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Antonio de Gregorio Rocasolano

Biografía

Gregorio Rocasolano, Antonio de. Zaragoza, 11.IV.1873 – 25.IV.1941. Químico.

Nació y creció en Zaragoza; allí cursó el bachillerato y los estudios universitarios de Ciencias Físico-Químicas.

Licenciado en 1892, en 1893 se trasladó a París, donde asistió a los cursos de Microbiología de Emile Duclaux y pudo formarse en las prácticas del laboratorio de fermentación dirigidas por Klayser. Durante esa época trabajó también en el seminario diocesano de Sigüenza como profesor de Geometría, de Historia Natural y de Química. En 1897 se doctoró en Química en Madrid, y recién doctorado fue nombrado profesor auxiliar de la Facultad de Química de Zaragoza.

Siguió las tendencias marcadas por Bruno Solano en la Universidad de Zaragoza, donde la química agrícola era centro de atención, y dedicó sus primeros trabajos a la química del pan y al aprovechamiento del trigo.

Más tarde, tras su formación parisina, incluyó entre sus intereses a la fermentación alcohólica y la producción de vinos, temas que abandonó posteriormente.

La jubilación de José Ramón Luanco, catedrático de Química General de la Universidad de Barcelona, dejó vacante la cátedra y por oposición la logró Rocasolano.

Nombrado en junio de 1902, quiso regresar a Zaragoza, lo que consiguió por permuta con Simón Vila, titular de la del mismo nombre en la Universidad de la capital aragonesa, de modo que desde los primeros días de 1903 quedó instalado en su ciudad natal, en la cátedra que había sido de Bruno Solano, a quien consideraba su maestro.

Tuvo influencia directa en el desarrollo de la investigación química y bioquímica en Zaragoza, en cuya Universidad desempeñó también funciones de gestor: fue vicerrector desde 1921 y rector desde 1929 hasta 1931. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas y Físico-Naturales de Zaragoza, fue un miembro activo de ella.

En 1918 creó un Laboratorio de Investigaciones Bioquímicas a partir de sus estudios sobre la materia en estado coloidal. La química de coloides se había desarrollado a partir de 1861 con la formulación de la teoría de los coloides por Thomas Graham en Inglaterra, para dar cuenta de un tipo de sustancias de apariencia no cristalina y que una vez disueltas no atravesaban membranas que, como es el caso de la membrana celular, se sabía que eran habitualmente permeables a soluciones salinas. Hasta la década de 1920 se consideró que los coloides explicaban la naturaleza de la vida celular. En esa década se desató la polémica sobre la fiabilidad de una teoría que supuestamente estaba sujeta a leyes físicas especiales, y su aceptación cayó. Sin embargo, su relación con la química de proteínas tuvo consecuencias directas en el desarrollo de las investigaciones sobre éstas, pues condujeron en la Universidad de Uppsala (Suecia) al diseño de la ultracentrífuga por Theodor Svedberg en la segunda década del siglo, cuando estudiaba las propiedades físico-químicas de los coloides que éstas formaban, y a la invención del aparato de electroforesis por su discípulo, Arne Tiselius, a finales la década de 1930. Gregorio de Rocasolano participó activamente en la diseminación de la teoría del coloide en la Universidad de Zaragoza y estuvo en contacto con sus principales defensores en el extranjero y escribió trabajos sobre ello en solitario y en colaboración.

Entre ellos, Marcel Florkin cita en su historia de la bioquímica el libro Elements de Chimie Physique Colloïdale, publicado en París en 1920. Reflejo de su importancia como científico puede ser el hecho de que acudiera a recibir a Albert Einstein en su visita a Zaragoza en marzo de 1923 y que éste empleara una mañana en visitar su laboratorio. En aquel año, Antonio de Gregorio Rocasolano era presidente de la Real Academia de Ciencias de Zaragoza. Su interés por el famoso científico alemán se debía a que había basado sus investigaciones sobre coloides en la teoría de Einstein sobre el movimiento browniano. No menos influyente fue el hecho de que dirigió la tesis doctoral de José María Albareda, sobre la descomposición electrolítica del agua oxigenada. Como maestro de la máxima autoridad de la política de investigación científica en España durante el franquismo hasta mediados de la década de 1960, los intereses bioquímicos de Antonio de Gregorio Rocasolano bien pudieron prevalecer tras su muerte a través del poder de Albareda en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Por ello, no puede descartarse que una de las razones por las que la bioquímica resultó apoyada en el CSIC se debiera precisamente a que Albareda, como le había ocurrido a Rocasolano y a través de la influencia de éste en su propia formación científica, considerara que se trataba de una disciplina química susceptible de desarrollarse en laboratorios españoles. Independientemente de la prevalencia o no de la teoría del coloide, Rocasolano desempeñó una función importante al introducir algunos aspectos de la química más cercana a la bioquímica —de hecho, la teoría del coloide suele ubicarse entre ambas áreas— y al relacionar la química agrícola con algunas de las tendencias científicas de su tiempo. Y el poder político de Albareda amplió considerablemente la influencia de Rocasolano en el CSIC. Tras la guerra y como parte del Instituto Alonso Barba de Química del CSIC, se creó para él el Seminario Bioquímico y de Química Aplicada. En 1940, Antonio de Gregorio Rocasolano fue nombrado vicepresidente del CSIC.

Tras su muerte, en 1946 un decreto dio su nombre a un Instituto de Química-Física del CSIC, que se ha conservado hasta la actualidad.

Era miembro de Acción Española, organización católica creada en la década de 1930 alrededor de la revista del mismo nombre, y que contaba entre sus miembros con intelectuales conservadores que destacarían después, como Ramiro de Maeztu y Pedro Sáinz Rodríguez. Fue miembro presidente de la Comisión para la Depuración del Personal Universitario, creada en noviembre de 1936 y establecida en Zaragoza.

 

Obras de ~: Tratado de Química, Zaragoza, Emilio Casañal, 1901 (sucesivas eds. hasta 1942); Estudios físico-químicos sobre la materia viva, Zaragoza, Gregorio Casañal, 1917; Tratado de Bioquímica, Zaragoza, Gambón, 1928.

 

Bibl.: J. L. Cebollada, “Antonio de Gregorio Rocasolano y la escuela química de Zaragoza”, en Llull, vol. 11, n.º 21 (1988), págs. 189-216.

 

María Jesús Santesmases