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Gaspar de la Figuera

Biografía

Figuera, Gaspar de la. Calatayud (Zaragoza), 1578 – Valladolid, 22.III.1637. Profesor jesuita (SI) y escritor espiritual.

Entró en la Compañía de Jesús en marzo de 1594, en la ciudad de Soria, después de haber estudiado cuatro años de latín. Acudió a la casa de probación de la provincia de Castilla, en el colegio de Villagarcía de Campos (Valladolid). Concluido aquel período, prosiguió su formación con las Humanidades y los tres cursos de Filosofía, realizados en Santiago de Compostela, y ya en los primeros años del siglo XVII —hasta 1604— las disciplinas propias de la Teología en el colegio de Salamanca.

Comenzó su vida docente en el colegio de San Ambrosio de Valladolid, como profesor de Filosofía. Era el año 1607 y ya había salido la Corte de Felipe III de la ciudad del Pisuerga. Aquella casa, tan próxima a la universidad, tanto física como académicamente, había estado dirigida por el autor de éxito y notable confesor que era el padre Luis de La Puente. En 1610, Gaspar de la Figuera pasaba al colegio de Pamplona y, cuatro años después, continuaba en el de San Matías de Oviedo, otra de las fundaciones de Magdalena de Ulloa, la conocida como “limosnera de Dios”. Era superior de la misión que se había establecido en La Coruña en 1619 y rector del colegio de Burgos —una de las primeras fundaciones— en el año en que fueron canonizados Ignacio de Loyola y Francisco Javier.

Para entonces, ya había sido instructor de tercera probación.

Una vez más, la dirección espiritual ejercida sobre un hombre influyente y de poder tornaba la trayectoria de un jesuita. En este caso, había sido Rodrigo Pacheco Osorio, marqués de Cerralbo, el que había acudido al padre Gaspar de la Figuera cuando residía en Compostela. Cuando Cerralbo fue nombrado en 1624 virrey de México, llamó a su lado al que había sido su director espiritual jesuita. Allí permaneció por espacio de seis años, antes de regresar a Castilla. En 1633 residía de nuevo en Valladolid y era rector del colegio de San Ignacio, la primera de las fundaciones de la Compañía de Jesús en esa ciudad y que había tornado recientemente a su condición de casa profesa.

En 1634 se trasladó a Salamanca y, de nuevo, en 1636 regresó junto al Pisuerga, donde murió en el mencionado colegio de San Ignacio.

Ruiz Jurado le considera un hombre “inteligente y sagaz en su oficio”, que se distinguió por sus dotes como persona de gobierno. Sabía manejarse muy bien en el confesionario y en el no siempre sencillo ministerio de las misiones. Todo ello fue complementado por su dimensión docente, enseñando especialmente casos de moral. Contó entre sus dirigidos espirituales, no solamente al mencionado marqués de Cerralbo, sino también a la monja del monasterio de Las Huelgas Reales de la ciudad de Burgos, la madre Antonia Jacinta de Navarra y al conde de Benavente. En el caso de la primera, ante los acontecimientos extraordinarios que parecían rodear su vida, la abadesa del monasterio burgalés, Ana de Austria —hija ilegítima de Juan de Austria, el hermanastro de Felipe II—, le impidió continuar al jesuita en su dirección espiritual.

El dictamen acerca de aquella personalidad recayó a partir de entonces en el muy conocido maestro espiritual, el ya mencionado Luis de La Puente.

Por otra parte, el conde de Benavente fue el receptor de un libro de seiscientas páginas, nacido de la dirección espiritual ejercida por el padre La Figuera.

Se titulaba Suma espiritual en que se resuelven todos los casos y dificultades que hay en el camino de la perfección.

El noble le animó a su publicación, aunque el padre La Figuera se resistía a ello. Así, la primera edición vallisoletana —la de 1635— fue entregada a la imprenta bajo la autoría del capellán del conde, el licenciado Toribio de Arenas. Un gesto que el sexto prepósito general de la compañía, Mucio Vitelleschi, no consideró apropiado, según le indicó al provincial de Castilla. Así, la segunda de las ediciones —la de Valladolid-Zaragoza de 1637— ya fue presentada con su auténtica autoría.

El mencionado Ruiz Jurado considera esta obra como una “síntesis densa, práctica, de agradable lectura”, dividida en tres tratados, dedicados a las maneras de orar y las tentaciones que surgen en el camino de la perfección; meditaciones para cada día de la semana, con el esquema claro de los ejercicios espirituales ignacianos, y los llamados Diálogos de Cristo con el alma, donde hace hincapié en el afecto, la oración y la contemplación. Fue de los autores que impulsó la llamada “esclavitud mariana”, incluyendo la fórmula para su realización. Esta obra de Gaspar de la Figuera es una de las de más éxito entre las de espiritualidad propuestas por los jesuitas españoles, como se puede medir a través de las ediciones realizadas. Su condición de texto de referencia se plasmó en obras como la del también jesuita Pedro Muñoz, Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, sacados del libro del mesmo santo y del V. P. Luis de la Puente, del P. Gaspar de la Figuera del P. Castropalao (Salamanca, por Joseph Gomes de los Cubos, 1660).

 

Obras de ~: Suma espiritual en que se resuelven todos los casos y dificultades que hay en el camino de la perfección por el Licenciado Toribio de Arenas, cura de Peque y capellán del conde de Benavente, Valladolid, 1635 [Suma espiritual [...] que ay en el camino de la perfeccion, segunda edición ya con mención expresa de su auténtica autoría, Valladolid-Zaragoza, por Juan de Larumbe, 1637].

 

Bibl.: C. Sommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, vol. III, Bruxelles, Oscar Schepens, 1892, págs. 723-725; A. Astrain, Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, vol. V, Madrid, Razón y Fe, 1916, pág. 100; C. M.ª Abad, Vida y escritos del V. P. Luis de La Puente de la Compañía de Jesús (1554-1624), Universidad Pontificia Comillas, 1957, págs. 561-566; J. L. Llaquiet, “La Figuera: ¿asceta o místico?”, en Analecta Sacra Tarraconense, 73 (2000), págs. 67-85; M. Ruiz Jurado, “Figuera, Gaspar de la”, en Ch. O’Neill y J. Domínguez, Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, vol. II, Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu y Universidad Pontificia Comillas, 2003, pág. 1417; J. Burrieza Sánchez, Valladolid, tierras y caminos de jesuitas, Valladolid, Diputación Provincial, 2007.

 

Javier Burrieza Sánchez