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Felipe Coscolla Plana

Biografía

Coscolla Plana, Felipe. Graus (Huesca), 17.VIII.1880 – Barcelona, 10.VII.1940. Escultor.

Felipe Coscolla nació en el seno de una familia humilde que emigró a Barcelona al poco de su nacimiento.

En esta ciudad es donde descubrió su pasión por la escultura e intentó comenzar su aprendizaje.

Sin embargo, sus inicios no fueron fáciles; por un lado, no tenía para pagar un maestro que le enseñara y por otro, debía aportar dinero a la economía familiar.

Finalmente, entró en un taller de imaginería donde aprendió el oficio. En 1907, casado ya y con dos hijas, decidió emigrar a Chile con el fin de instalarse ahí como escultor. Su estancia en el país sudamericano fue fructífera, pronto tuvo su propio taller de imaginería religiosa y dejó numerosas tallas en iglesias del centro del país, al tiempo que estableció buenas relaciones con la aristocracia local de Santiago de Chile y con la colonia catalana del país, hasta tal punto que fue de los fundadores del Centro Catalán en Santiago.

En 1913 volvió a España y se instaló en Barcelona.

La situación era difícil y trabajó como profesor en las escuelas profesionales salesianas de Sarriá, montó una fábrica de juguetes, que quebró pronto, y se integró en el taller de imaginería religiosa Sacrest de Olot.

Paralelamente a su obra religiosa, comenzó a realizar esculturas más personales, entre las que destacan, a principios de la década de 1920, una serie de caricaturas escultóricas de trazas expresionistas de personajes y tipos fundamentalmente catalanes, que por su originalidad y novedad fueron recogidas en varias revistas de arte y se expusieron en las Galerías Dalmau de Barcelona en 1926.

En 1923 realizó el primero de sus pasos procesionales, El descendimiento, para la archicofradía de la Vera Cruz de Huesca. Ésta fue su primera gran obra y se aprecia en ella la influencia de los que reconoció como maestros: Miguel Ángel, Rodin y Mestrovic. A partir de este momento, sus grupos escultóricos se fueron encuadrando dentro del estilo art decó, con figuras hercúleas, de gran expresividad. Algunas de las obras de temática religiosa que más reconocimiento tuvieron durante esta década fueron los pasos de La coronación de espinas (1926), para Ciudad Real, y cuyas figuras se expusieron públicamente en la Galería Dalmau de Barcelona, La enclavación (1929), para Huesca, o el Cristo crucificado (1930), para Barbastro (Huesca).

Sin embargo, no sólo cultivó el arte sacro, aunque éste fuera su principal fuente de ingresos. También tuvo una abundante producción de escultura de temática profana. En 1927 presentó fuera de concurso dos obras para la ornamentación de la plaza de Cataluña, L’Ona y Montjuich. En 1929 se le encargó el remate de la puerta de acceso al Palacio de las Comunicaciones de la Exposición Internacional de ese año, para el que realizó un conjunto efímero que representaba la comunicación entre los pueblos en torno a la figura de una Victoria alada. En 1931 realizó las figuras que coronan la balaustrada del edificio del Gobierno Militar de Barcelona, ocho esculturas monumentales que representan los cuerpos y las virtudes militares.

Además, hizo numerosas esculturas de pequeño tamaño, muy personales, desnudos y retratos fundamentalmente que expondrá en las Galerías Layetanas de Barcelona y con las que participó en algunas de las exposiciones de primavera y otoño que organizaba el Ayuntamiento de la Ciudad Condal.

Con el estallido de la Guerra Civil, se unió al grupo de artistas plásticos que con sus obras apoyaban al Gobierno de la República. Durante estos años, sus esculturas representaron a milicianos y soldados en actitudes de lucha, entre las que destacan Durruti en acción o L’Heroi, obra que se exhibió temporalmente en el Pabellón de España de la Exposición de París de 1937.

El establecimiento del régimen de Franco le obligó a retomar la escultura religiosa como modo de vida.

Fue una época difícil, con pequeños contratos, la mayor parte para restaurar esculturas destruidas durante la guerra. El primer gran encargo que recibió fue el paso de Nuestro Padre Jesús de la Pasión en 1940, para Tarragona. Cuando parecía que su carrera volvía a despegar, falleció víctima de un golpe recibido durante una discusión con uno de sus operarios.

Felipe Coscolla también escribió numerosas obras de teatro de temática simbólica, todas ellas inéditas, excepto El Fagell, publicada en la revista El Ebro en 1927.

 

Obras de ~: Virgen de Andacollo, 1907; Virgen del Monte Carmelo, 1909; Santa Isabel de Hungría, 1909; San José, 1909; Virgen del Carmen, 1910; San Serapio, 1911; San Luis Rey de Francia, 1912; Sagrado corazón de Jesús, c. 1920; Sagrado corazón de María, c. 1920; El éxtasis de San Antonio, c. 1920; San Juan Evangelista, c. 1920; Weyler, c. 1920; Guimerá, c. 1920; Match de boxer, c. 1920; Torrat?... Yes, c. 1920; M’en foot, c. 1920; Mariscal Joffre, c. 1920; Lamote de Grignon, c. 1920; El descendimiento, 1923; La Verónica, 1924; La coronación de espinas, 1926; L’Ona, 1927; Montjuich, 1927; La enclavación, 1929; El prendimiento, 1930; Maja española, 1930; El ara de la patria, 1931; El héroe, 1931; La paz, 1931; La fuerza, 1931; La Marina o La telecomunicación, 1931; Dédalo, 1931; La libertad, 1931; La vida o La Intendencia, 1931; Dinamisme, 1931; Repós, 1931; Vincladissa, 1931; Venus de S’Agaró, 1931; José Guardiola, 1931; L’Heroi, 1937; Bombardero, 1937; Durruti en acción, 1937; Dinamitero, 1937; Luis Callicó Coscolla, c. 1937; Sagrado Corazón de Jesús con soldados, c. 1939, Virgen de la Peña, 1939.

 

Bibl.: R. Lasaosa Susín, Felipe Coscolla, escultor, Huesca, La Val de Onsera, 1997.

 

Ramón Lasaosa Susín

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