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Richard Conway

Biografía

Conway, Richard. Ricardo Combeo. New Ross, Wexford (Irlanda), c. 1572-1573 – Sevilla, 1.XII.1626. Fundador jesuita (SI) de los colegios de Irlandeses.

Conway tuvo que elegir vivir fuera de su patria irlandesa para continuar siendo católico. Arribó a uno de los más importantes puertos de Europa y del Atlántico, la capital lisboeta, cabeza política del antiguo reino de Portugal, aunque en aquellos días de 1590 se hallaba integrado en la Monarquía hispánica, tras la anexión en 1580, en tiempos de Felipe II. Lisboa no podía estar ajena a la infraestructura del exilio inglés e irlandés. Existía en sus calles, por entonces, un establecimiento para irlandeses católicos, impulsado por John Howling. Previa a su entrada en la Compañía de Jesús en Coimbra, en julio de 1592, Conway había escuchado humanidades.

Continuó, ya como jesuita, en su formación filosófica en el Colegio de Monterrey (entre 1595 y 1598), prosiguiendo con la Teología en el colegio de Salamanca, entre 1598 y 1602. La ciudad del Tormes empezó a ser un escenario importante en la vida de Conway y de los irlandeses católicos en Castilla.

Había acogido el primero de los colegios, tras haber considerado que la comunidad de estudiantes irlandeses que vivían en Valladolid progresaría mejor en la vecina Salamanca, sobre todo cuando en la ciudad del Pisuerga ya se había fundado el Colegio de Ingleses de San Albano.

Se produjo en 1603 la imposición definitiva de la autoridad de la reina Isabel, en el último año de su vida, con el triunfo de las tropas inglesas sobre el ejército gaélico, extendiéndose a Irlanda las disposiciones legislativas y la autoridad de Inglaterra sobre las tierras irlandesas. Este cambio de orientación motivó el incremento del exilio irlandés que tenía como destino la Península Ibérica. Los colegios, la mayoría de ellos progresivamente dirigidos por los jesuitas, fueron una pieza esencial, exigiéndose la puesta en marcha de una infraestructura adecuada, aunque también desarrollándose conflictos de diferente naturaleza entre profesores y alumnos, españoles e irlandeses. Conway, Archer y White supieron superar esos problemas y permitieron la supervivencia de los colegios, que seguían el modelo de lo ya iniciado en el inglés de San Albano de Valladolid. Casas y seminarios, siendo éstos un producto tridentino, que facilitaba la formación de futuros sacerdotes, que contaban con problemas constantes en su mantenimiento material, por su mala situación económica, clericalizándose lo que era anteriormente laico. La Misión de Irlanda debía costear, también, los gastos de regreso de los misioneros a su tierra para trabajar apostólicamente.

El padre Thomas White (o Vitus) fue el que impulsó, con la dotación económica de Felipe II, la primera casa de Salamanca, aunque inicialmente se había dirigido al Consejo de Castilla. Conway destacó en esta ciudad universitaria como predicador y confesor entre 1600 y 1608. Empezó a ejercer oficio de vicerrector en aquel colegio de irlandeses, ocupándose de su gobierno entre 1608 y 1613, pasando a desarrollar este mismo oficio en el colegio irlandés compostelano, “verdadera capital del pueblo irlandés en el exilio”. Así ocurrió hasta 1618. El colegio compostelano había sido fundado en 1605, vinculándose su puesta en marcha con el sacerdote secular Enrique Mac Carthy. Pudo ser que Felipe II dispusiese una dotación de ochenta escudos mensuales de renta para el mantenimiento de nobles irlandeses. No obstante, esta intención no funcionó o estuvo bajo el control de los franciscanos hasta 1605, contando esta otra orden con una notable importancia en la Misión de Irlanda.

La entrega del colegio a la Compañía, en 1611, despertó una notable oposición que, en parte, fue solventada con el nombramiento de Ricardo Conway —tras su experiencia salmantina— como rector de Santiago en 1613. Con todas estas disposiciones, Combeo y Vitus se habían convertido en los “Persons” de la Misión de Irlanda, viviendo los problemas de identidad nacional de los rectores de los seminarios y el rechazo y oposición que algunos manifestaban hacia la forma de gobierno de estas casas por parte de miembros de la Compañía. Así, los jesuitas consideraban en su “modo de proceder” que los superiores eran representantes supremos de la obediencia, cualidad indispensable dentro de este Instituto y aplicable a los seminaristas irlandeses.

San Patricio de Santiago se hubo de organizar de acuerdo al modelo irlandés salmantino, teniendo en cuenta las disposiciones inspiradas por el prepósito general Aquaviva. Cuando, en junio de 1613, visitó el colegio el padre Alonso Carrillo —que ya había apagado el fuego entre los Ingleses de Valladolid—, confirmaba la puesta en marcha de esta nueva línea de formación, añadiendo las rígidas normas para la convivencia de los jesuitas irlandeses. Inmediatamente, estos religiosos solicitaron a Aquaviva que en Compostela se uniesen los dos seminarios de Salamanca y Santiago. Una unión que el superior general no contempló con desagrado, aunque no se llevó a efecto.

Ante este cambio de postura, los estudiantes irlandeses y los miembros de la llamada facción Old Irish se radicalizaron. En un memorial elevado a Felipe III en 1617, el conde O’Sullivan subrayaba que el gobierno que habían puesto en marcha los jesuitas era muy diferente al que el Rey había definido en las cédulas reales de fundación de la casa compostelana. Acusaban a los de la Compañía de ser descendientes de ingleses, habiendo eliminado el carácter laico de este colegio.

O’Sullivan insistía que San Patricio no se había fundado para formar eclesiásticamente a sus colegiales.

La controversia superó la estancia y gobierno de Combeo sobre Santiago, prolongándose en el tiempo hasta la elaboración de las Constituciones de 1645.

De esta manera, con la pérdida de la mencionada dimensión laica y nobiliar para transformarse en un seminario jesuítico, importantes perspectivas dentro de la sociedad civil se perdieron para los miembros del exilio irlandés, aunque la Iglesia y el Ejército fueron los espacios sociales más habituales para ellos.

Conway pasó, después, al colegio irlandés de Sevilla, ciudad en la que existía también un colegio de ingleses, el de San Gregorio. En Compostela, fue sucedido por el padre White. El Irlandés de Sevilla había sido fundado en 1612, colocándose bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. La presencia de este jesuita irlandés sirvió, también, para que el colegio fuese entregado a la Compañía de Jesús. Se encargó de su gobierno entre 1619 y 1622 y, años más tarde, entre 1625 y 1626. Sus trabajos en todas estas casas también deben ser entendidos desde su condición de prefecto de la totalidad de los colegios de irlandeses en la Península Ibérica, sucediendo a James Archer, así como por su oficio de procurador de esta misión irlandesa desde 1618, viéndose obligado a viajar de manera continuada y a ocuparse de numerosas peticiones, en un pueblo que tenía en España fama de pretendiente. Este jesuita irlandés iba a facilitar el contacto de este exilio con la Compañía, habiendo sido bien acogido en la Corte española, sobre todo por su reputación. Conway fue un destacadísimo gestor, lo que favoreció el desarrollo de los colegios que puso en marcha en las mencionadas ciudades. Actuó, además, de puente con los jesuitas españoles, sobre todo entre aquellos que no gustaban de esta obra encomendada a la Compañía. Colaboró con destacadas figuras intelectuales del exilio irlandés, como Felipe O’Sullivan, autor de la célebre Historia Catholicae Iberniae Compendium, que fue publicada en 1621, y que había sido escrita en colaboración con el maestro Patricio Synot —acusado de nigromancia por la Inquisición y que se salvó del auto de fe por su pertenencia al gremio universitario— y del también jesuita Miguel Cantwell.

 

Obras de ~: True Report of the Present State of things in Ireland, s. l., 1611; Further Account of the state of Ireland with remarks; Account of the Decrees and Acts of the Conciliabule held by the four heretic Archbishop of the Kingdom of Ireland in 1611 with some strange cases; Rationes et motive, s. l., 1619; Quaedam sanctorum quorundam & grauium virorum de sanctitate & litteris Ibernorum testimonia, s. l., s. f.; “On early Celtic saints and other illustrious persons”, en Ph. O’Sullivan Beare, Historiae Catholicae Iberniae Compendium, Lisboa, 1621; El Rey, Mis Virreyes, Gouernadores, Capitanes generales de las prouincias del Piru, y la Nueua España o persona, a cuyo cargo fuere el gouierno dellas [...] Por parte de los Seminarios Irlandeses de España se me ha hecho relacion, para que no cesse el fruto y buenos efectos que resultan de su crianza y enseñanza, tenían necesidad, respeto [sic] de las que padecen, y tienen de cosas para el seruicio del culto diuino, se les diesse licencia para pedir limosna en essas provincias: suplicóme se la mandasse dar, Cédula firmada por Pedro de Ledesma y traslado por Ricardo Conveo [1621].

 

Bibl.: W. McDonald, “Irish Colleges since the Reformation”, en Irish Eccl. Record, 1873; C. S ommervogel, Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, vol. II, Bruxelles, Oscar Schepens, 1894, págs. 1404-1405; J. Couselo Bouzas, “El Seminario de Irlandeses de Santiago”, en Boletín de la Real Academia Gallega, 186 (1926), 190-191 (1927); T. J. Morrissey, Some Jesuit Contributions to Irish Education, Doctoral Dissertations, National University of Ireland, 1976; James Archer of Kilkenny, an Elizabethan Jesuit: first rector of the Irish College at Salamanca, Dublin, Studies Special Publications, 1979; E. Rivera, Galicia y los jesuitas: sus colegios y enseñanza en los siglos xvi al xvii, La Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 1989; M. Henchy, “The Irish Colleges in Spain”, en Éire-Ireland, XXIV, n.º 1 (primavera de 1989), págs. 11-27; P. O’Connell, “The Irish College at Santiago de Compostela (1605-1767)”, en Archivum Hibernicum, 50 (1996); O. Rey Castelao, “Exiliados irlandeses en Galicia de fines del xvi a mediados del xvii”, en A. Mestre y E. Giménez López (eds.), Disidencias y exilios en la España Moderna (Actas de la IV Reunión Científica de la Asociación Española de Historia Moderna), Alicante, Universidad, 1997, págs. 99-116; O. Recio Morales, Irlanda en la estrategia política de la Monarquía Hispánica (1602-1649), tesis doctoral, Departamento Historia IIÁrea de Historia Moderna, Universidad de Alcalá de Henares, 2000; J. Burrieza Sánchez, “Escuelas de sacerdotes y mártires: los colegios del exilio católico”, en E. García Hernán, M. A. de Bunes, O. Recio Morales y B. García García (ed.), Irlanda y la Monarquía Hispánica: Kinsale 1601-2001. Guerra, Política, Exilio y Religión, Madrid, Universidad de Alcalá, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2002, págs. 39-74; E. García Hernán, “Irish clerics in Madrid, 1598-1665”, en T. O’Connor y M. A. Lyons (eds.), Irish Communities in Early-Modern Europe, Dublin, Four Courts Press, 2006, págs. 267-293.

 

Javier Burrieza Sánchez

 

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