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José María Ignacio de Cienfuegos Jovellanos

Biografía

Cienfuegos Jovellanos, José María Ignacio de. Oviedo (Asturias), 1.II.1763 – Madrid, 29.IV.1825. Teniente general, gobernador, ministro.

Hizo la carrera militar en el Arma de Artillería, desde cadete en la Academia hasta teniente general en la Guerra de la Independencia. Fue capitán general y gobernador de la isla de Cuba (1816-1819), ministro interino de la Guerra y director general de Artillería hasta su muerte.

Hijo de Baltasar José González Cienfuegos, V conde de Marcel de Peñalva, y de Benita Antonia Josefa Jovellanos, hermana del famoso político y escritor Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811). Y un hermano de José María Ignacio fue Francisco Javier, arzobispo de Sevilla y cardenal. Por cierto que el biografiado no nació en Gijón ni en el año 1768, como dice la Enciclopedia Espasa, a la que siguen sin contrastación distintos libros y diccionarios (por ejemplo, el Diccionario de Historia de España, 1979, y la moderna Gran Enciclopedia de España, 1992), sino en Oviedo y en 1763. Además, al haber trabajado sobre los documentos de su grueso expediente personal (en el Archivo General Militar, Segovia), se puede que en toda su documentación y sus numerosas firmas estampadas, siempre aparece como “José Cienfuegos”, eliminando el primer apellido González y simplificando su nombre.

Ingresó como cadete en el colegio de Artillería de Segovia el 30 de septiembre de 1777 (por lo tanto, a los catorce años, no “a los nueve años”, como dice el Espasa), donde fue graduado subteniente del Real Cuerpo de Artillería por Real Despacho de 20 de septiembre de 1780, y con dicho grado pronto se halló, en 1781, en el campo de Mahón (Menorca) y sitio y rendición de la plaza de San Felipe, así como en el bloqueo y sitio de la plaza de Gibraltar (de abril a diciembre de 1782). El 1 de enero de 1783 ascendió a teniente. Se halló en la campaña del Rosellón, acciones de Troullas y Masdeu y sitio y rendición de Bellegarde. Ascendió a capitán por méritos de guerra en 1 de octubre de 1793 (tenía veinte años). Fue jefe de baterías de la Junquera y Pertus y en la defensa de Bellegarde, donde cayó prisionero el 17 de septiembre de 1794, hasta que fue liberado en agosto de 1795. En premio a sus servicios ascendió a teniente coronel el 4 de septiembre de 1795. Fue destinado a los llamados “presidios menores” de África y, estando embarcado casualmente en el navío Conde de Regla, sufrió sin consecuencias el bombardeo de Cádiz por el almirante Nelson. En 21 de diciembre de 1797 fue destinado a la Academia de Artillería, como primer teniente de la Compañía de Cadetes, que mandó desde abril de 1799 hasta agosto de 1802. Por Real Despacho de 2 de julio de 1802 fue nombrado jefe de brigada. El 25 de enero de 1804 fue nombrado capitán segundo de caballeros cadetes. El 20 de mayo de 1804 fue ascendido a teniente coronel. El 14 de mayo de 1806 volvió a su tierra natal, al recibir el nombramiento de director de las reales fábricas de Oviedo (armas cortas) y Trubia (cañones). Días después contrajo matrimonio con una hija de su hermana Escolástica: María del Carmen Argüelles Quiñones y González Cienfuegos Al estallar la Guerra de la Independencia, se puso inmediatamente al servicio de la causa patriótica. Por Real Despacho de 7 de julio de 1808 fue promovido a teniente general de los Reales Ejércitos. El 3 de abril de 1809, la Junta Principal del principado de Asturias, ante las graves circunstancias del momento, lo elevó a la categoría de capitán general del Ejército de Asturias y jefe de su Artillería (no se le admitió el cargo de capitán general y quedó oficialmente como comandante general del principado, según dice su Hoja de servicios), cuya comisión o encomienda no llegó al lucimiento que se esperaba por “el desorden producido por el trastorno nacional y la escasez de medios materiales” (C. Suárez, 1955, pág. 281).

Según certificación de 4 de abril de 1810 del presidente y del secretario de la Junta Suprema de Asturias mandó “el Ejército Asturiano” (literal de su Hoja de servicios). Tuvo un choque con el marqués de la Romana cuando éste, comisionado por la Junta Suprema, fue a Asturias a inspeccionar la actuación de Cienfuegos. Éste prefirió pedir una licencia de tres meses para evitar disgustos. Por una orden del general Francisco Javier Castaños fue nombrado gobernador militar de la plaza y provincia de La Coruña, cargo que solamente ejerció de 12 de mayo a 12 de julio de 1812, cuando fue nombrado comandante general de Artillería del 5.º Ejército, pasando el 4 de diciembre del mismo año a igual cargo en el 3.er Ejército de operaciones. El 18 de agosto de 1814 fue nombrado consejero del Supremo de la Guerra, cargo del que nunca fue cesado, quedando en una especie de excedencia al ser nombrado capitán general, gobernador de la isla de Cuba y presidente de la Real Audiencia de La Habana, el 20 de enero de 1815 (según su Hoja de servicios), aunque no reemplazó a su predecesor, Ruiz de Apodaca, nombrado virrey de Méjico, hasta el 2 de julio de 1816.

La nueva etapa de su biografía fue muy brillante.

El nuevo capitán general se encontró “reducidas a la nada las guarniciones de la isla por la dificultad de reemplazarlas y las penurias del Erario, desangrado con los enormes gastos de la guerra” (Pezuela, 1863, pág. 205). Sin embargo, Cienfuegos, valiosamente secundado por un destacado político y hombre de acción como fue el superintendente Alejandro Ramírez, impulsó un avance general de la isla en todos sus aspectos, el militar, el administrativo, el fiscal, el fomento de la industria y la agricultura, la cultura..., de tal forma que los mismos historiadores cubanos, como se verá seguidamente, elogian su etapa de gobierno.

En primer lugar, cuidó Cienfuegos del aspecto militar. Consiguió que llegara de España una especie de batallón ligero de infantería y otras pequeñas partidas, que en total no llegaron a sumar los 2.000 hombres. Con todos ellos, y con la poca tropa de guarnición a la que añadió compañías de voluntarios, incrementó el estado defensivo de la isla. Construyó baterías en distintos puntos estratégicos; creó cuatro compañías de voluntarios, organizó un Regimiento de Artillería dividido en cuatro compañías y agrupó toda la Caballería en dos grandes escuadrones.

Para contrarrestar a los barcos armados norteamericanos que corseaban a favor de la independencia de las colonias, armó corsarios que supieron hacerles frente con valentía y, a veces, con éxito.

Se dieron facilidades a la colonización blanca y a la inmigración, incluso extranjera. Llegaron franceses de la Luisiana. Se fundó en 1817, por iniciativa de Louis de Clouet, la ciudad de Fernandina, inaugurada en 1819, que luego se llamó definitivamente (y se sigue llamando hoy) Cienfuegos, en honor del capitán general. Y también se fundaron las ciudades de Guantánamo, Manzanillo, Nuevitas, el Mariel y otras localidades.

En 1818 se estableció definitivamente la libertad de comercio con el extranjero, aunque con arancel protector de los productos españoles, con lo que se incrementó en abundancia el tráfico comercial. Se legalizaron las ocupaciones de tierras baldías, aunque en beneficio de los latifundistas ganaderos, pero sometiendo a censo a los nuevos cultivadores, y se aseguró la plena propiedad (Diccionario de Historia de España, 1979). Ante la postración del cultivo del tabaco y gracias a gestiones de unos habaneros en Madrid, se promulgó el Real Decreto de 23 de julio de 1817 que dio fin al estanco y monopolio del cultivo y venta del tabaco en Cuba. Fomentó la producción y exportación de dos cultivos básicos: la caña de azúcar y el café, así como otros más (aguardiente de caña, etc.).

En el terreno industrial se introdujeron máquinas de vapor para los ingenios de azúcar. En 1819 funcionó el primer barco de vapor. Y en el importante terreno fiscal, se aumentaron tanto los ingresos que, por primera vez en su historia, Cuba cubrió todos sus gastos, e invirtió el superávit en la ayuda a la lucha contra los insurgentes de otros territorios. En el terreno educativo, aumentó mucho la enseñanza primaria, y las reformas en este aspecto se combinaron con las del obispo ilustrado Díez de la Espada, que reformó las enseñanzas superiores del Seminario.

En fin, es célebre Cienfuegos por el famoso censo de población que hizo ejecutar en la isla en 1817 (el anterior era de 1792), que dio por resultado un total de 553.028 habitantes, de los que eran blancos 239.830 y el resto negros y mulatos, de los que eran libres 114.058 y esclavos 199.145. Precisamente en este último aspecto, más por las interesadas exigencias de Inglaterra (“Gran Bretaña”, se asombra Pezuela, “la potencia que más impulsó, desarrolló y lucró con el tráfico de esclavos”, 1878, pág. 48) se firmó el tratado de abolición del tráfico negrero (23 de septiembre de 1817), que sentó mal a traficantes y a terratenientes, por lo que continuó en una peligrosa clandestinidad.

Sufrió Cienfuegos la agresión del general estadounidense Jackson que, sin haber guerra, ocupó Pensacola, en la Florida, aunque, ante sus gestiones, la devolvió, pero como preludio al tratado de 1819 en que España renunció a la hermosa península. Molesto por el clima y cansado de su intensa gestión, Cienfuegos pidió una y otra vez su relevo, hasta que se le concedió el 29 de agosto de 1819. “Puede tomarse el período de Cienfuegos –dice Pezuela, 1863, pág. 215– por el de más felices consecuencias que conoció la isla.” En su gobernación “los intereses cubanos se sintieron protegidos, la cultura fue extendida, las rentas de la Isla crecieron” (La Enciclopedia de Cuba, 1974, pág. 272).

Cuando regresó a España, Cienfuegos se encontró con el régimen constitucional. Él no era absolutista, más bien tenía una fuerte adhesión “realista”, y se sintió postergado. Sin motivos, no se le dio su paga de teniente general durante casi un año. Esto le hizo emigrar a Francia, aunque por poco tiempo, pues en octubre de 1821 estaba en España y ocupaba un cargo en la Junta del Montepío Militar. Finalmente, fue nombrado secretario interino del Despacho de Guerra (era un cargo equivalente al de ministro).

Con la reacción absolutista se le reintegró en su antiguo destino de miembro del Consejo Supremo de Guerra, cuyos derechos no había perdido desde su nombramiento en 1814. Luego fue nombrado director general de la Artillería, cargo en el que se mantuvo hasta que sus achaques le impidieron materialmente estampar la firma. Poco después de ser relevado de dicho cargo, falleció en Madrid el 29 de abril de 1825.

 

Obras de ~: Operaciones del ejército asturiano, con planos, escritas por el General Don José Cienfuegos (ms.) [sin más datos; citado por Somoza, 1887, y por C. Suárez, 1955].

 

Fuentes y bibl.: Archivo General Militar (Segovia), Exp. personal 1777-1829; Célebres, caja 32, exp. 6, leg. 12/5 (30 folios).

J. de la Pezuela, Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba, vol. I, Madrid, Imprenta del Establecimiento de Mellado, 1863; J. de la Pezuela, Historia de la Isla de Cuba, vol. IV, Madrid, Carlos Bailly-Baillere, 1878; J. Somoza de Montsoriu y M. Somoza García-Sola, El General Cienfuegos, Madrid, Imprenta del Cuerpo de Artillería, 1887; VV. AA., Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, vol. XIII, Madrid, Espasa Calpe, 1912; J. Vigón, Historia de la Artillería Española, vols. II y III, Madrid, Instituto Jerónimo Zurita, 1947, págs. 52, 70, 434, 572 y pág. 291, respect.; C. Suárez, Escritores y Artistas Asturianos. Índice bio-bibliográfico, vol. IV, Oviedo, Gráficas Sumima, 1955, págs. 280-283; A. Palau y Dulcet, Manual del Librero Hispano-Americano, vol. XXI, Barcelona - Oxford, Antonio Palau - The Dolphin Book, Co. Ltd., 1961, pág. 504, n.º 319.214; VV. AA., La Enciclopedia de Cuba, vol. IV, San Juan y Madrid, Enciclopedia y Clásicos Cubanos, 1974, págs. 271-272; Diccionario de Historia de España, vol. I, Madrid, Alianza Editorial, 1977, pág. 830; R. Ezquerra, “Cienfuegos Jovellanos, José de”, en VV. AA., Gran Enciclopedia Asturiana, vol. IV, Gijón, Silverio Cañada, 1982, pág. 298; J. M. Patac, “Cienfuegos Jovellanos, José María”, en Gran Enciclopedia de España, vol. VI, Zaragoza, Enciclopedia de España, 1992, pág. 2693.

 

Fernando Rodríguez de la Torre