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Yusuf IV

Biografía

Yūsuf IV: Abū l-Ḥa ŷ ŷ ā ŷ Yūsuf b. Muḥammad b. al-Mawl (Abenalmao). Granada, ? – IV.1432. Emir de al-Andalus (1432), decimosexto sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada (precedido por Muḥammad IX y sucedido por el mismo Muḥammad IX).

Son muy escasos los datos de que se dispone sobre la biografía de este emir y se reducen a una corta genealogía y al breve periodo de actividad política que desarrolló. No obstante, permiten esbozar un bosquejo con los rasgos esenciales de su identidad y, sobre todo, de su corto emirato.

Al igual que los demás sultanes naîríes llamados Yūsuf, también tenía la kunya (prenombre de paternidad honorífico) de Abū l-Ḥaíí~í y era conocido como Ibn al-Mawl. Aunque no pertenecía al tronco de la familia naîrí, su padre había emparentado con esta por matrimonio, pues casó con una hija del sultán Muḥammad VI el Bermejo (1360-1362), décimo sultán de la dinastía. Por tanto, Yūsuf era nieto materno de dicho sultán, cuya biografía (733/1333-763/1362) permite situar el nacimiento de esta hija entre 1346 y, como máximo, 1362, de tal manera que Yūsuf no pudo nacer antes de 1360 ni es probable que lo hiciera después de 1390; dado que Yūsuf murió en 1432 “siendo muy viejo”, como señalan las crónicas, lo más verosímil es que naciera en la década de los 60 del siglo XIV.

Su padre fue Muḥammad Ibn al-Mawl, que pertenecía a una las familias importantes de al-Andalus nazarí, los Banū l-Mawl, originarios de Córdoba pero que desde el inicio de la dinastía nazarí apoyaron al fundador de la misma, emparentaron con él y se establecieron en Granada, donde intervinieron de forma determinante en su historia: uno de ellos dirigió la sublevación que derrocó en 1309 a Muḥammad III (1302-1309) y entronizó a Naîr (1309-1314).

Las primeras noticias que aparecen sobre su vida y su existencia coinciden con el inicio de su carrera política, que se produce en un momento de tensión y malestar en la capital nazarí producidos, entre otras razones, por una tala de la Vega granadina efectuada por el Condestable Álvaro de Luna en mayo de 1431. La oposición a Muḥammad IX, tras la ejecución por este de Muḥammad VIII en abril de 1431, necesitaba un candidato al trono y eligió al príncipe Yūsuf b. Muḥammad b. al-Mawl, conocido como Abenalmao de las crónicas castellanas.

La elección resulta sorprendente ya que la realizaba el partido que la historiografía ha dado en llamar, no del todo acertadamente, “legitimista” y que era el grupo que había defendido a Muḥammad VIII, heredero del trono por primogenitura, frente a su tío segundo Muḥammad IX al-Aysar, quien lo había derrocado argumentando incapacidad por la minoría de edad del primero. La elección de Yūsuf no se justifica atendiendo a criterios de legitimidad porque existían otros candidatos de la familia real con mejor derecho al trono, concretamente dos nietos de Yūsuf II, Yūsuf b. Aḥmad y Sacd b. cAl§, ambos futuros sultanes: Yūsuf V el Cojo (1445-1446) y Sacd (1454-1455, 1455-1462 y 1463-1464).

En cambio, Yūsuf Ibn al-Mawl ni siquiera pertenecía a la familia naîrí por línea agnaticia, dominante en la sociedad árabe frente al vínculo cognático. Solo el parentesco femenino lo unía al extenso clan familiar de los Nazaríes: descendía de la citada hija de Muḥammad VI el Bermejo, quien, además, no era, precisamente, el más legítimo de los sultanes, pues había usurpado el trono en 1360 a su primo Ism~c§l II (1359-1360), primo al que, además, había entronizado mediante una conspiración que derrocó temporalmente al legítimo sultán Muḥammad V (1354-1359 y 1362-1391), primogénito de Yūsuf I (1333-1354).

Por tanto, Yūsuf Ibn al-Mawl pertenecía a una línea colateral mucho más alejada de la legítima que la del propio Muḥammad IX al-Aysar. De esta manera, la entronización de Yūsuf implicaba un nuevo salto o “desviación” en la línea directa de sucesión. Y no se puede argumentar que los dos nietos de Yūsuf II (Yūsuf y Sacd) fueran de corta edad, pues, aparte de que los “legitimistas” habían defendido antes a Muḥammad VIII siendo un niño impúber de ocho años, los dos nietos eran adultos e, incluso, tenían experiencia política y militar adquirida durante el segundo gobierno de su primo Muḥammad VIII (1427-1430).

Así, pues, además de relativizar esta cuestión de la legitimidad dinástica en este enfrentamiento entre grupos políticos, hay que buscar otra explicación para la designación de Yūsuf Ibn al-Mawl como candidato a sultán, que puede hallarse en las maniobras y actuación de Riw~n BannigaŠ, el Gilayre de las crónicas castellanas —aunque esta identificación ha sido cuestionada por no estar suficientemente documentada—. Fue Gilayre el que organizó la campaña en favor de Yūsuf Ibn al-Mawl y debió de convencer a todos los partidarios y familiares del asesinado Muḥammad VIII para que lo apoyaran frente a Muḥammad IX. Sin embargo, su fuerza no era suficiente como para propiciar una sublevación y derrumbar al emir, por lo que Gilayre se presentó ante Juan II cuando este se hallaba en Córdoba a finales de mayo de 1431. En ese momento se debatía en el real acerca de qué plaza atacar, si Málaga o directamente Granada. El consejo de Gilayre fue decisivo e indujo al soberano castellano a dirigirse a Granada, asegurándole que con su gran ejército podría tomar todo el territorio y, sobre todo, que allí se le uniría “un Infante de Granada que se llamaba Don Yuzaf Abenalmao”, que aspiraba al trono de la Alhambra.

De esta manera, a Juan II se le ofrecía la oportunidad de poner nuevamente en práctica sus maniobras de injerencia en los asuntos internos nazaríes: apoyar a un pretendiente al trono alternativo que dividiera, desestabilizara y debilitara a al-Andalus para poder conquistarlo o reducirlo al más absoluto vasallaje. A pesar de lo simple de esta política, los Nazaríes no pudieron ni supieron escapar a ella, aunque comprendieron sobradamente las intenciones del rey castellano y pese a que sus intelectuales, como el político y sabio Ibn c}îim (m. 857/1453), lamentaran y denunciaran la situación de decadencia y retroceso andalusíes a causa de las disputas y división interna de los musulmanes.

El día 27 de junio de 1431 el ejército cristiano mandado por Juan II asentó su real en la Vega de Granada y allí se presentó, como estaba previsto, Yūsuf Ibn al-Mawl acompañado de Gilayre y otros siete destacados partidarios. Ibn al-Mawl le expuso sus pretensiones al trono y acusó de usurpador a Muḥammad IX, le pidió ayuda y le ofreció a cambio vasallaje.

El domingo 1 de julio de 1431 tuvo lugar el enfrentamiento general con el ejército nazarí, que fue duramente derrotado en la conocida como batalla de la Higueruela. Tras ella, el rey castellano, acordó reconocer a Ibn al-Mawl como sultán de Granada en vasallaje a Castilla y le ofreció su ayuda para ganar el trono.

Sin embargo, Juan II no supo aprovechar la ventaja de su victoria puesto que pocos días después, el 10 de julio, levantaba el campamento y regresaba a Castilla sin que su candidato hubiera derrocado a Muḥammad IX al-Aysar, que seguía sin someterse a vasallaje ni pagar parias, al menos oficialmente.

Ibn al-Mawl y sus seguidores no tuvieron más remedio que retirarse con Juan II a Córdoba, adonde fueron a unírsele numerosos partidarios de Granada. El rey castellano dio órdenes a los capitanes de la frontera, el adelantado Diego Gómez de Ribera y el maestre de Calatrava Luis de Guzmán, de que apoyasen militarmente la causa de Ibn al-Mawl. Para ello, algarearon las zonas fronterizas fieles a al-Aysar e infiltraron agentes dedicados a ganar partidarios; además, el 8 de septiembre de 1431 ordenó a los lugares de la frontera que permitieran y facilitaran el paso a los musulmanes seguidores de Ibn al-Mawl, refugiado por entonces en Écija. La presión cristiana surtió efecto y pronto empezaron a declararse en favor del rebelde diversos enclaves de la frontera, como Montefrío, adonde se trasladó Yūsuf por indicación de Juan II, Cambil, Alicún, Cesna, Casarabonela, Turón, Ardales o El Castellar.

Fue precisamente en uno de estos lugares, Ardales, donde el pretendiente Ibn al-Mawl y el adelantado Gómez de Ribera firmaron el acuerdo de vasallaje a Juan II, el domingo 7 de muḥarram de 835/16 de septiembre de 1431. Este tratado, que preveía su ratificación una vez que Ibn al-Mawl hubiese alcanzado el trono, se ha conservado en su versión árabe y en la romance castellana; en él justifica Ibn al-Mawl su levantamiento contra Muḥammad IX al-Aysar en que la rebelión de este fue ilegítima y por la ejecución de Muḥammad VIII el Pequeño y su hermano Abū l-Ḥasan cAl§.

En los meses siguientes, se fueron sumando importantes ciudades al partido de Ibn al-Mawl, como Loja, aunque la guarnición de su alcazaba, partidaria de al-Aysar, reprimió la revuelta, por lo que Yūsuf pidió ayuda a los castellanos; a su vez, Muḥammad IX envió tropas, pero fueron derrotadas el 3 de diciembre. Al día siguiente, el 4, se entregaron sin resistencia Archidona e Iznájar y desde allí Ibn al-Mawl se dirigió a Íllora, donde se estableció. Finalmente, la misma capital, por la presión y fuerza cada vez mayores de los castellanos y de los rebeldes, reconoció a Yūsuf Ibn al-Mawl, lo que provocó la huida de Muḥammad IX de la Alhambra, a finales de diciembre de 1431.

Conocida la noticia, Ibn al-Mawl envió desde Íllora a Gilayre con seiscientos caballeros a ocupar la capital; tras derrotar a algunos partidarios de al-Aysar que intentaron detenerlos, entraron en la ciudad y tomaron el Albaicín y la Alhambra el 31 de diciembre de 1431.

Ibn al-Mawl entró en Granada al día siguiente, el 1 de enero de 1432, acompañado de unos seiscientos caballeros y tomó posesión de la Alhambra convirtiéndose en el emir Yūsuf IV.

Enseguida escribió a Juan II para notificarle estos acontecimientos y su entronización. A los pocos días, el lunes 22 de íum~dà I de 835/27 de enero de 1432, ratificó el tratado de vasallaje con el rey castellano de acuerdo con el compromiso que había adquirido en el pacto firmado en Ardales cuatro meses antes.

Las cláusulas del tratado imponían a Granada el vasallaje vitalicio de Yūsuf IV, la liberación de todos los cautivos cristianos del reino, no permitir la conversión al Islam de cristianos, un tributo anual de veinte mil dinares/doblas de oro baladíes, ayuda militar y asistencia a las cortes castellanas. A cambio, el nuevo emir y sus descendientes recibirían ayuda militar de Castilla frente a cualquier enemigo exterior o interior.

Estas condiciones abusivas y humillantes provocaron el descontento general en la población nazarí, pues algunas de ellas eran inaceptables para el pensamiento islámico y, sobre todo, tenían un enorme impacto económico por las elevadas parias. Pero lo peor de todo era, sin duda, la exigencia de liberación de todos los cautivos cristianos por el tremendo perjuicio económico y humano que suponía para un gran número de familias nazaríes, que no tenían otro medio para rescatar a sus parientes capturados por los cristianos.

Lógicamente, la pérdida de apoyo a Yūsuf IV fue generalizada al mismo tiempo que aumentó la inclinación hacia el destronado al-Aysar, quien, tras refugiarse en Almería, que le era fiel, se trasladó a la cora de Rayya (Málaga). En Vélez-Málaga fue favorablemente acogido y se instaló en su alcazaba, desde donde se dirigió a Málaga, ciudad que, además de Ronda, Setenil y Gibraltar, reconoció su autoridad. Con los principales puertos andalusíes en su poder, escribió a su amigo el sultán tunecino Abū F~ris pidiéndole ayuda y mediación ante Juan II para obtener su neutralidad y mejorar las relaciones con el castellano.

Al mismo tiempo, Alfonso V de Aragón, perjudicado por el vasallaje de Yūsuf IV a Juan II (se fortalecía Castilla, con la que estaba enfrentado), apoyó y alentó a al-Aysar a recuperar el trono, aunque también quiso sacar partido de la situación de debilidad del emir derrocado para obtener algún puerto de la costa nazarí, especialmente Gibraltar, aunque sin conseguirlo.

La proximidad de al-Aysar, establecido en Málaga, y el descontento interior hacían peligrar la estabilidad de Yūsuf IV en el trono, por lo que, para conjurar cualquier intento de restauración, el nuevo sultán organizó una expedición contra su rival. Para ello solicitó la colaboración militar castellana al maestre de Calatrava, Luis de Guzmán, el 8 de febrero de 1432.

El maestre tardó en reaccionar y, en cambio, al-Aysar se anticipó y envió a Granada a un grupo de un millar de hombres dirigidos por su sobrino, el futuro Yūsuf V (el infante Cojo de las crónicas castellanas), a los que franquearon las puertas de la ciudad algunos cortesanos de confianza de Yūsuf IV a los que al-Aysar había captado para su causa. El sobrino de al-Aysar sitió al emir en la Alhambra y gran parte de la capital se levantó contra Yūsuf IV, que escribió otra vez pidiendo ayuda urgente a los castellanos. El adelantado Diego Gómez de Ribera acudió y junto con fuerzas leales al emir se enfrentó contra los de al-Aysar a una posta de la capital, con victoria de los segundos aunque las crónicas cristianas atribuyen la victoria a los castellanos y justifican el hecho de que estos se retirasen por la necesidad de buscar refuerzos y avituallamiento.

En cualquier caso, la ayuda castellana no pudo socorrer a Yūsuf IV y los habitantes de la capital reconocieron al derrocado y le propusieron que volviera de Málaga. Al-Aysar entró en Granada y se instaló en la vieja alcazaba zirí, donde comenzó a gobernar mientras asediaba la Alhambra desde la zona del Generalife. Tras entrar en él, los hombres de al-Aysar dirigidos por su sobrino Yūsuf b. Aḥmad (el Cojo) abrieron las puertas de la Alhambra por la parte trasera y la tomaron.

Yūsuf IV Ibn al-Mawl no tuvo tiempo de huir y se escondió en una especie de alcoba pequeña o en una alacena construida en el grosor de un muro y oculta por una alfombrilla de forma que pasaba inadvertida a quien no conociera su existencia. Durante varios días permaneció allí mientras era buscado por toda la Alhambra hasta que, finalmente, fue localizado y ejecutado.

La fecha de estos últimos acontecimientos se sitúa entre mediados y finales de abril de 1432, de manera que Yūsuf IV, de avanzada edad a la sazón, no consiguió mantener su emirato siquiera cuatro meses.

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Francisco Vidal Castro

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