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Luis de Losada Quiñones

Biografía

Losada Quiñones, Luis de. León, c. 1600 – Panamá, c. 1675. Abogado, oidor en Panamá, presidente interino de la Audiencia de Panamá.

Luis de Losada Quiñones era miembro de la pequeña nobleza de León y heredero del mayorazgo de Patigoso y Valdelapuerca, que antes había estado en posesión de su hermano mayor. Estudió en la Facultad de Cánones de la Universidad de Salamanca, y en 1626 viajó a América con su padre, Juan de Losada Quiñones, nombrado corregidor en Trujillo (Perú).

Siguió estudios en la Universidad de Lima, donde se licenció de abogado en 1632. Finalmente, después de una serie de puestos menores en el virreinato, el Rey le nombró oidor de la Audiencia de Panamá el 14 de agosto de 1647. Poco después llegó a su destino y estuvo en el vórtice de la escena política panameña hasta 1655, y luego, nuevamente entre 1670 y 1673.

Losada fue un oidor muy problemático que pronto se granjeó enemistades entre los vecinos y entre sus propios colegas togados. El 10 de diciembre de 1651, mientras atendía la feria de Portobelo, el presidente de la Audiencia de Panamá Juan Vitrian de Viamonte y Navarra murió víctima de la peste. Al día siguiente, Luis de Losada Quiñones, haciendo uso del derecho que le daba su condición de oidor decano, ocupó la interinidad de la presidencia, la cual ejerció hasta el 27 de mayo de 1652.

Durante este período, le hizo frente a un conflicto armado con los indios cunas del Darién, que mereció el aplauso del vecindario. Sin embargo, durante la severa peste que se ensañó en la ciudad el año 1651 y la hambruna que sobrevino después, se aprovechó de su posición para especular con los alimentos, “con tanto escándalo que no hay palabra con qué ponderarlo”, acusaba su sucesor el presidente interino Antonio de la Plaza Equiluz. En plena pandemia, Losada detenía los barcos que llegaban al puerto de Panamá para acaparar la carga y venderla a precios triplicados, y prohibía que se vendiese harina a los panaderos sin que antes se le pagase a él por una cédula o certificado de autorización. En este negociado con la harina ganó 4.000 pesos, lo que equivalía a más de su sueldo de oidor en un año. Estos abusos provocaron la ira de los vecinos, que al ver agravarse la carestía empezaron a elevar sus protestas. Enemistado con Losada por este y otros delitos, Antonio de la Plaza Equiluz trató de apresarle, pero Losada se refugió en sagrado, de donde lo sacó, para restituirle en el cargo, el nuevo presidente recién llegado Pedro Carrillo de Guzmán, cuya simpatía se había ganado.

El 13 de febrero de 1655, acusando recibo de las quejas que llegaban de Panamá, la Corona le suspendió del cargo, enviándolo “en depósito” a la Audiencia de Quito, y el 29 de marzo de ese año le nombró en depósito oidor de esa Audiencia en calidad de supernumerario. Al quedar su plaza vacante designó en su lugar al licenciado José de Loaisa Bernardo de Quirós. Sin embargo, años más tarde, la Corona decidió revisar su caso y el 16 de noviembre de 1670 le restituyó a Panamá nombrándole nuevamente oidor de su Audiencia.

El retorno de Losada a Panamá demostró que conservaba intactos sus viejos hábitos de hombre codicioso y conflictivo, y sus choques con los vecinos continuaron.

Para entonces ya era un viejo achacoso y pendenciero, con múltiples intereses locales, y con parientes, que no tardó en acomodar en posiciones de gobierno, como a un sobrino suyo que nombró en la estratégica Alcaldía Mayor de Cruces, pese a que una Real Cédula del 25 de octubre de 1623 prohibía de manera explícita que ningún miembro de la Audiencia pudiese tener parientes tan cercanos en un puesto como ése.

En enero de 1671, tras la pérdida de Panamá tras la invasión de Henry Morgan y la subsecuente destitución de Juan Pérez de Guzmán —el presidente que había perdido la plaza—, Losada Quiñones volvió a ocupar interinamente la presidencia, siendo como era el oidor decano. En 1673 nuevamente le tocó otra oportunidad a Losada Quiñones de presidir la Audiencia, cuando el 8 de abril de ese año falleció repentinamente el presidente, gobernador y capitán general Antonio Fernández de Córdoba y Mendoza, quien había estado encargado de la mudanza de Panamá la Vieja al sitio del Ancón, donde se fundaría la nueva Panamá.

El virrey había dado instrucciones para que la interinidad la ocupase Miguel Francisco de Marichalar, pero pocos días después éste también falleció, de modo que Losada Quiñones, en su calidad de oidor decano, asumió inmediatamente los cargos de presidente y capitán general, mientras que al único otro oidor de la Audiencia, Andrés Martínez de Amileta, le cedió las funciones de gobernador. De esa manera, se presentó la extraña situación de un gobierno compartido entre dos oidores.

Losada Quiñones y Martínez de Amileta se odiaban mutuamente y ya habían escenificado varios episodios con insultos mutuos que tenían escandalizada a la comunidad. Escribe Marichalar: “Se gritaron ladrones barateros, y contándose los pecados uno a otro, de que llegaron a las manos”. Losada, el más pugnaz de los dos, era también el más “sagaz e inteligente”, según opinión de Marichalar. Aunque tenía ochenta años, su vitalidad era de “un mozo de 20” y como Amileta estaba achacoso, viejo y sin bríos, “no puede resistir las furias de su compañero, que lo maltrata”. Poco más tarde, el ya anciano Martínez de Amileta, nombrado oidor en Panamá desde el 29 de junio de 1658, falleció, y Losada quedó solo en la Audiencia.

Durante ese tiempo, y aprovechándose de su condición de presidente interino de la Audiencia, mientras la ciudad se trasladaba hacia la nueva Panamá, en lugar de dedicarse a construir las murallas perimetrales, asunto que era prioritario, y que además era su deber, Losada Quiñones empezó a construir un imponente edificio para vivienda y bodegas que fue criticado como “palacio a la española”. Tenía un frente de cinco lumbres o 20,5 metros y unos 37 metros de fondo, con espacio suficiente para “veintidós bodegas para alquiler”. Según el presidente Marichalar, era “una casa de mucha monta, con muchas bodegas y tiendas, con el fin de poner en ella una gran renta”. Para construirla se apropió de toda la madera que se había reservado para las obras del Rey. También expropió los materiales de construcción que tenían los vecinos para hacer sus casas, por lo que no pocos dejaron de enviar maderas a la ciudad temiendo que también se las apropiase. Para su mansión, Losada escogió el mejor sitio de la plaza, junto a la puerta del Mar, en la cara del “ancón” mejor protegida para la defensa y en la zona más ventilada, ya que recibía de frente el fresco viento del norte.

Sin embargo, los exasperados vecinos apelaron al Cabildo que no cejó hasta expropiarle el edificio para darle un uso público como taller o aduana. Fue en ese solar donde luego se construyó la Contaduría y que se convertiría en sede del gobierno desde mediados del siglo xviii. Allí queda actualmente la Presidencia de la República de Panamá.

Otro hecho contemporáneo que irritó a los vecinos fue que antes de que llegara Marichalar, estando Losada y Amileta al frente del gobierno, el primero se hizo despachar título de capitán general, “cosa que nunca se ha visto en gobierno de esta Audiencia, y así anda con garnacha y bastón con risa de todo el pueblo”.

Para el vecindario Losada se había convertido en una fuente de mortificación permanente. Por lo que, para resolver la situación, el Cabildo le depuso del cargo acusándole de senilidad. Sería el primer y único caso registrado en la historia del Panamá colonial en que la representación municipal removió del cargo a la representación jurídica de la Corona. Pocos meses después, el Cabildo, obedeciendo las órdenes del virrey contenidas en el “pliego de mortuoria”, le entregaba al poder al obispo Antonio de León, que asumió el cargo bajo protesta el 26 de enero de 1674. La Corona suspendió definitivamente a Losada de su cargo en Panamá, después de evaluarse los resultados de la visita que se hizo al reino, y en su lugar nombró, el 12 de octubre de 1673, a Fernando Jiménez Paniagua.

Losada Quiñones murió poco tiempo después.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional (Madrid), Diversos de Indias, leg. 358, Relación de Méritos de Luis de Losada Quiñones; Archivo General de Indias (Sevilla), Panamá 254, Título para Losada Quiñones como oidor de la Audiencia de Panamá; Panamá 22, Junta de Hacienda y Guerra del 29 de diciembre de 1651 y del 4 de mayo de 1652; Panamá 131, Carta del presidente Pedro Carillo de Guzmán, Portobelo, 26 de enero de 1653; Panamá 131, Testimonio de autos contra los abusos de Juan de Vargas Machuca, con carta de la Audiencia al rey, Panamá, 20 de enero de 1653, firman Dr. D. Luis Dávila Muñoz y Dr. Diego de Valverde Orozco; Panamá 254, Títulos removiendo y restableciendo a Luis de Losada Quiñones; Panamá 36, Expediente de suspensión de Losada Quiñones, en cartas de los oficiales reales de Panamá de 1653; Panamá 139, Junta general de gobierno, Panamá, 11 de mayo de 1673; Panamá 226, Carta del alcalde del Crimen de la Audiencia de Lima Lic. Miguel Francisco de Marichalar, al presidente del Consejo de Indias conde de Medellín, Panamá, 2 de junio de 1673; Panamá 31, Carta del Cabildo al rey, Panamá 25 de abril de 1674; Panamá 254, Título nombrando a Andrés Martínez de Amileta oidor en Panamá, 29 de junio de 1658; Panamá 101, Carta del obispo Antonio de León, Panamá, 24 de abril de 1674; Panamá 254, Título de nombramiento de oidor para Panamá de Fernando Jiménez Paniagua.

E. Schäfer, El Consejo Real y Supremo de las Indias, Su historia, organización y labor administrativa hasta la terminación de la Casa de Austria, t. II, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano- Americanos, 1947, págs. 470 y 514; A. Castillero Calvo, La Ciudad Imaginada, el Casco Viejo de Panamá, Bogotá, Ministerio de la Presidencia de la República de Panamá-Panamericana Formas e Impresos, 1999, págs. 130 y ss.; A. Castillero Calvo (ed.), La peor crisis del siglo xvii, Panamá, Universidad, Editorial C. M. Gasteazoro, 2003, págs. 39-40; Historia General de Panamá, vol. I, t. I, Bogotá, Comité Nacional del Centenario de la República de Panamá, 2004, págs. 228-230; Sociedad, Economía y Cultura Material, Historia Urbana de Panamá la Vieja, Buenos Aires, Editorial e Impresora Alloni, Buenos Aires, 2006, págs. 211, 703, 760-762 y 993-994.

 

Alfredo Castillero Calvo