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José Antonio Barraquer Roviralta

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Biografía

Barraquer Roviralta, José Antonio. Barcelona, 28.VIII.1852 – 27.IV.1924. Médico, oftalmólogo.

José Antonio Barraquer Roviralta fue el iniciador de una dinastía de varias generaciones de médicos catalanes que alcanzó un gran prestigio en el ejercicio profesional de la oftalmología clínica. Su fama se fundamentó en una sólida formación académica, una permanente dedicación a la investigación y una extraordinaria destreza clínica y quirúrgica.

José Antonio Barraquer fue el tercer hijo de ocho hermanos que nacieron de una familia de la alta burguesía catalana. Su trayectoria biográfica y profesional es un testimonio vivo del importante proceso de transformación que experimentó la ciencia médica y la práctica clínica durante la segunda mitad del siglo xix y del surgimiento y desarrollo de las especialidades clínicas y quirúrgicas en nuestro país.

Desde mediados del ochocientos, la medicina experimental basada en el positivismo científico fue ampliando los horizontes de la llamada “medicina de laboratorio”, que dio origen a nuevas concepciones sobre el funcionamiento del organismo vivo en estado de salud y enfermedad, renovó las concepciones sobre las causas de las enfermedades y abrió las puertas de nuevas tecnologías y especialidades sanitarias.

Como consecuencia de todo ello, se produjo un amplio proceso de institucionalización que introdujo cambios profundos en la asistencia (hospitales con fuerte base tecnológica) y en el desarrollo de la especialidad médica.

José Antonio Barraquer inició los estudios de medicina en la Universidad de Barcelona en el año de la crisis política que marcó en España la Revolución de 1868. Se licenció en 1877 y a continuación pasó a realizar los estudios de doctorado y la tesis doctoral en la Universidad Central de Madrid, como era preceptivo en aquella época. Desde esa primera etapa de su formación posdoctoral entró en contacto con Santiago Ramón y Cajal, quien se había trasladado a Barcelona en 1887 como catedrático de Anatomía Microscópica e Histología. Cajal realizó habitualmente investigaciones con las células de la retina y fue el maestro de Barraquer en la investigación de la anatomía microscópica del ojo. El interés que mostró Barraquer por la neurohistología le mantuvo al lado de Cajal, quien le enseñó el empleo de técnicas micrográficas e histoquímicas que el oftalmólogo catalán empleó en sus estudios sobre la histología del ojo.

Su condición de discípulo de Cajal le convirtió en un estudioso de la anatomía microscópica del aparato visual, lo que probablemente influyó también en el interés del maestro por profundizar en el estudio de las células de la retina.

Debido a su interés por la investigación microscópica, José Antonio Barraquer consiguió que en la sala de Disección de la Facultad de Medicina de Barcelona le reservaran el mayor número posible de cadáveres para hacer la enucleación de los globos oculares y así poder adiestrarse en el estudio histológico de sus diferentes capas, a la vez que se ejercitaba en la técnica quirúrgica de sus estructuras más finas y delicadas.

Pero el interés científico de Barraquer no se limitaba a una perspectiva clínica y quirúrgica sobre el ojo humano. La física de la visión despertó también su atención y motivado por ese interés asistió a las clases de física experimental que se impartían en la Facultad de Ciencias, donde estudió materias específicas como la catóptrica y la dióptrica, con el fin analizar las consecuencias fisiológicas de la refracción de la luz sobre el ojo humano.

Durante su etapa de estudiante universitario, Barraquer contó con el magisterio de algunas de las grandes figuras de la medicina española de su tiempo. Además del ya mencionado Ramón y Cajal, siguió los cursos de anatomía descriptiva y topográfica de José de Letamendi y fue alumno de Salvador Cardenal, célebre cirujano, considerado como uno de los introductores de la cirugía antiséptica en España. Consciente de la necesidad de incorporar a su formación los avances científicos más vanguardistas, José Antonio Barraquer se trasladó nada más acabar su carrera de medicina, en 1878, a París, donde recibió una formación complementaria como oftalmólogo. En la capital francesa adquirió una sólida formación en los aspectos anatómicos, fisiopatológicos y quirúrgicos de la especialidad oftalmológica, al lado de maestros como Charles Robin y Louis Ranvier, además de otros especialistas franceses dedicados a la patología ocular. Su destacable habilidad para la cirugía ocular hizo que le ofreciesen un puesto de trabajo en la clínica oftalmológica del doctor Wecker en París, opción que declinó debido a su intención de regresar a España para participar activamente en la implantación de la nueva especialidad oftalmológica.

Desde los comienzos de su carrera profesional, José Antonio Barraquer cultivó una doble orientación científica, claramente complementaria: unió a la oftalmología una ferviente dedicación al cultivo de las ciencias morfológicas, hasta el punto de especializarse en anatomía humana y realizar incursiones en los dominios de la histología y la fisiología normales y patológicas. Posiblemente su afán por conocer en profundidad las ciencias morfológicas y fisiológicas se debía a una concepción holística y no fragmentaria del cuerpo humano, del que el ojo formaba una parte fundamental. De ahí su permanente vinculación a la Facultad de Medicina, su contacto con el departamento de Ramón y Cajal, y también su temprana contribución al empleo de los análisis clínicos, concretamente de los elementos celulares de la sangre, que él defendía como una técnica útil y complementaria del diagnóstico clínico.

Una vez que se hubo instalado definitivamente en Barcelona, Barraquer inauguró una consulta particular para las enfermedades de los ojos en la Ronda de San Pedro. En la transición de los siglos xix al xx, las primeras versiones de la especialidad médica (enfermedades de la infancia, atención al embarazo y al parto, tuberculosis, enfermedades venéreas o de los nervios) tenían una fuerte demanda por parte de la nueva burguesía urbana. La Administración pública puso entonces en marcha dispensarios antivenéreos, antituberculosos o de atención materno-infantil, algunos de ellos vinculados, en las grandes ciudades, a instituciones hospitalarias. En ese contexto, José Antonio Barraquer compaginó su labor en su clínica privada con un trabajo en la sanidad pública, como primer director del Dispensario Oftalmológico del Hospital de la Santa Cruz, cargo que desempeñó desde su regreso a Barcelona en 1879 hasta 1910. En esta última fecha se inauguró la clínica para las enfermedades de los ojos en el recién creado Hospital Clínico, y Barraquer se trasladó allí y ejerció como titular durante el resto de su carrera profesional, hasta su jubilación.

En el plan de estudios de medicina que se implantó en 1912 se incorporaron a los estudios de licenciatura algunas de las nuevas especialidades médicas y quirúrgicas.

Una de ellas fue la oftalmología. La creación de una cátedra de Oftalmología en Barcelona permitió a Barraquer Roviralta presentarse al concurso, que ganó por unanimidad, siendo nombrado titular numerario de la primera cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina de Barcelona. Desempeñó el puesto de catedrático hasta su jubilación en 1922. Como la oftalmología se había iniciado en estrecha vinculación con los servicios asistenciales de la nueva especialidad, Barraquer impartió su docencia hasta 1907 en el propio dispensario del Hospital de la Santa Cruz, donde ejercía su labor clínica, y después en el Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico. Su labor docente fue ampliamente reconocida por sus discípulos.

Barraquer abandonó la tradicional formación libresca para incorporar los métodos de enseñanza que había conocido en Francia, basados en la experiencia clínica y en la formación práctica junto al paciente. Desarrolló un modelo docente que combinaba la clínica y el laboratorio, basado en el análisis de casos clínicos y en el estudio microscópico de preparaciones anatomopatológicas que él elaboraba con esmero para sus alumnos. Debido a su vocación histopatológica, llegó a reunir una valiosa colección de piezas anatómicas, entre las que abundaban preparaciones macroscópicas de la órbita ocular, del sistema nervioso central y periférico, y una vastísima muestra de preparaciones histopatológicas que servían para ilustrar las características anatomopatológicas de enfermedades de los ojos, como la miopía magna y el desprendimiento de retina, así como diversos tipos de tumores, entre ellos los de la órbita. En algunas de sus publicaciones, José Antonio Barraquer describió las técnicas utilizadas para la preparación de su colección de piezas de anatomía patológica del globo ocular. Durante años su valiosa colección formó parte del Museo de Oftalmología de la Facultad de Medicina de Barcelona y actualmente se encuentra en el Centro de Oftalmología Barraquer, de Barcelona.

Al igual que su hermano, el neurólogo Luis Barraquer (1853-1928), y Santiago Ramón y Cajal, José Antonio fue un gran aficionado a la recién inventada técnica fotográfica y a sus potenciales aplicaciones científicas y pedagógicas. Aplicó técnicas fotográficas a sus lecciones de cátedra, a sus publicaciones y a sus conferencias. Pero no fue éste su único campo de interés, ya que fue también un fervoroso diletante de la música y de la naturaleza, especialmente del cultivo de árboles frutales de todo el mundo, que siguen creciendo en la finca que la familia Barraquer posee en Santa Cristina d’Aro (Gerona).

Su interés por la comunicación y la actualización del conocimiento científico de su especialidad le llevaron a fundar en 1886 la Revista Oftalmológica, principalmente orientada hacia la higiene y la terapéutica del aparato ocular. Durante su estancia como primer director del Dispensario Oftalmológico del Hospital de la Santa Cruz fundó un Boletín de la Clínica Oftalmológica del Hospital de la Santa Cruz. Al abandonar esta institución, creó una nueva revista de carácter clínico que llevaba por título Oftalmología (1908-1913), orientada a difundir los conocimientos y las técnicas de la nueva especialidad entre los médicos generales.

Con todo, su obra científica impresa no fue muy extensa, ya que con el tiempo dio prioridad a su labor docente y asistencial. La mayoría de sus publicaciones apareció en las revistas Oftalmología y Archivos de Oftalmología Hispanoamericana. Gran parte de ellas tenía una orientación pedagógica e iba enfocada a la formación de médicos y estudiantes de medicina.

En 1894 ingresó en la Real Academia de Medicina de Barcelona con un discurso titulado Anatomía de la órbita y del seno cavernoso por medio de cortes seriados.

Dos años más tarde presentó una comunicación ante la Société Française d’Oftalmologie sobre Demostración de la anatomía del seno cavernoso, del conducto óptico y del fondo de la órbita, en la que ampliaba los materiales que había presentado en su discurso de recepción como académico.

En colaboración con un amplio colectivo de médicos catalanes participó en la fundación de la asociación médica El Laboratorio, que más tarde se unió a la Academia de Ciencias Médicas, dando origen a la actual Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares. Dedicó su discurso de ingreso celebrado en noviembre de 1899 a las Manipulaciones de óptica fisiológica y en él expresaba su interés por la experimentación en fisiología ocular como un complemento necesario de la perspectiva morfológica. En 1903 fundó la Sociedad Oftalmológica de Barcelona y entre 1904 y 1906 fue presidente de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares.

José Antonio Barraquer realizó también importantes aportaciones a la técnica quirúrgica aplicada a la oftalmología. Fue un temprano defensor del uso de la sutura en la operación de cataratas, que él había venido empleando desde 1880 para cerrar la herida operatoria de la conjuntiva tras abordar la intervención mediante una incisión conjuntivo-esclero-corneal.

También introdujo el trasplante de tejido adiposo del muslo para obtener un muñón mayor en los casos de enucleación —la llamada “operación de Barraquer”—, que describió por primera vez en un artículo publicado en 1901 en los Archivos de Oftalmología Hispanoamericana (1901). En 1903 modificó la técnica inicial con la dilatación de los sacos conjuntivales en aquellos casos en que se produjese un rechazo del trasplante.

Fruto de su matrimonio con su sobrina, Concepción Barraquer Garrigosa, nacieron tres hijos: Ignacio, Rita y Josefina. Su único hijo varón heredó su vocación por la oftalmología, y de la temprana colaboración de ambos surgió una nueva técnica de extracción de la catarata, a la que dedicaron una breve monografía: La extracción ideal de la catarata (1907).

El problema de la catarata ocular ocupó su atención durante esos años y le llevó a analizar las ventajas e inconvenientes de las distintas técnicas de extracción.

Su habilidad manual y su ingenio técnico le llevaron a diseñar diversos instrumentos quirúrgicos, entre ellos un modelo de sonda, un esclerotomo, instrumentos para analizar las formas clínicas del astigmatismo y la hipermetropía y otros dedicados a estudiar el mecanismo de la diplopía o doble visión. La innovación tecnológica fue ya, en una época tan temprana, uno de los factores fundamentales de su prestigio profesional.

En 1902 introdujo el fotóforo y las lupas en la cirugía oftalmológica.

A partir de 1907, Barraquer Roviralta trabajó en colaboración con su hijo y sucesor, Ignacio Barraquer Barraquer. Hasta el momento de su fallecimiento seguía trabajando en la anatomía patológica de la miopía y preparaba un tratado de oftalmología y un catálogo de las piezas y los materiales de su museo oftalmológico, que nunca se llegaron a publicar.

José Antonio Barraquer falleció en Barcelona el 27 de abril de 1924, dejando un importante legado científico que sirvió para iniciar una escuela oftalmológica que ha conservado su prestigio internacional hasta nuestros días.

 

Obras de ~: “La tuberculosis del ojo” (1892); “Anatomía de la órbita y del seno cavernoso por medio de cortes seriados” (1894); “Discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina de Barcelona” (1894); “Demostración de la anatomía del seno cavernoso, del conducto óptico y del fondo de la órbita” (1894); “Manipulaciones de óptica fisiológica” (1899); “Técnica de la anestesia por medio de las inyecciones de cocaína” (1901); “Enucleación con injerto de tejido adiposo en la cápsula de Tenon” (1901); “Mixoma quístico del nervio óptico, de la papila y retina derecha y de la cavidad craneal y órbita izquierda” (1902); “La asepsia de colirios” (1902); “Un buen irrigador” (1902); “Anatomía del fondo de la órbita y de la hendidura esfenoidal” (1903); “Sobre el injerto adiposo” (1903); “La extracción ideal de la catarata” (1907); “Cómo pierden la vista las personas de edad” (1908); “Tratamiento de la conjuntivitis flictenular” (1909); “Reconocimiento de la metamorfopsia” (1909); “Diagnóstico y tratamiento de algunas enfermedades externas del aparato visual” (1909); “Exploración de un ojo que llora” (1909); “Tumores gomosos subcutáneos de la cara” (1910); “Sobre oftalmía simpática” (1911); “Sobre glaucoma” (1912). Sus últimos artículos datan de 1913: “Estudio del seno cavernoso por medio de cortes frontales” (1913); “Colirio de dionina” (1913); “Iritis variolosa” (1913); “Sobre la operación de Elliot” (1913); “Sobre los abscesos miliares del iris” (1913), en Revista Oftalmológica y el Boletín de la Clínica Oftalmológica de Santa Cruz.

 

Bibl.: F. Fernández Victorio, El Dispensario Oftalmológico del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, Barcelona, Imprenta Moderna de Guimar y Pujolar, 1905; N. Dosset, “Hospital de la Santa Cruz y San Pablo. El Servicio de Oftalmología del Profesor. Barraquer”, en Libro homenaje al Profesor Barraquer, Barcelona, Instituto Barraquer, 1952; R. Menacho y J. M. Nadal, Les quatre pedres angulars de l’oftalmologia contemporània Barcelonina. Accésit-premio “Jordi Casas” de la Fundación Vives Casajuana, Barcelona, 1976; “Cursos de formación oftalmológica”, en Ecos oftalmológicos (1955-1957); J. Elizalde, C. Ceriol y A. Nava, www.nexusediciones.com/ np_ao_1997.

 

Josep Lluís Barona Vilar