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Juan Bonal Cortada

Biografía

Bonal Cortada, Juan. Terrades (Gerona), 24.VIII.1769 – Santuario del Salz, Zuera (Zaragoza), 19.VIII.1829. Fundador de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana.

Crece en un hogar cristiano, de sanas costumbres, de vida sencilla, laboriosa y campesina. A los veinte años ingresa en la Universidad Sertoriana de Huesca obteniendo en 1791 el grado de bachiller en Filosofía. De 1792 a 1794 estudia Teología en el Colegio de los Padres Dominicos de Barcelona, que exigían a los estudiantes, juntar a la par, ciencia y conducta intachable. En 1795 cursa en Zaragoza cuarto de Teología e Historia de la Iglesia. Terminados sus estudios, el 10 de septiembre de 1796 oposita en Reus, obteniendo el grado de magisterio y la preceptoría de Gramática, en la que desarrolla una intensa tarea educadora y apostólica. Ya los primeros años de su magisterio se decanta su vocación al sacerdocio. El 11 de agosto 1797 le otorga la tonsura el obispo de Gerona; en Vic el 21 de septiembre recibe las órdenes menores. El arzobispo de Tarragona le autorizó para recibir en Lérida el 21 y 22 de diciembre de 1798, los grados de subdiácono y diácono inmediatos al sacerdocio y meses después es ordenado presbítero. Seguirá con una ingente tarea educadora, que ahora une a la carismática pastoral en la parroquia, con el confesionario siempre lleno de gente. Su caridad con los pobres es bien conocida. Por inspiración divina comienza a proyectar la fundación de una institución de caridad que abarque y llegue a todas las necesidades y desvalimientos.

En febrero de 1803 debe renunciar a su cátedra porque el arzobispo le nombra vicario de la parroquia de Santa Catalina de Vinyols y unos meses después, vicario también de la parroquia de San Miguel Arcángel, de Montroig, donde hay un hospital del que son patronos el cura y el ayuntamiento. El hospital no tiene renta fija y deja a la piedad del cura la asistencia de la comida y los medicamentos para los pobres enfermos. Buen terreno donde explayar Bonal su caridad. Unos nueve meses después solicita su inserción en la diócesis de Barcelona, porque la muy ilustre Junta administrativa del Hospital de Santa Cruz de la ciudad lo ha nombrado vicario del mismo. En este hospital, junto con otros jóvenes que dedican voluntariamente una parte de su tiempo al servicio de los enfermos y niños, y que se configuran en hermandades de carácter secular, se encuentra María Rafols, que mantiene con fuerza el deseo de consagrar su vida al alivio de los pobres, de los que sufren y tienen necesidad de ayuda, de comprensión y de amor.

La Junta del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza se dirigió a la del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, solicitando ayuda de las nacientes hermandades de dicho hospital para la atención de enfermos. Su vicario, mosén Juan Bonal, es enviado en septiembre de 1804 a Zaragoza, y tras conocer el trabajo que deben desempeñar y los pactos de su relación con la Sitiada, prepara en Barcelona el grupo de doce hermanos y doce hermanas con los que llega a Zaragoza, el 28 de diciembre de un atardecer lluvioso. Su primera visita fue a la Santísima Virgen del Pilar para encomendar a su amor de Madre la tarea que van a realizar. Dos años después, las hermanas se establecerán en el Hospital y Casa de Misericordia de Huesca conducidas también por el padre Bonal. En mayo de 1808 se disuelve la comunidad de hermanos.

El padre Bonal ocupó la plaza de pasionero penitenciario de los militares a fin de que, al mismo tiempo que desempeñaba su labor pastoral junto al dolor, pudiera estar al frente de las hermandades. Todo era campo abonado para el ejercicio de la caridad. En 1808, Zaragoza fue sitiada por las tropas napoleónicas de Lefevre, que fueron rechazadas en tres puertas de la ciudad, las del Carmen, Portillo y Santa Engracia. El 3 de agosto, el bombardeo se recrudeció, y el blanco elegido por los franceses fue el hospital, del que se “tuvo que desalojar los 2.111 acogidos: entre enfermos y heridos, dementes, niños expósitos, etc., y llevar toda la población doliente a la Lonja de la ciudad y a las Casas de la Audiencia”. En el traslado, las hermanas con la madre Rafols y el padre Bonal, desafiando una lluvia de balas y proyectiles, derrocharon abnegación, serenidad, heroísmo. El 4 de agosto, el hospital perdió todo entre las llamas. Bonal pasaba a pedir por las casas como limosnero para bien de los enfermos. Combatió igualmente en nombre de Dios a los franceses. El barón de Lejeune, presente entre los sitiadores, recuerda: “un día un sacerdote de figura venerable y porte majestuoso avanzó hacia nosotros atravesando las trincheras del Arrabal, revestido con sus hábitos sacerdotales y llevando en la mano un crucifijo. Caminaba con paso resuelto y grave, sin preocuparse de los peligros que le rodeaban [...]. Cuando estuvo lo bastante cerca de nuestras avanzadas para hacerse oír, se detuvo y pronunció con voz sólida y firme, en nombre de la religión, una exhortación conmovedora para que desistiéramos de atacar la ciudad que la Santísima Virgen del Pilar tenía bajo su divino amparo”. Los franceses, el 14 de agosto de 1808, levantan el cerco, pero el 20 de diciembre vuelven, al mando del mariscal Lannes. Asediada por las tropas, el hambre y la peste, el 21 de febrero Zaragoza firma la capitulación. Había quedado en la pobreza, la miseria y asolada por la epidemia. Con este panorama, el padre Bonal se entrega totalmente a los más desvalidos. Obtiene permiso de las autoridades para mendigar a favor de los presos y les lleva su ayuda espiritual, comida, vestidos y consuelo. Las hermanas, fruto del extremo sacrificio y oblación de su vida, por el cansancio, dolor y hambre, se reducen de veintiuna a nueve. Llegan tiempos recios. Con los nuevos afrancesados, la injerencia interna en la hermandad es absoluta: se impide al padre Bonal confesar a las hermanas y a la madre Rafols se la aleja de la comunidad. La fraternidad parece romperse y agudiza su crisis. Pero en los años 1813-1815 recibe de Cataluña ocho nuevas hermanas que asumen su tarea con el mismo espíritu de caridad. Tras la retirada de los franceses en 1813, continúa el afán de control y el intento de desvincular a las hermanas de la madre Rafols y del padre Bonal, prohibiendo al padre hablar con ellas de “cosas de Hermandad”, y apremiándole para que salga a pedir limosna por la ciudad y pueblos para los pobres del hospital de Zaragoza. Comienza su etapa de limosnero que ocupará ya el resto de su vida recorriendo los pueblos de Aragón, Vizcaya, Soria, Guadalajara, Cuenca, Palencia, Cataluña, León, Valladolid, Logroño, Castellón, Valencia y Alicante, sometido al férreo control de su ayudante Sanclemente que informa al hospital muy negativamente de Bonal: “estima más predicar y confesar que hacer limosna”, “Parece a las veletas del campanario”, etcétera.

Mejor le conocía y valoraba el nuncio apostólico en España, cardenal Giustiniani, que el 14 de septiembre de 1826 otorgó a Bonal el título de “Teólogo Consultor Examinador Sinodal de la Nunciatura de España”, reconociendo su “doctrina, prudencia, fe e integridad”.

Otras dificultades le salieron al paso: así en la Chancillería de Valladolid por lo que el secretario del obispo de Palencia escribe al padre: “Mi Señor está pasando pena por Vd. Hasta saber si lleva todos los permisos, aunque cree que estos impedimentos que tratan de ponerle es obra del demonio que, rabioso del mucho fruto que usted hace en las almas con su buen ejemplo, predicación y en el confesionario, trata de estorbarlo de un modo o de otro. Aún estamos asombrados del buen fruto que V. hizo aquí en todas las clases sociales [...]”.

Hasta el final extiende su misión a la gente sencilla de infinidad de pueblos, remediando tanto la miseria material como la espiritual, dispuesto siempre al sacrificio. El 13 de mayo de 1828 escribe desde Funes: “Gracias a Dios que me llegaron las licencias originales, tras haber tenido dos tropiezos, y uno de ellos fue de tal calidad que me impidieron hasta de celebrar”. En agosto de 1829 se siente mal y se acoge al santuario de Zuera. Muere el día 19, después de recibir los santos sacramentos, junto al sagrario y a los pies de Nuestra Señora del Salz, atendido por un médico y dos hermanas que envió la Junta del hospital de Zaragoza y otras dos de Huesca. Su congregación recibe la aprobación por la autoridad diocesana de las Constituciones en 1824, y en 1825 cuatro hermanas profesan públicamente sus votos perpetuos. La entrega de las hermanas durante la epidemia de cólera de 1854, que atienden, además del hospital, dieciocho pueblos, hace que el gobernador de Zaragoza solicite y consiga una Real Orden de Isabel II (8 de julio de 1857), por la cual se obtiene el permiso para fundar otros centros benéficos, además de mantener los existentes de Zaragoza y Huesca.

Desde 1865 al nombre de hermanas de la Caridad se añadió “de Santa Ana”, como muestra de cariño a la madre de la Santísima Virgen y fueron aprobadas unas nuevas Constituciones que implicaban a todas las Fundaciones. El 25 de abril de 1868, la comunidad de Huesca se incorpora plenamente a la congregación. En 1890 se realiza la primera fundación en América, iniciando una expansión que hoy llega a treinta y un países de los cinco continentes, donde cerca de dos mil quinientas hermanas hacen vida el carisma de caridad universal con los más pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el heroísmo, concretado en el voto especial de hospitalidad. Las hermanas contemplan a Cristo en aquellos a los que sirven, preferentemente los más pobres y desamparados. La aprobación definitiva en Roma como congregación de Derecho Pontificio se dio por decreto del papa León XIII el 14 de enero de 1898.

La gesta de Bonal cobra especial relieve en momentos en que se redescubren las más puras dimensiones de la realidad cristiana y eclesial. Fue un auténtico misionero de la “Iglesia de los pobres”. Actualmente, la vida y la virtud de Bonal están en estudio en Roma; ya puede dársele el título de siervo de Dios.

 

Bibl.: S. Figols, “Chantre de la Catedral de Zaragoza, Rvdo. Don Juan Bonal” (cap. III), en Origen, Historia y desarrollo del Instituto de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, Zaragoza, Imprenta Mariano Salas, impresor del Señor Arzobispo, 1902, págs. 29-36; L. F. Lejeume, Los sitios de Zaragoza según la narración del oficial sitiador barón Lejeune, versión, pról. y notas de C. Riba y García, Zaragoza, Tipografía M. Escar, 1908; P. Galindo Romeo, Vida de mosén Juan Bonal. Cofundador del Instituto de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, Zaragoza, Tipografía La Académica-Galo Ponte, 3 y 5, 1929; R. Arco y Garay, Efemérides Zaragozanas, Huesca, Nueva España, 1941, pág. 80; J. I. Tellechea Idígoras, Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Documentos Históricos 1. Extracto de los libros de Sitiadas, 1808- 1858, Vitoria, Imprenta Gráficas ESET-Seminario Vitoria, 1968; Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Huesca, 1807-1868. Estudio y edición de documentos, Vitoria, Imprenta Gráficas ESET-Seminario Vitoria, 1972; Mosén Juan Bonal, Pasionero, Fundador Limosnero, Documentos Históricos I, 1769- 1829, Vitoria, Imprenta Gráficas ESET-Seminario de Vitoria, 1974; Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, documentos Históricos II. Constituciones Primitivas, Vitoria, Gráficas ESET-Seminario Vitoria, 1976; Mosén Juan Bonal. El Sacerdote Veredero, Documentos Históricos II, 1769-1829, Vitoria, Imprenta Gráficas ESETSeminario de Vitoria, 1980; Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, documentos Históricos III. El Primer decenio, 1804-1814, Vitoria, Gráficas ESET-Seminario Vitoria, 1984; Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Documentos Históricos IV. El segundo decenio. 1814-1824, San Sebastián, Imprenta Michelena-Artes Gráficas, 1986; Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Documentos Históricos V. Constituciones de 1824, San Sebastián, Imprenta Michelena-Artes Gráficas, 1988; Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Documentos Históricos VI. La aprobación Pontificia (1898), San Sebastián, Imprenta Michelena-Artes Gráficas, 1998; Mosén Bonal, Fundador y Pordiosero, Salamanca, Sígueme-Imprenta Gráficas Varona, 2004; R. Martín Ribas et al., Sublime itinerario. Guía inédita religiosa, hagiográfica, histórica, artística de España, Madrid, Ramiro Martín Ribas, 2004 (2.ª ed. act.).

 

José Martín Brocos Fernández

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