discípulo Juan León había de decir más tarde: Aquel hombre valía solo más que su cuadrilla entera, y en los apuros más grandes que se presentaban era cuando se le ocurría mandar: ¡Fuera gente!”.

El crítico Recortes asegura que toreó como banderillero en la cuadrilla de Jerónimo José Cándido en 1797 y 1798, argumento que no convence a Cossío, pues en esa época Curro Guillén tenía catorce años.

Sin precisar las fechas exactas, Don Ventura dice que “mientras duró la invasión francesa toreó con su maestro Jerónimo José Cándido en Madrid, en las corridas napoleónicas [se celebraron en 1810]”. Antes, en octubre de 1808, apareció también en varias corridas celebradas en Madrid.

Recortes también facilita la fecha del 22 de junio de 1799 como la de su alternativa, ceremonia celebrada en Sevilla a manos de su maestro. Y la del 3 de septiembre de ese mismo año como la de su presentación en Madrid. Cossío cuestiona ambas efemérides, pues asegura haber visto carteles de 1803 en los que Guillén toreaba en Madrid como medio espada, causando una gran impresión. Se puede añadir, siguiendo la relación de festejos celebrados en Madrid publicada por López Izquierdo, que el 3 de septiembre de 1799 no hubo toros en la capital de España. Sí se toreó el día 2 (Pepe Hillo y Antonio Romero y, como medio espada, Antonio de los Santos, que no pudo lidiar los dos últimos porque el festejo fue suspendido por lluvia), el 9 (Pedro Romero, Hillo y Antonio Romero, con De los Santos y Jerónimo José Cándido como medios espadas) y el 16 (el mismo cartel que el día 9), además de otras corridas en las que tampoco figuraba Curro Guillén (tampoco como banderillero). Respecto a su presencia en 1803 como medio espada en Madrid, el diestro de Utrera no es nombrado ni una sola vez en la relación de festejos publicada por López Izquierdo.

Sí aparecía, como se ha dicho, en 1808. Durante el trienio que abarca los años 1805, 1806 y 1807 no hubo toros en España debido a que fueron prohibidos por Carlos IV. Pero volvió a haberlos una vez que éste abdicó. En Madrid la primera corrida se celebró el 26 de agosto, y Jerónimo José Cándido y Curro Guillén torearon cuatro corridas entre los días 3 y 24 de octubre. Luego, en 1809 no hubo corridas porque la plaza se encontraba medio derruida debido a la guerra. A diferencia de lo reseñado, Cossío explica que “Curro Guillén no acudió con la solicitud de [Juan Núñez] ‘Sentimientos’ a los requerimientos de adhesión que los nuevos mandatarios [los franceses] hicieron a los sevillanos. De esta forma, sospechoso de patriota, pasó Herrera Rodríguez los dos primeros años”.

En 1810 torearon Jerónimo José Cándido y Curro Guillén una docena de corridas organizadas por José Bonaparte. En 1812 viajó hasta Lisboa, donde permaneció exiliado dos años, toreando con mucho éxito diferentes corridas en la plaza de Santa Ana. De regreso a España, en 1814 toreó en Sevilla y, al año siguiente, en Madrid. Según Don Ventura, “durante un período de seis años fue el que más atrajo a los públicos y el que más guapezas realizaba en los ruedos, y su brío, mezclado con la majeza, rumbo y gallardía hicieron todo lo demás para que las multitudes se le rindieran”.

“La fama de Herrera Rodríguez fue en aumento —escribió Sánchez de Neira— así como su modo de descabellar toros sin haberlos estoqueado; sus repetidos galleos y sus ceñidos recortes eran cada vez más aplaudidos; de manera que era solicitado en todas las plazas con empeño, porque era el que daba dinero a las empresas, proporcionando buenas entradas”.

Siguió toreando con normalidad en Madrid en los años siguientes, con la máxima categoría y compitiendo con Jerónimo José Cándido. El 9 de septiembre de 1816 resultó herido en la Villa y Corte, sufriendo una cornada “de una pulgada de extensión y tres de profundidad situada en la parte posterior y lateral izquierda de la margen del ano”. Y añade Cossío: “En 1819 subió el apogeo en grado sumo, y, cual Pepe-Hillo en los tiempos postreros de su muerte, era mimado por todos los públicos y endiosado hasta límites no alcanzados por políticos y hombres públicos de entonces. Las contratas iban en aumento, solicitándole de todos los sitios y viéndose obligado a renunciar a muchas de ellas o a multiplicarse y hacer viajes de una parte a otra de la Península. En 1820 estaba contratado para torear seis corridas en Madrid, con una salida intermedia a la plaza de Ronda por el mes de mayo. El alzamiento de Riego en Cabezas de San Juan y los sucesos de Galicia, posteriormente, fueron la causa de que no se celebrasen en la corte las corridas anunciadas”. Toreó Guillén en Cádiz (en uno de esos festejos se hundieron varios tendidos de la plaza, produciéndose numerosos heridos. De ahí marchó a Ronda, una ciudad que se mostraba taurinamente hostil con los diestros sevillanos, a los que consideraba inferiores que los legendarios diestros locales. Sin embargo, Cossío dice, en un texto que sirve para comprender la importancia y alcance como torero de Curro Guillén, que “la paradoja se daba en ese caso con toda la fuerza. Si hay algún eslabón de continuidad en el primer tercio del siglo xix con las concepciones toreras del gran rondeño [Pedro Romero] fue el de Curro Guillén, y bien demostrado quedó esto en las competencias que en Madrid y otras plazas sostuviera con un lidiador de nueva escuela, original, sin entronque o sometimiento dogmático con los sevillanos de Costillares o los rondeños de Romero: [el chiclanero] Jerónimo José Cándido”.

En ese ambiente hostil toreó Guillén el 20 de mayo en Ronda. Se lidiaron toros de José Rafael Cabrera; el primero, de mal trapío y blando en varas, fue picado por Zapata, Míguez y Doblado, y banderilleado por El Fraile de Santa Lucía y Costuras, padre del luego importantísimo matador Cúchares. Increpado por el público, y hasta provocado por un individuo llamado Manfredi, Guillén citó a recibir en la suerte suprema, resultando cogido por el mismo cuerno derecho. El banderillero Juan León, luego matador muy importante, se arrojó prácticamente sobre los pitones del toro, para hacer el quite, pero su gesto resultó inútil. Dice Cossío: “El suceso, con todo el espanto y características de tragedia, terminó saliendo el animal hacia los tercios llevando un torero en cada asta, a los cuales lanzó al aire; se levantó el primero Curro Guillén, en un esfuerzo sobrehumano, dirigiéndose con paso vacilante a la enfermería; pero al llegar entre barreras cayó muerto en brazos de su compadre y amigo, el contratista de caballos Francisco Caamaño. [...] Curro Guillén, creemos, no aportó nada nuevo, ninguna concepción suya, al toreo; desarrolló bien, perfectamente, muchas de ellas, especialmente la del toreo rondeño, pese a su nacimiento [sevillano]. Si ello no le da valor de genio taurino, sí le concede el mérito de ser el más completo torero de aquel tiempo, que animó y levantó a la afición en momentos de decaimiento”.

 

Bibl.: J. Velázquez y Sánchez, Anales del toreo. Reseña histórica de la lidia de reses bravas. Galería biográfica de los principales lidiadores: Razón de las primeras Ganaderías españolas, sus condiciones y divisas (obra dirigida por Francisco Arjona Guillén “Cúchares”, escrita por José Velázquez y Sánchez e ilustrada por D. Teodoro Aramburu), Sevilla, Imprenta y ed. Juan Moyano, 1868; J. Sánchez de Neira, El Toreo. Gran diccionario tauromáquico, Madrid, Imprenta de Miguel Guijarro, 1879 (Madrid, Turner, 1988, págs. 125-128); J. M. Cossío, Los toros. Tratado técnico e histórico, vol. III, Madrid, Espasa Calpe, 1943, págs. 438-441; Recortes [seud. de B. del Amo], Jerónimo José Cándido, “Curro Guillén” y sus discípulos. Estudio biográfico, Madrid, Viuda de Galo Sáez, 1947; N. Rivas Santiago, “Cómo murió Curro Guillén”, en Toreros del romanticismo (anecdotario taurino), pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987, págs. 152-155); Don Ventura [seud. de V. Bagués], Historia de los matadores de toros, Barcelona, Imprenta Castells-Bonet, 1943 (Barcelona, de Gassó Hermanos, 1970, págs. 31-32); F. López Izquierdo, Plazas de toros de la Puerta de Alcalá (1739-1874), Madrid, Unión de Bibliófilos Taurinos, 1988; F. Claramunt, Historia ilustrada de la Tauromaquia, Madrid, Espasa Calpe, 1989; J. J. de Bonifaz, Víctimas de la fiesta, Madrid, Espasa Calpe, 1991, pág. 27; D. Tapia, Historia del toreo, vol. I, Madrid, Alianza Editorial, 1992; N. Luján, Historia del toreo, Barcelona, Destino, 1993 (3.ª ed.).

 

José Luis Ramón Carrión