Ayuda

Joaquín Pardo Osorio

Biografía

Pardo Osorio, Joaquín. San Andrés de Camporredondo de Ribadavia (Ourense), 24.III.1785 – s. t. s. XIX. Militar, abogado, jefe político y diputado.

El linaje de los Pardo, en tierras del Avia, en un paraje, por excelencia, vitivinícola, se remonta al testamento que, Vasco Rodríguez, “el Viejo”, le otorga a Pedro Pardo Vázquez. Aquel hidalgo le lega, el 22 de mayo de 1533, los bienes de San Andrés de Camporredondo (Ribadavia), para que queden vinculados a su persona. Desde ese instante, en la genealogía de la familia no dejan de aparecer personajes ilustres que van imprimiendo su huella no sólo en la historia de España, sino también, en la de América.

El propio tío de Joaquín Pardo Osorio, el distinguido Manuel Pardo y González Ribadeneira, rector, durante siete actos mayores, en el colegio de Fonseca, y juez en la Real Audiencia de Cuzco, había nacido, en 1759, en la misma Casa Solariega de Casaldereito que ahora poseían, como legado, sus padres. A nadie se le escapa que el afamado magistrado, segundón, llamado a empresas mayores, no había heredado el mayorazgo paterno, sino, que éste había quedado vinculado a su hermano, Juan Pardo, y a su cuñada, Joaquina de Osorio. Definitivamente, el testamento realizado por Pedro Pardo Ribadeneira y por Juana González, ante el escribano Diego Vázquez de Parada en 1776, dejaba como poseedores del vínculo del pazo, fundado en el siglo XV y remodelado en el setecientos, a los progenitores de Joaquín, Ramón y Manuel. Unos y otros, nacen en el mismo rincón del Ribeiro, que su tío, a media ladera de la montaña, con vistas al río Avia. Es indiscutible que el peso del linaje se convirtió para ellos en un poderoso acicate que les permitió mantener el protagonismo de la saga familiar, en el marco de la administración del Estado, al menos, hasta pasada la primera década de la mitad de la centuria decimonónica.

Joaquín Pardo Osorio ingresa en el ejército, como cadete, en 1808, cuando las tropas napoleónicas, deciden asentarse en España. Ahí, comienza, ciertamente, su andadura por los vericuetos históricos en los que se ve envuelto el país. Como otros jóvenes, contemporáneos suyos, tan pronto como se produce la “invasión francesa”, decide abrazar la vida castrense. Unos, deseaban combatir formando parte de milicias que crecían como la hiedra; otros, como Joaquín Pardo, pensaban que era el ejército regular, quien debía de liderar la insurrección.

De repente, la necesidad de formar a un gran contingente de voluntarios, que no estaba preparado militarmente, hizo que dentro del ejército se produjesen, a menudo, de forma improvisada, rápidos ascensos. El propio Joaquín Pardo Osorio, en apenas un año, obtiene el rango de subteniente y, en dos, el de teniente. Bien es verdad que, desde su primer destino, en Vascongadas, adquiere experiencia en combate. Y, a partir de la batalla de Durango, participa en Campos de Espinosa de los Monteros, en Mondoñedo, en Grado, en Puente San Payo, en Medina del Campo, en Tormes, en Canta el Gallo y en Campomayor. Precisamente, en este último combate, es hecho prisionero. Permanece nueve días encarcelado, hasta que se fuga, y pasa a posiciones de retaguardia.

Finalizada la guerra, es distinguido en 1816 por sus méritos con la cruz del Ejército de la izquierda, con la cruz de Asturias, con la medalla de Tamames, con la de Medina del Campo, y con la Flor de Lis de Francia. Luis XVIII, restituido en el trono francés tras la derrota de Napoleón, en agradecimiento a los españoles que con valentía habían combatido la tiranía napoleónica, desde el palacio de las Tullerías, le envía, al gobierno español, insignias de la orden de la Flor de Lis, para que, en su nombre, los condecore. Joaquín Pardo, o el obispo Quevedo, entre otros, se hicieron merecedores de aquella notable distinción.

Tras la muerte de Fernando VII, es ascendido a capitán de infantería. Y, en 1831 realiza el plano topográfico de la parte del río Limia, conocida como Puente Linares, ubicada entre los pueblos de Guin, Abeleda y Paradela, anejos del priorato de Santa María de Porquera o de la Forja. Poco después de desempeñar esta labor cartográfica, abandona la vida castrense, y ejerce la abogacía en el marco de la sociedad civil. La formación que tiene en derecho, le permite, de la mano del liberalismo progresista, afín al pensamiento de Joaquín Mª López, hacer carrera política. Llega al Congreso, con acta de diputado por Ourense, en la legislatura 1841-1843, en plena Regencia de Espartero, en un período, marcado por la inestabilidad. Está entre los cuatro elegidos por la provincia. Según el acta del escrutinio general de votos contabilizaba 9979 votos, tras el industrial, cercano al duque de la Victoria, Domingo Antonio Merelles, que obtenía 10587 votos.

El partido, era un reino de taifas, en torno al liderazgo de personajes como Olózaga, Joaquín Mª López o el propio Espartero. Hasta tal punto se evidenciaba la fragmentación del grupo político que, una facción del partido, los ayacuchos, partidarios de mantener al regente, a toda costa, en el poder, discutía, incluso, las actas de sus propios diputados. Con todo, la dimisión de Espartero sólo fue cuestión de tiempo. Con el acuerdo tácito, realizado entre liberales progresistas antiayacuchos y moderados, se levantaba el gobierno provisional, presidido por Joaquín Mª López. Sobre él pendía la espada de la revolución. Bien es cierto que, más pronto que tarde, trató de atajarla. Nombra, con urgencia, gobernadores de confianza, capaces de conciliar, sobre todo, posturas que se suponían irreconciliables dentro del partido. En Ourense, por ejemplo, ni los liberales ayacuchos, ni los moderados le ponen las cosas fáciles al nuevo gobernador, Joaquín Pardo Osorio, nombrado por el gobierno provisional el 10 de agosto de 1843. Sólo, el talante, la honradez y la política de consenso que lleva a cabo, paró una tormenta que según dicen las crónicas “no hubieran hecho abortar la rendición de Zaragoza”.

Cumplida con creces su misión, un nuevo “presidente de la Diputación”, viejo conocido, también, de la comarca, por contraer matrimonio con la hija de una familia hidalga de Vieite, toma el relevo. Manuel Feijóo y Río, le sucede, primero, de forma interina en diciembre de 1843; luego, en enero de 1844, como gobernador en propiedad. Joaquín Pardo Osorio, se retira de la primera línea de la política, si bien sigue desempeñando cargos dentro de la administración. En 1848, cesa del cargo de secretario del gobierno político de Granada, y, en 1850, presenta la documentación acreditativa para acceder a la jubilación. No obstante, todavía, en 1855, con setenta años, lo encontramos formando parte de la Diputación provincial de Ourense. Aun así, por descontado, que era ya su hermano, Ramón, el que había tomado el relevo en la escena política nacional. Bien es verdad que, por poco tiempo, pues, en 1861, tres días antes de iniciarse el nuevo año, fallecía, acompañado de su esposa y de sus parientes más cercanos.

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Congreso de los Diputados (ACD), Serie documentación Electoral: 21 nº 1;  ACD, Serie documentación Electoral: 22 nº 6; ACD, Serie documentación Electoral: 23 nº 43; Archivo Histórico Nacional (AHN), FC-Mº_HACIENDA,2789,Exp.575; AHN, FC-Mº_HACIENDA,2789,Exp.618; AHN, CONSEJOS,12171,Exp.34; La Gaceta 12/03/1843 Parte oficial, Ministerio de Gobernación de la Península; El Espectador, Madrid 20/08/1843 nº 720; Estadística del personal y Vicisitudes de las Cortes y de los ministerios de España, Madrid, Imprenta Nacional, 1858, págs. 117, 617; Boletín Oficial Provincia de Orense (BOPO), Orense, Imprenta de Cesáreo Paz y H., 16/02/1841 nº 14; BOPO, Orense, Imprenta de Cesáreo Paz y H., 06/02/1855 nº 16.

J.M. Fernández Camaño, La Coruña vista desde sus libros de actas, Madrid, Editorial Vision net, pág. 104; S. Miñano y Bedoya, Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal, T. XI, Madrid, Imprenta de Moreno, 1829, pág. 447; J. M. Bedoya, Memoria sobre el desagüe de la laguna Antela o de la Limia, en la provincia y obispado de Orense, reino de Galicia, Orense, Juan María de Pazos, 1831, pág. 20; F.A. Barreda, Manuel Pardo Ribadeneira, regente de la Real Audiencia de Cuzco, Lima: Talleres de la Editorial Lumen, 1954.

Francisco Lorenzo Amil