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'Uqba b. Al-Hayyay al-Saluli

Biografía

UQBA B. AL-AŶŶĀŶ AL-SALŪLŪ. ?, f. s. VII – Córdoba, 123 / 741. Décimo tercer emir de al-Andalus tras el primer gobierno de Abd al-Malik.

El gobierno de Uqba b. al-aŶŶāŶ (Utba b. al-āŶŶ en Ibar) al-Salūlī [Aucupa, Ocba iben Alhgeg —corríjase la mala lectura Ocha de Hª Arabum— Cabat de las fuentes cristianas] resulta especialmente interesante por la convergencia de tres hechos trascendentales: la gran rebelión bereber, la interrupción de las campañas transpirenaicas, el inicio de los gobiernos autónomos.

En claro contraste con la de su antecesor Ibn Qaan, la figura del nuevo gobernador concita elogios de las fuentes. Todas, cristianas y árabes, coinciden en el aprecio hacia la persona y conducta de Uqba. Es “administrador correctísimo e irreprochable, justísimo, de excelente y alabada conducta, dedicado al Ŷihād, victorioso”, de “excelsam genealogiam et legis suae custodiam”. “Cabat…et començo de facer mucho bien a los buenos et mucho mal a los malos, et este fue mui buen rey et mui derechero…” Fue nombrado por Ubayd Allāh b. al-abāb (que acababa de incorporarse a su gobierno de Egipto, Ifrīqiya y dependencias, que —a diferencia de sus hijos— no ha olvidado los lazos de clientela que le ligaban a la familia de su patrono) quien le había dado a escoger qué provincia quería gobernar. En šawwāl 116 / noviembre 734, Uqba eligió al-Andalus “porque me gusta el Ŷihād y es lugar [donde se practica]”. Elección que está augurando la reactivación de una activa política expansiva y la supresión de las autonomías/resistencias indígenas.

El nuevo gobernador “entregado al Ŷihād, lanzaba algaras todos los años. Todos los años conquistaba territorios, hasta que la zona poblada por los musulmanes incluyó Narbona y sus avanzadillas sobre el Ródano”. La Crónica de Moissac reconoce que “His temporibus [a. DCCXXXIV] Jusseph ibin Abderraman Narbona praeficitur. Alio anno Rodanum fluvium transiit: Arelate civitate pace ingreditur, thesaurusque civitatis invadit, et per quatuor annos totam Arelatensem provinciam depopulat atque depraedat”. Efectivamente, aquella incursión del 116/734, ocupó Arles (entregada por Mauronto “duce Massiliae), tomó Saint Rémy-de-Provence, la peña de Aviñon y remontó el valle de la Durance. Ocupación de la Provenza rodana que será incontestable hasta que, en 119 o 120/737 o 738, Carlos Martel con numerosas tropas francas y burgundas, tome Aviñon y asedie Narbona. La columna de socorro enviada por Uqba, bajo las órdenes de Amr b. al-Lay será aplastada a orillas del Berre.

En 121, Uqba está en Zaragoza, reuniendo numerosos efectivos para restablecer su dominio del sur de las Galias, “expeditionem Francorum cum multitudine exercitu adtemptat”. Es allí donde le alcanzan cartas, informándole del levantamiento de los beréberes norteafricanos y urgiéndole que acuda a someterlos. Forzado a abandonar sus proyectos transpirenaicos, tiene que regresar “quanta potuit velocitate” a Córdoba, para dirigirse después al Estrecho. No logrando, pese a sus esfuerzos, sofocar el alzamiento les cierra el paso marítimo.

Al margen de las campañas externas de Uqba, su decidida política de supresión de autonomías/resistencias peninsulares fue también importante. Para Moro Rasis “et allego mui grant poder, et fue sobre Galicia et ganola, et fue luego sobre Pamplona et ganola et entrola por fuerça, et partiosse dende et vinosse para Navarra et ganola, et gano a Lupo (Alava) et Magarona, et gano otras muchas tierras que aun tenian los cristianos”. Es dentro de este contexto de crear un continuum que abarcase todo el norte, donde se menciona por primera vez una resistencia asturiana. Episodio que sería posterior al 117/735, y daría una visión menos gloriosa de ‘Covadonga’. “Uqba conquistó todo el país hasta llegar a Narbona, ocupando Ŷillīqiya, Alava y Pamplona, sin que quedase en Ŷillīqiya caserío por conquistar, excepto la Peña. Allí se había refugiado un rey al que llamaban Balāy/Pelayo, con trescientos hombres. [Los musulmanes] no cesaron de combatirles y acosar hasta que muchos de sus compañeros murieron de inanición, mientras otro grupo [optó por] rendirse. Fueron menguando [los resistentes] hasta no quedar más de treinta hombres que, según se dice, no tenían ni diez mujeres, sustentándose de miel silvestre y guareciéndose en la peña. Siguieron alimentándose con la miel de las abejas cuyos enjambres vivían en las hendiduras de la peña, hasta que los musulmanes, no logrando acabar con ellos, les tuvieron en poco y les dejaron, diciendo: “treinta bárbaros no pueden hacer gran cosa”.

Las crónicas latinas reflejan la justicia y rigor administrativo de Uqba. Destierra a los “perversos Hispaniae, vel diversos viciis implicatos” que habían medrado durante el gobierno de su antecesor y “certe dum cerimonias legis exagerat”. Realización de un censo, “descriptionem populi facere imperat”, adopción de medidas fiscales “atque exactionem tributi ardue agitat…fiscum ex diversis ocacasionibus promptissime ditat”. Siendo “de admirable conducta” se esforzará por cumplir las normas musulmanas. Aplicó el principio de ‘ordenar el bien y prohibir el mal’, “et por ende avedes de sacar el mal, et poner el bien”. Los ‘protegidos’ son juzgados con arreglo a sus leyes, “neminem nisi per justitiam propiae legis damnat”. Así mismo, nunca ejecutaba a un politeísta sin, antes, haberle expuesto [las bondades] de la religión musulmana, le invitaba a convertirse, haciéndole ver su excelencia, le mostraba los errores de su [anterior] religión y afeaba la adoración de los ídolos. Se dice que, gracias a esta costumbre suya, islamizaron más de mil hombres”.

Según unos, Ibn Qaan se subleva y depone al gobernador, mientras otros afirman que éste, enfermo de muerte, habría designado a aquél, “Abdilmelic… regnum restaurans, infirmitate correptus, mox largor ad vitalia rediit e seculo migrat”. Uqba falleció en Zaragoza, en afar 123 / enero 741. Su gobierno habría durado cuatro años y cinco meses (Albeldense), cinco años (Crónica 754, Arabum, Kāmil), cinco años y dos meses (Ibn abīb, Bayān, ikr, Amāl), cinco años y tres meses (Imāma), seis años y cuatro meses (al-Rāzī apud Naf).

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Pedro Chalmeta Gendrón