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Ibn Mu'awiya

Biografía

IBN MU’ĀWIYA: Abū l-Qāsim Amad b. Mu’āwiya. ?, m. s. IX – Zamora, 288 H./901 C. Príncipe omeya rebelde, auto-proclamado Mahdī.

La figura de Ibn Mu’āwiya representa un caso de rebeldía frente al poder omeya en el contexto de la mayor crisis experimentada por el Estado cordobés desde su fundación en el siglo VIII por Abderramán I. Dos son los ingredientes que nutren el movimiento encabezado por este personaje. Primero, en cuanto a los agentes implicados en los hechos, el protagonismo del elemento beréber, predominante en la zona donde se desarrolló la rebelión, la región extremeña. En segundo lugar, desde el punto de vista ideológico, el componente escatológico y mesiánico, materializado en la proclamación de Ibn Mu’āwiya como Mahdī, es decir, como “el bien encaminado”, figura que en la doctrina islámica designa al que, antes del fin de los tiempos, habrá de hacer reinar la justicia. Se trata, pues, de una figura basada en creencias mesiánicas y en la existencia de una segunda intervención de la divinidad en la historia humana.

La información sobre la revuelta de Ibn Mu’āwiya procede de un relato del cronista cordobés Ibn ayyān, el cual se inspira en tres tradiciones distintas. Para comprender el desarrollo de los hechos es preciso tomar en consideración las características del contexto geográfico, en el que destacan el predominio del poblamiento beréber y la condición de región fronteriza. La zona extremeña, que los árabes de al-Andalus designaban como la Marca Inferior, constituía una de las tres comarcas fronterizas con los cristianos. A finales del siglo IX, la erección de la fortaleza de Zamora por los astur-leoneses había supuesto un reforzamiento de las posiciones cristianas en la región, mientras que, en cambio, en ese mismo momento el emirato cordobés experimentaba uno de los momentos de máxima debilidad debido a la proliferación en todas las regiones de al-Andalus de rebeldes enfrentados al poder central. A esta situación de precariedad en la defensa de las fronteras se añade el predominio en la zona de poblaciones beréberes, tradicionalmente proclives a los movimientos ideológicos de carácter heterodoxo y muy sensibles a la propaganda religiosa.

La combinación de estos factores explica el éxito inicial de la empresa de Ibn Mu’āwiya, finalmente saldada en fracaso. De este sólo sabemos que descendiente de HiŠām I, segundo emir omeya de al-Andalus, y que sus seguidores lo llamaban Ibn al-Qiṭṭ. Pero el príncipe omeya no actuó solo, ya que en la gestación del movimiento tiene un papel esencial otro personaje, el ideólogo del movimiento, llamado Abū ‘Alī al-Sarrā’, un agitador propagandista de la dinastía fatimí, de tendencia chií, que, apoyándose en las tribus beréberes, había logrado hacerse con el poder en Ifrīqiya (la actual Túnez). Fue al-Sarrā’ el que inspiró el movimiento y convenció a Ibn al-Qiṭṭ para que se presentase como el Mahdī, una figura de honda tradición en los movimientos de inspiración chií. Como puso de manifiesto P. Guichard, su mensaje caló de forma particular entre las poblaciones beréberes del centro y el occidente peninsular, con especial incidencia sobre los Nafza, una de sus principales ramas tribales.

La difusión del mensaje mesiánico de ambos personajes en los medios beréberes y la propia evolución de los hechos, desde su gestación hasta el fracaso en el cerco de Zamora, son los ingredientes esenciales que integran el análisis de este episodio de la historia del emirato omeya andalusí. Conscientes de la permeabilidad de las tribus beréberes a mensajes religiosos de índole heterodoxa y de la situación de agitación de la zona extremeña por la inseguridad fronteriza, amos personajes se dirigieron en primer término a la zona del valle de los Pedroches (norte de Córdoba) y de la Sierra de Almadén, habitada por beréberes Nafza, predicando la reforma moral y religiosa y la necesidad de intensificar el ‘ihād, atrayéndose la adhesión de las tribus de la zona tanto a través de la crítica a la inoperancia del gobierno omeya como mediante prácticas mágicas y adivinatorias. Tras varias semanas, Ibn al-Qiṭṭ fue a instalarse entre los Banū RāŠid, en la ciudad o distrito de Nafza, tradicionalmente identificado con el actual despoblado de Vascos, sito a escasa distancia de Puente del Arzobispo (provincia de Toledo), desde donde no cesó de hacer llamamientos a la población y de enviar mensajes a las tribus beréberes, haciéndose pasar por el Mahdī. Esta propaganda fue poco a poco ganando adeptos en las zonas por las que llegó a difundirse, es decir, la cuenca media del Guadiana y el Sudoeste andalusí, e incluso también en áreas orientales de Toledo y de Talavera, alcanzando Guadalajara y Santaver. Como señaló P. Guichard, la propaganda de Ibn al-Qiṭṭ y su consejero se basa en la realidad sociológica de las tribus y los clanes, cuya vigencia social es todavía predominante en esta época. Su esfuerzo se concentró en los Nafza, una de las tribus beréberes más importantes de la región, siendo precisamente su defección la que produjo el fracaso del movimiento.

De esta forma, gracias a la labor de predicación y propaganda, el Mahdī pudo reunir un importante contingente armado, que las fuentes cifran entre sesenta y setenta mil efectivos, con los cuales cruzó el Tajo y se dispuso a ganar Zamora. Era el año 288/901 y la operación fracasó de forma estrepitosa debido a la defección de algunos elementos clave en momentos decisivos, en particular de Zu’āl b. Ya’īŠ b. Furānik, señor de Umm Ŷa’far, uno de los principales jefes tribales de la coalición, quien temía ver suplantada su autoridad sobre su gente frente a la ejercida por el Mahdī. Tras obtener la victoria en un primer enfrentamiento, a continuación de produjo la deserción de Ibn Furānik, lo que debilitó mucho a Ibn al-Qiṭṭ, finalmente vencido, capturado y ejecutado por el rey astur Alfonso III, quien ordenó colgar su cabeza a las puertas de Zamora.

Bibl.: P. Guichard, Al-Andalus. Estructura antropológica de una sociedad islámica en Occidente, Barcelona, Barral, 1976, págs. 385-391; M. Fierro, “La política religiosa de ‘Abd al-Ramān III (r. 300/912-350/961)”, en Al-Qanara, XXV (2004), págs. 129-130.

Alejandro García Sanjuán

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